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Los 3 edificios más icónicos de Nueva York: ¿Por qué son de acero y cuáles son sus réplicas porteñas?

El Empire State, el Chrysler y el Flatiron son referencias obligadas en Nueva York. En Buenos Aires hay construcciones similares como imitaciones.

El Empire State fue inaugurado en 1930 en Nueva York, tras ser anunciado en 1929 y luego de 410 días de construcción acelerada. La belleza externa de su estilo Art Deco trepa a más de 443 metros de altura y tiene 102 pisos, algo inaudito para comienzos del siglo pasado. Buenos Aires, ¿tiene también su Empire State?

¿Cómo se produjo esta pequeña revolución arquitectónica, que permitió al hombre desafiar las alturas y construir casi hasta tocar el cielo? En buena medida, por el acero, que se trata de un material dúctil, versátil y resistente. Una combinación que dio forma a una de las siete maravillas del mundo moderno y que es desde 1986 monumento histórico nacional de los Estados Unidos.

“El acero tiene varias cualidades, pero la posibilidad de superar desafíos estructurales proviene de su resistencia y otras características intrínsecas que lo hacen insustituible debido a sus propiedades y capacidad para soportar las cargas a las que se verá sometido, no solo por peso sino por la acción de los vientos”, consignó Carlos Vaccaro, director ejecutivo de la Cámara Argentina del Acero (CAA).

Edificios de Nueva York y su imitación en Buenos Aires

Un año después de inaugurado el edificio emblemático de Nueva York, Buenos Aires quiso tener su propio Empire State. La Sociedad Anónima, Financiera y Comercial, SAFICO, contrató al ingeniero suizo Walter Moll para levantar un rascacielos en Corrientes al 400 siguiendo las líneas arquitectónicas del gigante de Nueva York.

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El Chrysler, el antecedente del Empire

Antes del Empire State, el techo de Nueva York era el edificio Chrysler. Su hegemonía duró poco: fue inaugurado en mayo de 1930. También en base a los lineamientos del Art Decó, esta estructura de 319 metros de alto pensada por el magnate automovilístico Walter P. Chrysler como símbolo de poder. Su alma, al igual que la de su rival, está forjada en acero.

Buenos Aires también tuvo su edificio Chrysler, pero no terminó así. Se trata del Palacio Alcorta, una obra hecha por el arquitecto italiano Mario Palanti para la Concesionaria Resta, representante en Argentina de la marca de automóviles, por lo que inicialmente se lo conoció como “Palacio Chrysler”. Su diseño y construcción comenzó en 1927 y fue inaugurado un año después.

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El edificio plancha, otra invención neoyorquina

En 1902, el arquitecto Daniel Hudson Burnham decidió usar los conceptos de la escuela arquitectónica de Chicago para construir el Edificio Flatiron, aunque su nombre original es Fuller, en honor al fundador de la empresa que lo construyó. El nombre que lo hizo popular está relacionado con su parecido con las planchas de la época.

Existe también un Flatiron porteño. En realidad existen varios, pero uno es el más visible. Se trata del Somisa, ubicado en Diagonal Sur y Belgrano. El responsable de la obra fue el arquitecto Mario Roberto Alvarez, ganador de un concurso lanzado en 1967. El requisito de la competencia es que la construcción esté hecha en acero, ya que la firma titular del complejo era una acería: Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (Somisa).

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