MADRID (
Cama Redonda). Lo japonés está de moda. Sólo hace falta darse un garbeo por cualquier ciudad española y comprobar que numerosos restaurantes chinos han mutado en japoneses de un día para otro. Normalmente, dicho cambio sólo comporta una decoración más fría y menos fallera que la del chino tradicional y que al personal que atiende las mesas, en lugar de la tradicional camisa blanca y pantalón negro, se les viste con un kimono cortito, como si fuera una blusa. Ah, y se habilita en un lugar visible un mostrador donde ponen a un chino disfrazado de judoka a cortar pescado y enrollar cositas en arroz y un alga negra. Nada que ver con el halo de misterio que envuelve las cocinas de muchos chinos de barrio y que ha dado pie a tantas leyendas urbanas que buscan explicaciones sobrenaturales a la escasez gatuna de nuestras calles o a la falta de entierros y ceremonias fúnebres orientales por estos pagos.
En cualquier caso, el instinto de supervivencia chino, cuando se aprovecha de nuestra ignorancia colectiva hacia todo lo oriental (al fin y al cabo, "todos" son chinos), me parece sublime. Chapeau por ellos, o como se diga en chino.
Volviendo al Japón, propiamente dicho, siempre nos ha parecido un país con una cultura muy complicada de entender. Allí, los políticos o empresarios corruptos dimiten, o incluso se suicidan, cuando les pillan con las manos en la masa. Tienen unos códigos de honor y de responsabilidad que nos provocan mareos, por no hablar de sus hábitos laborales sorprendentes, con lo que aquí nos gusta el escaqueo… Trabajan 360 días al año y cuando se presentan unos a otros mencionan el nombre de la empresa como si fuera su apellido. Sin embargo, si hay un aspecto de los japoneses que nos rompe del todo y nos deja noqueados es su manera de abordar la sexualidad. Porque a Freud le pilló mayor e Hiro Hito no era muy partidario de permeabilizar fronteras, de otra manera el padre del psicoanálisis lo habría flipado.
Una de las cosas más interesantes que ha traído consigo internet es poder alucinar con videos e imágenes chocantes del país del sol naciente. La aldea global es lo que tiene, que permite visitar los barrios más periféricos sin necesidad de salir de casa. Sí, seguramente peco de superficial (¿y?) pero llama mucho la atención, por ejemplo, ver a una chica sometida a mil y una perrerías pero, eso sí, con los órganos sexuales pixelados y borrosos. No en vano, el vello púbico es uno de los tabús más sólidos de la cultura japonesa.
No obstante, la humillación o el dolor, cuando van de la mano del sexo, resultan la mar de recurrentes y toda una delicatessen erótica por aquellos pagos. Los artículos de sex-shop también merecen una mención especial porque parecen sacados de la isla del doctor Moreau. Por un lado, sorprende la tendencia a decorarlos o comercializarlos bajo una apariencia infantil, algo que al defensor del menor de aquí le provocaría muchas canas pero que en Japón resulta muy simpático. Por otro, la diversidad y variedad de artículos y juguetes pensados para adultos dice mucho de los departamentos creativos e I+D de la industria sexual japonesa.
Todavía recuerdo como hace unos años, en un programa televisivo en el que trabajé, conseguimos importar una mano pajera japonesa, aunque nos costó penas y trabajos superar ciertos trámites aduaneros. Los funcionarios no daban crédito. El artilugio en cuestión consistía en una mano unida a un engendro mecánico que subía y bajaba, permitiendo una masturbación compulsiva y eficaz sin necesidad de cansarse ni ejercitar los bíceps. Por cierto, no sé qué miembro del equipo se la quedó...
El último grito en juguetería sexual japonesa ya ha llegado a nuestro país, o sea, que no hace falta gastarse los dineros comprando un billete a Tokio. Se trata de unos masturbadores masculinos llamados Tenga. En Japón se venden en las gasolineras (para cuando te viene un apretón) y, aunque nos sorprenda, también mi abuela alucinaba con que un servidor comprara pan en el surtidor de la CAMPSA (que es como ella denominaba la gasolinera de mi pueblo, de Repsol, por cierto).
Los Tenga han causado furor en Japón donde, según el Informe Durex, el número de relaciones sexuales anuales no pasa de 50. Según la revista Forbes se han vendido un millón y medio de ejemplares en el último año y se comercializa bajo cinco versiones diferentes, para adaptarse a todo tipo de sensación que se requiera. Cápsulas de onanismo, les llaman. Ah, y encima de la mesita de noche quedan la mar de monos.
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Sexo a la japonesa: Brazo mecánico para masturbarse
El autor, blogger en la web del diario El Mundo, realizó un simpático post sobre el boom del sexo 'a la japonesa' que se vive en Europa.
24 de junio de 2008 - 02:33









