Gladys Marín Millie nació en la Ciudad de Curepto, cerca de Curicó, en la Séptima Región del Maule, en Chile, el 16 de julio de 1941.
Sus padres fueron Adriana Millie, profesora primaria, y Heraclio Marín, campesino.
La tercera de cuatro hermanas, Marín residió en la localidad de Sarmiento (Séptima Región) y también en Talagante (Región Metropolitana), donde asistió a la escuela primaria y participó en movimientos juveniles cristianos (fue presidenta de la Acción Católica de Talagante).
A los 11 años llegó a Santiago, estudió en el Liceo 5 de niñas y más tarde comenzó su formación como profesora en la Escuela Normal N° 2, donde participó en las actividades de la Federación de Estudiantes Normalistas (FEN), organización de la que llega a ser presidenta y con la que encabeza la lucha de los estudiantes por modificar los criterios pedagógicos de las Escuelas Normales.
En esa época, 1958, decide ingresar a las Juventudes Comunistas y un año antes recibe el título de maestra, por lo que accede a un trabajo en la Escuela N° 130 para niños con deficiencias mentales que funcionaba en el interior del Hospital Psiquiátrico en la avenida Santos Dumont.
Marín, paralelamente, comienza a participar en el PC, como miembro del Comité Regional Capital de las Juventudes Comunistas y como integrante de la Comisión Femenina. Su labor es reconocida en 1960, cuando es elegida para ser incluida en el Comité Central de las Juventudes Comunistas.
Tres años más tarde se casa con Jorge Muñoz, entonces estudiante de ingeniería. De este matrimonio nacen Alvaro y Rodrigo. También en 1963 es elegida secretaria general de las Juventudes Comunistas, el preámbulo de lo que será una larga trayectoria en el Congreso. Porque en 1965 es elegida diputada por el segundo distrito de Santiago (en ese entonces comprendía Renca, Conchalí, Recoleta, Independencia, Colina, Til Til, Talagante, Curacaví, Quinta Normal y Barrancas).
Su trabajo como parlamentaria se interrumpe con el golpe militar del 11 de septiembre de 1973. Marín opta por pasar a la clandestinidad. El nombre de Gladys Marín Millie figura en el Bando Nº 10 de la Junta Militar: está entre las 100 personas más buscadas por el régimen militar.
En diciembre de 1973 se asila en la embajada de Holanda en Santiago, donde permanece ocho meses debido a que la Junta Militar le negaba el salvoconducto.
Tras este período de encierro, la dirigenta del PC sale al exilio y durante años recorre distintos países para denunciar las violaciones a los derechos humanos que se cometen en Chile. Mientras se encontraba en Costa Rica, en 1976, recibe la noticia de que su esposo, Jorge Muñoz, en ese entonces miembro de la Comisión Política de la colectividad, fue detenido.
Muñoz es, hasta ahora, un detenido desaparecido.
Dos años después de la desaparición de Muñoz, en 1978, la líder comunista regresa clandestinamente al país. En 1984, todavía en la clandestinidad, es elegida subsecretaria del PC y después, tras el XX Congreso del Partido Comunista realizado en 1994, asume como secretaria general.
En 1997 es candidata a senadora por la circunscripción senatorial poniente de Santiago, aunque no sale elegida. Luego, en junio de 1998, es proclamada candidata a la Presidencia de la República.
Ya reconocida como una luchadora incansable, en enero de 1998 interpone la primera querella criminal contra Augusto Pinochet, una acción emblemática, ya que significará el comienzo de una serie de querellas contra el ahora general en retiro.
En el XXII Congreso del Partido Comunista, celebrado a fines 2002, Marín es elegida presidenta de la agrupación política, cargo que mantuvo hasta su muerte.
# El recuerdo
En junio de 1998, Gladys Marín fue proclamada candidata a la presidencia de la república por el Partido Comunista y tras arduos meses de campaña se celebraron unas elecciones que resultaron ser una de las más cerradas de la historia, tanto es así que se necesitó de una segunda vuelta para que fuera electo el candidato de la Concertación, Ricardo Lagos, por sobre el aspirante de la Alianza por Chile, Joaquín Lavín.
Para esas elecciones, Marín obtuvo el 3,19 por ciento de los votos, un respaldo que significó la disminución en un 30 por ciento de la votación que obtuvo el PC en las elecciones presidenciales de 1993, en las que fue representado por el sacerdote Eugenio Pizarro.
Sin embargo, con el Pacto Juntos Podemos -que reúne al Partido Humanista, al Partido Comunista, al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y a sectores de la Izquierda Cristiana- consiguió un importante resultado en las pasadas elecciones municipales: 5,91 por ciento de votación a nivel nacional de alcaldes.
Tras su experiencia como candidata presidencial, Marín confesó que "lo viví como una candidata de izquierda y eso fue un gran hecho en el país, que hubiese una candidata de izquierda. A mi no me cabe duda de que una mujer pueda ser Presidenta de la República. Las mujeres pueden naturalmente dirigir los destino de un país y en estos tiempos tan duros para el mundo, creo que la contribución y la participación de la mujer puede ser un elemento muy importante y muy decisivo".
"Uno no tiene por qué fabricarse para estar en la política o en cualquier otra parte. Yo el único lujo que me doy es hacer gimnasia cuando tengo tiempo", señaló.
Marín debía permanecer a la cabeza del PC hasta 2006, después de ser elegida por tercera vez para liderar la colectividad al concluir el XXII Congreso.
La reelección de la ex diputada (1969-1973) no estuvo exenta de conflictos internos, pues los estatutos del partido sólo permitían dos períodos de cuatro años para los cargos directivos.
Ante ese dilema, Marín y sus seguidores promovieron con éxito una modificación de los estatutos que legitimó su nuevo período al frente de la colectividad, en medio de soterradas críticas de la minoría interna, que la acusó de montar una maquinaria para perpetuarse en el cargo.
Marín condujo al PC en la etapa más difícil de su historia, pues de ser la organización marxista más poderosa de Latinoamérica, hasta comienzos de la década de los años 70, tras la recuperación de la democracia en Chile no ha logrado tener representación parlamentaria.
Para los analistas, la excesiva identificación de los comunistas chilenos con su homólogo de la fenecida Unión Soviética -un viejo chiste decía que cuando llovía en Moscú los comunistas chilenos salían con paraguas- y su falta de renovación son la causas principales de su declive.
A ello se suma el sistema electoral binominal imperante en el país -se eligen dos cargos parlamentarios por distrito o circunscripción, lo que favorece a las coaliciones-, para completar la crítica situación del PC, que, no obstante, mantiene una presencia importante a nivel sindical y estudiantil.
En ese contexto, Marín tenía un prestigio que superaba largamente al de su partido, a pesar de la imagen de dura y estalinista que le otorgaban sus adversarios.
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Murió Gladys Marin, la líder del PC chileno
Fidel Castro se preocupaba personalmente por la salud de Gladys Marin. Pero ella fue deshauciada hace algunas semanas. Su muerte marca un final para toda una historia de la izquierda chilena 'setentista', que tuvo el poder y lo perdió, y que, luego, recuperó el poder pero con otra mentalidad.






