DEBATE NECESARIO

Es explosivo usar la crisis energética como trofeo electoral en mercados volátiles

El debate tarifario no se encuentra cerrado. Todavía ni siquiera llegaron las facturas de gas con el incremento más reciente. La crisis energética local, en un contexto de volatilidad financiera internacional es un combo muy delicado, para manejarlo como un trofeo electoral, advierte Rafael Guerchanik, quien fue el generador de la discusión sobre el impacto en las tarifas del componente tributario.

Así como la alianza Cambiemos ha gestionado exitosamente las campañas electorales 2015 y 2017 al forzar la grieta política, hoy, ya en gestión de gobierno, ha quedado en una situación muy delicada que, de seguir insistiendo en potenciar esa fractura, tal como ocurrió en el Congreso de la Nación el miércoles 25/04, puede provocar una crisis financiera de mayores consecuencias. El mercado cambiario acaba de dar una seria advertencia.

El contexto internacional de volatilidad financiera, más la suba de la tasa de interés estadounidense, le provoca a un país tal como la Argentina, necesitado de financiación, en un escenario de incremento sensible del precio de los hidrocarburos, un incremento de la inflación. Deberá recordarse que el Ejecutivo Nacional acaba de desregular el precio doméstico para asimilarlo al precio internacional. Esta situación ubica a la Administración en un escenario de muy estrecho margen de maniobra.

Por el otro lado, hay una sociedad que, en su mayoría, viene perdiendo capacidad de compra, motivo por el cual le cuesta mucho afrontar la suma de aumentos permanentes en todos los rubros de su gasto: impuestos, combustibles, tarifas, expensas, peajes, etc. La estrategia gubernamental de contestar los reclamos por los aumentos de la electricidad hablando del aumento del gas, no logró desviar el tema en discusión.

La comunicación del Gobierno en este rubro ha sido muy contradictoria y, muchas veces, falaz. La mayoría de los países del G20 subsidian el precio final de la energía, según datos del FMI. Y la comparación del consumo energético argentino con el de países vecinos no productores (Uruguay) o escasos productores (Chile) tampoco coincide con la información que proporciona el Banco Mundial.

Por si faltara algo, el Gobierno no fue coherente en mostrar austeridad en el consumo energético y basta un ejemplo: la iluminación en la fachada de los edificios públicos. Otro ejemplo: nunca suspendió los espectáculos públicos nocturnos para provocar un explícito objetivo de ahorro de energía, tal como sí lo hicieron los países con crisis similares. Todo lo contrario: se incrementaron los espectáculo públicos nocturnos porque la tendencia coincidía con el discurso oficial de que la recesión quedó atrás y hay una mejora del consumo.

(Apostilla: Por si faltara algo para sostener la imagen de que no hay austeridad y reina el dispendio, la dirigencia política justificó, sin pudor, cobrar en efectivo sus pasajes y viáticos como legisladores. Y la ausencia de austeridad apareció en el menosprecio por el impacto del ajuste tarifario en los salarios).

En definitiva, la balanza comercial energética ha sido superavitaria hasta 2011. Los recientes años sí fue deficitaria en US$ 26.000 millones: la cifra provoca zozobra. 

Cuando se quiere asimilar el precio de los servicios públicos 2018 con lo que el que tenían en los años '90 sucede otra confusión notable. En los años '90 el precio de la nafta era equivalente a US$ 1 por litro, y hoy día se encuentra en US$ 1,5. En los '90, el parque automotor era de 5 millones de unidades, apenas una tercera parte del parque automotor 2018, había menos rutas bajo el sistema de concesión con cobro de peaje, era más sencillo conseguir estacionamiento en las calles y no se pagaba el VTV, el IVA era del 13%, teníamos TV gratis hasta que se popularizó la TV por cable. Y el uso del teléfono móvil no se había masificado.

Más diferencias entre los '90 y 2018: el impuesto a los bienes personales como sustituto del impuesto inmobiliario a valor fiscal tenía un mínimo imponible de US$ 100.000 cuando en 2018 el mínimo imponible es la mitad después de haber sido con los K US$ 20.000, pero ahora nos cobran ambos impuestos: inmobiliarios y Bienes Personales no a valor fiscal sino más cerca al valor de mercado.

En los '90, las expensas era un 10% de los alquileres cuando hoy pueden llegar a un equivalente al 50% Y el Alumbrado, Barrido y Limpieza ha aumentado un 2.000%, a pesar de las lamparitas led, motivo por lo cual el costo del alumbrado público debería haber bajado pero sabrá Horacio Rodríguez Larreta el motivo por el cual decidió que no descendiera. Al respecto, y para no dejar pasar hipocresías: sólo se puede exigir a las provincias que quiten de las facturas de servicios públicos ciertos cargos cuando el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires deje de mezclar el impuesto inmobiliario y la tasa de ABL. Es harto dudosa la validez tributaria de esa mezcla en la misma boleta de la Tasa Retributiva de los Servicios de ABL, Mantenimiento y Conservación de Sumideros (igual para todos) y el Impuesto Inmobiliario (progresivo y con alícuotas).

El Gobierno remite mensajes contradictorios de sus referentes: ¿deberá seguir aumentando las tarifas durante el año 2019 en más de un 50% sobre los aumentos por venir en 2018 o no lo hará? ¿Cesará los ajustes de tarifas en el año electoral porque los hizo en el ejercicio presente o no? ¿Resulta compatible o incompatible este nivel de gasto en servicios públicos con la capacidad financiera de la sociedad? Para colmo, en la política tarifaria el Presidente juega su credibilidad internacional a causa de los compromisos ya tomados.

Los interlocutores peronistas de la Administración, y también los socios radicales, insisten en que sería conveniente buscar financiamiento externo del BID y el Banco Mundial para una recuperación tarifaria más moderada y gradual. Sin embargo, no es la opción que eligió el Ejecutivo Nacional que considera que en 2019 podrá presentar un discurso basado en "lo peor ya pasó", y así reclamar gobernar hasta 2023.

La puja transcurre dentro de Cambiemos acerca de si es hora o no de silenciar las voces de quienes ganan profundizando la grieta para recordarles que en los días K ocurrieron fallos judiciales que frenaron aumentos tarifarios, motivo por el cual la Administración CFK terminó instalando un dudoso concepto de incremento voluntario del pago de tarifas.

El Ejecutivo Nacional está exponiéndose a que la Justicia imponga su propia lógica a la política tarifaria, cuando es un extremo que podría evitarse, en especial por la incertidumbre que supone para las propias empresas concesionarias, en un mercado financiero que comienza a complicarse.

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