Cuenta el periodista Marcelo Bonelli que cuando el empresario Nicolás Caputo propuso al embajador Ramón Puerta como posible ministro para facilitar una posible negociación con el llamado “peronismo racional” o más bien “peronismo no K”, Marcos Peña se opuso diciendo: “No llegamos hasta acá para ir a una negociación con la vieja política”.
SE PUEDE SER JOVEN Y SENIL
@marquitospena y la vieja política
Provoca frustración que la "nueva política" no ofrezca mejores resultados que la "vieja política". Además, menospreciar a libro cerrado la "vieja política" es negativo porque hay conceptos interesantes para evaluar. Por último, ¿qué es la "nueva política"? El tema merece esta reflexión:
Esta expresión lo retrata como un joven prematuramente senil en su funcionamiento cerebral, ya que el gobierno, cuya Jefatura de Gabinete de Ministros ejerce, viene recurriendo a las recetas usadas por la “vieja política” que, por otra parte, ya sabemos cómo terminaron.
Este joven viejo ni siquiera recuerda las experiencias vividas o muy bien expuestas en numerosos libros de economía que explican nuestra decadencia o atraso, según con el grado de optimismo o pesimismo que se las mire…
Pero la cosa no termina allí. Él intentó explicar las causas de la disparada cambiaria en hechos exteriores, le faltó decir “el mundo se nos cayó encima”, sin tener en cuenta que la sucesión de errores propios no forzados han sido y son consecuencia de la propia ineptitud.
Asi el Banco Central alimenta la corrida vendiendo dólares a última hora o durante todo el día en niveles exorbitantes para que baje su precio, con lo cual facilita su fuga algo que suena como increíble e imposible de explicar. A la vez, incrementa la tasa de interés para enfriar la economía en momento recesivos.
Eso nos muestra el alma de “trader” de Luis Caputo y la forma en que ve los problemas. Para "Toto", el Banco Central empieza y termina en su mesa de dinero y desde allí apuesta, sin tener en cuenta que en su actividad privada arriesgaba su dinero y el de sus clientes, pero en el Banco Central arriesga -y además pierde- con nuestro dinero. Una sutil diferencia.
Verdaderamente el problema del gobierno es su ineptitud que pretende
> convertir a la política en simple gestión,
> al gobierno en una suerte de dirección y
> a la gente como clientes a los que hay que satisfacer.
La política tiene que ver con el poder y gobernar es mandar. La gestión se relaciona con llevar adelante o realizar un proyecto.
En un país el gobierno debe tener vocación de mando, lo que incluye, en un segundo plano, la calidad de las diversas gestiones propias de la acción de gobernar.
La vocación de mando no debe entenderse en una perspectiva disciplinaria, sino más bien, tal como lo señala Andrés Malamud, como un modo de establecer ciertos valores sobre otros.
Unos valores podrían llamarse éticos o morales, tienen que ver con la diferencia entre lo que es bueno de lo malo.
Los otros valores que Malamud llama materiales, se refieren al modo de tratar a los bienes; por ejemplo,
> si los salarios deben tributar impuestos,
> qué bienes públicos debe garantizar el Estado y prestarlos sea como único oferente o bajo el principio de subsidiariedad,
> cuáles son los límites a la propiedad privada.
Ahora bien, otro dato que el gobierno, por medio de Marcos Peña, atribuye a la 'vieja política', tal como referíamos al inicio, tiene relación más bien con el modo de ejercer el mando que, en cierto modo, lo ven desde una perspectiva oligárquica, más que aristocrática, ya que hacen mérito más de la soberbia que de la sabiduría.
“Cambiemos” es una mera y frágil coalición electoral, partido del balotaje como lo llamó Ignacio Zuleta que, jamás llegó a consolidarse en una alianza política.
Las decisiones de gobierno se toman en ocultos consistorios con total prescindencia de sus “coaligados” que se suelen enterar por los diarios.
Creen en las soluciones únicas, tal como lo ratificó Nicolás Dujovne, el jueves 30/08, es decir viven convencidos de su fatal infalibilidad.
No hay peor necedad que negar la existencia de alternativas.
Cuestiones tan trascedentes como contraer deuda para financiar gastos corrientes fueron tomadas en absoluto secreto, bajo pretexto de un supuesto gradualismo y una mínima mayoría electoral de menos de 3 puntos porcentuales. También se presentó como hecho consumado el pedido de S.O.S. al FMI, sin ponderar la urticante sensibilidad, justificada o no, que tiene esa institución para la sociedad.
En definitiva: no se puede gobernar con los compañeritos de jardín de infantes del Presidente…!
Políticamente es un gobierno de impúberes.
Podríamos decir que dejamos la “vieja política” si se entendiera que hoy “mandar” significa persuadir; que el poder como atributo de la función de gobierno se genera por medio de la negociación. Diría que hoy día, la legitimidad de ejercicio se expresa a través de mostrar auténtica capacidad de negociación, virtud de la que carece mas allá de los acuerdos parlamentarios para la sanción de leyes propuestas por el Poder ejecutivo. Esos fueron acuerdos puntuales.
Este gobierno para su mal viene perdiendo también legitimidad de ejercicio, tal como lo muestra la más reciente encuesta dada a conocer por D’Alessio-Berensztein en la que el 41% considera que el dólar seguirá inestable hasta las elecciones de 2019 y un 33% de los votantes de “Cambiemos” considera al gobierno como responsable de la suba del precio del dólar o devaluación.
Es obvio que si esa tendencia se mantiene, su potencial de votos se reduciría a un 30 y pico por ciento de los obtenidos en el balotaje.
Por último, dada la horizontalidad de la sociedad hoy el arte de gobernar, tal como lo describió la ciencia política clásica, se ha convertido en el arte de la gobernanza que consiste en saber consensuar las decisiones y propuestas entre el gobierno propiamente dicho, la sociedad por medio de sus entidades sectoriales representativas o factores de poder explicados por Ferdinand de Lasalle que, parecería que ya no son los partidos políticos y el mercado y sus instituciones regulatorias.
Como dice la RAE, hoy gobernar es más bien “gobernarse”.
Esto es lo que marcaría en el lenguaje de Marcos Peña, la diferencia entre la "vieja política" y la "nueva política".
Estamos muy lejos, y la soberbia sin causa ya muestra signos de esclerosis en gente joven. Sus conductas son espasmódicas.
Muy grave.










