INTERROGANTES EN LA CRISIS

¿Para qué quería el macrismo llegar a la Casa Rosada?

El escenario es muy complicado, y lo insólito es que el Ejecutivo Nacional supone que si lo minimiza, la situación realmente mejorará, especulando que el panperonismo está desunido, que los componentes del antimacrismo están divididos y que no hay una figura o proyecto alternativo de reemplazo. Pero ¿está seguro Mauricio Macri que Cambiemos apuesta por su reelección? Es altamente probable que hayan comenzado a ocurrir cambios al respecto. Ya ni el FMI le cree a Macri, ¿no piensa el Presidente que esto lo está debilitando diariamente? Luego, señala Claudio Chiaruttini en su editorial dominical: "Tal como desde hace casi cuatro meses, la Casa Rosada deja en manos del Banco Central controlar la inflación, el drenaje de divisas y el ritmo de depreciación del peso. No funcionó los seis meses pasado. ¿Por qué va a funcionar ahora?".

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). El macrismo es fiel a su estilo, hasta en los peores momentos de una durísima crisis; lo que no es una frase halagadora ni una característica positiva que deba imitarse.

Al contrario, en medio de una corrida que ya entra en su 6to. mes, un proceso de creciente inflación con fuerte caída de la actividad y el consumo; con un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que quedó ligado a la aprobación de un Presupuesto que nadie conoce y que no tiene consenso ni apoyo para su aprobación en el Congreso por parte de los Gobernadores y las principales bancadas opositoras; siguen minimizando la gravísima situación, no comunican, no toman medidas, no ajustan, dejan al Banco Central que se haga cargo de la crisis, que sólo la atenúa, no la elimina; creando la sensación de un vacío de poder notable, que pone en riesgo la gobernabilidad, dada la tradición de Presidentes “fuertes” que ha tenido la Argentina en los últimos 80 años.

¿Para qué quería el macrismo llega a la Casa Rosada? Esa pregunta se hacen inversores, analistas y figuras políticas, sociales y gremiales al ver

> un Gobierno que no entiende que en una crisis económica de las dimensiones actuales se requiere de un ministro de Economía fuerte, de un plan que convenza, que enamore, que entusiasme;

> un Mandatario con definiciones contundentes, que sean verdaderas demostraciones de fuerza; y

> una acción política avasalladora para no darle espacio a la oposición que intenta obtener ventajas en medio de una crisis que ya se devoró lo poco o mucho bueno que haya hecho el macrismo en los 24 meses previos al inicio de la crisis de confianza.

Al contrario de lo que se necesita hoy, nadie tiene el control de las decisiones económicas. Hasta hace dos semanas, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui planteaban propuestas económicas, casi todas equivocadas, por cierto, pero simulaban ser ministros de Economía. Hoy, ni eso hay, dado que Marcos Peña no sabe de economía, Andrés Ibarra, quien es economista, hoy tiene a su cargo reordenar el desbrozado conjunto de ministerios; Nicolás Dujovne, según todas las fuentes, está más fuera que dentro del Gobierno; y Rogelio Frigerio intenta encaminar una negociación con los gobernadores que, luego de tres meses de idas y vueltas, no logra consensos, salvo que la Casa Rosada va a tener que compensar cada peso que se les quite en el texto del Presupuesto que se conocerá en pocas horas.

Es duro decirlo, pero es hora del sinceramiento: El Gobierno de Mauricio Macri nunca tuvo un Plan Económico. Al iniciar la gestión tuvo en claro que debía tomar algunas medidas (como eliminar los subsidios a las tarifas públicas, sacar o bajar las retenciones o impulsar inversiones en Vaca Muerta o en Energía Renovables) y solucionar algunos problemas heredados (como salir del default, cerrar los juicios con acreedores externos o empresas en el CIADI, sacar a Alejandra Gils Carbó de su cargo o desarmar los contratos de dólar futuro). Pero luego de ejecutadas gran parte de esa agenda, toda la tarea del macrismo fue de neto corte fiscal, es decir, fingir que se recortaban gastos o se achicaba el déficit fiscal, mientras se aumentaba la presión impositiva, luego de un 1er. año de bajarla... apenas.

Minimizar y enfrentar al “Círculo Rojo” aisló al Gobierno de Mauricio Macri de los factores de poder.

Su política de “comprar” paz social robusteció los colectivos sociales y grupos piqueteros, que con el amparo y bendición del papa Francisco, hoy se animan a crear una fuerza política propia que tiene como sus principales referentes al neomarxista Juan Grabois, al camionero Hugo Moyano y a la ex Mandataria, Cristina Fernández de Kirchner.

Todo financiado con el dinero proveniente de las retenciones a la soja, el blanqueo fiscal y el Impuesto a las Transacciones financieras. Ridículo.

Pese al derrumbe en las encuestas, la pérdida de intención de voto, el crecimiento electoral de la oposición y la derrota en la “Batalla Discursiva”, donde el “relato macrista” ya no es creíble; Jaime Durán Barba sigue teniendo poder, mantiene sus estrategias comunicaciones equivocadas e insiste con una discurso basada en la “buena onda”, las “buenas noticias” y la minimización de la crisis. Lo peor es que Mauricio Macri lo sigue obedeciendo y Marcos Peña lo apoya, casi religiosamente.

El discurso del Gobierno no trasmite seguridad, no genera confianza, no demuestra firmeza. Pero sobre todo, sus acciones van en contra de sus palabras. Van tres veces que se anuncian recorte de estructura estatal, reducción de sueldos oficiales, cese de contratación de empleados públicos, despidos de “ñoquis” o desaparición de ministerios, secretarias, subsecretarías, direcciones y coordinaciones. Sin embargo, tras cada anuncio, se conoce un decreto de aumento del Gasto Público, que por lo general, contiene más aumentos que reducciones de partidas, es decir, se crea más déficit fiscal. Parece una incoherencia planificada.

Este tipo de actuación tiene efectos: El Fondo Monetario Internacional no cree más en las palabras del Gobierno de Mauricio Macri y de sus enviados a Washington. Hace tres meses se firmó el acuerdo con el organismo internacional y ya se incumplieron las metas fijadas. Ahora, se tapa este desaguisado con un nuevo pedido, diferente, con montos de envío de dólares mayores, en menos tiempo. Pero en Washington no son tontos, tal como sí parecen creer en la Casa Rosada, y tomaron una medida durísima: No van a girar los US$ 3.000 millones comprometidos para Septiembre hasta que no se apruebe el Presupuesto 2019 y “se den muestras contundentes” de hacer un fuerte recorte en el rojo fiscal.

Desde hace dos meses, la Casa Rosada juega a los rumores cruzados.

Que hay acuerdo con el Fondo, pero no lo hay.

Que el Fondo deja al Banco Central usar dólares del préstamo negociado para desacelerar la depreciación del peso, pero Washington lo niega.

Que hay acuerdo con los Gobernadores, pero en las provincias lo dificultan.

Que el Presupuesto 2019 se va a aprobar rápidamente, a “libro cerrado”; pero en el Congreso dicen que van a dilatar los plazos hasta llegar a Diciembre.

La crisis inédita que vive hoy la Argentina se basa en la falta de credibilidad y confianza en el Gobierno de Mauricio Macri.

Pero como en la Administración minimizan todo, no entienden el problema y no le encuentran una solución.

Con “globos amarillos” ganaron una durísima elección presidencial al kirchnerismo y el peronismo unidos; con “globos amarillos” mantuvieron la imagen positiva y la intención de voto por dos años. Ahora, los “globos amarillos” no sirven. Ese discurso ya pasó. Es otra etapa, es otra realidad, otros problemas, otro electorado.

A fuerza de millones y millones de peso se mantiene la paz social, pese a los grandes piquetes que hemos visto las últimas semanas.

Sin embargo, la debilidad política que exhibe el Gobierno de Mauricio Macri sirve de “caldo de cultivo” para planes desestabilizadores, sueños de renuncias forzadas y fantasía de acceso al poder de los opositores.

Y, la verdad, es que son pocos los que defienden la gobernabilidad y el cumplimiento de los tiempos democráticos, en especial, para una Administración paralizada y que no atina a reaccionar.

El antikirchnerismo sumó radicales, peronistas, macristas, lilitos e independientes. Unos estaban asqueados de la corrupción kirchnerista. Otros temían convertirnos en Venezuela. Algunos tenían pánico por el desprecio por las formas democráticas del cristinismo. Unos más sufrían el avasallamiento a sus derechos o a sus libertadores. Por fin estaban los que no podían soportar cuatro años más de peronismo en el poder o sufrían la extensa recesión que había surgido en 2008 y, con ciertos repuntes, se mantenía en muchos sectores productivos. En pocas palabras, el antikirchnerismo era variopinto, unía a muchos grupos diferentes con un mismo fin: Que hubiera otro Gobierno y que no fuera panperonista.

Con el antimacrismo está sucediendo lo mismo. Se conforma de diversos que rechazan, odia o desprecian al Gobierno de Mauricio Macri, al macrismo, a “Cambiemos”, a los radicales y a Elisa Carrió. Las causas son diversas. Están los que fueron desplazados del poder y “la caja” en 2015, los que tiene espacios de poder que corren peligro de perder (como sindicalistas, intendentes, gobernadores, empresarios y periodistas), los que tienen causas judiciales que pueden cerrarse si alguna forma de peronismo llega al Gobierno, los que pierden con el “modelo macrista” (si es que existe un “modelo macrista”) y los que no tienen acceso a pauta publicitaria pública, entre muchos otros argumentos.

Hoy, el Gobierno de Mauricio Macri retiene el poder, no porque tenga apoyo popular ni porque estén haciendo las cosas bien y/o porque los grupos de poder quieran defender la reglas de vivir en democracia; en verdad, sólo impide que haya alguna intentona seria de “golpe institucional” que el panperonismo está desunido, que los componentes del antimacrismo están divididos y que no hay una figura o proyecto alternativo de reemplazo.

Raúl Ricardo Alfonsín tuvo que renunciar antes de tiempo por el salvaje internismo, que se “comió” el capital político del 1er. Presidente radical en más de 20 años y por carecer de una solución económica a la crisis del momento.

Fernando de la Rúa tuvo que renunciar antes de tiempo, de nuevo, por el salvajismo interno de la “Alianza”, por no acertar en la fórmula económica para salir de la Convertibilidad y por un vacío de poder manifiesto.

Mauricio Macri y sus asesores deberían aprender de la historia, dado que está repitiendo muchos de los errores y equivocaciones que tuvieron los radicales en 1989 y en 1999.

Tal como desde hace casi cuatro meses, la Casa Rosada deja en manos del Banco Central controlar la inflación, el drenaje de divisas y el ritmo de depreciación del peso. No funcionó los seis meses pasado. ¿Por qué va a funcionar ahora?

Sin apoyo del Poder Ejecutivo haciendo un ajuste serio, creíble y contundente del Gasto Público, nunca regresará la confianza. Tanto es así, que hoy ni el Fondo Monetario Internacional ni los decisores económicos creen que el macrismo cumpla con el Presupuesto 2019, cualesquiera sean las proyecciones o estimaciones que se realicen.

El macrismo desconcierta. Fueron elegidos con la misma fe que se hizo con Raúl Alfonsín o Carlos Saúl Menem, uno para que no vuelvan los militares, otro para que estabilice la economía; pero hoy, el macrismo está por debajo de las mínimas expectativas. Y, lo peor, es que no se dan cuenta.

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