MEMORIA

Martes 27/11, homenaje de Moyano y Caló a Vandor (pero ¿quién mató al 'Lobo'?)

¿Quién mató a Augusto Timoteo Vandor? Una pregunta que busca respuestas, a propósito de los 2 homenajes de reparación histórica que le harán ambas CGT, cada una por su lado pero en acción coincidente, luego de la agresión del senador nacional Aníbal Fernández al promotor de la ley de obras sociales, que obtuvo en una negociación con Juan Carlos Onganía.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El titular de los peones rurales (Uatre), Gerónimo Venegas, adelantó que este martes 27/11, a las 14:30, en el salón Felipe Vallese de la sede de la calle Azopardo de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano liderará un acto de desagravio "a Augusto Timoteo Vandor, con la participación de sus hijos, de los de (José Ignacio) Rucci, la hija de Lorenzo (Miguel) y el hijo de Saúl Ubaldini", contó Venegas. "Para nosotros es inaceptable lo que dijo este personaje Aníbal Fernández".
 
Vandor, Rucci y Miguel son parte de la historia más importante de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Resulta muy significativo que los familiares/herederos de los 3 se presenten en el homenaje de la CGT de Moyano.
 
En tanto, a las 13:00, el secretario general de la UOM y titular de la otra CGT, Antonio Caló, también realizará  un "acto de desagravio" a la figura de Vandor, en el mausoleo donde descansan los restos de ex líder metalúrgico, en el cementerio de la Chacarita, confirmó el secretario adjunto de la UOM, Juan Belén.
 
"Será un acto de desagravio como consecuencia de declaraciones mal hechas. No puede venir cualquiera, por más senador que sea, a hacer este tipo de manifestaciones en contra de la verdad. ¡Vandor era aliado y soldado del general Perón!", dijo Belén.
 
"No vamos a cambiar porque el traidor de Augusto Timoteo Moyano haga un paro", había señalado Aníbal Fernández en alusión a la 1ra. huelga general impulsada por la CGT y la CTA opositoras contra la Administración Cristina.
 
Los hechos
 
El asesinato de Augusto Vandor fue a las 11:40 de la mañana del 30/06/1969, en la sede que la UOM tenía en La Rioja 1945, Ciudad de Buenos Aires. El general Juan Carlos Onganía había cumplido el día anterior, 3 años como presidente de facto. Vandor tenía 46 años de edad.
 
Un desconocido Ejército Nacional Revolucionario (ENR) se atribuyó el asesinato, al que denominó Operación Judas.
 
El nombre Ejercito Nacional Revolucionario fue un nombre ficticio utilizado para despistar a los servicios de inteligencia. Al momento de dar a conocer el comunicado, los autores materiales del asesinato de Vandor ya formaban parte de la organización guerrillera llamada Descamisados que años más tarde se fusionaría con los Montoneros.
 
Años más tarde, en enero de 1973, Juan Perón le contó al diario peronista Mayoría que había mandado a llamar a Vandor en abril de 1969, y le había advertido que lo iban a matar. Decía Perón: "Yo le dije: a usted lo matan; se ha metido en un lío que a usted lo van a matar. Lo mataban unos o lo matan otros, porque él había aceptado dinero de la embajada americana y creía que se los iba a fumar a los de la CIA. ¡Hágame el favor! Le dije: ahora usted está entre la espada y la pared: si usted le falla al Movimiento, el Movimiento lo mata; y si usted le falla a la CIA, la CIA lo mata. Me acuerdo que lloró. Le dije usted no es tan habilidoso como se cree, no sea idiota, en esto no hay habilidad, hay honorabilidad, que no es lo mismo”.
 
Controversias
 
Después del golpe del 24/03/1976, creció la versión, adjudicada a testimonios reunidos por los militares que interrogaban a guerrilleros, que Dardo Cabo, Rodolfo Walsh y Carlos Caride habían planificado y ejecutado el atentado. Es más: se afirmó que Cabo fue uno de los que, arma en mano, ingresó al local sindical. 
 
En su libro 'Aramburu, el crimen imperfecto', libro publicado en 1987, Eugenio Méndez, respaldó el rumor.
 
Pero hay errores. Por ejemplo, Carlos Caride, uno de los fundadores de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), estaba preso cuando murió Vandor, dicen otros. Había sido detenido el 24 de abril de 1969 en un departamento de la calle Paraguay, después de resistir a tiros un allanamiento de la Policía Federal y matar a un oficial. Salió en libertad el 25/05/1973, con la amnistía para los presos políticos ordenada por el efímero presidente Héctor Cámpora.
 
Entre los integrantes del fugaz Ejército Nacional Revolucionario, los informantes cívico-militares también mencionan a Horacio Mendizábal, Oscar Degregorio, Norberto Habegger, Raimundo Villaflor y Roberto Perdía. Aseguran que posteriormente todos integraron el grupo guerrillero Descamisados.
 
Salvo Perdía, todos están muertos. ¿Lograría alguien que hable Perdía?
 
 
"(...) Dardo Cabo y Rodolfo Walsh hubieran podido en el convulsionado 1969 planificar juntos un crimen político. En aquella época aún no se conocían personalmente y, además, ni siquiera se hubieran sentado a tomar un café. Hubieran terminado a las trompadas.
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Hay que ser un auténtico imbécil para inventar que en esas circunstancias Dardo Cabo y Rodolfo Walsh pudieran participar juntos en un asesinato político. Años después, ciertamente, los dos ingresaron a Montoneros. Pero ésa es otra historia. (...)".
 
Él mencionó el libro 'Montoneros. La buena historia', publicado en 2005 por el ex guerrillero José Amorín, quien menciona el error cometido por el autor británico Richard Gillespie en 'Soldados de Perón', publicado en 1987:
 
“Gillespie atribuye a Descamisados el asesinato de Vandor (1969), un operativo mayor para una organización que no sólo estaba en pañales sino que, además, rechazaba la violencia hacia el interior del peronismo”, escribe Amorín. “La ejecución o asesinato de Vandor fue realizado por un grupo de seis o siete compañeros, la mayoría de trayectoria sindical y que desarrollaba su actividad política en el seno de la CGT de los Argentinos. [...] Perdía, en su libro, afirma que el grupo estaba jefaturado por un ex dirigente sindical del gremio ferroviario e integrado por jóvenes activistas sindicales y algún que otro intelectual. Yo conocí a sus integrantes durante los preparativos para la toma de la Prefectura de Zárate”.
 
Más adelante, agrega Amorín:
 
“De los que integraban el grupo que liquidó a Vandor sólo continué la relación con uno. Un flaco alto, a quien conocía desde hacía un año [...]. La cuestión es que el Flaco en algún momento me contó sobre la muerte de Vandor: ‘Broncas viejas, pero además el General lo había ordenado; cuando el General le ordena a la derecha, nos caga; entonces, si cumplimos las órdenes que el General le da a la izquierda, cagamos a la derecha’, dijo el Flaco. [...] Tenía, el Flaco, cerca de cuarenta años y había pasado por Palabra Obrera antes de integrarse al peronismo. Era obrero, gráfico o metalúrgico. Gráfico, me inclino a pensar [...]. No era, nunca fue, Descamisado. Gillespie, equivocado. Y con él, María Seoane, Lapolla, etc., etc.
 
Si Amorin hablara, realizaría una gran contribución a la historia argentina.
 
El personaje
 
Augusto Timoteo Vandor, ex suboficial maquinista de la Armada Argentina, con el rango de cabo 1ro. (desde 1941 hasta 1947), había nacido en Bovril, Entre Ríos, el 26/02/1923, y lo apodaban "el Lobo".
 
Dirigente sindical de la fábrica Phillips, en el barrio porteño de Saavedra, Vandor comenzó a trascender con Juan Domingo Perón en el poder, en 1954, porque organizó una huega en reclamo de mejoras salariales.
 
En septiembre de 1955, consumada la Revolución Libertadora, él fue encarcelado durante 6 meses y despedido de Phillips. Él regresó a escena en 1958, cuando fue electo Arturo Frondizi. Vandor fue secretario general de la UOM, y lideró la CGT Azopardo, en 1968.
 
Se le atribuye a Vandor su disposición a a pactar con el gobierno de Onganía, e impulsar un "Peronismo sin Perón".
 
 
"(...) En junio de 1966 eran pocos los que dudaban que la caída del gobierno de Illia era cuestión de días. Acosado por las huelgas, las presiones de los factores de poder que no le perdonaban sus políticas progresistas expresadas en el considerable aumento de los presupuestos de salud, educación y acción social y una prensa mayoritariamente hostil, el gobierno de Illia cayó derrocado por un nuevo golpe militar el 28 de junio de 1966.
 
Entre los preveían el golpe estaba Vandor. No justamente por poseer dotes adivinatorias sino por ser uno de los actores protagónicos del golpe de estado. En ese carácter asistió de traje a la ceremonia de asunción del dictador Onganía y le expresó a la prensa su satisfacción por las buenas intenciones del presidente para con el movimiento obrero organizado.
 
La férrea y negociadora conducción de Vandor debía provocar necesariamente el surgimiento de un núcleo opositor disconforme con las políticas dictatoriales y excluido de la participación sindical por el grupo vandorista.
 
En mayo de 1968, mientras miles de obreros y estudiantes se apoderaban de las calles de París, se reunía en Buenos Aires el Congreso Normalizador de la CGT, llamado Amado Olmos en homenaje al dirigente gremial fallecido en febrero de ese año en un accidente de tránsito.
 
El congreso concluyó abruptamente con la fractura de la CGT, que se dividió en la CGT Azopardo, liderada por Vandor, y la CGT de los Argentinos, liderada por el dirigente de los gráficos, Raimundo Ongaro.
 
A partir de entonces y a través del periódico de la CGT combativa, Rodolfo Walsh comenzará a denunciar las maniobras de Vandor. En uno de sus números decía: "El vandorismo tiene su discurso del método que puede condensarse en una frase: El que molesta en la fábrica, molesta a la UOM; y el que molesta a la UOM-, molesta en la fábrica. La secretaría de organización del sindicato lleva un prolijo fichero de ‘perturbadores’, permanentemente puesto al día por los ficheros de las empresas”.
 
No eran pocos los peronistas que habían pensado en matar a Vandor. Los que tomaron la iniciativa fueron ocho militantes del peronismo revolucionario que más tarde formarían la organización político militar Descamisados. La decisión de matar a Vandor se tomó en septiembre de 1968 cuando las seccionales vandoristas, en connivencia con las patronales, hicieron fracasar la huelga petrolera de Berisso y Ensenada. El proyecto quedó bautizado como "Operativo Judas".
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En marzo de 1969 el grupo quedó reducido a cinco militantes que comenzaron a evaluar la forma de ingresar a la inexpugnable sede de la UOM en Parque Patricios custodiada por unos veinte guardaespaldas de Vandor. Durante más de tres meses el grupo estudió las entradas y salidas, el movimiento de vehículos y los horarios de Vandor. También usaron esos meses para conseguir las armas: cinco ametralladoras calibre 22, dos pistolas calibre 45, un revólver 38, un 32 y dos pistolas 22 y tres kilos de trotyl por si no localizaban rápidamente a Vandor y debían volar el edificio.
 
El grupo mantuvo en absoluto secreto sus planes por obvias razones de seguridad y porque recordaban que dos intentos anteriores de acabar con la vida del dirigente sindical habían fracasado porque el Lobo se enteró a tiempo y pudo comprar a los implicados.
 
La actitud distante y casi condenatoria de Vandor frente al Cordobazo expresada en un comunicado del 5 de junio de 1969, seis días después del estallido cordobés, en el que llamaba al respeto a las fuerzas armadas y a la unidad de pueblo y Ejército, aceleró los tiempos del Operativo Judas. (...)
 
A los reducidos de la planta baja se los puso con la cara hacia el piso a un costado de la escalera.
 
Los tres de arriba ya no tenían nada que disimular y preguntaban a los gritos: “¿Dónde está Vandor?”
 
Mientras tanto el Lobo mantenía una conversación telefónica con Antonio Cafiero que estaba inquieto por conocer la actitud de la CGT vandorista frente al paro general decretado para el día siguiente por la CGT de los Argentinos contra el gobierno de Onganía. "Quédese tranquilo Cafierito, está todo bien. Acabo de hablar con el coronel Prémoli y nos juntamos a la una para almorzar", dijo y colgó el teléfono. Prémoli era el secretario de informaciones de la dictadura de Onganía. Vandor en su último acto le había comunicado al dirigente peronista que "su" CGT mantenía las excelentes relaciones con el gobierno y no paraba.
 
Los atacantes comenzaron a inquietarse abriendo todas las puertas que encontraban a su paso; cada vez más oficinas y en todas personas que debían ser reducidas. En la planta alta había dos vestíbulos con bastante gente: unos treinta en total. A todos se los puso contra la pared para que no viesen la cara de los agresores.
 
El grupo seguía abriendo puertas buscando a Vandor y cuando se dirigía a una aún cerrada, se abrió y apareció el Lobo, atraído por el griterío. Alcanzo a preguntar "qué carajo pasa" y vio que lo apuntaba una pistola 45 a tres metros de distancia. Vandor no tuvo dudas de que era su final. Levantó los brazos como para cubrirse y recibió dos impactos en pleno pecho.
 
Al girar recibió otro debajo del brazo y cuando cayó dos más en la espalda. Se desplomó en la antesala de su despacho y un integrante del grupo le colocó una bomba bajo su escritorio. La mecha del trotyl duraba cuatro minutos, el tiempo justo para escapar. A la gente que estaba reducida se le dijo que, a partir de la salida del grupo, tenía tres minutos para desalojar el local porque iba a volar todo.
 
El secretario de prensa de la UOM, Federico Vistalli, alcanzó a arrastrar el cuerpo del Lobo hasta la salida para trasladarlo hasta el sanatorio metalúrgico en Hipólito Yrigoyen al 3200. Pero Vandor llegó muerto al centro asistencial en el que trabajaba su esposa, Elida María Curone.
 
Curiosamente el comunicado por el cual el grupo operativo responsable del asesinato se adjudicaba el hecho fue dado a conocer casi dos años después del atentado, el 7 de febrero de 1971. Según sus autores la demora se debió a que "el ENR resolvió no hacer propaganda sobre el Operativo Judas hasta no disponer de una fuerza suficiente para garantizar la continuidad de su acción. Alcanzado este objetivo decide hacer público el presente comunicado. Siendo las 11.36 del 30 de junio de 1969, el Comando ‘Héroe de la Resistencia Domingo Blajaquis’ del Ejército Nacional Revolucionario, que ocupó el local de la UOM, sito en la calle La Rioja 1945, cumpliendo el ‘Operativo Judas’, procedió al ajusticiamiento del traidor Augusto Timoteo Vandor, complementando la acción con la voladura parcial del edificio para no afectar fincas vecinas”.
 
El comunicado concluye diciendo: "Para los Judas no habrá perdón. Elijan libremente todos los dirigentes sindicales su destino. Viva la Patria". (...)".
 
Sin embargo, sigue en pie la pregunta: ¿Quién mató a Vandor?
 
 
"(...) El nombre operativo que adoptaron para la orga que operaría fue Ejercito Nacional Revolucionario. A posteriori asesinaron al dirigente del vestido José Alonso y consecutivamente junto con Los Descamisados se fusionaron en 1972 con la OPM Montoneros, pese a conocer el origen espurio de la banda nacida al amparo de la inteligencia militar del gobierno del general Juan Carlos Onganía, que había llevado a cabo el secuestro de Aramburu para culpar al peronismo y detener un inminente golpe del sector liberal. 
 
Los miembros de la banda mencionada no sobrevivieron los años duros que ya se vislumbraban, salvo Roberto Cirilo Perdía y Horacio Verbitsky (que hacia sus primeras armas como oficial de inteligencia a las órdenes de Walsh). 
 
Siempre es bueno recordar que este oscuro escritor hoy elevado a la categoría de anacoreta y penitente padre del periodismo independiente por la mersa culturosa, fue el que hizo la inteligencia para matar primero a Vandor luego a José Alonso y después a José Ignacio Rucci de los conocidos y muchos más sin tanto renombre.
 
Este es el relato de los asesinos en la revista El Descamisado n° 41, 26 de febrero de 1974, dirigida por Dardo Cabo (quién se inició en el periodismo en la revista Extra de Bernardo Neustadt, junto a Miguel Bonasso, otro integrante de la banda armada marxista). La nota se titulaba: Quienes y cómo mataron a Vandor en donde se elabora una versión periodística del hecho. Tratando de demostrar que dicho asesinato salió del Movimiento Peronista. Igual actitud habían tomado con el secuestro de Aramburu, asesinado por el onganiato y sus servicios y asumido por el grupito de imberbes que conformaron la banda montoneros:
 
”Para poder entrar habíamos armado un expediente judicial con los datos del juez y juzgado que entendían en la causa Salazar-Blajakis. Conseguimos los sellos, nombre, todo como el autentico. (Obviamente esto lo había conseguido El empleado judicial Horacio Mendizábal).
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Cuando el portero abrió la puerta, uno de nosotros se hizo pasar por oficial de justicia, le mostró el expediente y preguntó por Vandor. esperen un momentito, dijo el portero. Le dije que no, que tenía que recibir el expediente y se le mostró una credencial de Tribunales. Como dudó, otro de nosotros sacó una credencial de la Policía Federal y dijo que era de Coordinación. Entonces abrió la puerta y preguntó por los otros tres. El de coordina respondió que venían todos juntos.
 
Entramos. Los ocasionales testigos estaban desarmados, nos tenían a los cinco adentro y nosotros les estábamos dando órdenes a ellos. La cosa se les había dado vuelta. Las metralletas las llevábamos debajo del brazo teníamos pilotos- y una en un maletín. Eran las 11.40 u 11.38.
 
El portero nos dice que tenemos que esperar a Vandor abajo. Pero nos imaginamos que iba a avisarle que estaba la cana y por eso lo empujamos hacia arriba mientras le contestamos que nos tiene que recibir. Se le pone la 45 en la cabeza y le decimos Vamos juntos. En ese momento se hace todo el despliegue.
 
Se reduce a las cuatros o cinco personas que estaban abajo. Eso lo hace uno. Otro se va hacia un pasillo que conducía al fondo, porque sabíamos que allí había gente y teníamos que controlar los teléfonos. Los otros tres suben arriba (sic), incluido el compañero que transportaba el maletín con los tres kilos de trotyl; cada uno llevaba un tipo fundamentalmente de escudo por si alguien tiraba de arriba. Hasta el momento nadie se enteraba de nada; había un pequeño revuelo abajo, pero como a esa hora siempre se trabajaba mucho no se percatan de lo que realmente sucede. A los reducidos de la planta baja se los pone panza abajo a un costado de la escalera y estaban en esa tarea cuando por una de las puertas apareció Victorio Calabró… No podía creer que le estaban poniendo un fierro en la cabeza, se quedó mudo, esa era su casa, ¿qué estaba pasando? Mudo, ni una palabra. La puerta de la calle estaba cerrada y la consigna era no abrir a nadie.
 
¿Dónde está Vandor?
 
Los tres de arriba le preguntaron al portero en qué lugar estaba Vandor. No sé, no sé?, decía todo el tiempo; no dijo nada fue el único tipo que se mantuvo en la suya.
 
Uno de los tres empezó a abrir cada puerta que encontraba; cada vez más oficinas y en todas gente que debía ser reducido. En la planta alta había dos especies de vestíbulos con bastante gente: unos treinta en total. A todos se los ponía contra la pared para que no nos junasen la cara, pero tuvimos mala leche, porque en casi todas las paredes de arriba había espejos y pudieron ver todo.
 
El primero seguía abriendo puertas buscándolo a Vandor y justo cuando se dirige a una que permanecía cerrada, se abre y aparece el Lobo, atraído quizás por las voces de mando que debe haber escuchado. Alcanzo a preguntar qué pasa y vio que lo apuntaba una pistola 45 a tres metros de distancia. Se avivó automáticamente de cómo venía la cosa porque levantó los brazos para cubrirse el pecho. Todo en una fracción de segundos. El compañero disparó y Vandor recibió dos impactos en pleno pecho. Al girar recibió otro debajo del brazo y cuando cae dos más en la espalda. Pero ya estaba muerto. Cayó adentro de la oficina de la que había salido y los pies asomaban por la puerta. Un tipo que andaba escondido adentro, a quien no habíamos visto, empezó a gritar mataron al Lobo, mataron al Lobo.
 
El compañero del maletín prendió la mecha de trotyl, ingresó a la oficina el cuerpo de Vandor estaba en la antesala- y puso la bomba debajo del escritorio de éste. No entre las piernas como después declaró el peronista Vitali que estaba allí. Eso no es cierto. La mecha del trotyl duraba cuatro minutos más o menos. A la gente que estaba reducida le dijimos que a partir de que nos fuéramos tenían tres minutos para desalojar el local porque iba a volar todo. Estaban todos muertos de miedo, el único que mantenía la lucidez era un viejito que tenía puesto un gabán de lana y respondía ante las instrucciones que dábamos.
 
Bajamos en orden. En la puerta había un grupo de personas que se presentaron como periodistas, pero desaparecieron apenas vieron armas. Jamás hicieron declaraciones, nunca supimos quienes eran. Nos fuimos hasta Rondeau y el auto seguía en marcha; habían pasado cuatro minutos”.