UNA SEMANA HISTÓRICA

Sonrisas en Beijing, rifirrafe en Quebec y el paraíso en Singapur

Sin considerar los acontecimientos europeos, que se complican cada día más para desesperación de la Zona Euro, y la suba renovada de la tasa de interés de USA, que apuesta por absorber capitales de todo el mundo, han ocurrido acontecimientos decisivos durante los últimos días, que atañen a USA, Rusia, China, Corea del Norte, Irán, la Ruta de la Seda, el G7, y la Comunidad Europea. Es inevitable que la ola expansiva llegue a América latina, y por lo tanto a la Argentina. El siguiente contenido resulta muy ilustrativo:

Pasé horas repasando materiales y analizando informaciones. Pugné por hacer una profunda y objetiva síntesis de todo lo leído y, finalmente, llegué a la conclusión de que todo lo sucedido, lo enormemente significativo sucedido en el mundo en la última semana, es imposible de condensar simplemente por el estudio de datos.

En esta semana el mundo ha cambiado. Mejor dicho, ha eclosionado. La secuencia de cambios cuantitativos que se venía dando en diferentes instancias, planos y posiciones, terminó por trascender a un nivel cualitativo superior. El resultado es la confirmación del mundo multipolar y el descenso del poder hegemónico unipolar que funcionó desde finales de la 2da. Guerra.

Como todo parto (y esta confirmación lo es) se trata de un hecho complejo, sucio y con un final que deberá ser armado y logrado por el propio fenómeno generado.

Este fenómeno es aún más difícil porque está compuesto por diversas vertientes, variantes y multiplicidades.

De todas formas, pese a estos reparos, esta semana trascenderá a la historia como el inicio de una nueva etapa en el desarrollo de la sociedad humana mundial. Su génesis está en la lucha antagónica entre una estructura que se sofoca por sus propios vicios y obsolescencias, y un conjunto concatenado de sucesos, de la más variada fisionomía pero con un denominador común: la objetiva necesidad de liberarse de un poder omnímodo que, para lograr su propia supervivencia ahoga y destruye todo intento de perfeccionamiento socio-económico, inclusive en sí mismo.

> China-Rusia, el primer hecho

La semana comenzó con la visita oficial del presidente ruso Vladímir Putin a China. Ha sido la Nº19 desde que asumiera el cargo por primera vez en 2000 y la Nº1 desde su flamante reelección por otro período de seis años. Su colega, el presidente chino Xí Jìnping, lo recibió nombrándolo su “querido y entrañable amigo”.

El resultado de esta visita ha sido calificado como histórico: en el paquete de acuerdos binacionales sobresalen los convenios para el desarrollo conjunto de la energía atómica, en base a novísimos reactores de neutrones rápidos que permitirán, en primera instancia, que China deje de ser una de las regiones más polucionantes del planeta y se libere de uno de los problemas ecológicos más serios: la contaminación aérea. Además, al reemplazar la dependencia carbonífera en la generación eléctrica por otros tipos de energía, sobre todo la nuclear, dejará de invertir el 6% de su PIB (según datos del Banco Mundial) en tareas descontaminantes.

Se refrendó un audaz programa cósmico conjunto, que prevé también la posibilidad de lograr el reemplazo de la actual Estación Espacial Internacional, cuando se concrete en 2025 el anunciado retiro de la participación norteamericana en el fantástico tren orbital. Como meta final se fija el armado de expediciones conjuntas a la Luna y a Marte. En su fase más “modesta”, ambos socios estratégicos planean la construcción de un avión de largo alcance y de un nuevo helicóptero pesado, como pasos puntuales para la pelea por el creciente mercado aéreo internacional.

El giro comercial ruso-chino en los primeros cinco meses del año superó en un 26,9% el período análogo del año pasado. El volumen general en estos primeros cinco meses superó los US$ 40.000 millones y se calcula que en todo el año alcanzará los US$ 100.000 millones. Vale la pena recordar que Rusia es el único gran proveedor a China de productos y servicios de destino militar.

Pero creo que lo más importante, lo trascendente de esta visita ha sido la tarea que, según el presidente del banco VTB (principal banco comercial ruso), Andréi Kostin, se ha planteado: “la desdolarización de la economía mundial”. Según reproduce “Finmarket”, “el dólar ya ha castigado a todo s –dijo Kostin-. Ha llegado la hora de comenzar a luchar con el dólar en escala mundial”. China, en tal sentido, ha propuesto “crear una divisa supranacional de reserva, no atada a ningún país, que conserve la estabilidad en una perspectiva a largo plazo”.

Se trata, pues, de uno de los pilares de este nuevo mundo multipolar a que hicimos referencia al principio de esta nota. Desde luego, la noticia ha sido mal recibida por Washington, considerándola como uno de los elementos básicos de lo que los grandes medios han dado en llamar “guerra comercial mundial”.

Es más, Washington intenta ejercer una presión política sobre Beijing, reclamándole “transformaciones estructurales en la economía de China” para terminar con el déficit de los EE.UU. (cerca de US$ 300.000 millones) en el comercio entre ambos países. El pasado 3 de junio el ministro de Dinanzas estadounidense, Steven Mnuchin, puntualizó que “no se trata sólo de aumentar los volúmenes de compra de artículos norteamericanos sino de cambios estructurales”.

La respuesta a estas pretensiones de Washington ha sido colectiva e impulsada por la consecuente y pertinaz política internacional de Moscú y Beijing. Se detalla a continuación.

> Eurasia, el segundo hecho

El objetivo de la diplomacia rusa y china es la consolidación de un “gran espacio euroasiático”. Esa es la clave de la consigna de Xi: “una franja, un camino” y de la flamante Unión Económica Euroasiática, propulsada por Putin.

La base práctica de este objetivo común es la Organización de Cooperación de Shanghai (OCSh). Calificado curiosamente como “un grupo que incluye a China, Rusia y estados de Asia Central” por ciertos medios locales, en realidad es visto por las potencias centrales como una pesadilla que crece y que amenaza con trasladar el centro mundial desde el Atlántico a Eurasia. Hacia allí, hacia Asia se desplaza además del centro de gravedad económico, el centro de gravedad político-militar. No hace falta citar estadísticas de fácil ubicación en internet.

Basta con recordar que, además de China y Rusia, en la OCSh se incluyen la India, Pakistán, Kazajstán, Tadzhikistán, Uzbekistán, Afganistán, Belarús, y varios países con status de observadores, como Irán, Mongolia, Bangla Desh, Siria, Egipto, Israel, Maldiva, Ucrania, Irak, Vietnam, Qatar, Azerbaidzhán, Armenia, Camboya, Nepal, Turquía y Shri Lanka.

En la semana pasada estos países se reunieron en la ciudad portuaria china de Qingdao, la cuna de Confucio y antigua colonia alemana. El hecho histórico fue la incorporación plena de la India y Pakistán, por primera vez asociados pese a sus conflictos fronterizos, y la presentación de Irán y Mongolia. La ampliación de las fronteras de la OCSh, concretada ahora a orillas del Mar Amarillo, en su límite más oriental, consolidó una zona de seguridad global y de libre comercio como un nuevo centro de este nuevo mundo multipolar.

En ese plano, se definieron las perspectivas de ampliación de los volúmenes de utilización de las divisas nacionales en la actividad comercial e inversora de los países miembros. La OCSh aprobó proyectos comunes para el desarrollo de las comunicaciones y el transporte en el espacio euroasiático, la construcción de centrales atómicas con tecnología rusa, china e india en los países miembros y el trazado de ductos para el trasporte de hidrocarburos desde Rusia, Kazajstán y Turkmenistán hasta China, la India y otros países del sudeste asiático.

También se analizaron los lineamientos de una política común de defensa y de lucha contra el narcotráfico. Ella incluye el establecimiento de fuerzas conjuntas en fronteras “calientes” como las que separan Afganistán de Tadzhikia, la modernización de equipos y el entrenamiento de fuerzas nacionales de seguridad y lucha contra el terrorismo y el narcotráfico.

Los países reafirmaron su solidaridad con Irán y reiteraron su defensa del Plan Conjunto Integral de Acciones con Teherán, referido al programa nuclear iraní y su aplicación pacífica, en oposición a la salida del mismo anunciada por Washington. “En lo que hace a los acuerdos nucleares –afirmó el presidente iraní Hasan Rohani- la salida ilegal de ellos por parte de los EE.UU. demanda ya un diálogo más serio e importante entre nuestros países”.

A propósito, un día antes de la declaración del presidente norteamericano Donald Trump, anunciando su retiro de esos acuerdos, un alto representante de la Casa Blanca le solicitó a Arabia Saudita contribuir a la estabilización del precio del petróleo en caso de su aumento ante posibles déficits originados por la interrupción de los suministros iraníes. En Riad y Moscú son los principales sostenedores de un programa de reducción de la extracción de crudo, para evitar el derrumbe de su precio y mantener estable el mercado.

La crisis del modelo unipolar del orden mundial quedó plenamente reflejada en el tercer hecho de la semana.

> La batalla de Quebec

La pintoresca localidad turística de La Malbaie, en Quebec, a orillas del río San Lorenzo, se convirtió en escenario de la que tal vez haya sido la última cumbre del “G-7” o, de ahora en más, “G-6 +1”... Eran 8 pero quedaron 6: de jure sin Rusia y de facto sin los EE.UU. En la cumbre más escandalosa de su historia, el grupo dejó estampada la solitaria imagen de Washington, otrora dueño y señor de la “compañía”, las encontradas posiciones de los componentes europeos: Alemania, Francia, Inglaterra e Italia, la desairada pose del Canadá y la cuasi ausente figura del Japón. Nunca antes el mutuo antagonismo europeo-norteamericano se había evidenciado tan público y evidente.

El establishment financiero y económico estadounidense, en todo caso identificado en sus figuras más advertidas como su actual presidente Donald Trump, sin duda había deducido las perspectivas de una acelerada desindustrialización y el aumento de las burbujas financieras. La “Gran Depresión-2” se estaba convirtiendo en una amenazadora realidad. Con ello, los EE.UU. descendían de posiciones de liderazgo, a las que retornar hubiese sido muy costoso.

Por eso Trump, este “exitoso promotor de negocios”, tal como lo define el Tje New York Times, inmerso como tal en el “sector real” de la economía, advierte la existencia de las tendencias negativas y procura romperlas. Lo hace en directa correspondencia con su programa preelectoral. Su tarea principal es dejar una economía dominada por las finanzas y regresar a una economía de la producción. Intuyó que, sin ocuparse directamente de la hegemonía del dólar, podía debilitar a cualquier competidor generando el caos en los mercados para luego presentarse como el salvador.

En este contexto fue su participación en la cumbre del “G-7”. Lanzó una desubicada propuesta de reingreso de Rusia al grupo, que provocó la airada reacción de todos los demás integrantes. Con ello logró enervarlos y dejar de lado la cortesía y amabilidad formal de ese tipo de reuniones. Luego afirmó: “¿Usted sabe? Gastamos cerca del 25% de nuestro tiempo hablando de Rusia. Pensé para mí si no hubiese sido mejor que ellos hubieran estado aquí”.

El atildado Dmitri Peskov, agudo secretario de prensa de Putin, aclaró que Rusia estaba absolutamente satisfecha con el formato del “G-20”, que con mayor plenitud refleja la distribución de fuerzas y otorga a Rusia máximas posibilidades para descubrir su potencial.

Trump dejó bien en claro que su objetivo era acometer contra una estructura comercial mundial a la que considera lesiva para los Estados Unidos. Por eso se opuso a incluir la frase habitual referida a preservar el “orden internacional basado en reglas” en la declaración final.

En twits previos (su modo preferido de comunicación), el mandatario estadounidense había señalado: “¡Cuando pierdes en el comercio casi US$ 800.000 millones al año no puedes permitir la derrota en una guerra comercial! Hay otros países que por años se enriquecieron a cuenta de los EE.UU., ¡es hora de ser más inteligente!”. Después de la cumbre canadiense, Trump declaró que en ella había propuesto crear una zona libre de gravámenes en el marco del grupo.

Su jefa de prensa, Sarah Elisabeth Huckabee Sanders, lo completó con una definición reveladora: “El Presidente se preocupa por los trabajadores estadounidenses y por el comercio estadounidense”.

A propósito de las barreras arancelarias que Washington dispuso para la importación de aluminio y acero de Canadá, México y la Unión Europea, la administración norteamericana anunció en vísperas del G-7 que se establecían otras restricciones a la importación, en lugar de las tarifas, para la Argentina, Australia, Corea del Sur y Brasil.

Es esta política proteccionista a ultranza que hizo que Trump tuviese ese comportamiento belicoso en la cumbre de Quebec pese a arriesgarse al aislamiento predicho por un amenazante Bruno Le Maire, ministro de Finanzas y Economía de Francia, que justificó ese aislamiento por la “política comercial que ejecuta la actual administración de los EE.UU.” Luego enfatizó: “¿Queremos ser vasallos que cumplen el dictado de los EE.UU. y se sujetan del elástico de sus calzones?”.

Trump se negó a reunirse en la cumbre con la primer ministro inglesa Theresa May debido a su mala relación con ella. “Sin ofender –lanzó- pero ella es casi una maestra primaria. No pienso que alguien tenga buenas relaciones con ella”…

También despreció observar la agenda de la reunión del G-7, llegó tarde al desayuno dedicado a la igualdad de géneros y ocupó su lugar sin saludar a nadie, y de una vez faltó a las deliberaciones sobre el ambiente y el cambio climático global.

Esta foto ha sido una elocuente imagen del clima vivido en la cumbre. La imbatible vocera de la cancillería rusa, María Zajárova, afirmó que “basta con ver la foto para saber qué ocurrió en la reunión”. El comentario de John Robert Bolton, asesor de seguridad nacional de Trump, fue más franco: “Ha sido simplemente otra cumbre del G-7 en la que los otros países esperaban que como siempre los EE.UU. serían su banco. El presidente lo ha expresado claramente hoy. Esto no ocurrirá nunca más”.

En vísperas de la cumbre tuvo lugar un significativo episodio: luego de tres días de reunión de los jefes de los departamentos financieros del G-7 no se logró consensuar una declaración conjunta. Esto alimenta los rumores que circularon por algunas cancillerías europeas que no participaron del encuentro: al finalizar el mismo y luego de que Trump se marchara intempestivamente, los restantes participantes se enzarzaron en una infernal discusión, con acusaciones e insultos mutuos…

Y aquí viene el cuarto hecho:

> Europa y la sinergia

El polaco Donald Tusk, presidente del Consejo de Europa, comentó: “es evidente que el Presidente norteamericano no acordó en cuanto al comercio, el cambio climático y los acuerdos nucleares con Irán. Sin embargo, lo que más me preocupa es que el orden internacional fundado en normas fue puesto en duda. Además en forma bastante inesperada: por su principal arquitecto y garante, los Estados Unidos”.

Pero lo que más exaspera a sus socios europeos es la costumbre de Trump de demostrarles la dependencia que Europa tiene de “las garantías norteamericanas de seguridad”, enrostrándoles groseramente la superioridad militar de su país, con lo que priva al Viejo Continente de una política internacional independiente. El esquema es el siguiente: la fuerza militar sirve para respaldar el status universal del dólar y el status universal del dólar le permite a Washington inyectar dinero a la economía y al presupuesto militar. Se trata de un “perpetuum mobile”, según la administración norteamericana, o de un círculo vicioso desde el punto de vista de todos los demás países.

«The Wall Street Journal» reveló que el Presidente le presentó un ultimatum a Ángela Merkel, conminándola a limitar a los suministros de gas ruso en favor de la provisión del más caro e inseguro gas norteamericano, a cambio de lo cual cesaría la guerra comercial con la UE. Por cierto, fue rechazado. Esto provocó la declaración del embajador estadounidense en Alemania, Richard A. Grenell, adelantando su intención de “respaldar y contribuir a promover las ideas que tengan un carácter antigubernamental”, amenazando así a Berlín con una “revolución de primavera” al estilo de lo ocurrido en Ucrania.

Emmanuel Makron incluso se quejó ante Vladímir Putin por las limitaciones a la soberanía europea impuestas por la “dependencia de la fuerza” de EE.UU., a lo que de inmediato recibió en respuesta una propuesta para asegurar esa soberanía con ayuda rusa. El Kremlin adujo que Rusia también es Europa…

Merkel coincidió con la propuesta del presidente francés para la creación de fuerzas expedicionarias que sostengan la política europea con la fuerza militar. Se trata de una idea de excepcional importancia, ya que no es un instrumento de autodefensa sino de política exterior, necesario para pretender el papel de uno de los centros en un mundo multipolar. Justin Pierre James Trudeau, primer ministro canadiense y furibundo contrincante de Trump, anunció como uno de los resultados de la cumbre del G-7 el acuerdo para crear un mecanismo de reacción rápida ante la acción de estados hostiles.

Es muy posible que los planes napoleónicos, más precisamente “makrónicos” de la UE provoquen un acceso de aguda irritación en Washington. En lugar de cumplir con la exigencia de Trump de pagar un tributo anual para mantener la OTAN (es decir el ejército norteamericano), Europa crea sus propias estructuras militares.

A la UE le faltan sólo dos elementos: un auténtico y poderoso “paraguas nuclear” y una permanente fuente de recursos energéticos. Esto significa que para cumplir con su objetivo el camino pasa por la privada de Vladímir Putin. Lo que exaspera más a Washington ya que esto lleva otra vez a la desdolarización y a ignorar la presión económica norteamericana sobre Rusia y China. Como que ya el Kremlin propuso utilizar el euro en lugar del dólar para las cuentas con la UE… ¡el “petroeuro”!... Es difícil sobrevaluar las consecuencias de semejante desarrollo de los acontecimientos. Una sinergia UE-Rusia-China a la que sin duda se sumarían los BRICS y la OCSh.

Y una significativa declaración, nada menos que de Jeffrey David Sachs, Si Europa no muestra ahora los dientes–le dijo a la alemana “Die Welt”- en adelante su opinión no será tomada en cuenta en la política internacional. Si ahora hace concesiones, los EE.UU. en el futuro comenzarán a imponerle permanentemente su voluntad”.

El cuadro es un bullente caldo de cultivo para el enfrentamiento entre los partidarios de la globalización y los proteccionistas. Pero este choque tiene diversas aristas: por un lado la globalización, sin duda liderada por los principales grupos económicos mundiales, impone la apertura irrestricta de los mercados y eso no les cae bien a esos grupos. Pero por el otro lado, si impulsan una política proteccionista (como la actual de Washington) corren el riesgo que el resto del mundo también la imponga, con lo que se generan grandes dificultades para las empresas que tienen sus intereses en otros países.

De todos modos, este intento “independentista” de la Vieja Europa se debe ver reflejado en la política interna de Washington, con miras a las elecciones intermedias de noviembre próximo. Si la actual conducta de Trump conlleva un aumento de la separación trasatlántica, no descartaría una primera frustración política interna del actual morador de la Casa Blanca.

Por lo demás, este cuadro aumenta los riesgos para una economía mundial jaqueada por la guerra comercial. Dice Christine Lagard, la “dueña” del FMI, que “la nube más grande y oscura sobre la economía mundial es el riesgo de ruptura de la confianza, provocado por los intentos de poner en duda los métodos de la gestión comercial, de las interacciones en la arena mundial y del trabajo de las organizaciones internacionales”.

Y el último y quinto hecho de la semana:

Dos líderes en el paraíso

Dos hombres testarudos y originales, uno de 34 años y el otro de 71, se pasean por la galería del hotel Capella, en la verde isla de Sentosa, antigua fortaleza brítánica en Singapur. No menos de 2.500 periodistas de todo el mundo tratan de ser testigos de este encuentro histórico, primero entre un Presidente de USA y un Presidente de Corea del Norte.

El líder norcoreano Kim Jong-un aterrizó en el aeropuerto singapureño de Changui antes que su colega norteamericano Donald Trump. Trajo consigo, además de su limusina blindada, su comida. La custodió una guardia presidencial de 100 hombres. Su avión, un IL-76 ruso modificado, sólo hizo el vuelo con el auto y la comida. Otro avión, de Air China, que volaba de Piongyang a Beijing, desvió su ruta hacia el sur, cambió su número de vuelo y condujo a Kim a Singapur.

El Air Force-1 deTrump aterrizó a las 8 de la noche en una cerrada base militar.

Por la mañana, ambos se reunieron en el Capella. Relata el The New York Times: “El Sr. Trump, actuando más como vendedor que como hombre de Estado, usó adulaciones e incluso un video promocional ingeniosamente elaborado para tratar de hacer que el líder norcoreano fuera un socio en paz. También le dio al Sr. Kim una concesión importante: no más simulacros militares entre los Estados Unidos y Corea del Sur, un cambio que sorprendió a Corea del Sur y al Pentágono”.

Fueron tres horas de reunión, más un almuerzo con pescado y carne de cerdo. Trump calificó a Kim como “divertido e inteligente” y Kim le mostró el respeto que, según las tradiciones coreanas, todo joven le debe a una persona mayor.

La declaración conjunta firmada al finalizar el encuentro fue todo lo ambigua que podía ser un primer documento suscripto por ambos gobiernos, luego de casi 70 años de hostilidad, muertes y amenazas. Se acordó la “desnuclearización completa” de la Península de Corea (incluyendo a Corea del Sur), sin precisar detalles de cómo se haría. No se mencionaron los misiles de Kim, aunque este ofreció desmantelar una planta de prueba de motores para dichos misiles.

Por su parte, Trump acordó suspender los ejercicios militares conjuntos con Seúl, a los que calificó como costosos e innecesariamente provocativos. Además, como buen promotor inmobiliario que es, le propuso a Kim explotar la estratégica ubicación de la península y sus magníficas playas para desarrollar hoteles y complejos turísticos.

Pese a la oferta de Kim de destruir las instalaciones de prueba nuclear, Trump adelantó que las sanciones se levantarían cuando las relaciones con Corea del Norte realmente mejoren. El Presidente estadounidense, fiel a su estilo de impronta y repentización, afirmó luego que “si tengo que decir que estoy sentado en un escenario con el presidente Kim y eso nos permite salvar 30 millones de vidas, podría ser más que eso, estoy dispuesto a sentarme en el escenario".

El joven líder norcoreano, a su vez, afirmó: “hemos llevado a cabo un encuentro histórico y resolvimos dejar atrás el pasado... El mundo se asombrará ante las transformaciones globales”.