UN MERCADO DE SOLAS ADINERADAS

Turismo sexual femenino: Las europeas los prefieren negros

No son hombres: hablamos del turismo sexual femenino. Son mujeres de cierta edad, europeas casi en su totalidad, que organizan vacaciones eróticas buscando hacer realidad algunas de sus más tórridas fantasías sexuales con jóvenes, de países con dificultades económicas (Kenia, Senegal, Cuba), a los cuales les pagan, de forma explícita o explícita por la "gratificante" compañía, en lo que se conoce como turismo de romance.

Tan oculta es la prostitución masculina que los Ministerios de Igualdad de Género, a nivel mundial, no tienen idea de qué motivos impulsa su creación. Incluso es considerado un fenómeno marginal y, sobre todo, con un factor que, claramente le da matiz distinto a la prostitución femenina: no suele haber explotación.

Visto desde una perspectiva de género, El País, recoge que la prostitución masculina es entablada más de igual a igual, sin la violencia –explícita o implícita- que se da muchas veces en las relaciones de los hombres con las prostitutas. Es más, incluso existen caracteres románticos y sentimentales.

 "La relación [de los trabajadores del sexo] con sus clientes es más equilibrada, no hay diferencia de género. El chico decide cuándo, cómo y qué hace. No es una relación basada en el poder", explicó en 2010 el coordinador de la ONG Inclusión Social, Ramón Esteso, momento en el cual el tema era aún más tabú.

Sin embargo, años después de estas declaraciones, el negocio, pese a que no ha variado mucho en cuestiones de forma y fondo, sí lo ha hecho en expansión y conocimiento. Hoy ampliamente relacionados con el turismo sexual femenino, es decir mujeres que viajan a destinos turísticos en búsqueda de aventuras sexuales y afectivas.

Es frecuente que el turismo sexual femenino se dé en destinos turísticos que se ofertan como paquetes y que tapan importantes desigualdades sociales tras grandes complejos hoteleros en primera línea de playa. Las excursiones, las comidas y las fiestas están milimétricamente encajadas en los días señalados y muchos turistas tienen la sensación de no conocer lo auténtico. Detrás de estos paquetes hoteleros y en los márgenes de las excursiones, estos hombres se personan como guías en representación de esa autenticidad, pero cuyo rol está igualmente medido y comercializado desde las agencias. 

Además, con su expansión se ha masificado lo que se conoce como Turismo SOS (Sol, océano y Sexo), término que bien conocido por hombre y mujeres. Pero que proliferen las relaciones entre mujeres heterosexuales con cierto poder adquisitivo que podríamos denominar occidentales y hombres locales que explotan los estereotipos para conquistarlas sí es relativamente reciente o, por lo menos, tiene consecuencias que lo son.

Paraìso: Amor (trailer)

El hecho de que las mujeres tengan el rol de consumidoras de prostitución supone un giro en los estudios de género que identifican la prostitución como una cara más de la opresión patriarcal. Sin embargo, existen diferencias en la forma de consumirlo y en las resistencias con respecto a llamarlo como tal o incluso a entenderlo realmente como intercambio.

Según explica El Orden Mundial, el turismo sexual de las mujeres tiene, entre otras características, un fuerte componente racial unido a una idealización de lo considerado hipermasculino, pero desde una posición privilegiada en lo económico. 

En alguos casos, hay mujeres que visitan regularmente a ciertos hombres durante mucho tiempo, estableciendo verdaderas relaciones que las confunden mucho ya que, a la larga, crean una falsa ilusión de romance verdadero y terminan por sentirse utilizadas, cuando en realidad son ellas las que perten en la búsqueda de una experiencia amatoria que se originara en un contrato tácito de sexo a cambio de obsequios o dinero.

Diferencia entre prostitución masculina y femenina

El asunto de los límites -no solo en la cantidad, sino en las prácticas- es importante, y otra gran diferencia entre hombres, mujeres y transexuales que se dedican a la prostitución. 

Ya que la inmensa mayoría de “caballeros de compañía” que negocian con su cuerpo, se involucraron en este mundo de forma voluntaria, por lo que deciden más fácilmente qué hacen y qué no.

Por otro lado, este tipo de intercambios sexuales la mayoría de las veces no se hace de forma explícita. Lo que hace que frecuentemente se denomine turismo de romance y existan recelos con respecto a la idea de calificarlo como prostitución. 

Es más, no todos los encuentros son iguales ni tienen las mismas características; en muchos casos, la ausencia de roles establecidos o el desconocimiento llevan a situaciones ambiguas en las que los objetivos de ambas partes no están bien definidos.

Con la ampliación del perfil del turista sexual más allá del hombre heterosexual occidental, comienzan a unirse otros perfiles que abren una serie de interrogantes alrededor de qué es exactamente la prostitución y cómo se configuran las relaciones de poder en torno a encuentros en los que se mezclan el género, la clase social y la cultura.

Senegal: el paraíso sexual de las abuelas europeas

No obstante,  en otros países, como Senegal o Kenia, donde el turismo sexual se hace más explícito y pierde ese romanticismo, característico de países del sur de Europa, comienzan a surgir un debate de quién instrumentaliza a quién. En países con estas situaciones, las clientas de este tipo de servicios, suelen ser mayores, ricas y con sobrepeso, la mayoría proveniente de Alemania, Suiza, Europa del Este y Turquìa. 

Las importantes desigualdades económicas existentes en estos casos hacen que el debate sobre la libertad de elección en estos encuentros pierda consistencia y muchos hombres admitan sentirse víctimas de la situación tanto por la instrumentalización de sus cuerpos como por las repercusiones sociales en su entorno.