Adiós a Jorge Antonio, financista de Perón y amigo de Menem

El empresario Jorge Antonio, uno de los hombres más cercanos al general Juan Domingo Perón, falleció el domingo, a los 89 años, y sus restos fueron inhumados el lunes en un cementerio privado de Pilar. Hombre de confianza de Perón, Antonio fue el principal financista del general en su exilio en España y una figura clave en la historia del peronismo. También fue muy cercano a Carlos Menem. 2 entrevistas al personaje.

Nació el 14 de octubre de 1917 en Irala y Suárez, pleno barrio porteño de La Boca. Vivió en Uruguay hasta los 17, volvió a la Argentina y, en 1948, entró en el negocio de la venta de autos, el que luego le permitiría trabar un fortísimo vínculo con Juan Perón.
Descendiente de una familia de comerciantes árabes, Jorge Antonio conoció a Juan Perón en 1943, pero comenzó a ser uno de sus consejeros seis años después, cuando se convirtió en director de la empresa alemana Mercedes-Benz.
"En el '43 lo había conocido accidentalmente en una reunión social, pero no había tenido mayor trato con él. Yo trabajaba en una empresa llamada Aguirre, Mastro y Compañía, éramos representantes de General Motors y Mercedes Benz. En 1949 lo veo a Perón y le digo que queremos iniciar un proceso de industrialización en el país fabricando camiones, que teníamos proyectada la planta y que yo quería que él recibiera al presidente de la empresa junto con el embajador alemán, que estaban interesados en respaldarme. Vino el representante de la Mercedes, el Barón von Korf; él lo recibió, le dio todo su apoyo moral, y les dijo que en el país podían tener toda clase de seguridades", relató el propio Antonio a Felipe Pigna.
También por entonces conoció a Eva Duarte:
"La primera vez en el '49. Fuimos a hacer una visita protocolar. Después la traté bastante en el año '51, cuando trajimos una cantidad de automóviles que ella distribuyó entre los taxistas. Hubo una licitación para traer automóviles. Estaba prohibida la importación en ese momento, y se presentaron los importadores normales. Todos pedían poco: 50, 60, 100 el máximo. Nosotros nos presentamos y pedimos 5.000. Nos otorgaron el permiso, pero teníamos que conseguir las divisas, para lo cual ofrecimos participación en las ganancias de las importaciones. El dólar, en esa época, estaba a 14 pesos. Nosotros ofrecíamos 7 pesos más, a 21, y vendíamos los coches a 40. Por supuesto que había que pagar impuestos y flete y un montón de cosas más. De todas maneras era un buen negocio".
Considerado uno de los testigos más importantes de la historia política argentina desde el nacimiento del peronismo, Jorge Antonio se identificó siempre por su estrecha relación con Perón, a quien acompañó muy de cerca hasta su muerte.
"Bueno, después de eso se generó una gran relación, ya nosotros trascendimos...nos dedicamos a la exportación de cereales, y tuvimos un gran éxito. Competíamos con las empresas multinacionales: Bunge & Born, Dreyfus y Continental de Granos eran nuestros enemigos. Mejor dicho, yo fui el enemigo de ellos. Nosotros teníamos menos burocracia y dependíamos de nosotros mismos. Estábamos vinculados al IAPI. Nos presentábamos en sus licitaciones y las ganábamos todas. Le dimos bastantes dolores de cabeza a Cafiero, porque Cafiero, que era ministro de Comercio, no quería quedar mal con los exportadores foráneos, pero nosotros le ganábamos. Él tenía relación con otras empresas y quería apoyarlas".
Durante el 2do. mandato de Perón, Antonio se convirtió en uno de los empresarios que mayor margen de beneficio obtuvo y se convirtió en un fuerte vínculo personal, explicó Antonio. Hacia el final del 2do. mandato presidencial, se había convertido en una especie de 'ministro sin cartera'.
Compró radio Belgrano, Canal 7 y la agencia Télam, que en la década del '50 estaba quebrada. También incursionó en negocios agropecuarios, forestales e inmobiliarios, montó una empresa exportadora de cereales y hasta tuvo un banco. Para ese entonces, ya mantenía una muy buena relación con Perón.  Todo le fue confiscado por la Libertadora.
En la entrevista con Pigna, él dijo: "(...) La gente vivía feliz, vivía contenta. Hicimos un plan de viviendas, ahí en González Catán, donde está la fábrica de Mercedes Benz. Primero hicimos 300 casas pero cuando vino la 'Revolución Libertadora' cerró la fábrica, suspendió el plan de viviendas, les quitó las casas a los obreros y las repartió entre suboficiales y funcionarios del gobierno.
-¿Y cómo siguió en ese período su relación con Perón?
-Fue en aumento. Él me tenía más o menos como su consejero. Un hombre de consulta, para muchas cosas me consultaba.
-¿Qué sabe de la relación de Perón con los nazis fugados?
-Él no tenía relación con los nazis. Él tenía relación con el embajador aleman y con los alemanes. Tenía una gran relación con Freude. Y Freude defendía mucho a los alemanes, en un principio defendía a los nazis que venían o que pretendían venir, o que inclusive se habían llegado ya a hacer contacto con la Argentina porque esto había empezado mucho antes de que terminara la guerra.
-¿Y a usted lo tentaron o habló con gente de los nazis?
-Entró a trabajar en mi organización un montón de gente, entre ellos Adolf Eichman.
-¿Entró con el nombre falso de Ricardo Clement?
-No, todo el mundo sabía perfectamente que era Adolf Eichman y figuraba en la Mercedes-Benz como Eichman desde 1949 hasta que lo detuvieron en 1960. A nadie le molestaba, nadie se ocupó de él. Pero no estaba él solo había 36 alemanes casi todos ingenieros o contadores principalmente ingenieros. Era una de las condiciones que los alemanes me ponían: que tomara el personal que ellos me proponían. Todos tenían pasaportes españoles o portugueses.
-Otorgados por la famosa red de los conventos ideada por Pio XII y manejada en Argentina por el cardenal Caggiano.
-Seguramente.
-¿Y qué sintió cuándo se enteró de todos los crímenes cometidos por ese hombre que había trabajado en su fábrica?
-Pensé que era una monstruosidad lo que había hecho Eichman, pero pensé también que era la guerra y él no hacía más que cumplir órdenes.
-Se habla mucho de la corrupción del peronismo.
-No había corrupción. En el peronismo no hubo corrupción.
-¿Usted puede afirmar que Perón no era corrupto?
-No, segurísimo. Yo tengo las pruebas determinantes, nadie puede tener más pruebas que yo para eso. Yo nunca tuve un pedido de coima de ningún ministerio, pero tuve algunos problemas serios con el mismo Cafiero y con Gómez Morales.
-¿Qué tipo de problemas?
-Me ponían chicanas. Nosotros nos presentábamos a alguna licitación y siempre había algún pero. Ellos tenían sus relaciones, tenían sus amistades, sus vínculos, y lógicamente....Eso, al principio. Al final, no. Al final, me respetaban mucho.
-¿Qué pasó con Cafiero?
-Yo era una institución en el país y la gente sabía que tenía predicamento ante Perón. Pero yo tenía una realidad que era una industria espectacular que estaba naciendo en forma arrolladora. Fabricábamos camiones, fabricábamos tractores y Cafiero me boicoteaba con todo. Teníamos una exportadora que ganábamos todas las licitaciones, nos presentábamos y las ganábamos todas pero no porque nosotros fuéramos mejores sino porque éramos más hábiles. Teníamos una organización moderna con poca gente, muy fluida. Las organizaciones como Bunge-Born, Dreyfus, eran unos gigantes con unos costos y unos gastos espectaculares. Nosotros teníamos poco gasto, teníamos nuestra representación en Nueva York, en Frankfurt, en París con dos personas en cada país y funcionábamos espectacularmente bien y a Cafiero eso no le gustaba.
-¿Y con Juancito Duarte, el hermano de Evita?
-Lo conocí. Muchas veces dijeron que había sido socio mío. Nunca fue socio mío ni cosa por el estilo. Solamente una vez me pidió tres autos para tres señoritas: Carmen Idal, Elina Colomer y Fanny Navarro. Eran sus amigas y él los pagó. Me pidió que se los vendiéramos baratos. Se los vendimos al 50% del valor de esa época. Y nos mandaron un cheque por esos valores.
-¿Quién le mandó el cheque?
-La Secretaría de la Administración de la Presidencia.
-O sea que ése sí fue un caso de corrupción...
-Si quiere llamarlo así... Pero Juan Duarte se cuidaba muchísimo, él tenía un terrible cuidado por su hermana. Porque todo lo que él podía hacer repercutía en la relación de su hermana con el Presidente. Tal vez más abajo alguna cosa podía haber.
-¿Y la muerte de Juan Duarte?
-Estaba muy enfermo.
-Tenía sífilis...
-Tenía sífilis. Se había hecho un tratamiento para adelgazar, había adelgazado mucho y la sífilis se le había agravado. La muerte de la hermana le produjo un impacto. Él y la hermana eran una simbiosis, eran demasiados amigos para ser hermanos.
-Lo que resultó muy sospechoso fue su "suicidio". Muchos dijeron que, al no contar ya con la protección de Evita, Perón se lo sacó de encima.
-Se sospecha, se sospecha. Hasta dijeron que lo habían matado en la residencia y que lo llevaron después a la calle Callao donde él vivía. Yo no creo, yo creo que él se suicidó. César Fernández Albariño, conocido como el Capitán Gandhi, miembro del aparato represivo de la Libertadora, apareció un día en el panteón de los Duarte, hizo abrir el ataúd de Juancito por un especialista que perforó la envoltura de plomo y a continuación el mismo Capitán, con un cortafierro y un martillo, seccionó la cabeza, la envolvió en un papel de diario y se la llevó a su despacho con la excusa de hacer una pericia balística.
-¿Cómo fue la última etapa del gobierno de Perón? ¿Cómo la vivió usted?
-La viví muy intensamente porque en esa época yo era una especie de ministro sin cartera. Se me consultaba para muchas cosas y percibí que había un bajón, no un bajón fuerte, pero un bajón. La muerte de Eva fue para el General un golpe terrible. Se sintió más solo.
-Se sentía la ausencia de Evita...
-Había una gran diferencia. Por ejemplo, el espíritu de lucha de ella era una gran realidad. Ella luchaba y lo apoyaba a Perón en todo y tenía un gran poder de decisión. Actuaba con coraje, con un gran espíritu de sacrificio, con seguridad absoluta de lo que hacía. Era totalmente auténtica, totalmente auténtica, más auténtica que Perón. (...)"
El golpe de Estado que derrocó a Perón en 1955 encontró a Antonio en una posición comprometida. Según relató él mismo, desatendió una invitación del propio ex Presidente para marcharse del país y, días después de producido el derrocamiento, fue detenido junto a otros reconocidos dirigentes políticos como John William Cooke y Héctor J. Cámpora.
Trasladado por razones de seguridad a la cárcel de Río Gallegos, Antonio protagonizó en 1957 una cinematográfica fuga del penal junto al dirigente de la derecha nacionalista Guillermo Patricio Kelli y Cámpora.
Los prófugos lograron cruzar la frontera hacia Chile. Luego, Antonio pudo ingresar a Cuba, donde consiguió protección de parte del gobierno de Fulgencio Batista poco antes de ser derrocado por Fidel Castro.
A partir de ese momento, Antonio se convirtió en un compañero de exilio de Perón, a quien acompañó hasta su retorno al país durante la presidencia de Alejandro Lanusse. Según contó en repetidas ocasiones, llegó incluso a pagar de su bolsillo el terreno donde se construyó la mítica residencia de Puerta de Hierro, en Madrid, donde el ex Presidente pasó la mayor parte de sus años en España.
Luego de la muerte de Perón, Antonio siguió ligado al movimiento justicialista, sobre todo a partir de su acercamiento al ex presidente Carlos Menem durante su gobierno en la década del '90.
Otro fragmento de aquella entrevista:
"(...) -¿Cómo vivió los bombardeos del 16 de junio de 1955 y la caída de Perón?
-El 16 de junio a las 3 de la tarde fui a visitar a Perón al tercer piso del Ministerio de Guerra y le pregunté: "Señor, ¿está bien o está preso?". Y me contestó: "Jorge Antonio, estoy bien, entre camaradas, pero no sé lo que pasa en la calle". "Hay mucha gente herida y muerta", le dije. "Fíjese que terrible. ¿Por qué no terminaron directamente conmigo? Solamente unos paranoicos o degenerados mentales han podido inmolar así tantas vidas inocentes", contestó.
Y después vino el golpe definitivo. El 16 de septiembre de 1955 Perón me manda a buscar. Estaba en la residencia, acá en Libertador. "Mire, Jorge Antonio, lo que ha pasado; quieren una guerra y nosotros no podemos hacer una guerra así. Yo me voy a ir. Y usted ha estado muy ligado a nosotros y es una representación de lo que es la industria del peronismo. Usted se ha destacado y lo van a perseguir y no la va a pasar bien. Si yo me voy, lo invito a que se venga conmigo". Y yo le dije: "No, General, yo le agradezco muchísimo, pero me quedo acá y aguantaré las consecuencias. No tengo nada que ocultar, no tengo nada que temer".
"Pero ellos no lo van a considerar así. Lo van a considerar como el brazo derecho mío en lo industrial y en muchas otras cosas", me respondió. Ya se sabía que yo era un hombre de consulta. Me quedé y al otro día que él se fue informaban por radio que me iban a detener, y yo fui y me presenté, y me detuvieron.
-Y de ahí al sur, ¿no?
-A un barco, donde estuve 17 días, y de ahí a Ushuaia; a la penitenciaría primero, donde estuve un mes de rigurosísima incomunicación. Después nos llevaron a Río Gallegos con otros 16, entre los que estaban Gómez morales, Cereijo, Méndez San Martín, Gamboa, Nicolini, Aloé, Cámpora, Cooke, Kelly y yo. Ahí estuve unos dos años hasta que me fugué, me llevé cinco conmigo y me fugué a Chile. Yo ya estaba cansado de estar preso y sin causa. No tenía ninguna causa abierta. Todo eran suposiciones. Era todo perfecto, éramos de los primeros en pagar impuestos en el país, sin lugar a dudas....por más investigaciones que hicieran. Quemaron una casa en mar del Plata que era mía, intervinieron mi casa, donde vivía con mi familia, se llevaron todas las cosas que había, la saquearon. Bueno, intervinieron todas las empresas. Algunas las anularon, otras las vendieron, otras las mantuvieron cerradas durante cuatro años. Mis cuentas bancarias fueron confiscadas. Y en el exterior yo no tenía cuentas. Era demasiado iluso. Así que por más que buscaron no encontraron nada. Nosotros no teníamos necesidad. Teníamos una trayectoria demasiado clara, abierta, para tener prejuicios, para tener preocupaciones.
-¿Usted lo conoció a Rojas?
-Nos visitó en Ushuaia cuando estábamos presos. Para molestarnos. Era un mal tipo. Había sido agregado militar, agregado naval de Perón en Brasil y Uruguay. Tenía la medalla de honor justicialista que se la había entregado Espejo en Puerto Belgrano. Y le había escrito una carta a Eva pidiéndole que lo nombrara agregado naval en Montevideo porque estaba vacante, y él desde Brasil podía ocupar los dos puestos. Y Eva se lo consiguió. Creo que los muchachos se equivocaron de persona cuando mataron a Aramburu.
-¿Lo tendrían que haber matado a Rojas?
-Claro.
-¿Y qué sintió cuando Menem le da un beso a Rojas?
Asco! Me llamó el secretario de él, Miguel Angel Vico, y me dijo: "Venga que se va a llevar una sorpresa –voy y me dice- sabe con quién está el Presidente no? "No lo sé ni me interesa". Me dice: "Está con Rojas". Le digo: "No lo puedo creer". Dice: "Sí, dentro de un ratito se va a ir". Y al ratito se fue Rojas y Menem dice: "Pase, pase". Le digo: "Usted no tiene vergüenza, señor Presidente ¿cómo puede recibir usted a semejante monstruo?, tenga un poco de respeto por los muertos, tenga un poco de respeto por todos nosotros". Me dice: "La política es la política Jorge, esto es lo que hay que hacer. Tenemos que terminar con los odios".
-¿Cómo fue aquella visita de Rojas?
-Al único tipo que visitó fue a mí, es decir, la única celda que hizo abrir. Y fue él, estaba con copas encima. Fue él con López de Bertorano que era el comandante de Ushuaia, abrieron la celda y me dice "párese" Yo no me paro y le digo "¿Qué, si no me paro me va a meter preso?" (risas) Y me dijo: "Usted se va a pudrir acá adentro porque usted está maltratando a los oficiales, y los está tratando de carceleros y son oficiales, y debe de tratarlos como oficiales". Yo le contesté: "Aquí son carceleros y los seguiré tratando como carceleros, y cuando me canse de estar aquí me iré. Ya me iré de alguna manera pero me iré". Y dice: "No me haga reir, se va a pudrir acá adentro". Al poco tiempo me fugué.
-¿Y cómo fue la fuga?
-Me dice el mayor: "La mejor manera de fugarnos es llevarnos al jefe de guardia del penal". Le dije: "Tenemos que irnos con cuatro o cinco. Tenemos que hacer una fuga política. Una fuga que produzca un impacto". Cuando llegó el día de la fuga y el auto que venía a buscarnos se demoraba, Cámpora dijo una frase famosa: "Jorge Antonio, ¿por qué no nos fugamos otro día?". Pero lo convencimos y nos fuimos con Cooke, Kelly y otros compañeros.
-¿Cómo eran las relaciones con la resistencia peronista a partir de ese momento?
-Las llevaba Cooke. Cooke tenía una gran relación con la resistencia. Yo tenía una gran relación con Perón.
-¿Qué relación tenía Perón con Cooke? ¿Le creía o lo usaba?
-Lo usaba. Le tenía mucha desconfianza. La ideología de Cooke perturbaba a Perón. Perón no era comunista ni parecido. Y Cooke, su tendencia era bien a la izquierda. Perón usaba a los hombres de acuerdo a las circunstancias y de acuerdo a su estrategia. Él llevaba una estrategia de alto vuelo.
-Está confirmado que Perón recibió dinero por el acuerdo con Frondizi, el famoso pacto Perón-Frondizi, por el cual el General ordenaba a los peronistas apoyar a la UCRI. ¿Se sabe cuánto?
-Le llevaron US$ 85.000 a Perón. El propio Frigerio se los llevó. Yo no quería el pacto, Cooke lo impulsaba. Yo no quería el pacto con los radicales porque sabía que nos iban a traicionar. Era lógico que nos traicionaran. Lo que querían era llegar al poder y una vez que estuvieran en el poder, iban a pactar con los militares o los militares iban a presionar sobre ellos de tal forma que no cumplieran ninguna de las promesas con nosotros. A mí Perón me dio una explicación... "Mire Jorge –me dijo- si cumplen bienvenido sea, la próxima vez seremos nosotros los que mandemos en el gobierno. Sí, yo seré Presidente otra vez. Y si no cumplen, porque los militares no los dejan, porque seguramente no los van a dejar o los van a voltear, entonces vendrá otra etapa nueva y estarán los militares otra vez y estos caerán, de eso no tenga duda". Pero mientras tanto pasa el tiempo –le dije yo- "¿Qué prisa tenemos Jorge?" –me dijo- "No tenemos prisa, yo tengo más años que usted y tengo menos prisa. Con tal que se den las cosas como las veo yo, en las circunstancias que las veo, no tenemos que apurarnos. Déjelos. Yo no creo que Frondizi cumpla con nosotros pero la oportunidad del pacto –dice- es una oportunidad. Es una oportunidad de que nosotros hemos tenido grandeza, nos hemos prestado a la solución de los problemas que afectan al país. Los militares no van más. Los radicales si llegan a subir, llegan a ganar las elecciones ellos con Balbín para ser sirvientes de los militares". Era lo lógico.
-Por aquellos años usted participó del episodio del secuestro de Juan Manuel Fangio en La Habana...
-Así es, así es. Fangio fue raptado saliendo del hotel cuando estaba conmigo en el año `58. Yo lo acompaño a la puerta del hotel y él sale caminando. Él vivía en un hotel más chico a dos cuadras del nuestro. Yo veo que se le acercan tres o cuatro personas e iban conversando. Yo pensé que eran admiradores y no... lo estaban raptando. Lo raptaron, lo llevaron, lo trataron muy bien y me mandaron un mensaje a mí que me quedara tranquilo que a Fangio no le pasaba absolutamente nada, que era una cosa para desprestigiar al gobierno de Batista.
-¿Usted compró la casa de Puerta de Hierro?
-El terreno lo compro yo y después él se hace la casa. Era muy barato. Costó 100 mil pesetas el terreno y la casa 800 mil pesetas y se vendió en una millonada de dólares, exactamente US$ 43 millones.
-¿Por qué eran tan malas las relaciones entre Franco y Perón, fue a raíz del conflicto con la Iglesia?
-Efectivamente. Franco le escribe una carta a Perón a finales del `54. Era embajador.... Manuel Aznar el abuelo del actual presidente qu epor entonces vivía aquí con su abuelo. Aznar era íntimo amigo mío, teníamos una amistad de vernos dos o tres veces por semana con la señora. Entonces un día Aznar me llama y me dice "Jorge tengo que cumplir una misión terrible. Tengo una carta para Perón que no me gusta nada". Más o menos decía así "Querido presidente y amigo, veo con preocupación los problemas que hay en la Argentina, su país, con la gente de la iglesia, tema que conozco en profundidad. Le ruego encarecidamente autorizarme hacer las gestiones necesarias para solucionar ese problema". -yo le dije a Aznar- no la presentes, no se la lleves a Perón porque es una carta de entrometerse en las cosas que están picantes en el país – y dice- lo tengo que hacer Jorgito, yo soy el embajador. Pidió la audiencia y se la llevó a Perón y se la entregó. Perón al otro día me llama por teléfono, el secretario –y me dice- el general lo está esperando –dice- Jorge véngase enseguida –voy a verlo- Y me dice....Usted es muy amigo del embajador español no es así – le digo- así es general. Tome lea, lea lo que me ha traído –me dice- y me muestra la carta que yo ya había visto. General –le digo- Franco es amigo suyo creo -dice- yo creía que era amigo mío, usted es un metido. Le dice al secretario léale a Jorge que es lo que le contesto yo a Franco. "Francisco Franco, Madrid España -así terminante- Recibí la misiva traída por su embajador donde solamente debo comentarle que los problemas argentinos los resolvemos los argentinos. Firmado Juan Perón.
Ni lo saludo ni gracias ni nada. Le dije- no mande esa carta presidente no mande esa carta –dice- Sí, si yo estuviera en su lugar no la mandaría pero si usted estaría en mi lugar la mandaría –le dije- no lo entiendo pero yo no la mandaría. Es romper relaciones con un hombre que es amigo suyo que está haciendo un ofrecimiento auténtico –y dice- No, es interesado qué va a ser auténtico. Y le dije- con esto pierde un embajador amigo porque este se va y no vuelve más. Y así fue. Él le llevó la carta a Franco y Franco le ordenó no volver más a la Argentina, y estuvimos sin embajador de España durante un año y medio.
-Usted participó en el intento de regreso de Perón en 1964.
-En el avión veníamos Vandor, Framini, Iturbe, Delia Parodi, Lascano, Perón y yo. Llegamos hasta Río de Janeiro. Yo voy a verlo a Francisco Franco y le pido autorización para que nos deje salir en un avión de Iberia, y nos dice que sí pero agrega: "Hijo, yo no sé si a ustedes les va a ir bien en este viaje. Yo creo que ustedes tienen demasiada ilusión, pero si llega a ir bien, cuando tú vuelvas seguramente te vamos a condecorar por tu lealtad a tu amigo; pero si sale mal, los vamos a expulsar a todos de España, menos a Perón. A Perón no lo puedo expulsar de España porque los españoles son capaces de expulsarme a mí". Textuales palabras del generalísimo Franco.
-¿Y qué pensaba hacer Perón si llegaba al país?
-Pensaba quedarse. Yo había viajado a Uruguay y arreglado con el gobierno de aquella época para que estuviéramos unos días....Él tenía la ilusión de que Illia cruzaría y vendría a darle un abrazo y a proponerle un arreglo de conciliación. Eso es lo que quería Perón, y libertad absoluta después, para accionar, y un llamado a elecciones definitivas y que gane el que gane.
-¿Y no hubo ningún contacto con Illia?
-No. El único contacto que hubo fue el pedido del embajador para que nos fuéramos.
-Usted estuvo con Ernesto Guevara en España, en tres oportunidades.
-En el ´59 yo fui a Cuba, él era presidente del Banco Central y hablamos de la Argentina. Él trabajaba de noche, de día descansaba porque tenía sus ataques de asma. Bueno, en esa oportunidad él estaba en antiperonista, no comprendía a Perón, no lo entendía. La segunda vez que nos vimos fue en Madrid. Y ya había cambiado de opinión en forma total y absoluta ya era pro Perón. Porque él había estudiado a Perón y había visto las dificultades que había tenido Perón en su vida política, y las políticas internacionales que había tenido que anfrontar para llevar a cabo una política independiente, una política netamente nacional.
-¿Él pensaba en Argentina?
-Él pensaba en Argentina. Bolivia era un paso.
-Y con respecto a Perón, él no quiso verlo. ¿Qué pasó?
-No me pidió verlo. Me preguntó muchas cosas de Perón. Dio a entender con claridad que ahora lo entendía a Perón, que entendía la lucha de Perón, porque a ellos les había tocado lo mismo. Es decir, no había duda de que Perón se había ganado un lugar en la historia del país y del continente, que ellos hubieran querido que Perón viviera en Cuba. Yo creo que Castro hizo mucho para que Perón fuera a Cuba.
-¿Por qué no fue?
-No fue porque Perón no era comunista, no quería jugar la última carta.
-¿Y Perón sí lo quería ver al Che?
-No lo sé. Yo le comenté las dos veces que lo había visto. Y me dijo: "¿Cómo es? ¿Cómo es? ¿Cómo es? Jorge Antonio, ¿qué piensa? ¿Es un tipo inteligente? ¿No es inteligente?". Le digo: "Es muy inteligente y muy capaz". Pero no le pregunté: "¿Usted quiere verlo?".
-Usted compró 'Primera Plana' a comienzos de los 70, y se advierte que hay una especie de desplazamiento hacia la izquierda, inclusive en sus editoriales. ¿Era así, usted estaba cambiando la manera de pensar?
-No, no, era mi ideal. Yo dentro del peronismo estaba dentro de la línea izquierdoide, siempre estaba en lo mismo por eso me jugaron tanto con los Montoneros. Yo tenía más contacto con los Montoneros de los que tuvo Perón. Ellos venían a verme a mí y venían a verme en cantidades.
-'Primera Plana' por aquel entonces era pro-montonera.
-Sí, efectivamente era pro-montonera. Un día me llaman y me dicen: "Tenemos que tener un medio de comunicación Jorge, tenemos que tener un periódico o una revista haga un esfuerzo y saque una revista. Le digo yo: "Cómo no, la vamos a sacar". Entonces me dicen em Madrid hay un argentino que está acá que tiene una revista y la quiere vender, se llama Gabrielli. Bueno, la compramos y de ahí partió la revista con una tendencia hacia la izquierda.
-¿Como fue la relación Perón-Montoneros?
-Era buena pero Perón los subestimó. Los subestimó porque.... hay una anécdota muy buena....Un día yo le digo a Perón en Madrid que él tiene una reunión con unos 50 montoneros, estaba Vaca Narvaja, estaba Perdía, estaba Firmenich creo, estaba Galimberti... Entonces yo le dije: "Presidente usted le promete muchas cosas a estos muchachos y después va ser difícil cumplirles". Les prometía de todo. Que en la lucha había que estar por todos los medios y había que pelear contra todo lo que opusiera al peronismo en la vida real del país. Yo le dije: "Cuando usted vuelva al país estos muchachos van a querer mandar", y me dice: "Cuando lleguemos a la Argentina, Jorge, que vamos a llegar no tenga dudas, nosotros vamos a llegar y estos muchachos, si se ponen duros, yo voy a darle un vaso de agua, micrófono, les hablaré y les diré que se vayan a su casa tranquilos y me dejen gobernar. Y quédese tranquilo que van a cumplir". Le dije: "No van a cumplir, se le van a oponer y le van a hacer la vida imposible, y acuérdese lo que le digo. Yo hablo todos los días con ellos y hablo mucho y cuando quiero persuadirlos de algo se encabritan y se ponen furiosos, no admiten un diálogo, quieren mandar. Lo respetan a usted, no se le oponen pero ellos quieren mandar".
-¿Cuando Perón se enteró de la muerte de Aramburu ¿qué le comentó a usted?
-"Las pagó", textuales palabras. Yo lo llamé por teléfono y él me dijo secamente: "Las pagó, Jorge".
-¿Usted cómo se enteró?
-Me llamaron los muchachos a Madrid a la media hora de haberlo matado.
-¿Y a usted qué sensación le produjo cuando se enteró?
-Qué le puedo decir, es un acto monstruoso me entiende. Yo entiendo la justicia de otra forma pero de todas manera Aramburu se las había ganado. Aunque él no fuera culpable de muchas cosas apareció como culpable de muchas cosas.
-¿Y cómo era su relación con López Rega?
-Fue siempre muy mala. Pero hubo algo en lo que tuvo razón. Cuando llegó a España me vino a ver y me dijo: "Mire, Jorge Antonio, no hay nadie que tenga más influencia ante Perón que usted. Y Perón lo respeta muchísimo. Pero de ahora en más esa relación va a cambiar. Va a ser de los tres: Isabel, yo y usted. Vamos a ser los tres, vamos a trabajar juntos y vamos a controlarlo a Perón, porque hay que controlarlo mucho, hay que decirle que no debe recibir a alguna gente. Ni a mucha gente sindical que es mala gente, que yo los conozco perfectamente bien". Y yo le dije: "Mire, lo que usted me dice es una insolencia. Ni yo tengo influencia sobre Perón, ni tengo nada que hacer con ustedes". Me dijo: "Se va a arrepentir porque Isabel va a ser la que mande y el que manda a Isabel soy yo. Y yo vengo a hacer un trato correcto y usted me lo rechaza". Le digo: "Se lo rechazo y lo echo a la mierda ahora mismo. Mándese mudar de acá". Y lo eché de mi casa.
-¿Por qué Perón se sometió a López Rega?
-No lo quería, Lo despreciaba. Le resultaba útil y complementario con su mujer. Con López Rega se evitaba problemas con Isabel. Pero lo despreciaba; decía: "Este Brujo de porquería no hace más que meterme en líos".
-¿Perón estaba al tanto del funcionamiento de la Triple A?
-Sí y no. Sí, porque se tenía que enterar, y no porque no lo quería. Él no quería esas cosas.
-Pero pasaban.
-Pero pasaban.
-¿Y qué le comentó sobre el famoso 1º de mayo de 1974?...
-La noche del 1º de mayo de 1974 me llama Perón a Madrid y me dice: "Lo felicito, Jorge Antonio, ya se habrá enterado de lo que me hicieron los imberbes. Usted tenía razón. Es mi deber y obligación recordárselo y reconocérselo. Usted los conocía mejor que yo". Le digo: "No es que los conocía mejor que usted. Yo tenía más trato con ellos que usted. Lo siento mucho". Ya me había enterado de lo ocurrido porque lo comentaba la televisión a cada rato en Madrid.
-¿Por qué cree que cambia esta relación y pasa de "la juventud maravillosa" a los "imberbes y estúpidos"?
-Porque los imberbes y estúpidos no le llevaron el apunte a él.
-¿En qué sentido?
-En el sentido de que querían la revolución y se la empezaron a imponer.
-¿Por qué no regresó con Perón en 1973?
-Dos razones. Era un pacto entre Perón y yo. Él me vino a visitar y me dijo: "Mire, Jorge, nosotros nos vamos a Argentina. Si usted quiere venir, viene por su cuenta. Por supuesto, tiene todo mi afecto y todo mi apoyo. Pero yo temo que le hagan una perrería. Lo de López Rega e Isabel es una cosa muy seria y muy grave. Yo no estoy seguro si a usted lo van a dejar vivo. Se lo digo con toda sinceridad y con gran dolor. Yo no lo podré proteger. Éstos a usted lo tienen en la mira". Le dije: "Bueno, yo tampoco quiero ir así, Presidente. No quiero ir en condiciones de convertirme en un problema para usted, que tenga que estar discutiendo a la fuerza con López Rega o con Isabel". Yo ya era una figura en el peronismo, así que le dije que no debía preocuparse, que yo me quedaba y que con el tiempo vería lo que correspondía hacer. Y luego vine.
-¿Perón nunca le pidió ayuda frente al proceder de López Rega?
-Me escribió una carta que me entregó su médico, Flores Tascón, donde me decía: "López Rega ha enloquecido porque no hace más que crearme problemas, Así le irá. Cuídeme las cartas de Eva". Porque él me había dejado las cartas que le había mandado Eva en las últimas horas de su vida. Fue la única correspondencia, y dos llamados por teléfono preocupado por López Rega, preocupado por el país. López Rega era un cáncer que Perón tenía encima. Él sabía que yo conocía todos los secretos.
-¿Peró sabía que se iba a morir en poco tiempo?
-Sí sabía.
-¿Cuándo lo supo?
-Cuando lo operaron de próstata él ya supo que era una cosa que no tenía remedio y no le quedaba mucho tiempo.
-Volvió al país sólo para el entierro de Perón.
-Vine para el entierro. Estuve unas horas. Me invitó Franco a viajar en el avión oficial que trajo a la comisión gubernamental encabezada por el ministro de Defensa de España.
-¿Usted corría peligro?
-Cuando llegué, en el aeropuerto me estaba esperando el general Carlos Dalatea, que había sido agregado militar en España, y fuimos directamente al Congreso, donde estaban velando a Perón. Estuve ahí media hora y a la salida me despidió el general. Quedamos en encontrarnos a la tarde en casa. Entonces se acercó el comisario Margaride, que era jefe de la Policía Federal, y me dijo: "Mire, Jorge Antonio, ¿usted se va a quedar en el país?. Yo le dije: "No sé. ¿Por qué?. Y me respondió: "Lo siento mucho. Le puedo poner una custodia, le puedo poner dos miembros de custodia, pero no le doy seguridad porque usted tiene enemigos poderosísimos acá". Le dije: "No. Quédese tranquilo que yo no he venido para quedarme. Ni siquiera he traído ropa para quedarme. He venido a ver a mi amigo en su última instancia. Así que le agradezco su deferencia, pero no".
-¿Usted le presento a Menem a Perón?
-Así fue. Menem viene a Madrid, va a Puerta de Hierro y López Rega no lo deja entrar y no le consigue la audiencia. Entonces, me viene a ver a mí cuando iba para Siria con sus padres para casarse. Y me viene a ver a mí y me dice que quiere verlo a Perón. Sí como no, lo va a ver. Primero porque es peronista y segundo porque es hijo de árabe igual que yo y con mucho gusto le voy a conseguir la audiencia. "Mañana a las diez de la mañana –le digo- estese aquí que vamos a verlo a su casa". Esa tarde vino Perón a mi oficina y le dije que había venido un muchachito riojano que me parecía inteligente, capaz y que se decía peronista a ultranza. Que era jefe de la juventud peronista de la Rioja. Lo llevo yo y está tres horas con Perón. Menem impresionó muy bien a Perón.
-¿Qué le dijo Perón después de la entrevista?
-A la tarde de ese día me llama por teléfono y me dice: "Ese muchachito que estuvo esta mañana Jorge, ¿se va pronto no?", y me dice: "Haga lo posible por que se quede uno o dos días –dice- me interesa mucho hablar con él, me interesa que tengamos otra charla". Y le digo. "Pero si yo le digo eso se queda un mes". Me dice: "Bueno, con dos o tres días yo me conformo". Entonces lo llamé y le dije: "Mire Carlos, el Presidente me dice que tiene interés de seguir charlando con usted, así que si se puede quedar uno o dos días...". Dice él: "Pero me quedo un año, don Jorge, por favor, con mucho gusto". Y al otro día se encontraron a las cinco de la tarde en casa y estuvieron en mi oficina hasta las nueve de la noche. Y al otro día se volvieron a encontrar a las cinco de la tarde y volvieron a estar hasta las nueve de la noche. Así que Menem tuvo tres entrevistas con Perón. Y Perón me dijo lo siguiente cuando me dijo que lo hiciera quedar: "Este muchacho tiene premio".
Jorge Antonio pasó sus últimos años lejos de la política, en su casa de Ciudad de Buenos Aires. En uno de sus últimos reportajes, Antonio defendió la figura del presidente Néstor Kirchner, quien, dijo, "es un peronista" a pesar de tener "un olorcillo a centroizquierda".
Con Fernando González, de Clarín, mantuvo el siguiente diálogo, en el año 2005 (cuando Cristina de Kirchner e Hilda de Duhalde competían en territorio bonaerense):
—¿Cómo ve al peronismo a 60 años del 17 de octubre?
Al peronimo lo veo muy fuerte. Hoy prácticamente todo es peronismo.
—¿El presidente Kirchner también es peronista?
Sí, claro. Kirchner es un presidente peronista.
—Por su perfil, hay quienes lo ven a Kirchner ajeno al peronismo.
Es cierto que Kirchner tiene un olorcillo a centroizquierda..., lo mismo que su esposa, pero son peronistas.
—¿Y cómo evalúa la gestión de Kirchner a dos años de gobierno?
Mire... Kirchner es un hombre muy audaz, lleva las cosas bien. El país camina y se desarrolla en forma extraordinaria. Las cosas están andando bien, las exportaciones crecen en forma espectacular. ¿Qué más se puede pedir?
—¿Y quién cree que es más peronista?, ¿Kirchner o Duhalde?
Los dos son peronistas... Creo que van a terminar todos adentro porque el peronismo es así. Cuando hay un riesgo de afuera las cosas caminan para el lado de la unidad. Siempre ha sido igual.
—Suena extraño escucharlo hablar bien de Kirchner porque usted es amigo de Menem.
La de Kirchner y Menem es una pelea normal entre un peronista que se va y otro que sube. Son completamente diferentes pero más que enemigos, el de ellos es un choque de apariencias.
—Usted vota en la Capital, aunque a su edad está eximido. ¿A qué candidato va a votar?
Según como esté el domingo y las ganas que tenga, es muy posible que vaya a votar. Pero no sé bien todavía por quién. Bielsa no es un peronista ortodoxo pero es un hombre muy interesante.
—¿Qué opina de las críticas que recibe Kirchner por sus permanentes enfrentamientos?
Es normal que Kirchner tenga críticas porque es un hombre de carácter fuerte, así ha sido siempre y es lógico que lo critiquen. El se defiende muy bien, tiene sus convicciones muy firmes y nadie lo saca de sus trece...
—¿Y es bueno para el país que Kirchner se pelee con directivos o presidentes extranjeros?
No es bueno para la Argentina, pero es necesario. El Presidente no tenía más remedio que hacerlo. Las empresas extranjeras no cumplieron con lo que debían y entonces era lógico que él no se sometiera tan fácilmente.
—Muchos de esos contratos con empresas concesionarias de servicios los hizo Menem. ¿Se equivocó Menem al hacerlos?
Esos contratos tendrían que haber tenido condiciones más duras. Menem tenía todas las posibilidades de hacerlo, pero no lo hizo para facilitar las cosas... Creo que tuvo una apreciación distinta de lo que era la realidad. Los intereses extranjeros siempre buscan ventajas.
—¿Kirchner tiene tendencia a confrontar con los empresarios y Menem era más conciliador?
A veces es necesario confrontar con los empresarios. No hay que dejar que las cosas se les hagan demasiado fáciles. El Presidente debe imponer siempre sus criterios y creo que la política de Kirchner en ese terreno es acertada.
—¿Qué tipo de presidente es Kirchner a su juicio?
Es un Presidente muy particular que no se puede comparar con ningún otro. Tiene algunas cosas de Perón, tiene otras cosas de Frondizi y tiene también muchas cosas que son propias.
—Quizás algún peronista se enoje por esas definiciones. ¿Qué cosas de Perón le ve a Kirchner?
Su convicción en la justicia social, en los procesos económicos.
—¿Y qué cosas de Perón le faltan?
Uh..., para igualar a Perón hace falta mucho.
—¿Qué cree que hubiera dicho Perón sobre Menem, Duhalde y sobre Kirchner?
—El hubiera buscado siempre la unidad. Hubiera defendido a Kirchner por un proceso de renovación. Pero hubiera mantenido la estructura convincente de Menem o Duhalde en lo ideológico.
—¿Le parece bien que Cristina y Chiche Duhalde hayan ido a una pelea electoral en la Provincia?
Bueno, la política es así y nunca deja de ofrecer estas situaciones. Kirchner y Duhalde están enfrentados y era lógico que el enfrentamiento creciera. El Presidente y Cristina necesitan afianzarse y están peleando lo que según ellos les corresponde. La provincia de Buenos Aires no es su terreno, pero ellos tienen derecho.
—¿Quién le cae mejor como candidata?, ¿Cristina o Chiche?
—Me caen bien las dos... (se ríe). Tal vez Chiche es más populista y a Cristina le falta pulirse un poco con lo popular...
—¿Los conoce a los Kirchner?
No, apenas lo he tratado muy superficialmente al Presidente. Lo vi acá, muy cerca de mi casa... Yo estaba caminando por la plaza de enfrente y lo encontré a Kirchner hace tres o cuatro años. Ellos vivían en la misma cuadra que yo en ese tiempo.
—¿Cómo fue ese diálogo?
Fue un diálogo corto, muy correcto, muy amable. Yo estaba convencido de que alguna vez iba a ser presidente. A fines de la década pasada, eran irreconciliables las posiciones de Menem con Duhalde y a mí me parecía que los peronistas que podían ser presidentes eran Rodríguez Saá o Kirchner, que era el más potable.
—Duhalde lo puso de presidente a Kirchner y ahora se enfrentan.
Ahora Kirchner es el Presidente y Duhalde no lo entendió. Kirchner no lo traicionó. Tomó una posición y cuando un peronista es presidente hay que seguirlo. Duhalde creyó que era más cacique de lo que en realidad era.
—¿Cómo vivió esa semana en la que gobernó Rodríguez Saá?
Dominado por la incertidumbre. Tomó medias desacertadas y así le fue. Se pasó de populista.
—¿Por qué Menem terminó tan mal con la sociedad argentina?
Lo que terminó mal fue el período de De la Rúa, que fue un desastre. Es cierto que Menem cometió errores, por eso la sociedad reaccionó como reaccionó, pero también hay algo de ingratitud innata con los que se van.
—¿Lo sigue viendo a Menem?
Ahora hace un tiempo largo que no lo veo, como cinco meses. A veces me habla por teléfono.
—¿Y le parece bien que sea candidato a senador por La Rioja?
Sí, son las ambiciones del hombre. Es un político nato que quiere seguir estando. No puede ser presidente y entonces quiere ser senador. Posibilidades tiene, pero no estoy seguro que llegue...
—¿Le pareció bien que no se presentara a la segunda vuelta contra Kirchner en el 2003?
No, me pareció mal. Porque debió correr el riesgo y si perdía, perdía. No se podía dejar al país en banda. Menem iba a perder, pero iba a perder con honra.
—Y después de 60 años, ¿usted cree que el peronismo fue algo bueno para el país o es el hecho maldito como decía Borges?
No, el peronismo fue algo bueno para el país. Y si no hubiera existido el peronismo acá hubiera triunfado el comunismo. Por eso la sociedad se adapta a la realidad y lo vota. El peronismo es lo mejor que tiene el país porque los otros han fracasado todos.
Sus restos fueron sepultados ayer en el cementerio Jardín de Paz, en una ceremonia familiar.