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LíBANO

Una economía en default que evitó la pandemia y espera por la marihuana

Vie, 05/06/2020 - 1:34am
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Por Urgente24

Libano estuvo en todos los comentarios cuando el empresario Carlos Goshn huyó de su prisión domiciliaria en Japón y se refugió en el país de Medio Oriente. Volvió a ser noticia cuando en marzo incumplió pagos de deuda pública e incurrió en default. Y vuelve a estar de moda pero ahora porque logró eludir la pandemia.

El hachís es un producto obtenido de la flor del cannabis a partir de su resina/polen, en bruto o purificada.
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En marzo, Líbano incurrió en default porque no contaba con dinero para afrontar el pago de una emisión de eurobonos. Si es cierto que hay 40 países en riesgo de incumplimiento, Líbano fue el que ya lo concretó.

Antes, en enero, Líbano ya había aparecido en las noticias globales: el empresario Carlos Goshn huyó de su prisión en Japón, donde estaba retenido por una trampa que le tendieron ex subordinados suyos en Nissan (él rescató Nissán y estableció una alianza con Renault y Mitsubishi, de la que fue desplomado), y se refugió en su natal Beirut, ayudado por el ahora detenido el exmilitar estadounidense Michel Taylor, y el libanés Georges Zayek, excombatiente de la antigua milicia cristiana del partido Fuerzas Libanesas.

Ahora, otra vez en las noticias: resulta que Libano logró eludir la pandemia. ¿Cómo lo hizo? La clave fue, ante las primeras alertas, cerrar las escuelas, luego los bares, los restaurantes y el aeropuerto.

Asi, el Líbano, que intenta sobrevivir al hundimiento de su economía, escapó de una crisis sanitaria importante y luego de 3 meses de encierro, está en desconfinamiento.

El 'caso 0' fue identificado el 21/02: una persona que integraba un grupo de peregrinos que volvía de Irán.

Libano sólo tenía disponibles 128 camas para cuidados intensivos y no podía darse el lujo de una crisis sanitaria.

Para colmo, tiene una fuerza político-militar importante muy relacionada con Irán (Hezbollah), que ya tenía muchos casos.

Sin embargo, a la fecha, Líbano, con 6 millones de habitantes y sin dinero para comprar equipamiento, insumos y, en especial, tests, sólo tuvo 1.256 casos y 27 fallecimientos. La mayoría de los casos fueron libaneses repatriados.

En febrero, Líbano cerró las escuelas, los bares, los restaurantes y el aeropuerto, donde empezaron a hacerse test. En tanto se creó una unidad de seguimiento de casos en el Ministerio de Sanidad.

En el pico de la epidemia se declaró un toque de queda a partir de las 19:00 y se estableció un sistema de circulación alterna de vehículos para limitar los desplazamientos. Por ejemplo, la circulación quedó prohibida los domingos para todos los vehículos. También se impuso la obligatoriedad de barbijos o tapabocas en la vía pública y se multó a las empresas que no respetaran las medidas de distanciamiento.

También se desplegó una intensa campaña de información al principio de la pandemia, que fue eficaz porque estimuló a que la gente tomara medidas por su cuenta.

Un dato decisivo: Líbano casi no tiene transportes en común o público, a causa de sus guerras civiles.

Muy interesante la apreciación de la web Vatican News, de Ciudad del Vaticano:

"(...) Sin embargo, el aumento de los controles impuestos por las fuerzas de seguridad como medida sanitaria preventiva difícilmente pueden ser vistos como totalmente desconectados de la difícil situación social causada por la crisis financiera del país.

El agujero en las finanzas del Líbano asciende a unos US$ 90.000 millones, mientras que el acuerdo que se está ultimando con el Fondo Monetario Internacional, además de una serie de garantías para restablecer la credibilidad en el plano internacional, prevé una intervención de emergencia en favor del Tesoro de unos US$ 10.000 millones. Pero se trata de un acuerdo que, para entrar en vigor, requiere una serie de medidas legislativas cuya adopción en un país políticamente fragmentado como el Líbano dista mucho de ser sencilla. Mientras tanto, la lira libanesa sigue perdiendo valor, el desempleo aumenta y los ahorradores no tienen acceso a sus cuentas corrientes. (...)".

La crisis financiera provocó algo más en Líbano: la producción y la venta legal del cannabis (marihuana) para uso medicinal, esperando recaudar ingresos tributarios inmediatos por US$ 1.000 millones anuales.

En la crisis de sus finanzas públicas, Líbano reactivó un proyecto de 2018, y el Estado intenta monopolizar el cannabis medicinal:

 **  vendiendo licencias de cultivo, producción, almacenamiento y distribución a agricultores o empresarios;

 **  comprando el total de la producción con un precio fijado por la ley;

 **  monopolizando la venta a las empresas interesadas.

El modelo es muy cuestionado por los agricultores porque ellos afirman que el Estado no les pagará un precio de mercado y así se alentará la corrupción, pero habrá que discutirlo.

El gobierno afirma que el cultivo de cannabis requiere menos mano de obra, menos agua, menos fertilizantes, y así se garantiza un margen de utilidad elevado.

La apuesta adicional es eliminar a las organizaciones criminales o bien 'blanquear' la actividad de los narcotraficantes.

Líbano es el 3er. país productor de hachís en el mundo, que sostiene a miles de familias en el norte del país (Akkar, Baalbek y Hermel). El hachís es un producto obtenido de la flor del cannabis a partir de su resina/polen, en bruto o purificada.

Por ahora se insiste en que no habrá exportación y se destruirán todos los campos que no compren licencias al Gobierno.