AY 'PANCHO' CABRERA

Brotes Verdes, la gran germinación nacional

“Las inversiones no llegan por falta de competitividad” dijo el ministro Francisco Cabrera. Luego él agregó: “Se está trabajando fuertemente en la reducción de los costos locales”. Sin embargo hay muchas dudas acerca de la efectividad de la estrategia gubernamental para cumplir el objetivo.

¿Recuerda Usted que cuando éramos chicos en el colegio tarde o temprano nos tocaba hacer el experimento de la germinación del poroto?

Prolijamente, tomábamos un vaso, un papel absorbente, algodón y por supuesto el inefable poroto y una vez armado el “set germinador” sólo era cuestión de ver día tras día en que momento la blanca semilla comenzaba a hincharse hasta explotar para dar paso a un verdadero brote verde que devendría a la postre en una verdadera “fábrica de nuevos porotos”.

Pero no todo era cuestión de paciencia, había que proteger el experimento contra el frio, el calor, la falta de agua o el exceso de la misma y hasta incluso del accionar de nuestras madres o hermanos mayores que molestos por el feo aroma que a veces desprendía el vaso, lo arrojaban al cesto de la basura poniendo en riesgo nuestra performance escolar y rompiendo nuestra ilusión.

Bastante más grandecitos, aquí estamos una vez más Usted, yo y tantos otros ansiosos como aquellos niños que éramos a la espera de la gran germinación nacional que nos permita ver los tan mentados “brotes verdes” del crecimiento económico. Esta vez no miramos el vaso desde afuera sino que estamos todos dentro del mismo y no precisamente entre algodones sino lidiando con una realidad que se las trae.

Hace alguna horas el ministro de la Producción, Francisco Cabrera, admitió ante un grupo de importantes empresarios internacionales: “Las inversiones no llegan por falta de competitividad” aseguró el funcionario que “se está trabajando fuertemente en la reducción de los costos locales”.

Suena lógico. Asumiendo que la humanidad no está empeñada en apostar por nosotros a cualquier costo, es bueno que entendamos que muchos porotos germinarán si y solo sí somos capaces de asegurar condiciones medianamente satisfactorias para aquellos que se animen a desembarcar con sus inversiones por estas latitudes.

Pero… (siempre hay un pero) volviendo a la comparación botánica inicial, la ecuación económica es una y solo una de las variables que un inversor medianamente sensato considera a la hora de decidir si se instala con sus petates en la Reina del Plata o lo hace más al norte, al este o al oeste.

Veamos: muy firme arrancó el gobierno en el tema de la reducción de costos internos. Convencido que había que arrancar por una punta, centró su mira en los costos portuarios ya que con buen criterio sostuvo que los puertos son la “puerta” de entrada y salida del comercio exterior y que allí radicaba una de las mayores trabas a la competitividad de la marca “Argentina”.

Y arremetió con todo, intervino con ayuda de la justicia, al principal gremio marítimo del país, rompió con el “pool” de algunos grupos navieros locales, promovió la baja de algunos convenios colectivos en el sector, elevó a los altares a sindicalistas hoy sospechados de negocios tan turbios como los que llevaron al legendario “Caballo” Omar Suárez a la cárcel y hasta colaboró en la media sanción de una ley para el fomento de la actividad marítima nacional la que pasó el filtro del Senado por unanimidad.

Lamentablemente en su entusiasmo, los funcionarios responsables de la tarea pasaron por alto leyes que hacen a pavadas tales como la soberanía nacional, la ley de la competencia, la libertad sindical y algunas otras. En este momento todas y cada una las medidas adoptadas en este sentido están recurridas en distintas instancias judiciales en varios fueros y las pocas rebajas obtenidas solo han beneficiado a las empresas británicas que importan el gas que consumimos en casa, siendo que ni un peso de esa rebaja ha llegado a nuestros castigados bolsillos.

No fue mala fe, tal vez si se trató de esa mala costumbre argentina, de no escuchar a quienes a veces tienen algo para decir. Al margen de ello y para cerrar el ejemplo, la tremenda carga impositiva que sufre toda la actividad portuaria, fluvial y marítima del país y que obviamente solo el estado puede reducir, deja a la misma fuera de todo viso de competitividad frente al resto de la región, y eso es algo que solo se puede corregir desde la política.

Para colmo de males, esa “panacea” generosamente votada por el Senado Nacional, llegó a manos de las autoridades económicas que terminaron bajándole el pulgar antes que los diputados pudieran terminaran de gestarla y transformarla efectivamente en ley de aplicación efectiva.

Las otras variables de la germinación:

> Dejando de lado la parte estrictamente numérica del asunto, Usted sabe bien querido amigo que hay otras “cosillas” de nuestro devenir cotidiano que el mundo mira con mucho detalle.

> Nuestra seguridad jurídica está en ese aspecto, en el podio de la atención internacional. Somos aquellos que legislamos sobre la “intangibilidad de los depósitos” segundos antes de que el Estado Nacional se los apropie.

> Somos estos que tuvimos que salir corriendo a sancionar una ley que determina como interpretar otra ley que estaba derogada hacía muchos años y somos los mismos que por una ley provincial promulgada en la ciudad de La Plata determinamos el número exacto de 30.000 desaparecidos durante el gobierno militar de los '70, aunque en esa misma ciudad no puede llegar a saberse cuanta gente falleció en una inundación hace 4 años.

> Somos también el país en el que la principal aliada de la coalición gobernante, carga contra el Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación al mismo tiempo que contra el Presidente de un club de futbol y contra la vice jefa de la Agencia Federal de Inteligencia, a quien acusa de espiarla aunque exima de tal responsabilidad al jefe de la acusada.

> Somos ese país que ve por televisión como en el país vecino, la Policía Federal investiga ministros en funciones y hasta al propio Presidente, mientras que aquí cualquier “ungido” por el voto popular en algo un poco más grande que un consorcio, goza de “fueros” que lo alejan bastante del no tan largo brazo de la justicia.

País generoso y de buena voluntad en el que desde la compra de trenes, la construcción del túnel por el que han de circular, las facturas por servicios públicos y hasta el correo que nos las lleva hasta la buzón, son procesos sospechados de alguna cosa turbia sobre la que difícilmente alguna vez se clarifique algo.

País maravilloso a pesar de nosotros mismos, de eso no cabe duda alguna, pero con algunos severos problemas que atentan drásticamente contra la gran “germinación nacional” que tanto necesitamos.

Ahora… ¿por donde seguimos? No nos podemos dar el lujo que el experimento nos salga mal y mucho menos que un fuerte olor a podrido haga que el mundo descarte el vaso, no se olvide que estamos todos adentro.

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