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CURIOSO EVENTO

El Gran Hedor: el verano que Londres se transformó en una alcantarilla de pestilencia

Lun, 13/07/2020 - 11:24pm
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Por Urgente24

Para mediados del siglo XIX, Londres ya se había consolidado como la ciudad más grande del mundo con casi 2, 5 millones de habitantes . Desafortunadamente, esa gente producía una gran cantidad de basura y desechos y no había otro lugar para echarlos que no sea el Támesis, el río que atraviesa la ciudad. Los resultados eran cantados: pronto el agua del río no solo olía mal, sino que transportaba enfermedades como el cólera y el tifus. La tasa de mortalidad de quienes vivían cerca del Tamesis era seis veces mayor de los vecinos vivían lejos del río. Pero la situación llegó a su punto límite en el verano de 1858, cuando la pestilencia se extendió en toda la ciudad a causa de las altas temperaturas. A continuación, la terrorífica historia que los londinenses vivieron hasta la construcción de un sistema de cloacas y bombas que puso fin a lo que se denominaría para la posterioridad como el "Gran Hedor".

Ilustración satírica de la época.
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Para el verano de 1858, circulaba por Londres un chiste bastante ingenioso a través de los diversos periódicos de un Reino Unido por aquel momento victoriano. Un hombre que buscaba atenuar el mal olor del río Támesis con un pañuelo perfumado, le hace un pregunta a su compañero “Tú, que lo sabes todo, ¿qué ha hecho el Támesis por nosotros para que lo llamemos Padre (father)”? El compañero le responde: “Bueno, no lo sé. A menos que lo llamemos así porque lo queremos ver más de lejos (farther)”. Humor inglés del clásico.

Lo cierto es que aquella ocurrencia venía a representar de algún modo el calvario en el que habían sucumbido los londinenses a partir del terrible hedor que destilaba el afamado río Támesis, que hacía de la ciudad una verdadera "urbe de pestilencia".

Para entonces Londres ya era una de las ciudades más importantes del mundo con más de 2, 2 millones de habitantes, pero con un un sistema de alcantarillado muy poco adecuado;  todo lo que no querías terminaba en el río Támesis, desde el contenido de los orinales y de los entonces nuevos inodoros, hasta animales muertos, alimentos en descomposición, desechos industriales, incluidas las partes de animales de los mataderos y productos químicos de las fábricas de cuero cercanas al río, aporta BBC News.

Ciertamente el Támesis acumulaba, entre otras cosas, los desechos del alcantarillado de una ciudad en plana evolución demográfica y desarrollo industrial y, en el verano del 1858, las altas temperaturas provocaron que el hedor se propagara con gran fuerza en todo Londres. Es que entre julio y agosto de aquel año el río bajó su caudal de manera atípica y los desechos se concentraron en sus orillas.

Así las cosas, la pestilencia alcanzó niveles nunca antes vistos. Cortes de todo Londres cancelaron sus audiencias por el hedor y de acuerdo a una revista de salud de la época, era tan fuerte que "los hombres caían fulminados".

El olor no era lo peor: ya desde la década del 1840´, debido al agua contaminada se extendía el cólera por toda la ciudad. Y la mayoría de los londinenses bebía agua del río.

La solución

Tras inútiles esfuerzos por parte de la sociedad londinense por detener el olor cubriendo las ventanas con cortinas empapadas en productos químicos, el Parlamento (situado próximo al río) que ya prácticamente no podía sesionar debido al hedor finalmente aprobó un plan para construir un inmenso  sistema de cloacas y bombas para conducir las aguas fecales lejos de la ciudad.

Fue más precisamente el 2 de agosto de 1858 cuando se aprobó una ley dándole a la Junta Metropolitana de Obras la autoridad y dinero para embarcarse en el proyecto de ingeniería civil más grande del siglo el año siguiente, con Joseph Bazalgette a cargo.

El sistema. tras un exhaustivo trabajo, fue inaugurado en 1865 y mejoró rápidamente y de manera espectacular la calidad de vida de la ciudad. Las epidemias de cólera y tifus, muy frecuentes hasta entonces, desaparecieron completamente y el Támesis pasó de ser el río mas sucio del mundo a ser el río metropolitano más limpio

Al ingeniero Bazalguette, se le reconoció haber salvado más vidas que cualquier oficial del ejército victoriano y quedó en la inmortalidad como un héroe.  Con sus sistema de cloacas, se estima que aumentó  en 20 años la esperanza de vida  de los londinenses.