SAN VALENTÍN

Cupido me clava el visto: La espera amorosa en los tiempos del WhatsApp

Las redes sociales y las aplicaciones de citas han cambiado la forma en que nos conocemos, conquistamos, peleamos, amigamos, excitamos y hasta nos dejamos. Así ha nacido todo un nuevo vocabulario: desde el "ghosting" hasta el "me clavó el visto". Aunque existen muchos nombres nuevos para fenómenos viejos. En el fondo, todos seguimos deseando ser amados, temiendo ser rechazados y procurando "ganar" en el amor (como si tal cosa existiera). ¿Qué es lo que cambio? Nuestra tolerancia ante la espera. En la era de la comunicación inmediata, pensamos que podemos enamorarnos sin pasar por la tortura de la espera: la espera de que el otro responda, la espera de que el otro aparezca, esperar el amor de la vida. Pero como esto es imposible, se fabrican otras esperas, apunta un estudio del CONICET, más dolorosas. Las redes potencian la ansiedad.

El filósofo Marshall McLuhan escribió en su libro "Entendiendo los medios: las extensiones del hombre", de 1964, que el medio es el mensaje. Esto quiere decir que la forma en que una información es comunicada envía tantas señales como la información en sí misma. De esta manera, el medio y el mensaje están entrelazados. La era de Internet, plantea Ephrat Livni del portal Quartz, demostró que McLuhan tenía razón, si alguna vez hubiese habido alguna duda. Las platafotmas de citas y las redes sociales han dictado un modo diferente de comunicación romántica.

Ha cambiado la forma en que nos conocemos, conquistamos, peleamos, amigamos, excitamos y hasta nos dejamos. Sin embargo, por muchos estudios y notas que haya al respecto -en especial en ocasión de este San Valentín (jueves 14/2), es importante notar que así como es cierto que las nuevas plataformas comunicativas cambiaron la manera en que nos comunicamos, hay muchos nombres nuevos para fenómenos viejos. En el fondo, todos seguimos deseando ser amados, temiendo ser rechazados y procurando "ganar" en el amor (como si tal cosa existiera). Por supuesto, el sentir es algo absolutamente único de cada uno, no hay universales en este tema. Pero hay cosas que se repiten, sin importar los años que pasen o la cantidad de aplicaciones para conocer gente que existan.

Ha nacido todo un nuevo vocabulario en torno a esta nueva forma de comunicación: desde el "ghosting", que es cuando alguien con quien salíamos desaparece por completo, se convierte en "fantasma", hasta el famoso "me clavó el visto", cuando alguien a quien le hemos escrito, lee nuestro mensaje y no lo responde. El "visto clavado" es tan hiriente como un cuchillo. Sin embargo, si bien los términos son nuevos, ¿podríamos decir que los sentimientos que evocan lo son? En ambos casos, la pesadilla temida es el abandono. Que el otro se convierta en un "fantasma" o bien ignore nuestros mensajes, nos deja sintiéndonos desamparados, no queridos, no valorados.

Miles de manuales y páginas de autoayuda nos enseñan a armar "corazas" frente a estos sucesos, nos dicen que debemos desarrollar una caparazón gruesa para hacer frente a las situaciones a las que nos dejan expuestos estos nuevos modos de comunicación. Y a pesar de que esto puede ser bueno hasta cierto punto, porque sirve para protegernos, nutrirnos en demasía de esos discursos, hacerles demasiado caso, también puede colocarnos en un lugar de tedio e insensibilidad, donde todo da lo mismo, las personas pasan por nuestra vida sin dejar marca. Y es cierto, las marcas duelen. Pero también de ellas aprendemos y crecemos. Es muy bueno el Tinder para conocer gente, pero que no nos confunda su formato de catálogo, en el que con el dedo botamos gente a la basura o la seleccionamos, como si estuviéramos haciendo compras virtuales en el supermercado. No caigamos en la confusión de creer que un utensillo es lo mismo que una persona.

En el año 2017, 3 investigadores del CONICET presentaron un estudio muy interesante sobre cómo las nuevas tecnologías, tales como WhatsApp o Facebook, han impactado en las relaciones amorosas de los jóvenes. La palabra clave para entender sus hallazgos es espera. La espera en las relaciones amorosas. "Se espera en el médico, se espera en la parada del colectivo, se espera en la entrevista laboral para un nuevo trabajo y en un embotellamiento de autos. Y también se espera en el amor: que se repita una cita, que se enamore, que aparezca el amor de la vida", fue el núcleo de la investigación de los sociólogos Mariana Palumbo, Maximiliano Marentes y Martín Boy, del instituto de Investigaciones Gino Germani, dirigida por Mario Pecheny. Para el estudio, realizaron 25 entrevistas a jóvenes entre 18 y 24 años, heterosexuales de clase media del Área Metropolitana de Buenos Aires. Fue publicado en la revista "Astrolabio" de la Universidad Nacional de Córdoba.

"La espera en las relaciones amorosas –ese tiempo suspendido, nube de expectativa y ansiedad que flota en el universo cotidiano de cada uno sin poder predecir su fecha de vencimiento, pero que además se potencia por el uso de tecnologías como Facebook y WhatsApp”, explican desde el CONICET. "Lo que pasa hoy en día –explica Maximiliano Marentes- es que hay muchas formas de mitigar y derribar esa espera (N de la R: por lo inmediato de las plataformas comunicativas como WhatsApp, donde supuestamente estamos todos conectados todo el tiempo). Pero a la vez es un engaño: creemos que podemos romper esa espera rápidamente, pero como a la vez no se rompe, si yo puedo ver que el otro no me está respondiendo, se fabrican otras esperas, más dolorosas." Es decir, lo inmediato de la comunicación de hoy nos hace creer que podemos sortear la espera que cualquier acercamiento amoroso precisa y conlleva, pero es una forma de autoengaño.

Otra cosa que las formas actuales de comunicación pueden exacerbar son los celos, porque la conexión permanente a redes sociales nos genera la sensación de que podemos tener un control sobre el otro, por supuesto totalmente ilusorio. "Estas aplicaciones, tan presentes en las relaciones de hoy en día, generan control y también descontrol sobre uno mismo y la pareja, modifican y moldean el estado de ánimo al disparar, entre otros síntomas, los celos excesivos", apuntan desde el CONICET. "Para nosotros las redes no son negativas: con ellas la gente se suma, se relaciona, se recontra erotiza. Solo que a veces, como permiten tanto control también hacen que el sujeto se descontrole más: nos hacen sentir que el otro no está haciendo lo que se espera”, señaló Mariana Palumbo.

“Antes había más paciencia y era imposible estar sobre el otro”, señalo Martín Boy. “Las esperas en los vínculos eran irremediablemente tediosas: se mandaba una carta que tardaba días o semanas, y luego la respuesta que tardaría otro tanto. Ahora, con la tecnología, las esperas ya no concilian con la idea de tiempos largos, y la necesidad de inmediatez genera escenas de conflicto, discusión, ira, bronca, desamor; pero cuidado: también la resolución de escenas con esos condimentos pueden derivar en una mayor fusión entre los amantes, reconciliaciones que reestablecen el equilibrio en el 'vos sos el centro de mi vida, si te hice esperar fue sin querer, no a propósito'."