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UNA MONEDA MÚLTIPLE LLAMADA ITCRM

Atención devaluadores: Washington no es la única cara del argendólar

Lun, 07/10/2019 - 6:17am
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Los $45 que pagaba Argentina por cada dólar hasta antes de las PASO eran casi una recompensa para el extranjero cada 5 segundos que visitaba el país y ni hablar cuando se fue a $60 las semanas después. La contracara, desalentaron a muchos de los residentes que querían viajar afuera. Aún así la balanza turística sigue dando negativa en US$ 2800 millones. La devaluación mandó a las nubes el precio al que se vende un auto proveniente de Japón, regido crudamente por el dólar, y no tanto con modelos similares traídos de Brasil, que cotizan por una canasta de intercambio que construyen las filiales de cada multinacional en la región sobre la base de la paridad entre el peso y el real, y que tiene en cuenta la situación de cada uno de los mercados. Hablar de un dólar único en Argentina es desconocer que, para los productores, lo que vale es menos de lo que esperan, por lo que están pendientes de ver qué sucede con las retenciones y mantienen US$9.800 millones sin liquidar. Los jugadores de afuera y de adentro del volátil mercado financiero, tanto como cualquiera que tenga que elegir entre echar mano a las divisas o sentársele encima, comparten, asimismo, una expectativa alcista. Pero lo que pocos mencionan en la dialéctica del dólar es que el equilibrio de la competitividad ante los principales compradores y vendedores del exterior de bienes y servicios depende, entre otras cosas, de la relación entre las respectivas monedas en el intercambio: peso versus real, versus dólar, versus yuan, donde la depreciación que acumuló la Administración Macri en los últimos 4 años, pese al elevado nivel de las tasas de interés y a costa de perder multimillonarias reservas, afectó más el equilibrio financiero vinculado al endeudamiento que el menguado comercial, determinado éste último por las recesiones de Brasil o la nuestra propia, o en el caso de China, por las asimetrías en tamaño y crecimiento de las respectivas economías.

Las distintas combinaciones de monedas que rigen los intercambios comerciales e inciden en la balanza pueden inferirse de los datos diarios que aporta el Índice Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) que elabora el BCRA.
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Según desde donde se lo mire, el dólar puede adelantar o atrasar. Para una apreciable cantidad de turistas extranjeros que entraron últimamente en el país, parece estar barato: la Secretaría de Turismo de la Nación contabilizó 4,3 millones en los 7 primeros meses, casi la mitad que en todo 2018.

Al revés, para los residentes que pensaban en salir al exterior se le hizo cuesta arriba en el mismo lapso, que no computa la devaluación posPASO: pudieron concretar 2,5 millones, o sea, 16,4% menos que 2018, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INdEC).

Visto desde los productores agropecuarios, quienes aún tienen retenidos casi US$10 mil millones sin liquidar, la especulación apunta a una mejora que les descuente las retenciones adicionales que se ven venir, o sea que esperan un dólar arriba de $70 y definición electoral para empezar a hablar.

Los fondos de inversión, por supuesto, intentan imaginar un horizonte donde el tipo de cambio, la inflación y la tasa de interés se homogeneicen, un punto de partida que sólo la certidumbre podría fijar.

Los traders observan la competitividad del comercio exterior a través de un poliedro, según las monedas en que se hagan los intercambios, porque como bien diferenció un alto ejecutivo de la industria automotriz: no es lo mismo el valor que se fija para un vehículo que traemos de Brasil como de los pocos que vienen de Europa o Japón. 

En convenios de intercambio regional (caso Mercosur, Brasil y no muchos más) pesan en el arbitraje, los aranceles especiales pero también los costos de oportunidad que se establecen en las canastas bilaterales, donde la situación de los respectivos mercados es muy tenida en cuenta.

Un concesionario explicaba al respecto que un automóvil que se importa de Japón, como por ejemplo un híbrido de Toyota, se referenciará para la venta al público con la divisa “spot” estadounidense, mientras uno similar que la misma multinacional trae de Brasil es cotizado a un mixed entre el real y el peso que lo torna más accesible al poder adquisitivo del público de la región. 

La política global de las terminales ha sido unificar diseños que adaptan a las regiones, lo cual, al intensificarse la relación con algunos autopartistas, incrementa las escalas logrando que el 80% de las partes sean comunes y que la mayor parte provenga de la misma red de proveedores.

La consecuencia es que se relegue a su menor expresión el abastecimiento regional. Tampoco la industria automotriz genera diseños locales, ya que se limita a incorporar desarrollos externos, con restringido aporte tecnológico en el diseño de las Pymes nacionales.

Así lo consigna el Departamento de Comercio de Estados Unidos a través de su Oficina de Transporte y Maquinaria.

La ponderación transaccional de los modelos y las partes que se meten en cada balanza bilateral difiere, en consecuencia, del precio CIF más Aduana dolarizado, que ahora lo alejaría del alcance hasta de una clase media tirando a alta.

Canasta automotriz desfondada

Precisamente, el balance del intercambio de agosto lo reflejó: los bienes más perjudicados en la merma importadora fueron los “Vehículos automotores de pasajeros”, con -61,6%.

Es que, además del precio incrementado al que salen los autos de las concesionarias, la canasta automotriz viene siendo golpeada, principalmente, por el incremento en combustibles y peajes. 

En 2018 tuvo un incremento de entre 47% y 51%, y acumula una suba del 109% en 2 años, superando en 23 puntos al promedio general de precios, de acuerdo con lo informado por el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda.

Más allá de estos casos puntuales, las distintas combinaciones de monedas que rigen los intercambios comerciales e inciden en la balanza pueden inferirse de los datos diarios que aporta el Índice Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) que elabora el Banco Central de la República Argentina. 

En este contexto, el real brasileño representa el 30%; el dólar de USA el 13%; el yuan chino el 15% y el euro el 20%, de modo que la incidencia directa del billete estadounidense en el monedero de las transacciones de bienes y servicios es poco significativa, pero dada su hegemonía en el mercado cambiario global ejerce una influencia envolvente.

En el mixed nacional, la competitividad general mejoró a la fecha un 28% respecto de la real que dejó el anterior gobierno, que subiría 5 puntos si se la compara ya sin los cepos que le sacó la Administración Macri.

El peso comercial aventajó al real en estos casi 4 años unos 40 puntos limpios de polvo y paja, casi lo mismo que al dong vietnamita, mientras respecto del dólar de USA se adelantó 36 puntos y al yuán 27 puntos.

En relación con el yen, la devalorización del peso fue del 63%, lo cual explicaría que importar un auto japonés se haya ido a valores locales prohibitivos.
 
Pero no sólo la traducción de los tipos de cambio determina el comparativo entre los valores reales de los vehículos fabricados dentro del territorio y los que vienen de afuera. 

La presión fiscal récord, la falta de escala, los costos de intermediación abusivos y una financiación que no cualquiera puede pagar vuelcan en contra cualquier parangón.
 
Circunstancias extraordinarias como la flamante apertura china al ingreso de carne porcina de Argentina, junto a la nueva habilitación de frigoríficos de carnes bovina y avícola, y los posteriores acuerdos por la harina de soja, se empezaron a hacer sentir en los reportes de comercio exterior.

El último destaca el aumento de 217,4% de las exportaciones a China, con buenas oportunidades de cara al futuro que ya explican parte del incremento del 51,9% en las ventas externas de carne.

Por los vaivenes monetarios, Brasil, cuya economía no está tan desquiciada como la argentina pero igual la pasa mal, redujo en -20,6% las compras al país, mientras Vietnam, que venía siendo la niña bonita de a demanda alimentaria argentina, bajó -24,3% los pedidos.

De la mano contraria, entre la recesión y la devaluación derrumbaron las importaciones desde los principales centros de abastecedores al país: de Brasil (-37,1%), de China (-22,4%) y de USA (-22,9%).