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De Carlos Pagni a Pablo Rossi: La Nación fustigó a JXC

La empresa periodística La Nación S.A., recostada editorialmente sobre el ala dura de JXC que encabeza Mauricio Macri, cargó contra las palomas.

La Nación, empresa periodística que responde a Mauricio Macri, Patricia Bullrich y todo el ala duro de Juntos por el Cambio (JXC) en términos editoriales, cargó las tintas contra el resto del espacio por la sesión en Diputados en la que el oficialismo terminó aumentando los Bienes Personales nada más y nada menos que a la clase media, que su principal electorado.

Ayer (22/12), el periodista Pablo Rossi, quien solo cuenta con una hora de aire durante la tarde, destrozó a la oposición: "Me voy a enfocar en la oposición porque al kirchnerismo y al Gobierno los conocemos. A mí, el dogmatismo, el autoritarismo y la falta de escrúpulos del populismo ya no me sorprenden. Lo que me preocupa enormemente es la ingenuidad. ¿Ingenuidad? Es la indolencia. ¿Indolencia? Es la irresponsabilidad de los republicanos".

Señor Ritondo, señor Lousteau, señor Negri, señor De Loredo, señora Brouwer de Koning, así no. En Disney no. Con la nuestra no. No nos agarramos contra 3 diputados en particular. Nos agarramos contra el señor Ritondo porque sabía. ¿Y vos Martín y vos Rodrigo? Muy gallito para plantear la evolución radical dijo 'vamos a ser halcones'. ¿Sabés qué? A mi no me importa si son pichones, palomas, torcazas o benteveo. Tienen que ser inteligentes. Al kirchnerismo no se le gana con retórica; se le gana con inteligencia. Al populismo se lo vigila día y noche Señor Ritondo, señor Lousteau, señor Negri, señor De Loredo, señora Brouwer de Koning, así no. En Disney no. Con la nuestra no. No nos agarramos contra 3 diputados en particular. Nos agarramos contra el señor Ritondo porque sabía. ¿Y vos Martín y vos Rodrigo? Muy gallito para plantear la evolución radical dijo 'vamos a ser halcones'. ¿Sabés qué? A mi no me importa si son pichones, palomas, torcazas o benteveo. Tienen que ser inteligentes. Al kirchnerismo no se le gana con retórica; se le gana con inteligencia. Al populismo se lo vigila día y noche

"Ah, ¿no pueden? ¿no les alcanza? ¿Quieren tener una vida? ¡No se postulen! Lo que reclama hoy la Argentina son diputados de la oposición que tengan la inteligencia y captación de la realidad de que están siendo vigilados, que es el control ciudadano", agregó.

A su vez, reclamó sobre la diputada del PRO que dio COVID positivo el día de la sesión: "Hagan votar virtualmente". "Al país le está costando plata. ¿Ustedes son tan distintos del kirchnerismo? Yo creo que sí pero demuéstrenlo", cargó.

En tanto, este jueves 23 de diciembre, el periodista Carlos Pagni, quien viene haciendo una defensa férrea de los pésimos 4 años de Mauricio Macri en el poder, tituló su columna de opinión: "Una oposición que prefiere ser parte del problema"

Muy duro, dedicó 17 párrafos a la "incompetencia de Juntos por el Cambio", entre los que se destacan:

"Desde que ganó las elecciones legislativas, la oposición de Juntos por el Cambio ha comenzado a insinuar que, en vez de ser parte de la solución, prefiere ser parte del problema. ¿Qué es ese problema? El peso asfixiante del Estado. La imposibilidad de dotar a la economía de una mínima previsibilidad. La subordinación de los diagnósticos y de los programas a las luchas de facción. En definitiva: la dificultad para señalar un horizonte hacia donde caminar.

La manifestación más reciente de incompetencia fue la sanción, en la Cámara de Diputados, de un aumento en el impuesto a los bienes personales. Fue la última estación en una secuencia de desatinos. Antes estuvo la división del bloque radical en Diputados. No solo por la propia fractura, que fue culpa de los que rompieron y, sobre todo, culpa de los que no pudieron ceder. Más grave fue la imposibilidad de explicarla y, sobre todo, de vincularla con intereses generales.

Le siguió la ausencia de un curso de acción claro para tratar la disparatada Ley de Presupuesto que presentó Martín Guzmán. Las posiciones se multiplicaron a medida que pasaban las horas. Todos, menos Ricardo López Murphy, darían quorum. La Coalición Cívica optó desde un comienzo por abstenerse para facilitar la sanción. La UCR alineada con Mario Negri y Gerardo Morales rechazaría el proyecto en general, pero votaría algunos artículos en particular a cambio de conseguir ciertos recursos. El Pro de Cristian Ritondo siguió la misma línea. Respondían a un acuerdo entre los gobernadores propios y el oficialismo, para garantizar financiamiento a las provincias. Lo encabezaba el jujeño Morales, que ese día competía por la jefatura de su partido. La UCR de Rodrigo De Loredo y Emiliano Yacobitti, enemistada con Morales, modificó el juego presentando un texto alternativo. Para los demás fue imposible no votarlo sin quedar como colaboracionistas. Así, el Gobierno quedó en minoría. Se le ofreció una salida: pasar el Presupuesto a comisión para reformularlo. Fue la decisión de una asamblea tumultuosa, anárquica, integrada por 115 legisladores mal dormidos, en la que los jefes de bloque no podían siquiera hacer oír su voz en el griterío. En ese estado regresaron a las bancas. Pero bastó un discurso agresivo y, en especial, irresponsable, de Máximo Kirchner, dirigido contra los aliados opositores de Sergio Massa, para que el pase a comisión se transformara en un rechazo liso y llano. A ese desenlace se llegó por una inercia hacia la radicalización, no por una estrategia meditada. Ni Horacio Rodríguez Larreta, ni Mauricio Macri, ni Gerardo Morales, ni Patricia Bullrich, es decir, ningún líder de la coalición, intervino para trazar un curso de acción común. A tal punto que, cuando los hechos ya se habían consumado, Elisa Carrió hizo que la Coalición Cívica emitiera una declaración defendiendo la propuesta, frustrada, de salvar el presupuesto enviándolo a comisión.

La derrota de anteayer en el tratamiento del impuesto a los bienes personales forma parte de esta marcha accidentada hacia el error. Los diputados de Juntos por el Cambio habían pedido la sesión para tratar el aumento en el mínimo no imponible que permitiría que los contribuyentes con un patrimonio más modesto se sustrajeran del gravamen. Recién cuando se habían sentado en sus bancas tomaron consciencia de que estaban en minoría. Es verdad que la diputada Camila Crescimbeni, de Pro, no pudo incorporarse a la Cámara porque en la entrada del Congreso le detectaron el coronavirus. Pero tampoco asistieron la cordobesa Gabriela Brower de Koning (de Evolución Radical) ni el porteño Álvaro González, de Pro. Brower estaba con su familia en Disney. Y González visitando Alemania. El caso de este legislador es más significativo porque se trata de la principal espada de Horacio Rodríguez Larreta en el Congreso.

Los diputados de Juntos por el Cambio, que habían jurado no subir impuestos, fueron burlados por los del oficialismo. Ellos sí habían conseguido una mayoría. La utilizaron para subir las alícuotas de bienes personales para los contribuyentes más acaudalados. Ese aumento era una atribución por la que el Poder Ejecutivo debía pedir autorización año tras año. Desde anteayer se volvió permanente. Los que habían impulsado la sesión se mostraron sorprendidos. Aun cuando algunos de ellos habían sido advertidos la noche anterior de que Massa intentaría recuperar algunos de los ingresos que perdió el Estado con el rechazo del presupuesto. El lunes por la tarde había circulado la versión de que Massa se había comunicado con diputados de la oposición para adelantarles la jugada".

Entonces, Pagni puso un manto de sospecha:

¿A qué se debió la mala praxis opositora? Difícil saber cuál es la alternativa más lamentable. Si hubo un acuerdo secreto con los gobernadores de Juntos por el Cambio, que se beneficiarán de la mayor recaudación, o si el Gobierno consiguió aumentar un impuesto porque sus rivales estaban distraídos. Hay un rasgo principal de la clase dirigente que debe ser tenido en cuenta para comprender por qué las cuestiones tributarias pueden quedar libradas al azar: muchísimos integrantes de esa élite, entre los que se encuentran importantísimos y opulentos diputados, viven en negro desde hace muchos años. Son ellos los que fijan los impuestos ¿A qué se debió la mala praxis opositora? Difícil saber cuál es la alternativa más lamentable. Si hubo un acuerdo secreto con los gobernadores de Juntos por el Cambio, que se beneficiarán de la mayor recaudación, o si el Gobierno consiguió aumentar un impuesto porque sus rivales estaban distraídos. Hay un rasgo principal de la clase dirigente que debe ser tenido en cuenta para comprender por qué las cuestiones tributarias pueden quedar libradas al azar: muchísimos integrantes de esa élite, entre los que se encuentran importantísimos y opulentos diputados, viven en negro desde hace muchos años. Son ellos los que fijan los impuestos

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