"La música de Shakira tiene una impronta personal que no se parece a la de nadie, y nadie la canta ni la baila como ella a ninguna edad con una sensualidad inocente que parece inventada por ella." (Gabriel García Márquez)
EN VIVO
Una loba en el armario: Shakira, sos tan simple y bella
Shakira me acompaña desde que tengo 12 años, cada una de sus canciones refleja un momento de mi vida. La amo porque es sensual pero tierna, porque es alegre y está conectada con la tierra. Porque disfruta de su cuerpo. Ayer la fui a ver a Vélez con mi prima. Entre millones de mujeres (éramos miles pero se sentía como que eramos millones), canté y bailé cada una de sus canciones que me sé a la perfección. Entre tanto feminismo pacato y de eslogan, Shakira nos propone otra cosa. Shakira se agarra las tetas y las revolea para todos lados. Mueve la pelvis, hace temblar su culo y todas -las millones de nosotras- pegamos gritos de emoción. Es cierto que había hombres en el público, pero las mujeres éramos las que predominábamos por lejos. Tanto así que hasta tomamos el baño de hombres de Vélez, todo inundado. Mientras algunos hombres hacían lo suyo en el megistorio, nosotras los pasábamos de largo y seguíamos hasta los cubículos. Sabíamos que el baño era nuestro. La cancha de Vélez, llena de insignias futboleras, ayer era nuestra. Decían cosas como "acá te sentís como en casa" o "esperé toda la semana para verte".
Shakira, nosotras esperamos siete años para verte. En estos siete años, si no me equivoco, te separaste de Antonito y te levantaste a Piqué. Digo "te levantaste" porque vos misma cantás sobre cómo lo viste, te gustó esa barbita, esa boquita redondita y dijiste "este es pa mí o pa más nadie". Fuiste mamá dos veces. Habrás atravesado todos los dolores y las alegrías que acompañan la vida de una mujer. No lo sabemos porque nunca fuiste de exponer mucho tu vida en los medios. Pero lo imaginamos. Lo podemos leer en tu mirada. Nosotras también pasamos las mismas cosas. Sabemos que estuviste mal de la voz, que tenías miedo de no poder volver a cantar. Ayer cantaste. En algunos temas, al principio, tuve la sensación de que hacías playback. ¿Dónde está la potencia su voz?, pensaba yo. ¿Qué le pasó? "Está como triste", le dije a mi prima. Siempre tengo el delirio de que puedo percibir lo que está sintiendo un artista en un recital. Cuando fui a ver a Alicia Keys sentí que era una chica muy tímida, que le costaba la exposición ante el público. Cuando fui a ver a Luis Miguel, sentí que el tipo -uno de mis cantantes preferidos- no tenía ganas de estar ahí y me decepcionó. Cuando fui a ver a Juanes, sentí que para él era un trabajo rutinario dar un show, pero igual me gustó. Anoche sentí, al principio, que Shakira estaba triste.
Desde los kilómetros de distancia a los que estaba de ella (de una punta de la cancha de Vélez a la otra, porque con mi prima nos tocó al fondo, al fondo), percibí eso. Me acordé de un profesor mío que preguntó una vez para qué ir al teatro ahora que existe el cine. Yo también ayer me preguntaba, mientras observaba a Shakira a través de la pantalla -porque la Shakira verdadera se veía como una pequeñisima muñeca en otro continente-, qué estábamos haciendo anoche todas ahí. Por qué vamos a ver a nuestros artistas en vivo, qué tiene eso que lo hace tan especial. La respuesta, creo, se encuentra en el nombre mismo de la actividad: "en vivo". Hay algo en saber que uno está vivo y presente en el lugar donde su artista favorito está vivo y presente, en ese momento único en la historia de uno, del artista y de la humanidad, en que coincidieron en el mismo lugar, bajo la misma luna. ¿Cuáles son las probabilidades de que eso suceda? ¡Cuán aleatorio! Al igual que en el amor, es un azar que se siente como destino. Yo nací para este momento, fui creada para venir a escuchar hoy a Shakira. La experiencia del vivo -un recital, una obra de teatro o hasta un partido de fútbol- es única porque es, literalmente, irrepetible. Y tomar esa consciencia de momento único nos hace dar cuenta del tiempo, de la finitud. Y eso nos cambia.
Pero anoche yo percibía a mí artista preferida triste -algo que jamás hubiese podido percibir a través de la televisión-, y eso me acongojó. Quizás fue mi imaginación, muy probablemente sí. ¿Se habrá peleado con Piqué? ¿Estará mal por lo de su voz? ¿Qué le estará pasando? ¿Le traerá recuerdos Argentina sobre su vida con Antonito? ¿Estará asustada por el paso del tiempo? ¿Tendrá miedo a envejecer y dejar de ser la loba que es? Pero a medida que fueron pasando los temas, te encontré, te escuché. Emergió, como el rugido de una loba, toda la potencia de tu voz. Y yo grité, grité para que escuches mi aliento, porque eso es algo que también tiene el vivo: la sensación de comunicación, de que así como el artista impacta en uno, también el artista se va empapado de nuestra energía. Y lo único que puedo decirte es que te amo. Te amo por no darte nunca por vencida. Por estar una vez más acá cantando para nosotras. Por acompañarme desde los 12 años. Por ponerle música y letra a cada una de las experiencias de mi vida. Porque gritando tus canciones con mis amigas, exorcizamos todo. Porque me das fuerza para creer en mí misma, en que puedo llegar a donde quiero, en que puedo ser feliz. En que vale la pena seguir cantando y bailando siempre y a pesar de todo.
Sos tan simple y bella. Cuando sea grande, Shakira, quiero ser como vos. Ah, cierto, ya soy grande: bajo las alas de tus canciones, fui creciendo. Fuimos creciendo las dos.











