Que el Partido Federal tuviera como referencia a Francisco Manrique era muy poco federal. Pero es lo que pretendían Lisandro Catalán, Guillermo Francos y sus amigos. Pero Daniel Madeo reivindicando a Maniuel Dorrego cambió la trayectoria del PF.
HOMENAJE Y DESAFÍO
En memoria de Manuel Dorrego, el Partido Federal busca revancha
Desde que Daniel Madeo controla el Partido Federal le ha dado protagonismo a una nueva que reivindica a Manuel Dorrego.
Madeo ha apalancado al Partido Federal en la épica de Manuel Dorrego, cuyo injusto fusilamiento por Juan Lavalle profundizó la guerra civil en las Provincias Unidas del Río de la Plata, nombre mucho más apropiado para este territorio que el de República Argentina. Quizás Confederación de las Provincias Unidas hubiese ayudado a menguar la influencia de la provincia de Buenos Aires en general, y de la ciudad del puerto de Buenos Aires en particular.
En fin, el Partido Federal no sólo logró, con Madeo al frente, evitar inhibiciones e intervenciones sino ampliar su personería a más provincias.
Y ganó protagonismo: el Partido Federal le concedió soporte jurídico a Horacio Rodríguez Larreta para participar de la legislativa en Ciudad de Buenos Aires, es aliado de Axel Kicillof en Provincia de Buenos Aires y de Gerardo Zamora en Santiago del Estero, y promueve referentes en todo el país. No tiene ni quiere tener relación con el kirchnerismo.
Manuel Dorrego
El Partido Federal acaba de rendir honores a Manuel Dorrego, al cumplirse 197 años de su injustificada y criminal ejecución por Juan Lavalle, una provocación que solo ocasionó desgracias a las Provincias Unidas y al propio Lavalle, más tarde abandonado por todos.
El evento en el Cementerio de la Recoleta, en Ciudad de Buenos Aires, tuvo la presencia de Madeo, la diputada provincial Liliana Romero; Gelly Cantilo, presidente del Instituto de Estudios Históricos Juan Manuel de Rosas (el mausoleo de Dorrego fue construido por orden de Rosas); Santiago Ceria (descendiente de Dorrego); el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, entre otros.
También el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray.
Acerca de la grandeza de Dorrego, basta recordar su carta, poco antes de que lo fusilaran, al poderoso caudillo santafecino, Estanislado López:
«Navarro, diciembre de 1828. Señor gobernador de Santa Fe, don Estanislao López. Mi apreciable amigo: En este momento me intiman morir dentro de una hora. Ignoro la causa de mi muerte; pero de todos modos perdono a mis perseguidores. Cese usted por mi parte todo preparativo, y que mi muerte no sea causa de derramamiento de sangre. Soy su afectísimo amigo.»
Juan Lavalle ejecutó un golpe de Estado, el 01/12/1828, alentado por una élite civil, tal como sucedió con casi todos los golpes de Estado en la Argentina. En este caso, Salvador María del Carril y Juan Cruz Varela.
Dorrego se refugió en Cañuelas. Pese a tener una fuerza bélica superior, fue derrotado, detenido cerca de Carmen de Areco (por el teniente coronel de Húsares, Bernardino Escribano) y trasladado a Navarro.
Dorrego solicitó el destierro a USA, lo que respaldó el héroe militar, general Eustoquio Díaz Vélez (“…estoy persuadido de que Dorrego no debe morir. Los males que ha causado son grandes, pero la dignidad del país, a mi ver, así lo exige”), y también el marino Guillermo Brown.
Pero Lavalle ordenó la ejecución del líder federal, el 13/12/1828.
Ese mismo día, Lavalle informó a Buenos Aires en un texto estúpido e irresponsable: “Participo al gobierno delegado que el coronel don Manuel Dorrego acaba de ser fusilado por mi orden, al frente de los regimientos que componen esta división. La historia, señor ministro, juzgará imparcialmente si el coronel Dorrego ha debido o no morir… Quisiera persuadirse el pueblo de Buenos Aires que la muerte del coronel Dorrego es el sacrificio mayor que puede hacer en su obsequio”.
Comunicaciones
Aquí algunas de las cartas que escribió Dorrego en esa hora que tuvo antes del fusilamiento:
Carta de Manuel Dorrego a su esposa
12 de diciembre de 1828
Mi querida Angelita:
En este momento me intiman que dentro de una hora debo morir; ignoro por qué; más la Providencia divina, en la cual confío en este momento crítico, así lo ha querido. Perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí.
Mi vida: Educa a esas amables criaturas: sé feliz, ya que no lo has podido ser en compañía del desgraciado
Manuel Dorrego
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Carta de Manuel Dorrego a sus hijas
12 de diciembre de 1828
Mi querida Angelita:
Te acompaño esa sortija para memoria de tu desgraciado padre.
Manuel Dorrego
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Mi querida Isabel:
Te devuelvo los tiradores que hiciste a tu infortunado padre.
Manuel Dorrego
Sed católicas y virtuosas que esa religión es lo que me consuela en este momento.
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Carta a su sobrino, Don Fortunato Miró
12 de diciembre de 1828
Mi apreciado sobrino:
Te suplico me arregles mis cuentas con Angela, por si algo le toca para vivir a esa desgraciada. Recibe el adiós de tu tío,
Manuel Dorrego
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Otra carta en un trozo de papel a su esposa
Mi vida:
mándame a hacer funerales, y que sean sin fausto. Otra prueba de que muero en la religión de mis padres,
tu Manuel
Todos los documentos de minas en compañía de Lecoc están en la cómoda vieja; que Lecoc sea dueño de todas y dé a mi familia lo que tuviese a bien.
Que Fortunato te entregue lo que a conciencia crea tener mío.
Calculo que Azcuénaga me debe como tres mil pesos.
José María Miró, mil quinientos.
De los cien mil pesos de fondos públicos que me adeuda el Estado, sólo recibirás las dos terceras partes; el resto lo dejarás al Estado.
A Manuela, la mujer de Fernández, les darás trescientos pesos.
A mis hermanos, y demás coherederos, debes darles o recabar de ellos como mil quinientos pesos, que recuerdo tomé de mi padre y no he repartido a ellos.
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Carta a su amigo Miguel de Azcuénaga
13 de diciembre de 1828
Señor don Miguel S. Azcuénaga:
Mi amigo, y por usted a todos:
Dentro de una hora me intiman debo morir, ignoro por qué; la Providencia así lo ha querido.
Adiós, mis buenos amigos, acuérdense ustedes de su
Manuel Dorrego.





