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EL GRAN PELOTAZO

Al Fondo rogando y con la masa dando

Jue, 04/04/2019 - 10:35am
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La madrugada del 25 de noviembre de 2019 no debería ser alocadamente festiva para quien resulte ganador en el balotaje presidencial. Dispondrá de apenas un par de semanas para descansar la campaña y prepararse a renegociar plazos y condiciones con el FMI y los fondos de inversión a fin de evitar un forzoso default. La factura de los intereses de cada año asciende a unos US$40 mil millones por una deuda que equivale a casi el total del PBI. De la soga que consigan de los acreedores dependerá el margen que quedaría para afectar al crecimiento. Pero, en cualquier caso, la exigencia marco será tener superávits gemelos, como “sí pudo” Néstor Kirchner cuando era Presidente, con Roberto Lavagna como ministro, si bien con la soja al doble que su actual valor, gracias a las retenciones y a haber heredado el dólar recontraalto que dejara Jorge Remes Lenicov en la salida de la convertibilidad. Macri apenas pudo revertir el déficit comercial con la caída de las importaciones que obtuvo merced a la devaluación y recesión disparadas el año pasado. Del lado fiscal, la meta de déficit 0 se complicó en el 1er trimestre, por lo que el gobierno acaba de tramitar en Washington un waiver (perdón) al FMI para que apruebe igual el desembolso de US$10.800 millones. La incertidumbre electoral ayudó a patear hacia adelante otros regalitos, como la reforma previsional y la impositiva, ya que la laboral la está haciendo la tasa récord de desocupación y subocupación. Los potenciales inversores las anteponen antes de sentarse a hablar.

Mauricio Macri levanta su copa pero ¿qué está festejando?
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La misión técnica del Fondo Monetario Internacional que estuvo recientemente en Ciudad de Buenos Aires se concentró más en tantear a los poderes antagónicos al gobierno de Mauricio Macri (que harán lo posible para que no sea reelecto), que a verificar los edulcorados reportes del Ministerio de Economía y el Banco Central.

El auditor jefe, Roberto Cardarelli, se dio una vuelta por el anexo del Congreso a tomar mate con el referente económico kirchnerista, Axel Kicillof, estuvo con los dirigentes sindicales y parecería ser, por los trascendidos, que auténticamente se llevó la impresión de que no hay clima de default en el arco opositor para el día después de los comicios. 

Otro tanto hicieron algunos fondos buitres que recorren el espinel de la vereda contraria de la grieta, como Templeton, que apostó al dólar en la era Macri y perdió, por lo que el informe a la casa matriz no contuvo ninguna cita preocupante.

Los representantes de los acreedores institucionales y privados que le llevan prestado a la Argentina unos US$ 220.000 millones, que excluye las tenencias del sector público, equivalentes al 57% del PBI, y devengan unos US$15 mil millones, al cambio previsto al elaborar el presupuesto 2019, y otros US$20 mil más que se generan en el volátil mercado financiero local.  

Es por ello que, todos descuentan, asuma quien asuma el 10 de diciembre nadie se salvará de sentarse a negociar, en distintas mesas, plazos de repago con el FMI, banqueros e inversionistas particulares.

Más allá de los números fiscales, la delegación enviada por Washington comprobó in-situ que a la Administración Macri se le había ido la mano con el ajuste y ello preparó el terreno para justificar un incumplimiento de las metas fiscales trimestrales y admitir que el déficit 0 no fuera tan así. 

Así, el gobierno acaba de tramitar un waiver -perdón- para que sea considerado en la reunión de directorio venidera del organismo multinacional, que debería dar luz verde al desembolso pendiente de US$10.800 millones. 

En la decisión pesa la política de USA de favorecer en lo que esté a su alcance a la actual gestión de Macri, con quien el presidente Donald Trump mantiene una cordial relación personal. 
 
El que parte y reparte...

El jefe de Gabinete y de campaña, Marcos Peña, viene disparando decisiones administrativas de ampliación del presupuesto, apenas transcurrido un trimestre de ejecución, y hasta le echaron el guante a una emisión pendiente de Letes de diciembre 2018 por $250 mil millones.

De igual modo, para bicicletear tarifazos gracias al permisito de subir subsidios, lo mismo que para la inminente inyección de recursos al consumo a través del Ahora 12, es imprescindible contar con la anuencia del FMI.  

Como la mayor parte del crédito stand by del Fondo Monetario Internacional culmina en 2022-2023, nadie que gobierne el país podrá evitar avenirse a refinanciar buena parte de esos vencimientos. 

El prospecto todos lo conocen: generar en los próximos años superávits gemelos, comercial y fiscal, como llave que haga bajar el riesgo país y rehabilite el crédito en la comunidad financiera internacional.

Asoma como única ecuación posible para quien gane la elección y sea heredero de la actual estanflación (aunque fuere el propio Macri) encarar una política restrictiva que asegure saldos positivos. 

No quedará otra que recaudar más de lo que se gasta e importar mucho menos de lo que se exporta; en todo caso la intensidad dependerá de la soga crediticia que sean capaces de conseguir y de la confianza que inspire la gestión para que dejen de fugarse capitales, como viene sucediendo ininterrumpidamente desde que macristas y kirchneristas decretaron la grieta, y reingrese como inversión aunque sea una parte de los 100 mil millones blanqueados. 

La consultora Ecoview calculó que para estabilizar la deuda en torno de US$ 240.000 millones el resultado fiscal primario debería converger entre 1,5% y 2% del PBI. Condiciona que la relación de deuda a PBI vaya disminuyendo a que la economía crezca y el tipo de cambio real se aprecie lentamente.

Los serruchos cambiarios ocultan las consecuencias que los estimulan, además de la incertidumbre electoral que acerca la paridad a la zona de no intervención ($51,07): este año creció más el endeudamiento que la producción nacional, con el agravante de que más del 75% de los pasivos totales están nominados en moneda extranjera.  

Del lado del PBI, el 2019 está jugado. La agencia calificadora de riesgo Fitch estimó que se repetirá "una nueva contracción anual", debido a "riesgos externos, riesgos políticos internos y desafíos de consolidación fiscal".

Advierte que en 2018 también se retrasó el progreso en el ajuste externo, mientras “la desinflación fue más lenta de lo esperado”.

Lo que se mantuvo inalterable fue el pago de intereses de la deuda, que creció un 152% entre enero de 2018 e igual mes del año anterior, había detallado el último reporte del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano.

Es una mochila que dificulta un arranque ostensible que se distinga de brotes verdes y signos de recuperación.