Las amenazas de bomba que vienen alterando los vuelos en Europa llegaron este viernes a las redacciones de Irlanda y obligaron a interrumpir emisiones en directo. Periodistas, presentadores y otros trabajadores abandonaron sus puestos mientras la Policía desplegaba controles para comprobar un aviso que fijaba un plazo de apenas 45 minutos para una supuesta explosión.
TERROR INCESANTE
Amenazas de bomba en Irlanda: evacúan RTÉ, Newstalk y el Irish Independent
Un correo advirtió de una explosión en 45 minutos y se atribuyó las alertas a vuelos europeos. La Policía investiga una autoría todavía sin confirmar.
La evacuación alcanzó a RTÉ, la radiotelevisión pública irlandesa, a la emisora Newstalk y a las oficinas del Irish Independent, entre otros medios. En el campus de RTÉ, en Donnybrook, Dublín, los agentes inspeccionaron los edificios y la programación pasó a contenidos grabados antes de recuperar emisiones mediante una unidad móvil. Newstalk también suspendió temporalmente sus programas y posteriormente retomó el servicio, después de que se autorizara el regreso del personal.
El correo reproducido por Live 95 introduce una conexión que ahora deberán comprobar los investigadores: su remitente, identificado como “Mikhail Andropov”, se presenta como uno de los responsables de las amenazas contra aviones europeos y anuncia nuevos ataques contra transportes y medios de comunicación. “Esto es solo el comienzo”, sostiene el mensaje, antes de asegurar que había un explosivo dentro del edificio destinatario. La Policía irlandesa confirmó que investiga amenazas contra medios del país y de otros puntos de Europa, mientras Reuters advirtió de que no había podido verificar la identidad del emisor, la procedencia de los correos ni su relación con las alertas aéreas.
La noticia interrumpe el directo en Dublín
Newstalk estaba informando sobre la evacuación de RTÉ cuando la amenaza alcanzó a su propia redacción. El periodista Barry Whyte explicaba a los oyentes que el campus de la radiotelevisión pública había sido desalojado poco antes por un aviso de bomba. Después, la presentadora Claire Byrne tuvo que anunciar que su equipo también debía abandonar el edificio. La cobertura quedó interrumpida y dio paso a aproximadamente un minuto de silencio en antena, según la reconstrucción del medio especializado RadioToday.
En RTÉ Radio 1, la alerta alteró la emisión de Morning Ireland después de las nueve de la mañana. La cadena sustituyó el directo por programas grabados mientras los trabajadores salían de los edificios de Donnybrook y los agentes iniciaban las comprobaciones. La evacuación alcanzaba así tanto a las instalaciones como a la capacidad de producir información desde ellas. El propio medio se había convertido en el escenario de la noticia que debía contar, con sus profesionales pendientes de las instrucciones policiales para continuar trabajando.
La recuperación de las emisiones exigió recurrir a medios alternativos. RTÉ volvió a ofrecer información desde el Roadcaster, su estudio móvil, y el presentador David McCullagh pudo entrevistar por teléfono al primer ministro irlandés. Newstalk retomó posteriormente su programación tras recibir autorización para regresar a sus oficinas. Los distintos tiempos de recuperación muestran que el operativo no tuvo una única resolución para todas las sedes: mientras unas recuperaban el acceso, otras mantenían sus emisiones mediante recursos de respaldo.
Una cuenta atrás para sembrar miedo
El remitente no se limitaba a anunciar una supuesta bomba: presumía de haber convertido las falsas alarmas en una herramienta de desgaste. “Conseguimos provocar un pánico generalizado y obligar a las autoridades europeas a gastar una fortuna en todos estos procedimientos”, sostenía el correo. En esa frase, el coste de los operativos aparecía como un resultado buscado. Su relato presentaba las inspecciones y los despliegues como una victoria propia, independientemente de que los avisos anteriores hubieran terminado sin hallazgos de explosivos.
El texto incorporaba además la palabra inglesa “multithreading”, un término informático relacionado con la ejecución concurrente de tareas, para describir sus supuestos experimentos. En este contexto, parecía aludir al envío de amenazas simultáneas, aunque el correo no explicaba qué procedimiento había utilizado ni aportaba pruebas de una capacidad técnica especial. La elección de ese vocabulario contribuía a construir una imagen de organización sofisticada: el autor quería que los destinatarios interpretaran la sucesión de avisos como una operación planificada, una afirmación que todavía debe comprobarse.
Otro tramo intentaba trasladar la amenaza al interior de los propios países afectados. “Estamos reclutando a residentes de vuestros países que cooperan activamente con nosotros”, aseguraba, antes de atribuirse acceso a dispositivos, servidores y cuentas comprometidos tanto dentro como fuera de Europa. Ningún elemento del mensaje permitía verificar esas afirmaciones. Su efecto intimidatorio consistía en sugerir que el emisor disponía de colaboradores cercanos y recursos distribuidos, capaces de actuar desde lugares distintos y de dificultar la identificación de quienes enviaban los avisos.
La escalada verbal culminaba con amenazas contra aviones, cruceros, estaciones de metro y trenes y una frase dirigida a los viajeros: “Recomiendo tomar unas vacaciones en avión mientras todavía tengáis la oportunidad”. El autor buscaba extender la incertidumbre desde las redacciones hasta actividades cotidianas y desplazamientos futuros. También explicitaba su interés por conseguir notoriedad: “Queremos que todo el mundo sepa de nosotros”. Esa declaración permite leer el correo como un intento de obtener difusión mediante el miedo, sin que su publicación confirme la existencia del grupo ni la capacidad de ejecutar los ataques que anuncia.
Una identidad que sigue sin verificarse
La Policía irlandesa, An Garda Síochána, confirmó que investiga las amenazas y mantiene contacto con los medios afectados, mientras los agentes inspeccionaban sus instalaciones. En el campus de RTÉ, en Donnybrook, participaron integrantes de la unidad de respuesta armada. La cadena explicó que la seguridad de sus trabajadores era prioritaria y que la recuperación de los servicios habituales se decidiría en coordinación con las autoridades. Las evacuaciones están documentadas; la existencia del explosivo anunciado en el correo no quedó acreditada por el mensaje.
Las pesquisas también deben esclarecer el alcance internacional de los avisos. Reuters informó de correos enviados a RTÉ y a la televisión búlgara Nova bajo el encabezado “Mensaje a Occidente”, mientras la cadena británica Sky comunicó haber recibido una amenaza de seguridad. La agencia no pudo verificar quién utilizaba el nombre de “Mikhail Andropov”, desde dónde se enviaron los mensajes ni si procedían de los responsables de las alertas aéreas. La reivindicación del remitente es, por tanto, un elemento de la investigación, no una conexión demostrada entre todos los episodios.
El primer ministro, Micheál Martin, pidió mantener la calma y señaló la facilidad con la que estas acciones pueden interrumpir el funcionamiento cotidiano y generar ansiedad. Su intervención llegó después de que RTÉ recuperara la emisión informativa mediante recursos alternativos. El desafío inmediato es recuperar la actividad con seguridad y esclarecer el origen de los avisos, mientras las autoridades comprueban si las distintas redacciones recibieron una amenaza coordinada o mensajes que imitan los incidentes anteriores.
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