CLAVES

De la disco de los enanos a la pelea con las corporaciones

El comienzo del libro es muy promisorio: "La Presidenta estaba por terminar una frase cuando apoyó las manos sobre la mesa y se levantó. Su ministro de Economía, Hernán Lorenzino, la imitó. Cristina Kirchner se había mostrado de buen ánimo aquella mañana en Olivos. Caminaron juntos hasta que Cristina se frenó delante de una puerta doble. Estiró los brazos para girar los picaportes y abrió. Axel Kicillof y Guillermo Moreno aparecieron sentados del otro lado. "Bueno, Hernán. Seguí con tu trabajo que ahora vamos a hablar de economía con Axel y Guillermo". Lorenzino los saludó y desapareció rápidamente por un pasillo que desembocaba en una calle interna de la Quinta. (...)".

 

Ezequiel Burgo -autor de 7 Ministros- acaba de presentar El Creyente - ¿Quién es Axel Kicillof? (Espejo de la Argentina/Planeta, 200 paginas), un texto ameno, de lectura veloz, que permite una mayor proximidad a un personaje de ascenso vertiginoso en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, y hoy día de gran influencia en cuestiones vinculadas a la política económica y las decisiones que afectan los intereses de empresas, provincias, sindicatos...
 
Kicillof es un personaje pagado de sí mismo, que cree ser mucho más culto que lo que realmente es, un mejor teórico (en teoría, valga la redudancia) que ejecutivo, tal como lo deja en claro el libro en algún lugar.
 
Sin embargo, más allá de las conclusiones, hay curiosidades. Aqui 2 fragmentos del texto de Burgo, periodista que trabaja en el diario Clarín:
 
 
"Kicillof caminó las trece cuadras que van desde su casa a Nave Jungla, una disco de Palermo regenteada por enanos que se había puesto de moda a principios de los años noventa. Eran las doce de la noche y llegó solo. Apenas entró al lugar vio a Iván Heyn. Y a los amigos de Heyn. Saludó a todos con un beso. Pero no se quedó con ellos.
 
Era octubre de 2003. Kicillof se paró en la barra y desde ahí contempló la escena. Sonaba 'My friend', de Groove Armada. Un grupo de estudiantes bailaba en el centro de la pista. Celebraban los pasos de Heyn, el líder indiscutido de la noche. Se lo veía felíz a Heyn. Reía y regalaba abrazos. Iba de la barra a la pista. Abrazó a Alan Iud, que en un futuro no muy lejano sería el abogado de Abuelas de Plaza de Mayo. Heyn, cargoseándolo, lo tiró del brazo y le pidió que se sumara. Iud lo siguió. Después insistió con Eduardo De Pedro. 
 
Heyn estaba encendido. Pero Wado, como le dicen a De Pedro, desistió. Tenía en mente otro plan. Tal vez el de abrir una unidad básica peronista. La magia de Nava Jungla aquella noche parecía infinita. Pero no alcanzó como para que De Pedro imaginara que varios años más tarde desembarcaría en Aerolíneas Argentinas junto a Kicillof, que ahora estaba del otro lado de la disco apoyado sobre la barra.
 
Una amiga de Kicillof entró en Nave Jungla. Iba acompañada de su mejor amiga, una morocha. Las dos saludaron a Kicillof. Él era soltero. Se había separado de Marcela Laudonio, su primera esposa.
 
Kicillof era militante del Frente Independiente de la UBA, un bloque de agrupaciones de cinco facultades que cuestionaba a Franja Morada y al resto de las organizaciones vinculadas con partidos políticos tradicionales. Nos Bis in Idem de Derecho, Salven los Muebles de Ciencias Exactas, La Mariátegui de Filosofía, la Punta del Iceberg de Psicología y TNT por Ciencias Económicas. Kicillof era uno de los fundadores de TNT. También acudía a las reuniones de PDI los sábados por la tarde. Allí veía a su amiga. Y a la morocha amiga de su amiga.
 
El 14 de octubre, unos días antes de la fiesta en Nave Jungla, Kicillof dio una clase en la Facultad de Psicología de la UBA sobre "El fetichismo de la mercancía", un concepto que Karl Marx explica en El Capital, su obra más importante. Había sido invitado por su amiga, a la que luego encontraría en Nave Jungla. "Axel es un amigo y un economista brillante", dijo a sus alumnos en el aula.
 
Esa tarde, en Psicología, Kicillof apoyó un vaso de telgopor que traía en la mano mientras su amiga hablabla. Lo dejó en el borde superior del pizarrón, al lado de donde estaban el borrador y las tizas. Recostó su ataché de cuero negro y su campera sobre una de las sillas de adelante del aula. Levantó la vista e hizo un paneo de los estudiantes que permanecían sentados en silencio mientras ella lo presentaba. Contó veinticinco.
 
"Bueno, lo escuchamos", dijo su amiga luego de presentarlo.
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Los estudiantes miraron a Kicillof. Más de uno le preguntó a su compañero de al lado qué hacía un economista en una clase de Problemas Antropológicos de la carrera de Psicología. ¿Qué tiene que ver el fetichismo de la mercancía con lo que estudiamos?
 
Kicillof, concentrado en su clase, explicó por qué el capitalismo no puede ser justo. Habló de los sesenta y los setenta. Se puso nostálgico. No era la primera vez. Sus compañeros de colegio y de la universidad recuerdan que solía decir "la Argentina es un país que vivió una tragedia, la pérdida de una generación de cerebros". Para Kicillof, "los militares hicieron desaparecer a los mejuores y los que sobrevivieron lo lograron porque dejaron sus ideales para vivir con Martínez de Hoz y Videla", dice alguien que lo conoce bien. "Los que se quedaron y laburaron con Alfonsín son unos pobres tipos que transaron. Después vino el menemato y dio vuelta todo". En 2003, Axel pensaba que realmente podía venir algo nuevo.
 
El vaso de telgopor se movió cuando Kicillof apretó la punta de la tiza contra el pizarrón y escribió:
 
C' (c+v) + p.
 
Explicó que el capital se descompone en dos partes, una suma de dinero invertida en medios de producción, c, y otra suma de dinero, v, invertida en fuerza de trabajo. Pero al terminar el proceso de producción, aparece otra mercancía cuyo valor es (c+v) + p. Esa p es la plusvalía. Los alumnos dejaron de mirarlo. Contemplaron la fórmula.
 
Kicillof hizo una pausa y se quedó mirando el pizarrón. Bebió un sorbo del café que había comprado en el buffet de la facultad. "Está mejor el que vende la Franja en Económicas", le había dicho en broma al dueño de la concesión del bar, un militante del Partido Obrero. Retornó el hilo y explicó que el fetichismo de la mercancía es la apariencia de una relación directa entre los productos y no entre las personas. Que en un sistema capitalista el intercambio de mercancías es la única manera por la que los productores se relacionan entre sí. Y que la economía clásica se había estrellado contra el fetichismo de la mercancía porque consideraba el modo de producción capitalista como un hecho natural y no transitorio. Para Marx, el modo de producción capitalista tenía fecha de vencimiento.
 
Los estudiantes miraron sus relojes y empezaron a impacientarse. Kicillof agarró el vaso de telgopor por última vez y lo mostró.
 
-Todo objeto, como este vaso, tiene un valor de cambio, un precio.
 
Kicillof siguió hablando quince minutos más. Su amiga lo interrumpió. Tenían que dejar el aula.
 
-Axel, el sábado hay una fiesta de PDI en Nave Jungla. La disco quedaba en Nicaragua y Scalabrini Ortiz.
 
Kicillof vivía en PH ubicado en Gorriti y Arévalo.
 
-Me doy una vuelta.
 
(...)
 
"Está viniendo un pibe de La Cámpora que es un genio", dijo Orlando Barone mientras lo maquillaban. "Es economista".
 
Sandra Russo, sentada a su lado, agregó: "Y encima dicen que está buenísimo este chico".
 
Kicillof estaba por llegar. Barone, Russo, Nora Veiras y Luciano Galende se habían sentado. También los otros dos invitados, Hernán Brienza, columnista de Tiempo Argentino, escritor y editorialista de cabecera de la Presidenta, y Lola Berthet, una actriz.
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El programa arrancó después del cero a cero entre Gimnasia y Esgrima y River, en La Plata. El equipo de Jota Jota López era el punto del Clausura 2011 y estaba invicto como visitante. 
 
Pero no tan sorpresivo como el arranque de River en un campeonato que quedará para siempre en la memoria de los hinchas de fútbol -descendió a las pocas fechas-, fue el desempeño de Kicillof en el programa. "Nunca viví algo así en la televisión, parecía que estaba sólo para acompañar. Axel se llevó puesto el programa, desde el comienzo hasta el cierre cuando le dan la última palabra", recuerda uno de los participantes de aquella noche. "El final del programa, me acuerdo, terminó él solo".
 
Galende, cuando quedaba un minuto para finalizar, dijo: "Señores, nos estamos despidiendo. Pero Axel, vos querés agregar algo".
 
Kicillof no miró a ninguno de los que tenía al costado. Comunicó directamente. "Sí. El dólar alto y el consumo interno se lograron a través de medidas que generaron un beneficio extraordinario para las empresas. En este país hubo una serie de medidas que posibilitaron eso. Entonces, hay una cuestión de lo social y lo privado que está en discusión y es el punto que hay que discutir más que el nombre del director". Kicillof fue claro: en la Argentina las empresas habían ganado dinero en los últimos años gracias a las políticas del kirchnerismo.
 
"Axel nunca se mostró amistoso en el piso. Se mostró distante desde lo corporal y no tejió lazos de complicidad esa noche", dice uno de los participantes de aquel programa. "Y la regla en ese programa es que cuando uno dice tal cosa, el resto lo festeja. Axel no festejó nada de lo que dijimos nosotros. Me dio la impresión de que es una persona autosuficiente".
 
Pero aquella noche la cuestión no funcionó de ese modo. Todos festejaron a Kicillof. ("¡Gracias a Dios podemos escuchar técnicamente cómo es este proceso!", dijo Barone). Pero Kicillof no festejó los comentarios del resto. Kicillof fue hincha de Kicillof.
 
El economista dio dos definiciones que transmitieron fielmente su manera de pensar. No sólo sobre lo que sería su gestión en Techint. También por lo que se vendrá en el Ministerio de Economía. Veamos:
 
"Es muy interesante ver lo costoso que es revertir las políticas neoliberales en países como el nuestro y también es interesante ver que muchas veces hay resistencia al Estado con la idea de que es un gigante bobo que no sabe hacer las cosas, que lo que toca lo destruye. Para revertir esa situación no hay otra manera que con una fuerte participación del Estado. No hay otro modo de desarrollo para los países subdesarrollados que no sea con un inteligente, fuerte y rotundo papel del Estado. No quiere decir la estatización de la economía ni mucho menos. Es simplemente llevar adelante con inteligencia planificando una dirección, en términos en la capacidead de producir, distribuir y consumir que es lo que estamos notando en estos últimos años".
 
"El Estado sería un socio minoritario de Siderar. O sea, no está en capacidad de vender la empresa, tomarla o regalársela a nadie. Su función sería controlar, fiscalizar e injerir en algunas decisiones proque, en definitiva, no es la única relación que el Estado tiene con las grandes firmas. Techint, Siderar o Ternium no se relacionan con el Estado únicamente a través de la persona sentada en la mesa del directorio. es verdad que eso es estar en la cocina donde uno teóricamente dispone de toda la información para saber qué pasa en tiempo real. Pero también lo hace de otras maneras, como por ejemplo, monitoreando el precio de la chapa que está controlado por el Estado, o viendo las inversiones... Por ejemplo, está el caso de un alto horno que Techint iba a construir y de pronto decidió no hacerlo. Y ahí empieza una presión porque quedaban mil personas en la calle y qué se hace: se construye. Ésas son decisiones donde es mejor estar anticipado en el directorio, tener una participación directa, un voto aunque sea para votar testimonialmente negativo".
 
Uno de los participantes se acercó a Kicillof cuando terminó el programa. Le pidió el teléfono para entrevistarlo en un programa que hacía por radio. "Te llamo mañana".
 
"Dale", el respondió.
 
Al día siguiente lo llamó. Pero Kicillof le dijo que lo disculpara, que no saldría a hablar públicamente. (...)".