MEMORIA

Mandela: "Lo hice para que no se perdieran las esperanzas"

Nelson Mandela nació el 18/07/1918 en Mvezo, poblado de 300 habitantes cerca de Umtata, en el Transkei, Sudáfrica. Pertenecía al clan Madiba de la etnia xhosa. Él fue 1 de los 13 hijos que tuvo su padre, Gadla Henry Mphakanyiswa (también llamado Henry Mgadla Mandela), con sus 4 esposas. Él era consejero principal de la casa real Thembu. Él era bisnieta del rey Ngubengcuka, quien falleció en 1832). Después de finalizar la secundaria, comenzó a estudiar en el Colegio Universitario de Fort Hare para obtener su título de Bachiller en Artes. Él fue elegido miembro del Consejo de Representantes Estudiantiles, y expulsado junto con un compañero por participar en una huelga estudiantil. Se trasladó a Johannesburgo, donde en 1941 completó sus estudios de bachillerato por correspondencia. Luego estudió Derecho en la Universidad de Witwatersrand, y egresó en 1942. 3 matrimonios, 6 hijos (2 ya fallecidos), por ser activista contra el racismo Mandela fue encarcelado en la prisión de Robben Island, donde permaneció 18 de sus 27 años de prisión. Mandela fue el prisionero 466/64, y soportó muy precarias condiciones. El gobierno de Sudáfrica rechazó todas las peticiones de que fuera puesto en libertad. Mandela se convirtió en un símbolo de la lucha contra el apartheid dentro y fuera del país, una figura legendaria que representaba la falta de libertad de todos los hombres negros sudafricanos. Tras su liberación, el 11/02/1990, Mandela lideró las negociaciones para conseguir una democracia multirracial en Sudáfrica, lo que consiguió en 1994 con las primeras elecciones democráticas por sufragio universal, que él ganó, y fue presidente hasta 1999, priorizando la reconciliación. Aquí una entrevista del año 2009:

por AMAYA ORTIZ CASTILLO
 
Ya han pasado 10 años desde que Nelson Mandela dejó de ser Presidente de Sudáfrica. 10 años desde que se retiró de la actividad política, que no de ella. 10 años que han dado para mucho. Por eso, y para hacer balance de toda su vida, nos entrevistamos con él en su casa de Qunu, al este del país.
 
Llegamos a la entrada de la casa, una casa de adobe. Nos recibe una de sus secretarias. Una curiosidad: las dos secretarias de Mandela son blancas.
 
Atravesamos un pequeño jardín, entramos en la casa y desde el principio se puede ir haciendo memoria de su vida. Hay fotos en todas las esquinas de la casa. Fotos con su familia. Fotos entrañables con su primer hijo, Madiba Thembekili, que murió en un accidente de tráfico en 1969. Fotos con su mujer desde 1998, Graça Machel, quien fue viuda de Samora Machel, antiguo presidente de Mozambique. Fotos con presidentes de todo el mundo, celebridades del panorama artístico y conocidos deportistas nacionales e internacional. Vemos, en una esquina, una foto de familia con la que antes fuera su mujer, Winnie Madikizela, de quien se divorció en 1996 después de 38 años de matrimonio y a causa de diversos escándalos políticos.
 
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Llegamos a un amplio salón. Paredes blancas. Sillones en colores tostados y en el centro una chimenea flanqueada por dos enormes cuernos de marfil. 
 
Al fondo, en una silla, él. Nelson Mandela, o Madiba, como le gusta que le llamen. Él, el primer presidente negro de Sudáfrica y sucesor de Frederik De Klerk desde 1994. Un presidente que, elegido democráticamente y por sufragio universal, conmovió a todo el mundo, no dejando indiferente a nadie. Un presidente con un pasado complicado. Un ex presidiario que ha hecho famoso su número de preso, el 446/64. Un hombre que se ha convertido en su símbolo de libertad gracias a su lucha, constante y firme, contra el Apartheid. En definitiva, él, Nelson Mandela.
 
Se le nota cansado –y es que 91 años se notan-. Sin embargo, nos recibe con una amplia sonrisa. Va vestido como siempre, ataviado con una de sus llamativas camisas en tonos marrones y un pantalón del mismo color. Intenta incorporarse para darnos la bienvenida. Mandela siempre ha querido hacer sentir a la gente que viene a entrevistarle a su casa como un miembro más de la familia. Por enésima vez lo ha conseguido. Es el centro de atención. No por haber sido presidente de Sudáfrica, sino por toda su Historia.
 
-Nelson Mandela. Ya han pasado 10 años desde que se retiró de la actividad política y las cosas han cambiado mucho.
 
-Sí, mucho. Ahora Zuma es Presidente y nuestro país se ha convertido en el país que albergue el Mundial de Fútbol de 2010.
 
-Es verdad. ¿Quién le iba a decir a Sudáfrica que después de tantos años complicados iba a acabar siendo el país elegido para celebrar, probablemente, uno de los encuentros deportivos por antonomasia?
 
-La verdad es que sí. Pero tanto el país, como el pueblo sudafricano se merecen esto. Hemos luchado mucho.
 
-Sobre todo usted. ¿Qué balance hace de sus años como Presidente del país?
 
-Fueron años muy bonitos, sin duda, pero también fueron años difíciles donde había que demostrar que me merecía el puesto que ostentaba. No sólo a los sudafricanos sino también al mundo entero.
 
-Sin duda su nombramiento como sucesor de De Klerk fue un acontecimiento mundial. No sólo era el primer Presidente negro sino, además, un ex presidiario.
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-Sí, el famoso preso del número 446/64 (se ríe). Pero no, lo más importante fue el convertirme en el primer Presidente negro del país. Fue importante. Muy importante.
 
-Sobre todo en cuanto a la lucha contra el Aparthied. 
 
-Sí, sobre todo por eso. La era del Apartheid supuso muchos años difíciles para el pueblo negro del país. Las leyes de los bóer, de los hombres blancos, fueron los culpables de mucho sufrimiento.
 
(En sus ojos se nota la tristeza con la que recuerdas aquellos momentos tan complicados para el país. Sin embargo, a su vez, es imposible disimular la satisfacción de haber luchado y conseguido solucionar el problema.)
 
-¿Qué recuerda de esos años?
 
-Uf…tantas cosas. Fueron momentos muy complicados. La gente desde fuera podrá leer muchos libros y documentarse mucho e incluso con eso nunca llegarán a comprender el dolor que supuso para los negros sudafricanos. Fíjese usted cómo debían ser las cosas cuando en 1989, en las playas de Durban, había letreros que anunciaba que, según la ordenanza del 37, esas playas eran tan sólo de uso exclusivo de blancos. ¡Tanto es así que  los policías solían colocar un lápiz en la cabeza de aquellas personas que pudiesen ser negras pero que, sin embargo, no estaban del todo seguras! Si el lápiz se sostenía, fuera. Así era.
 
-Incluso se llegó a posponer el primer trasplante de corazón del mundo, de hombre a hombre, porque el donante era negro.
 
-Exacto. Imagínese, por aquel entonces, en 1967. ¿Cómo iba un blanco a recibir el corazón de un negro?
 
-Afortunadamente la situación mejoró. Se celebraron juicios contra las personas que llevaron a cabo torturas y eso, supones, fue un paso importante para el pueblo negro.
 
-Sin duda. Pero no lo dude usted en lo más mínimo. Eso es lo que diferencia a Sudáfrica de muchos otros países con una historia complicada y dura. Nosotros cerramos el tema. Lo cerramos del todo. En los juicios se obligó a los acusados a reconocer sus culpas delante de las familias. Y tuvieron que pedir perdón. Eso fue muy importante. Piense cómo se sentiría usted. Al pueblo negro se le torturó. Se les mutiló y mató por ser negros. Por eso, que los juzgados reconocieses sus culpas a las familias y pidiesen perdón por ello fue muy importante.
 
(Mandela habla con fuerza. Es la voz de todas aquellas personas que sufrieron en sus propias carnes el ensañamiento de policías blancos contra los negros. Ese mismo ensañamiento que dejó huella y creo una clarísima separación entre sudafricano. Un país terriblemente racista que, en mucha medida y gracias a Mandela, fue recuperándose poco a poco. Hablamos con él también de su etapa anterior a convertirse presidente de la República sudafricana. De aquellos años en que fue calificado como un líder “subversivo” y “terrorista” por el Partido Nacional. De los motivos que le llevaron a la cárcel.)
 
-Siempre ha dicho que, para usted, la “lucha armada” fue su última alternativa. Sin embargo, estuvo 27 años en la cárcel.
 
-Sí… Fueron años complicados. Aunque me liberaron en 1989, después del golpe palaciego dentro del Partido Nacional, que colocó a De Klerk como Presidente, desplazando a Pieter Botha, estuve un tiempo bajo arresto domiciliario.
 
-Hablando de sus años en la cárcel, dice que fueron “años complicados”. Le torturaron mucho y muchas veces. Y sin embargo, la tortura no le enloqueció. No perdió la razón ni las ganas de vivir, como muchos de sus compañeros. 
 
-Y no me faltaban motivos para hacerlo (sonríe). Sí, aguanté. No sólo por mí. No sólo porque creía firmemente en aquello por lo que luchaba. También lo hice por la gente. Para que no perdiesen la esperanza.
 
-De usted guardan recuerdos muy bonitos muchos presos de la cárcel Robben Island. Han llegado a decir que fue usted “aquel hombre maravilloso que fue capaz de gestar, en un calabozo oscuro y húmedo, uno de los más esperanzadores acontecimientos históricos”.
 
(Sonríe y mira las fotos en las que sale junto a varios compañeros de partido).
 
-Agradezco mucho a la gente. Me han tratado muy bien. Soy muy querido. Me siento querido. Soy el mkhulu (significa abuela en Afrikans) de muchas personas.
 
-Después de varios años en prisión, también bajo arresto domiciliario, sale de la cárcel y en 1994, y en las primeras elecciones democrática del país, es elegido Presidente de Sudáfrica por mayoría absoluta en representación del CNA. ¿Cómo fue ese día?
 
-Fue uno de los días más importantes de mi vida, pero sobre todo fue uno de los más importantes de la Historia de mi país. Lo importante no es que yo fuese elegido Presidente. Lo importante es que era negro. ¿Lo entiende? Fui el primer presidente negro y además el primero elegido democráticamente y por sufragio universal. Fue un gran día. Nunca lo olvidaré.
 
-Además, con su elección, el aislamiento internacional que pesaba sobre el país llegó a su fin.
 
-Sí, eso era muy importante. Habíamos estado muchos años “separados” de todo. Llegamos a ser excluidos de los Juegos Olímpicos, del rugby y de las Copas Mundiales de Fútbol.
 
-Y ahora, varios años después, se preparan para ser el país que albergue el Mundial de Fútbol 2010.
 
(Mandela se ríe y se frota las manos).
 
-¡Sí! Es maravilloso, ¿verdad? (…)
 
(Se queda callado un momento. Mira a través de un enorme ventanal. Se le marcan perfectamente las arrugas en el rostro. Arrugas que son el vivo reflejo de los años que han pasado.)
 
-(…) Sudáfrica es un gran país. Se merece esto.
 
-Y mucho se lo deben a usted.
 
-Y yo me siento terriblemente orgulloso por ello. Soy sudafricano y lo seré siempre. Seguiré luchando, hasta el día que me muera. Lo importante no fue eliminar el Apartheid. Lo importante es que no vuelva.