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K, el vendedor de ilusiones

POR MARíA JOSE BONACIFA A un año del triunfo electoral de Néstor Carlos Kirchner por abandono de su rival Carlos Menem en la segunda vuelta, el presidente viene realizando constantes intentos por revertir la imagen de "títere de Eduardo Duhalde"con gestos grandilocuentes e hiperactividad que sin embargo no se traducen en resultados concretos para los argentinos. Un pueblo cansado de desilusiones que sólo espera vivir en una nación segura, predecible y en paz.

Transcurridos 365 días de los comicios presidenciales en los que Néstor Carlos Kirchner obtuvo el segundo lugar vale la pena recordar el cuadro de situación que se vivía aquel 27 de abril de 2003 en la Argentina. Con Eduardo Duhalde como padrino, la imagen de Kirchner fue creciendo a pesar de no haber sido la primera opción del caudillo bonaerense. Al advertir que el cordobés José Manuel De la Sota no gozaba de buen caudal electoral y las ideas y venidas de Carlos Reutemann, se decidió por el santacruceño por el que nadie daba demasiado crédito, sobre todo algunos de los líderes del peronismo del conurbano bonaerense, como Hugo Curto, el intendente de Tres de Febrero quien hoy, sin embargo, tiene llegada directa a la Casa Rosada. A último momento se logró la incorporación de Daniel Scioli (que se lo disputaban tanto Kirchner como Carlos Menem) y el compromiso de que Roberto Lavagna, el hombre que había logrado estabilizar el caos en la economía del país, seguiría en funciones si triunfaba Néstor Kirchner. Lavagna representaba el modelo productivista, opuesto al neoliberal al que muchos argentinos culpaban de todos los males vividos en el país. Aquel 27 de abril, la fórmula Menem-Romero fue triunfadora por un 24,5% de los votos, mucho menos de lo que esperaba especialmente en la provincia de Buenos Aires, en la que Kirchner contó con el indiscutido poder del aparato duhaldista en la labor fiscalizadora. Por el contrario, en las filas del menemismo hubo serias desinteligencias en la logística electoral. Mientras tanto, la dupla Kirchner-Scioli obtuvo el 22,4% de los votos. Un dato curioso es que en ese momento Kirchner festejó en Río Gallegos, mientras que su compañero de fórmula lo hizo en Buenos Aires. Todo se preparaba para una segunda vuelta que nunca llegó porque Carlos Menem decidó no presentarse. Hay sospechas de que para la toma de esta decisión hubo una fuerte presión del duhaldismo y de los mismos gobernadores menemistas que temían ser salpicados por la derrota, lo que a su vez representó un duro golpe para Néstor Kirchner que soñaba con llegar a la presidencia con el 75% de los votos. Mientras todavía se hablaba de ballotage, las partes intentaban cosechar apoyos de las minorías, que representaban un importante caudal de votos teniendo en cuenta que Ricardo López Murphy, de Recrear, se hizo con el 16,4% de los votos y Elisa Carrió, del ARI con el 14.05% seguida por el puntano Adolfo Rodriguez Saa. La jefa del ARI llamó a votar por Kirchner argumentando que era el "mal menor" y que constituía la "reserva moral" de la política, lo que al poco tiempo desmintió con las denuncias por el caso Conarpesa. El jefe de Recrear, por su parte, no se pronunció por ningún candidato y el puntano Adolfo Rodríguez Saá a pesar de los esfuerzos del ex presidente Menem por conquistarlo, dijo que optaba por dar a sus seguidores "libertad de acción". El puntano hoy se encuentra fuera de la escena política con graves problemas en su provincia. La decisión se precipitó y las dudas sobre la legitimidad de Néstor Kirchner como presidente crecieron porque muchos consideraban que sería un títere de Duhalde, ya que era indudable que sin "el aparato", no hubiese podido acortar la diferencia con el ex presidente. El acuerdo con los intendentes del conurbano era claro, el santacruceño resolvería el eterno problema de la coparticipación federal. La provincia de Buenos Aires pretende un 30% de la coparticipación, intentando recuperar los 9 puntos perdidos durante el gobierno de Raúl Alfonsín, además de recuperar la potestad para el cobro de impuestos tales como Bienes Personales y Ganancias a las personas físicas. Ese pedido también estuvo relacionado a la marcha en apoyo a la gestión presidencial realizada por los mandatarios bonaerenses y organizada por el gobernador Felipe Solá a raíz de una sugerencia de Hugo Curto. Pero el kirchnerismo no parece dar señas de ceder en el reclamo y aunque Duhalde es el encargado de consolidar el Mercosur, no está dispuesto a ceder un ápice de su poder. Gustavo Martinez Pandiani, experto en marketing político que fuera entrevistado oportunamente por Edición i, sostuvo que Kirchner hace un culto a la no imagen, tomando la experiencia de los mandatarios anteriores: Si Menem era amigo de la farándula, Kirchner se muestra austero y alejado de los peluqueros y los trajes de autor; si De la Rúa era célebre por "dormir la siesta", Kirchner se caracteriza por su hiperactividad que lo llevó a pasar Semana Santa internado, a pesar de que muchos niegan que se trate de un mero problema de stress. Lo cierto es que la política en Argentina sigue siendo bipolar, de blancos o negros, y que la transversalidad propuesta por el presidente en el acto de Parque Norte el día de la militancia dejó sentado que no se puede gobernar sin el peronismo. Ningún presidente democrático no peronista ha logrado terminar su mandato. Pero la clase política parece no comprender que se necesita un "Pacto de la Moncloa" y que una vez asumido el cargo, deben gobernar para todos los argentinos y no para un sector. Quienes estaban conformes en el gobierno de Menem ahora se sienten marginados y los marginados de los ´90 están sintiendo que hay en la Rosada un presidente que los escucha. Muchas veces dijo el presidente que es hora de terminar con las antinomias, pero el Museo de la Memoria no hizo más que realimentarlas. El caso Blumberg es otro de los ejemplos del maniqueísmo que reina en el país. Con dudosa legitimidad, Kirchner se dedicó a dejar claro quién tenía el poder: La pelea con el vicepresidente Daniel Scioli, en un primer momento por el enfrentamiento en el tema de las tarifas de servicios públicos y luego a raíz de la anulación de leyes de amnistía a ex militares y la detención de ex jefes guerrilleros hizo que Scioli dijera que "En un país en serio las leyes no se anulan". Pero si bien en el gobierno de De la Rúa las divisiones internas que comenzaron con la renuncia del presidente Carlos "Chacho" Alvarez y precipitaron la caída del gobierno; en este caso el vicepresidente fue virtualmente neutralizado. Ante la enfermedad del presidente, son constantes los intentos por evitar que cobre protagonismo. Y hasta se ha hablado de ciertas operaciones del entorno kirchnerista para forzar su renuncia. La crisis energética es otro de los puntos, ya que el mismo Scioli y el ministro de Economía Roberto Lavagna habían advertido que la situación sin movimiento de tarifas se haría insostenible. Pero la tosudez del presidente hizo que nada se hiciera al respecto, idea que a la vez era uno de los pivotes para su alta popularidad. Esta postura también lo llevó a enfrentarse con el ministro de Economía Roberto Lavagna. La cuestión con los militares es otro rasgo distintivo de los primeros pasos de K en la presidencia, ya que el descabezamiento de la cúpula y el nombramiento del general Roberto Bendini fue el punto de partida para el malestar que reina entre los hombres de uniforme. Ni la charla que brindó para oficiales en la Escuela Superior de Guerra, con la denuncia de una conspiración judía para ocupar la Patagonia fue suficiente para removerlo porque él es el militar preferido del presidente. La decisión de instaurar en la ESMA el Museo de la Memoria fue otra de las actitudes que irritaron a los uniformados. Tampoco pueden olvidarse los cambios en la Corte Suprema anunciados mediante un enérgico discurso en la cadena nacional. La destitución de Julio Nazareno y el juicio político a Eduardo Moliné O´Connor, seguido de las designaciones de Eugenio Raúl Zaffaroni y Carmen Argibay a pesar de que se alzaron voces de la Iglesia y de asociaciones civiles contrarias al aborto. Las negociaciones con el FMI, de las que el presidente se jactó de hacer con "dignidad" fueron una puesta en escena según la visión de opositores de los más diversos colores políticos tales como Elisa Carrio y Ricardo López Murphy. A pesar de la fama de "duro" que el presidente intenta imponer, se pagó hasta el último centavo y según el legislador santafecino Alberto Natale, todo fue un "show". El acto en Parque Norte, en que ciertos operadores políticos de Kirchner del grupo Michelángelo como Carlos Kunkel, integraron lanzar el kirchnerismo resultó ser una confirmación de que nada es posible para un mandatario lejos del peronismo. Kunkel, representante del setentismo en su más puro estado, es el ideólogo de la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner como gobernadora de la provincia de Buenos Aires, lo que puso bien en manifiesto la pelea con Chiche Duhalde y cuyo momento más tenso lo vivieron también en el predio de Cavallieri. Los gestos de poder que ha ensayado el presidente desde que comprendió que debía legitimar el poder que los votos no le habían dado han sido grandes golpes mediáticos que mantienen su popularidad pero que no se traducen en un efecto concreto sobre la calidad de vida de los argentinos. El próximo mes se cumple un año de gestión y a pesar de que queda tiempo para el fin del mandato, los argentinos tienen cada día un poco menos de paciencia.