EXIGENCIA DEL MERCADO

Cambiar o no cambiar: Horas decisivas de Mauricio Macri

Mauricio Macri ya conoce la exigencia de los agentes económico-financieros más prominentes: hay que ajustar el equipo económico y tener un plan de acción. Hasta ahora, el Presidente insiste en desconocer el pedido: ni cambios ni plan (al menos explícito). Pero muchos observan que la situación se complica a diario, más allá de que la Casa Rosada insista en que todo esto es previsible y superable. La cuestión es qué hará 'el mercado' si continúa la displicencia del Presidente de la Nación. Por ese motivo se avecinan horas decisivas, y esto surge de la lectura de la siguiente columna:

Nunca antes un Presidente de la Nación tuvo que afrontar la salida de US$ 4.343 millones en una semana.

Tampoco nunca antes un Presidente del Banco Central tuvo que vender US$ 4.343 millones den una semana (no estamos hablando de pagos al exterior, sino salidas voluntarias).

En consecuencia, es natural que haya nerviosismo y que se reclamen señales claras de la Casa Rosada, no simples frases hechas que intenten mostrar lo ocurrido en las últimas semanas como algo “normal”.

Recién la semana que viene sabremos si los más de US$ 5.000 millones vendidos en días pasados fue la salida de “capitales golondrinas” e inversores locales que desarmaron posiciones en Lebacs y cambiaron pesos por dólares para escapar del Impuesto a Renta Financiera, o es algo peor.

Recién la semana que viene sabremos si el BCRA mantendrá el actual nivel de la tasa de referencia.

Recién la semana que viene veremos si los operadores acompañan al BCRA o si consideran que la acumulación de distorsiones macroeconómicas existentes amerita dejar de invertir en la Argentina (aunque los más de $ 100.000 millones en Lebacs vendidos encontraron compradores interesados en una tasa de 33% en pesos).

Por estas causas, es necesario que haya claras señales políticas, económicas y cambiarias. Ya no es sólo un problema de comunicación, es un problema político y económico profundo de un Gobierno que se cansó de pegarse “balazos en el pie”, de cometer “errores no forzados”, de minimizas los problemas y de naturalizar las situaciones excepcionales.

Desde mediados de Diciembre, cuando la izquierda ganó la calle y persiguió a pedradas a las fuerzas de seguridad frente al Congreso, al tiempo que kirchneristas y massistas obligaba a levantar una sesión con quórum; todos los intentos de la Casa Rosada por recuperar la iniciativa, colocarse en el centro del ring y manejar la agenda, fracasaron en 4 días.

Desde el fallido tratamiento de la Reforma Previsional, que Mauricio Macri ha calificado como “la peor noche de su Gobierno”, ni el Jefe de Gabinete, Marcos Peña; ni el asesor ecuatoriano, Jaime Durán Barba, han acertado con la fórmula para contener la caída en las encuestas de imagen, que, como efecto secundario, ha impactado negativamente en la intención de voto para “Cambiemos” para las elecciones 2019.

Repetir la fórmula ya no sirve. Es hora de innovar. Sin embargo, el macrismo reitera su error y presenta en el Congreso una parte de la Reforma Laboral que incluye la baja en las indemnizaciones en caso de despidos, un argumento esencial para unir al panperonismo, a todo el gremialismo y a las fuerzas de izquierda contra la Casa Rosada. Es decir, en medio de una crisis de credibilidad, al Gobierno no se le ocurre más que sumar catalizadores para que crezca y se fortalezca el antimacrismo.

Pero la dimensiones de la debilidad y desconcierto que muestra el Gobierno de Mauricio Macri supera la venta masiva de dólares por fuga de “capitales golondrinas”. La crisis por el aumento de tarifas no pudo ser superada, pese a que la Casa Rosada prometió bajar impuestos de las boletas, dividir en cuotas los pagos y eliminar la tasa de interés, como se dijo en un principio. Es una que crisis lleva meses incubándose, tomando forma, ganando fuerza y desatando su poder destructivo sobre el macrismo. Sin embargo, Jaime Durán Barba fracasó en superar el tema.

Otra. El acuerdo que firmaron el Sindicato de Comercio, Carrefour Argentina y el Ministerio de Trabajo, que alguna “mente brillante” hizo que se realizara en la Quinta de Olivos, terminó con presiones de cadenas de supermercados y una multinacional alimenticia exigiendo los mismos beneficios. Consecuencia: se tuvo que cambiar lo pactado, estalló la interna dentro del gremio que conduce Armando Cavalieri y los franceses están revisando sus estudios para, quizás, desconocer lo firmado en la Residencia Presidencial y anunciar cierre masivos de sucursales y despidos de personal.

En el terreno de las finanzas, también cayó muy mal entre los operadores que se haya iniciado una nueva etapa de ingreso de demandas de holdouts en Nueva York. Muchos creían que era un tema cerrado, pero no es así, queda una infinidad de pequeños juicios que no aceptan lo acordado con los llamados “fondos buitres” y redoblan la apuesta. ¿Se le “escapó la tortuga” al ministro de Finanzas, Luis Caputo? Muchos creen que, al mejor estilo Marcos Peña, él minimizó el riesgo, pese a las advertencias de los abogados estadounidenses que llevan el caso. Otro “clavo para el cajón” de un funcionario que acumula hoy más críticas que felicitaciones.

Y en el flanco político, la decisión del Presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, de no ir por la reelección en su banca fue leído por todo el espectro político como una enorme pérdida para Mauricio Macri. Esa visión no es compartida por la cada vez más chica y debilitada “Mesa Chica”, dado que desde hace meses había dejado al ex armador peronista fuera de las “cumbres” donde se toman decisiones claves de gestión y sólo participaba de aquellos encuentros en donde se definía la agenda parlamentaria que le interesaba a la Casa Rosa, y a veces, ni eso.

En la comprensión del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, y su equipo, “Cambiemos” ganó las elecciones de 2015 y 2017 sin necesidad de hacer acuerdos o alianzas con peronistas, por lo cual, la “cuota” de peronismo que se aceptaba cerca del macrismo quedó limitada a Rogelio Frigerio, Cristian Ritondo, Diego Santilli y poco más. Y de todo ese grupo, sólo Emilio Monzó insistía con tener una “pata peronista” más importante.

No es casual que al conocerse la noticia de la virtual salida de Emilio Monzó del “núcleo duro” macrista, el interventor del Partido Nacional Justicialista, Luis Barrionuevo, lo invitara a volver al peronismo. El gastronómico no logra el apoyo de ninguna figura de peso en su intento de armado político y contar con el presidente de la Cámara de Diputados a su lado sería un éxito enorme, pero por ahora, sólo por ahora, no pudo ser.

Emilio Monzó también podría recalar en el “Peronismo Federal” que conduce el senador nacional Miguel Ángel Pichetto. Es cierto que el rionegrino se anotó un triunfo esta semana al recibir el apoyo del gobernador de Córdoba, Juan Carlos Schiaretti, pero le falta más fuerza a su intento de armado político, hoy circunscripto a un grupo de Legisladores peronistas y massistas; el tiempo corre en su contra.

Perder a Emilio Monzó, para la Casa Rosada, también puede implicar perder al presidente de la bancada del PRO en Diputados, Nicolás Massot; al viceministro de Interior, Obras Públicas y Viviendas, Sebastián García de Luca; y a los diputados provinciales Marcelo Daletto y Guillermo Bardón. No son muchos, pero todos son importantes vasos comunicantes entre los centros de decisión macrista y el peronismo dialoguista. Perder ese “llavero político” no reporta ganancias, salvo para el ego de Marcos Peña, un ego que ya le hizo cometer demasiados errores al Gobierno en estos meses.

Tal es la sensación de inseguridad, debilidad, conflicto interno e improvisación que emana el Gobierno de Mauricio Macri, tanto por fallas de comunicación como de acción política, que una supuesta “simple reunión de trabajo”, como se dijo desde la Jefatura de Gabinete, entre el Presidente de la Nación y el ministro de Energía y Minería; levantó serias especulaciones de renuncia de Juan José Aranguren.

Sin embargo, una sucesión de llamadas entre el mandatario y Federico Sturzenegger, casi no tuvieron repercusión en los medios, pese a que en esas conversaciones fue derribada la intervención que el vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, había impuesto sobre el BCRA.

Así, para que la Casa Rosada reconociera el error de haber lanzado la intervención del Banco Central y el haber acompañado la propuesta del massismo para establecer el Impuesto a la Renta Financiera, costó casi US$ 6.000 millones de reservas, lo que implica una salida de $120.000 millones de liquidez del mercado financiero. Todo esto para recaudar $4.000 millones anuales. Una verdadera locura.

Pero, al mismo tiempo, la intervención del BCRA frenó las colocaciones de deuda en moneda extrajera del Gobierno Nacional, hizo detener 5 IPOs (Initial Public Offering u oferta pública inicial de acciones)  y una docena de emisiones de bonos privados; hizo encarecer el riesgo país, obligó a subir la tasa de interés, lo que frenó el pedido y otorgamiento de créditos hipotecarios y le quitó impulso a la recuperación económica y productiva que se había comenzado a observar. Y todo esto era previsible.

Aún, por estas horas, el Gobierno de Mauricio Macri no reacciona. Jaime Durán Barba sigue mostrando encuestas favorables para el Presidente de la Nación y para “Cambiemos”, mientras que otras 10 (es cierto que muchas de ellas pagadas por kirchneristas, peronistas y empresarios antimacristas) confirman que hoy la imagen negativa del Mandatario y todos sus ministros es mayor que la imagen positiva, que la intención de voto a “Cambiemos” está en baja, esto pese a que ningún opositor capitaliza esta merma; y que el impacto negativo afectó al mayor puntal político que tiene hoy el Gobierno: María Eugenia Vidal.

Como bien señaló esta semana Marcelo Longobardi en uno de sus editoriales (y reseñó con justicia Jorge Fontevecchia en su propio editorial de ayer), “la Argentina tiene todas las distorsiones macroeconómicas posibles de modo simultáneo”: Déficit fiscal y de balanza comercial, alta inflación y presión fiscal, retraso tarifario y cambiario, altos costos y cataratas de subsidios. Todo eso lleva a una necesidad imperiosa de terminar con el “gradualismo” para tomar medidas de fondo.

La pésima imagen y baja credibilidad del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, va en contra de cualquier posible cambio de rumbo. La renuncia del secretario de Programación Económica, Sebastián Galiani, vació a esa cartera de la única pieza que le otorgaba algo de confianza al equipo económico. Por eso, el cambio de ministro y unificación de carteras ya no es un rumor, es una demanda de los operadores económicos y financieros. Por eso, este fin de semana largo servirá para saber si Mauricio Macri asume su rol de líder político, se anima a hacer cambios profundos o si será “comido” por el gradualismo. En el fondo, todo queda en sus manos.

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