"Soy prostituta porque me gusta y estoy harta de las feministas"

El caso de Lilje Deluxe, que relató Pedro Poza, desde Copenhague para el madrileño El Mundo, saltó a todas las webs porque, probablemente, cumple las fantasías de muchos hombres acerca de una prostitución sin culpas.

"A Pernille le gustan los hombres, le gusta el sexo, le gusta el dinero. Así que hace tres años decidió combinar sus 3 pasiones: se hizo prostituta, adoptó el nom de guerre Lilje (azucena), al que luego añadiría el distintivo Deluxe, y comenzó a vender su cuerpo por los burdeles de Copenhague", relató Pedro Poza, desde Copenhague..
"Empecé por pura diversión. Era algo que me fascinaba", según ella.
Pernille es la prostituta feliz.
Y cuando no trabaja, nada delata su ocupación: maquillaje discreto, pelo recogido, y los tatuajes que cubren su cuerpo convenientemente ocultos por un elegante conjunto blanco.
Madre de un niño de 4 años (Urgente24 prefiere no brindar las fotos familiares de Pernille, resguardando su intimidad. Suficiente con la foto de un álbum personal suyo que ilustra esta nota), vive con un novio que la apoya "sin reservas".
"Me satisface enormemente alegrar a otras personas", explica Pernille. "Sexualmente es muy enriquecedor. Además, está bien pagado. Gano unas 25.000 coronas netas al mes (€3.500)".
Dinamarca es el último reducto del sexo de pago ajeno al Código Penal. Sólo se persigue, como en el resto de Europa, a los proxenetas. Sin embargo, hoy día contratar servicios sexuales es delito en Suecia y Noruega.
Según informes oficiales suecos y noruegos, la prohibición ha cumplido su objetivo: acabar con el tráfico de mujeres.
Ese éxito provocó que en Dinamarca comience una campaña por prohibiciones similares, que lideran grupos feministas y de izquierda.
Lilje decidió convertirse en la portavoz de quienes dicen dedicarse al oficio por placer y lo hace a cara descubierta, ya que no oculta su rostro ni en los anuncios, ni en sus constantes apariciones en los medios. Lo único que exige es que no se publique su apellido real.
"Estoy harta de las feministas de siempre, que tanto nos quieren ayudar pero que lo único que hacen es empeorar las cosas", se queja. "Si les preocupamos tanto, deberían dedicar su tiempo y recursos a mejorar nuestra situación. ¿Es acaso justo que paguemos impuestos, pero que no podamos ni sindicarnos ni cobrar el paro? Deberíamos tener los mismos derechos que cualquier otro trabajador".
En Copenhague, la prostitución callejera estaba prácticamente erradicada. Sólo algunas heroinómanas desesperadas seguían buscando clientes a la intemperie. El resto recibía en clínicas de masaje, gestionadas en algunos casos por cooperativas de prostitutas.
Desde la ampliación de la UE al Este, sin embargo, la situación ha empeorado. Rumanas, búlgaras, checas e incluso nigerianas toman cada noche posiciones en torno a la ciudad de la carne, así llamada porque allí se concentraba la industria cárnica de la capital danesa.
Lilje admite que muchas de estas extranjeras son rehenes de las mafias. "Es inaceptable, pero la solución del problema no pasa por la prohibición de la parte sana del negocio. La opinión generalizada es que una prostituta es o drogadicta, o delincuente, o víctima. Quiero decirle a la gente que no siempre es así, y que somos muchas las que nos dedicamos a esto porque nos parece un trabajo agradable".