En Casa Rosada ya trabajan en una reforma de la Ley de Administración Financiera con el objetivo de fortalecer el control sobre los recursos públicos, consolidar la política de déficit cero y establecer nuevas reglas para la ejecución del gasto estatal.
PEDIDO DEL FMI
La Casa Rosada prepara cambios profundos en el manejo de los fondos públicos: Qué busca modificar
En Casa Rosada ya trabajan en un proyecto para reformar la Ley de Administración Financiera. Va en línea con pedidos del Fondo Monetario Internacional.
La iniciativa forma parte de la estrategia fiscal que la administración de Javier Milei busca consolidar en el marco de los compromisos asumidos con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
La propuesta apunta a modificar la Ley 24.156, norma que regula aspectos centrales de la administración del Estado, como el presupuesto nacional, la tesorería, el crédito público, la contabilidad y los mecanismos de control de las cuentas públicas. Según la visión oficial, los cambios permitirían otorgar mayor previsibilidad al esquema fiscal y evitar que decisiones con impacto presupuestario comprometan las metas económicas del Gobierno.
Más margen para administrar el gasto
Uno de los principales ejes de la reforma es ampliar las herramientas del Poder Ejecutivo para gestionar los recursos durante el año presupuestario. La intención es que, ante una caída de la recaudación o cambios en el contexto económico, el Gobierno pueda reasignar partidas, postergar gastos o aplicar ajustes sin quedar expuesto automáticamente a incumplimientos legales.
Dentro de esta lógica, la Casa Rosada también busca conservar el control sobre eventuales excedentes fiscales. Si se registrara superávit, esos recursos podrían ser utilizados para sostener el equilibrio financiero, afrontar vencimientos de deuda, reducir pasivos o compensar eventuales desvíos en los ingresos públicos.
El vínculo con el FMI
La iniciativa se encuentra alineada con las recomendaciones incluidas en los últimos informes del FMI sobre Argentina. El organismo internacional planteó la necesidad de fortalecer el ancla fiscal, contener el gasto discrecional y desarrollar reglas más estables que permitan sostener el equilibrio de las cuentas públicas a largo plazo.
Además, el Fondo remarcó la importancia de que el país cuente con un marco fiscal más previsible y duradero, capaz de absorber el impacto de medidas de gasto aprobadas por el Congreso sin comprometer los objetivos económicos fijados por el Ejecutivo.
Presupuesto 2027, cambios y nuevas exigencias
La reforma también se conecta con la elaboración del Presupuesto 2027, que el Gobierno deberá enviar al Congreso en septiembre. El proyecto deberá respetar la meta de déficit cero e incorporar herramientas adicionales, como un marco fiscal de mediano plazo, una evaluación de riesgos fiscales y escenarios alternativos ante posibles cambios económicos.
Desde el Ejecutivo consideran que estos lineamientos respaldan la necesidad de avanzar no solo sobre la planificación presupuestaria anual, sino también sobre los mecanismos que regulan la ejecución del gasto durante todo el ejercicio.
Leyes con costo fiscal bajo revisión en la Casa Rosada
Otro de los aspectos centrales que analiza el Gobierno es endurecer los requisitos para la aprobación de leyes que impliquen nuevos gastos para el Estado. La idea es exigir que toda iniciativa con impacto fiscal identifique de manera precisa cuál será la fuente de financiamiento que permitirá cubrir ese desembolso.
La discusión cobra relevancia luego de los debates parlamentarios sobre proyectos vinculados al financiamiento universitario, discapacidad y otras iniciativas de recomposición presupuestaria. En esos casos, el Ejecutivo argumentó que aplicar normas sin financiamiento específico podía poner en riesgo el equilibrio fiscal alcanzado.
Un debate político que promete tensión
La reforma también contempla fortalecer la capacidad del Gobierno para reasignar recursos durante la ejecución del Presupuesto cuando surjan situaciones que amenacen las metas fiscales. Este punto podría convertirse en uno de los aspectos más controvertidos del proyecto, ya que involucra el delicado equilibrio entre las facultades del Congreso para aprobar gastos y la capacidad del Ejecutivo para administrar los fondos públicos.
La intención oficial es que la regla fiscal tenga prioridad operativa durante la ejecución presupuestaria. De esta manera, si se produjeran caídas de ingresos o aumentos inesperados de gastos, el Gobierno podría ajustar partidas para preservar el resultado financiero sin enfrentar cuestionamientos judiciales o administrativos por no ejecutar completamente determinadas erogaciones previstas por ley.
Con esta reforma, la Casa Rosada busca avanzar hacia un esquema fiscal más rígido, con mayores controles sobre el gasto público y reglas que garanticen la continuidad de la estrategia económica basada en el equilibrio de las cuentas del Estado.
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