Franja de Gaza y aledaños. Le llaman La franja del dolor; otros, la del horror... Se trata de los 69 kilómetros de camino que rodean Gaza por territorio israelí. La ruta parte desde el norte, junto al paso de Erez, y va descendiendo hacia el de Kerem Shalom.
De hecho ese es el vértice en el que confluyen Israel, Egipto y Rafah (Gaza), que el ejército israelí ha prometido invadir en breve.
Junto al sendero se puede leer cada uno de los ataques. Los cometidos por miembros de Hamás el pasado 7 de octubre, cuando fueron asesinadas unas 1.200 personas y 250 acabaron secuestradas, según datos oficiales, y del otro lado de la frontera, la guerra de Gaza exhibe a cielo abierto las miserias sembradas por los israelíes.
Está previsto que hoy, miércoles 1/5, el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, visite por vez primera la zona en el séptimo viaje que realiza a Israel desde que se inició la guerra.
Gaza, el territorio del desaliento y de la hambruna
La crueldad y el deterioro de la especie humana, pueden leerse desde ambas caras de la misma moneda, como si fueran las páginas de un libro escrito con sangre y pus.
En los escritos sagrados de ambos pueblos y etnias adyacentes, existe un lugar que los antiguos dieron en llamar "El valle de lágrimas". Allí, los mercaderes desaprovisionados de agua perdían sus vidas abonando tierra y arena infértil. La vida de los trashumantes dependía de que viajeros pretéritos hubieran cavado suficientes pozos, a suficiente profundidad, para prolongar el legado del agua.
"Felices los que andando por El valle de Lágrimas, lo convierten en fuente", dicen los escritos exhortando a la solidaridad. Pero no han rendido su fruto. (Libro de los salmos cap 83)
Israel. La voz de los que conservan la carne y el hueso
El País recoge un testimonio clave, en la franja de Gaza Es el mismo territorio donde estos días algunos ciudadanos tratan de que la vida vuelva a abrirse paso de nuevo. Pero, a escasos metros, al otro lado de la valla de demarcación, las tropas de Israel han matado ya en estos seis meses a más de 34.500 gazatíes y mantienen la ocupación y los ataques. Este viaje transcurre por una frontera que vive estos días bajo una guerra en pleno apogeo, pero, al mismo tiempo, una frontera donde no se conoce apenas la paz desde que naciera el Estado de Israel hace 75 años. (y aún antes...)
“Estas comunidades se van a reconstruir y la zona va a volver a florecer. La gente va a volver a vivir acá. Y los niños van a volver a jugar en todas las esquinas”, afirma optimista Martín Filkenstein, agricultor de 45 años del kibutz Nir Oz, donde una cuarta parte de sus 400 vecinos murió o fue secuestrado. Pero la vida sigue hoy congelada salvo para el puñado de empleados que, como Filkenstein, acude cada día desde las localidades en las que residen de manera provisional alejados de la frontera. No hay plazos para el retorno de la población, tampoco sabe cuántos van a querer regresar. De momento, afirma, el trauma por lo vivido se sigue imponiendo, aunque él, a nivel personal, no tiene miedo.
Franja de Gaza. El paso de Erez, confluencia en disidencia
Erez era el principal nexo entre Gaza e Israel, sobre todo por los casi 20.000 trabajadores palestinos del enclave que estaban empleados en el país vecino. En medio de la presión internacional, Israel anunció hace un mes que iba a permitir la llegada de ayuda humanitaria por este paso hacia el norte de la Franja, la zona más castigada por el hambre, una de las armas empleadas contra los 2,3 millones de gazatíes en el conflicto. Erez sigue cerrado, pero en las últimas semanas se permite la entrada de algunos camiones más hacia la zona septentrional del enclave.
La carretera 232, que atraviesa Sderot, desciende en dirección sur en paralelo al perímetro de Gaza. Como principal eje de la matanza, se convirtió en la carretera de la muerte. El cruce de Beeri supone la antesala al peor de los escenarios de la carnicería.
Todo está cercado por la muerte. La naturaleza pega gritos
La agricultura es el gran motor económico de las comunidades que se levantan en el perímetro exterior de Gaza. Grandes extensiones de invernaderos dominan el paisaje, aunque muchos siguen todavía huérfanos de cultivos. De hecho, el sector se encuentra sumido por la contienda en la peor crisis de su historia.
El agritultor de origen argentino, Filkenstein, se rehusa a partir. “Nosotros no podemos vivir eternamente así. Ellos tampoco pueden vivir eternamente así”, dice casi con un hilo de voz.
Martín Filkenstein, que considera a la población de Gaza también víctima del radicalismo de Hamás. ¿Es posible que haya paz en esta frontera? “Creo que es difícil”.
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