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Unos hablan de la visita de un periodista macrista a Alberto Fernández con la bandera blanca desplegada (¿Luis Majul?) y otros de la visita de un empresario macrista (Marcos Galperín, de Mercado Libre, en dura batalla de su Mercado Pago con la banca comercial por el mercado minorista). Pero no se menciona el golpe de autoridad de Alberto F. durante la semana al descubrir la cercanía de Carlos Zannini a la sede de San Telmo: le mandó a decir que se marchara y no regresara más. Alberto F. no imagina ser el restaurador del antiguo régimen sino el constructor de uno diferente, aclaran sus amigos del PJ porteño. En tanto, afirma Claudio Chiaruttini, las menospreciadas y circunstanciales PASO diseñaron un nuevo mapa político que acrecentó la debilidad política que ya tenía antes de la elección Mauricio Macri, fruto de 38 meses de crisis económica; y expuso un panperonismo robusto, ambicioso y poderoso, que se prepara para volver al poder, quizás, para no irse durante una década o más. Ante esta nueva realidad, los operadores financieros actuaron en consecuencia; realizaron sus ganancias o sus pérdidas y despreciaron el riesgo argentino, tomando como base los dichos en campaña del propio Alberto Fernández y sus supuestas "espadas económicas"; además de lo hecho durante 12 años de gobiernos kirchneristas. Previsible.
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Ser votante un domingo por un rato es un acto cívico que abarca a consumidores, miembros de familia, asalariados, empresarios, jubilados, desocupados, rentistas, empresarios, amas de casa y cuanto mortal negocie una vida cotidiana escindida de los discursos políticos de campaña. Pero la disparada del dólar, las tasas, el riesgo- país con que los mercados respondieron al resultado de las urnas convirtió el lunes último, que fue negro para los mercados, en tétrico cualquier ciudadano común. Sin precios en los listados y agoreros pronósticos de default, hiperinflación y las 7 plagas de Egipto juntas, la grieta al rojo vivo, nadie vendió ni compró, salvo excepciones. En las góndolas se insinuaron ya desde el viernes anticipos de una ola de aumentos al corazón de la canasta básica si sucedía lo que se temía: la derrota del oficialismo. La angustia e incertidumbre que vive el ciudadano tras los comicios hacen pensar que más que un voto castigo, el castigo fue que votara.
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Ser votante un domingo por un rato es un acto cívico que abarca a consumidores, miembros de familia, asalariados, empresarios, jubilados, desocupados, rentistas, empresarios, amas de casa y cuanto mortal negocie una vida cotidiana escindida de los discursos políticos de campaña. Pero la disparada del dólar, las tasas, el riesgo- país con que los mercados respondieron al resultado de las urnas convirtió el lunes último, que fue negro para los mercados, en tétrico cualquier ciudadano común. Sin precios en los listados y agoreros pronósticos de default, hiperinflación y las 7 plagas de Egipto juntas, la grieta al rojo vivo, nadie vendió ni compró, salvo excepciones. En las góndolas se insinuaron ya desde el viernes anticipos de una ola de aumentos al corazón de la canasta básica si sucedía lo que se temía: la derrota del oficialismo. La angustia e incertidumbre que vive el ciudadano tras los comicios hacen pensar que más que un voto castigo, el castigo fue que votara.
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