A sus 99 años, ha muerto el esposo de la Reina británica desde hace 73, el príncipe Felipe del Reino Unido y duque de Edimburgo. Hijo del príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca y de la princesa Alicia de Battenberg, fue miembro de la casa real griega por nacimiento y de la británica por su matrimonio con la reina Isabel II. Es además el padre del futuro rey del Reino Unido, el príncipe Carlos.
DUQUE DE EDIMBURGO
Adiós príncipe consorte: Un cúmulo de contradicciones, así es el retrato de Felipe en The Crown
Si bien es una ficción, la serie de Netflix hace un retrato exquisito y complejo de Felipe que los medios británicos han calificado como fidedigno, lo que nos sirve para entender los jirones de la vida del esposo de la reina Isabel, quien falleció hoy a sus 99 años.
Su nombre secular era Felipe Mountbatten.
Un personaje que se ha mantenido en el perfil bajo pero que, como retrata la serie The Crown (La Corona) en Netflix -que cuenta la biografía transgeneracional de la familia real británica- ha sido como una roca para Isabel.
En la serie se lo retrata como un cúmulo de contradicciones: frío por momentos pero cálido en otros. Egoísta e infiel en ciertos puntos de su vida pero abnegado y piadoso cuando en ocasiones pospone sus propios deseos en favor de su esposa.
"Tu padre me ha dicho exactamente cuál es mi trabajo: tú", le dice en un momento Felipe a Isabel en la serie. Entre ellos, un matrimonio que podría parecer de cartón por momentos, en los que por ejemplo ella le pregunta qué necesita concederle para que se quede -no por un tema del corazón sino para respetar la institución matrimonial en la Corona- pero apasionado y cariñoso en otros.
Felipe, quien tuvo una infancia terrible, encuentra también él un lugar en Isabel; funciona ella a su vez como una roca.
Poseedor de una mirada aguda y ambiciosa por momentos pero perdida y melancólica en otros. Demasiado alto y algo incómodo en su propio cuerpo, ser príncipe consorte otorga sentido y función a su vida.
Felipe erra muchas veces pero al final del día, es retratado como un tipo de valores.
Es el más patriota de los británicos pero al mismo tiempo tiene un origen extranjero, por lo que nunca termina de ser aceptado del todo.
Ubicado en una posición de poder por ser "el esposo de", al mismo tiempo padece de la debilidad propia de ser "el esposo de".
Un exiliado, una especie de paria que se crio en instituciones y llegó a lo más alto de un imperio que, por otro lado, está en decadencia.
Entre este conjunto de oposiciones antanómicas que parecen regir su vida, la polaridad central es la de valentía/cobardía. Felipe es un gran cobarde y un gran valiente al mismo tiempo.
Así, aparece fotografiado de espaldas (y no puede explicarlo) en la casa de un osteópata que organizaba orgías de la alta sociedad, cuando este se suicida.
La serie nunca aclara si esa nuca pertenece o no a Felipe realmente, pero todo parecería indicar que sí.
Esa nuca es una de las caras de Felipe: el tipo que se va de juerga y llega todos los días a su casa (palacio) borracho. El que le oculta cosas a la Reina.
La otra cara del príncipe es la del esposo amoroso que aconseja a Isabel en momentos clave con la palabra precisa, que le reasegura que está haciendo las cosas bien, que la advierte sobre peligros inminentes o personajes traicioneros que ella no había notado.
Las dos caras de Felipe se chocan de frente en una escena en la que el MI6 ha detectado que el asesor de arte del palacio es un espía ruso pero le pide a la Reina que guarde el secreto y lo siga manteniendo ahí para salvaguardar la imagen de la agencia de inteligencia, a la que se le pasó una intrusión grosera en las esferas más altas del Reino.
Isabel accede y Felipe está enfurecido. Entonces, en un evento social, lleva al espía a un costado y lo amenaza con exponerlo si no se va por su cuenta. El espía, ni lento ni perezoso, lo extorsiona con hacer salir a la luz unos dibujos de su rostro que fueron hallados en el departamento del mencionado osteópata. El acto de heroísmo de Felipe, entonces, queda frustrado por su propio pasado de desbordes y las miguitas que fue dejando en el camino.
Hay otra escena que también pone de manifiesto esta dualidad polar cobardía/valentía, aunque en esta ocasión es la valentía la que toma el frente: Felipe de niño, acaba de perder a su hermana, la única de su familia que no lo había abandonado -su padre estaba casi totalmente ausente y era cruel en extremo, y su madre estaba internada en una institución psiquiátrica-. La ira lleva a Felipe e empeñarse en construir solo una pared para la entrada del internado donde está. Lo logra, y hacia el final de la hazaña, ya agotado, se sobrepone al orgullo y la ira y va a pedir ayuda a sus compañeros para dar el último paso: acomodar una puerta de hierro en la pared que ha construido.
Un niño y futuro hombre capaz de construir una fortaleza y de ser humilde y reconocer que necesita ayuda. Pero también, lleno de debilidades y orgullos que a veces lo hacen caer preso de sus propias trampas.











