BIO24

MIJAÍL FRIDMAN

DIA%: El secreto pianista moscovita

En Madrid (España), los accionistas de la cadena de supermercados DIA (Distribuidora Internacional de Alimentación) dieron su apoyo al fondo LetterOne, propiedad del empresario ruso-ucraniano-israelí Mijaíl Fridman, en la batalla por el control de la empresa con el actual Consejo de Administración. Pero ¿quién es Fridman? Sólo Hernando Kleimans podía escribir esta nota:

En un restaurante de una de las calles más prestigiosas de Moscú, Ostózhenka, un joven y auspicioso entrepreneur ruso, Mijaíl Marátovich Fridman, con algo menos de 30 años cumplidos, natural de Lvov, ciudad que por entonces era centro occidental de la Ucrania soviética, cumplió su largo sueño romántico cerrando sus instalaciones para colocar un elegante piano y en largas tenidas nocturnas dar conciertos a un selecto grupo de amigos.

Eran los años '90, cuando este tipo de acontecimientos no era algo excepcionalmente raro. He conocido otros casos similares. En algunas ocasiones, con ágiles rusos “novorich” (tal como se los llamaba) y en otras, con astutos caucasianos en vías de quedarse con grandes porciones de hidrocarburos.

Marátovich es un patronímico, pues su padre era Marat, ingeniero soviético, laureado con el premio Estatal de la URSS, junto con sus compañeros de equipo en una secreta fábrica militar, por la invención de un avanzadísimo sistema de reconocimiento aéreo militar.

En 1986, Marátovich se recibió de ingeniero en acero y aleaciones. Sin embargo, ya durante sus estudios en el instituto organizó un club juvenil informal lo que, para esa época en los umbrales de la perestroika gorbachoviana, era algo atrevido y temerario. En “Prado de Fresas”, como se llamaba el club habilitado en el hall de la residencia estudiantil, funcionaba una discoteca y actuaban artistas y bardos del underground de los suburbios moscovitas. Mijaíl entregaba personalmente a los músicos honorarios entre 20 y 30 rublos por actuación (algo así como 5 o 6 dólares para esa época).

En 1988 lanzó su primer emprendimiento, la cooperativa “Courier”, especializada en lavado de ventanas. En 1989 encabezó con sus tres socios la compañía “Alfa-fotos”, comercializadora de material fotográfico, computadoras y equipos copiadores. Quien recuerde esos años en la todavía Unión Soviética, sabrá que ese era el gran negocio. Pequeños institutos científicos de matemáticas o de física, recaudaban buen dinero armando computadoras con sistema DOS. La Unión Soviética fue siempre la gran creadora de programación informática.

Por fin, un año después, ya con el proceso de desintegración de la URSS en pleno, Fridman crea una joint venture soviético-suiza para la exportación de petróleo y producción metalúrgica. “Alfa-Eko”, en realidad, se aprovechaba del descontrol económico del país y a su antojo comercializaba el crudo directamente de las refinerías y la chatarra y otras “menudencias” de las plantas metalúrgicas.

A diferencia de otros “colegas”, Mijaíl no tuvo que matar a nadie para quedarse con fábricas, yacimientos o bancos. Ese fue el caso del padrino mafioso Borís Abrámovich Berezovski, un enorme matemático que dejó la ciencia por el racketeer, con asesinatos incluidos, “suicidado” al final en Londongrad, como se bautizó a Londres por su “selecta” inmigración rusa.

Berezovski llegó a ser 1er. viceprimer ministro en la Rusia de Borís Ieltsin y se fugó a la capital inglesa luego de la toma del poder por Vladímir Vladímirovich Putin y su equipo del KGB.

Borís Abrámovich fue, además, en Londres y mientras Vladímir Vladímirovich no puso orden, el cajero del narcotráfico que pasaba la droga “cruda” de Afganistán por los laboratorios semi-clandestinos de Chechenia rumbo a Europa occidental y los Estados Unidos.

Mijaíl Marátovich transitó otro camino y en los '90 “Alfa-Eko” dio lugar al “Alfa-bank”. El banco se convirtió, a principios de los 2000, en el banco “privado” más grande de Rusia, con 14 millones de personas físicas y 200.000 jurídicas como clientes.

El “Alfa-bank” fue la base del “Alfa Group”, con empresas petroleras, telcos y grandes redes supermercadistas y farmacéuticas. Entre otras cosas, son grandes compradores de frutas argentinas. Sus comercializadores recorren con frecuencia Mendoza, Neuquén y Río Negro, cerrando importantes operaciones.

En 2013 Fridman fundó la inversora internacional “Letter One”, un fondo que, además de las acciones de “DÍA”, inyectó 200 millones de dólares en el sistema Uber, por ejemplo. 

Este fundador y director del Congreso Hebreo Ruso, además, se ha consagrado como filántropo. Sus obras de beneficencia son enormes hasta el punto que en 2016 anunció su intención de ceder para tal fin toda su fortuna personal (unos 15.000 millones de dólares según “Forbes”). Su fundación “Línea de Vida” ayuda a niños gravemente enfermos a combatir mortales cardiopatías.

Pero, como su pasión sigue siendo la música, en 2014 el “Alfa-Bank”, con la participación personal de su creador, llevó a cabo en Nizhni Nóvgorod, una gran ciudad industrial a orillas del Volga medio que fuera una de las subsedes del Mundial de Fútbol 2018, el primer festival internacional “Alfa Future People”, dedicado a la música contemporánea y a las tecnologías de avanzada. A los dos años, había crecido hasta atraer a más de 50.000 fanáticos.

Fridman tiene su residencia permanente en Londres, donde se lo considera como el habitante más rico de la capital inglesa. En enero de 2018 el Ministerio de Finanzas de los Estados Unidos lo incorporó a la “lista del  Kremlin”, haciéndolo pasible de todo tipo de sanciones por sus cercanas relaciones con el gobierno ruso.

Entre otros títulos, Mijaíl Marátovich Fridman es directivo de la Unión de Industriales y Empresarios de Rusia, miembro de la Cámara Social (una especie de parlamento informal creado por el Kremlin), director del Consejo Nacional de Dirección Corporativa y del Consejo Consultor Internacional de Relaciones Exteriores.

Olga, su primera esposa y compañera de estudios superiores, es diseñadora de modas en París. Le dio dos hijas: Lora y Katia.

Su segunda compañera, Oxana, también separada, es empleada del “Alfa-Bank” y también le dio dos hijos: Nika y Alexandr.

Fridman se niega a que sus hijos trabajen en sus empresas. Procura que se abran camino por sí mismos…

Te puede interesar