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TRAS EL ÍNDICE DE POBREZA Y CON EL DÓLAR EN GATERAS

El próximo IPC llega como la cláusula-gatillo del “milagro” reelectoral

Mie, 02/10/2019 - 11:55pm
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Ad referéndum del dólar, la Administración Macri cumpliría el mandato de 4 años con una inflación superior al 55%, lo cual, al igual que la reciente oficialización del aumento de la pobreza, no constituirá ninguna novedad. El Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM), que si algo lo ha caracterizado es la cautela para emitir pronósticos, tira 5,8% para setiembre, y 54,9% para el año, lo cual acrecienta el manto de dudas sobre los números finales, no tanto por la repercusión estadística, sino por el terreno minado que queda para lo que vendrá. Sin llegar tan lejos, la difusión del próximo Índice de Precios al Consumidor (IPC), apenas una semana antes de la elección general del 27 de octubre, pegará de lleno en el ánimo de la ciudadanía que concurrirá a emitir su voto. A este precario equilibrio en tan altos niveles se está llegando con un dólar comercial a $57,64, uno turista (blue) a $60,75, uno financiero o bursátil a $63,44 y otro Contado con Liqui (CCL) a $66,08, a costa de una pérdida de reservas insostenible en el tiempo, la gran incógnita es adónde irá a parar el tipo de cambio para mejorar las exportaciones y poder juntar, de modo genuino, dólares que urgen en un contexto internacional que asoma nada propicio. Pero a cuánto debería estar la paridad, además, para frenar la sangría hacia colchones y depósitos fuera del sistema argentino y de ser posible atraer algo en forma de las inversiones que se necesitan para el balance financiero, y más todavía para el aparato productivo. Arribar a unos ya “moderados” $70 en adelante como se pronostica, con la inflación, la recesión y los precios relativos transitoriamente reprimidos, como los preelectorales, representa mucho más que una amenaza.

Hasta agosto, el retroceso respecto del mismo período del año pasado fue del 10 %, lo cual se explica en la pérdida entre 12% y 15 % del poder adquisitivo de los salarios, según sea el sector.
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El electorado argentino recibirá una semana y media antes de las presidenciales del 27/10 quizá la última mala noticia que habrá de deparar el ciclo económico iniciado con Mauricio Macri el 20/12/2015: el INdEC dará a conocer el IPC oficial de setiembre, que todos los pronósticos privados sitúan en torno del 6%, con lo que el interanual andará por el 54%

Damián Di Pace, director de Focus Market, se interna en el indicador para advertir que, pese a la reciente quita del IVA, estarían marchando al frente los alimentos (que gravitan directamente en la línea de la pobreza y en el presupuesto de cualquier mortal) si hasta ahora no vinieran siendo superados por el alza del costo del cuidado personal.

Este comportamiento de la canasta sobre las primeras necesidades, es obvio, pega más de lleno en el ánimo ciudadano por la sencilla razón de que cualquiera podría dejar de bañarse o de usar perfume, pero no de comer.  

Ya se ha privado masivamente de consumir, tal como lo detectó el scanntech de Focus, a punto tal que hasta agosto el retroceso respecto del mismo período del año pasado fue del 10 %, lo cual se explica en la pérdida entre 12% y 15 % del poder adquisitivo de los salarios, según sea el sector. 

Los ajustes ya vienen de largo. No obstante el congelamiento que regía tras las PASO, en agosto se cargaron en las estaciones de servicio 50 millones de metros cúbicos menos de nafta y gasoil que en el mismo mes de 2018.

Aprovechó la data el CEO de YPF, Miguel Gutiérrez, durante su exposición en la Convención Anual del IAEF para deslindar responsabilidades entre las subas de combustibles y la inflación. 

Argumentó que desde la liberalización de precios en octubre 2017 los surtidores atrasan entre 17% y 20% en relación con el IPC. 

Asimismo, en los hogares se lleva recortado en casi 10% neto el consumo de electricidad desde que comenzaron los tarifazos, y a pesar de que el gobierno detuvo la dinámica del sinceramiento a partir de julio, la ruedita de la inflación no paró de girar.

Bastaría, además, con mirar el último reporte del Banco Central para extraer conclusiones de por qué las privaciones de los viandantes en el gasto cotidiano no resultaron mayores: las tarjetas de crédito quedaron al rojo vivo refinanciando consumos. 

Se advierte en que, pese a la menor actividad, aumentó el 16% la cantidad de transacciones minoristas, lo que hizo crecer +12% interanual el Sistema Nacional de Pagos, pero a la vez bajó un 14%, más del triple que el global, el promedio de cada una, “indicador de mayor habitualidad por parte de empresas y familias, que eligen los instrumentos de pago electrónicos para más operaciones y de menor monto", argumentó el BCRA.

El reperfilamiento que de hecho aplican las familias con sus compromisos sólo es posible para los que están bancarizados y no figuran en el Veraz. O sea ni cubren la mitad del PIB.

Difícilmente se encuentren entre los 9.224.000 beneficiarios con algún tipo de contención social que contabilizó Di Pace, que de paso desagregó: 

** 3.923.000 en la Asignación Universal por hijo, 
** 250.000 del Plan Haciendo Futuro, 
** 200.000 del salario social complementario, 
** 1.041.800 millones de pensiones por invalidez, 
** 3.367.800 beneficiarios prestaciones previsionales otorgada por moratoria, 
** 132.000 de PUAM, 
** 309.400 para madres de 7 hijos, entre otros. 

A lo sumo podrán estar en la libreta de algún almacenero del barrio.