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LUCHANDO CONTRA LA LEVEDAD

Sobre legados y madres en tiempos oscuros

Legado es aquello que se deja o transmite a los sucesores, sea cosa material o inmaterial. He recibido 4 legados y por eso me considerado un hombre afortunado.

2023 ha resultado una estafa. El deseo de un feliz año por delante no se cumplió. Empecé cerrando los ojos de mi padre (2do. sábado de enero) y lo termino cerrando los ojos de mi madre (1er. sábado de diciembre). Yo también quiero que este calendario se vaya cuanto antes, aún cuando, tal como le ocurre a muchos otros, el 2024 me da vértigo. Sin embargo, el vértigo es una sensación pero la muerte es el fin de la vida. Por eso esta columna es sobre legados.

Eddy Gutiérrez, mi madre, provocó en mi el interés y la decisión de estudiar Periodismo. Ella compartía guardia nocturna en Neonatología del ex Policlínico Ferroviario con Olga Gelblung, quien le contaba acerca de las hazañas de su hermano Samuel ('Chiche'), por entonces director de la revista 'Gente y la Actualidad', en su etapa más exitosa.

Olga le contó a Eddy que existía el Grafotécnico, la Escuela Superior de Periodismo, escenario que provocaría un shock cultural en mi vida, a partir de la 1ra. clase a la que asistí. Recuerdo fue Literatura, a cargo de Juan Bedoian, más tarde compañero en el diario Clarín y un buen jefe del suplemento Cultural cuando ya no era 'Cultura y Nación' ni 'Revista Ñ'. La 2da. clase consolidó el impacto, con el sociólogo Julio Mafud. Etc. etc. etc.

Eddy, mi madre, no tenía ni idea de lo que provocarían en mi los 3 años en el Grafo, que concluyeron con mi alunizaje en El Cronista Comercial, mi 1er. trabajo firme, luego de fracasar en La Opinión intervenida por los militares: no pasé los 30 días de prueba. Todavía no me daba cuenta que a Eddy no le importaba el periodismo en sí mismo. Ella sólo quería mudarme de mi zona de confort: el ex Mercado de Abasto, en Avellaneda, donde primero yo había ayudado en la venta al por mayor y en consignación, de papas, cebollas, ajos, zanahorias y batatas para 'Pepe' Blanco. En parte porque él había financiado mi viaje de egresados a Bariloche en la Escuela Nacional de Comercio Nº1. Y también porque yo estaba enamorado de su hija mayor, Marina, una ambición imposible o un tiempo perdido.

Cuando pasé a pérdida la inversión, pasé a ayudar en la Contabilidad de una familia increíble, los Cormio, buena gente: consignación de manzanas de Río Negro y producción propia de cítricos en Concordia (Entre Ríos). Eddy estaba horrorizada de que yo, por facilismo, me afincara en ese ambiente, que nada tenía que ver con su ambición para mi. Y esto me lleva a la 2da. parte de este obituario.

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Eddy Gutiérrez.

Eddy Gutiérrez.

El legado

Soy un hombre millonario. Mi madre me dejó, en esencia, 4 legados de valor intangible:

  1. Su inquietud espiritual y la Esperanza en la trascendencia: las personas no podemos ser rocas y lo efímero es aburrido;
  2. Su creencia en la movilidad sociocultural ascendente, porque ella y sus hermanos tenían un origen muy muy humilde pero habían derrotado a la estratificación que acechaba desde el entorno y la falta de medios; y por ese mismo motivo el Mercado de Abasto era una traición a su propia historia, aunque yo era demasiado superficial para entenderlo;
  3. Su confianza, mucho antes de que se pusiera de moda Viktor Frankl, en el poder de la suma de Propósito + Disciplina: el sacrificio ayuda a crear la oportunidad;
  4. Su testimonio de ayuda al prójimo; no basta con sentir misericordia sino que hay que practicarla; la pobreza no impide la generosidad; y la humanidad no se declama sino que se ejerce.

Tal como suele suceder en estas cuestiones, me equivoqué muchas veces en la implementación de los conceptos, descarrilé más de una vez y con certeza no soy el ejemplo del modelo. Pero puedo afirmar que algo de todo eso quedó en mi, y me ayudó a darle un poco de profundidad a mi existencia. La levedad es espantosa y vale la pena todo esfuerzo por intentar limitarla.

Final

El Alzheimer destruye todo. Provoca impotencia. Licúa la memoria. Le ocurrió a ella. Elijo quedarme con su idea materna de que el prójimo es parte de uno. Y si uno es autoexigente tiene derecho a serlo con el receptor de la asistencia porque el ejemplo es parte de la ayuda.

La cultura de moda acostumbra querer describir el problema invocando un relativismo extremo, que no precisa cuál será el aporte de quien es ayudado o asistido. En verdad, la vida debería ser una red, un permanente ida y vuelta. Por si faltara otro exceso, la cultura de moda omite que los valores son más importantes que las ideologías.

Algunos consideran reaccionaria la idea de que toda asistencia debe llevar un esfuerzo de contrapartida, camino a la recompensa. Sin embargo, ese capítulo de la cosmogonía de mi madre provocaba un enorme impacto en quienes la rodeaban. Y fue la demostración de justicia social más tangible e interesante que conocí hasta ahora. Lo menciono porque es un tema central en los tiempos que vienen, de intensas demandas, necesidades básicas insatisfechas y también mezquindad.

No olvidar lo que sucedió antes del Alzheimer, acota mi pérdida. A menudo, todo legado prorroga la vida y permite la bendita expectativa de que la vida propia no sea una casualidad. No somos hijos del azar, sólo se trata de encontrar un sentido que nos contenga.

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