FESTIVAL DE IRREGULARIDADES

En Rosario no sólo explotó una caldera: la efedrina de Apolo

La explosión de una caldera en Laboratorio Apolo, en Alem al 2900, en Rosario (Santa Fe), ha conmocionado a la opinión pública de la ciudad, difícil de sorprender o impresionar. Y puso en escena a Jorge Manuel Salinas, un oscuro empresario de Ciudad de Buenos Aires que comenzó a operar en la planta el 03/11/2005: con él, Apolo pasó de producir más de 1,5 millón de unidades de suero mensuales, a rozar la quiebra. Luego del siniestro, municipio y provincia no consiguen precisar quién es el propietario de la empresa que operaba efedrina.

La caldera del laboratorio Apolo que explotó el lunes 27/06 en Alem al 2900 fue por “acumulación de vapor”, de acuerdo al peritaje que realizaron los Bomberos Zapadores de la ciudad de Rosario (Santa Fe).

Sebastián Carranza, vocero de la fiscalía, dijo que se secuestraron 6 cámaras de seguridad interna que “pueden mostrar los momentos anteriores al hecho. Son muchas horas de filmación, porque hay que verlas en tiempo real, y eso va a llevar algún tiempo”.

La habilitación del Laboratorio Apolo provocó polémica en el Concejo Deliberante rosarino. El socialismo gobernante aseguró que contaba con habilitación desde 1998, y que en esa época se otorgaba la certificación sin fecha de caducidad. Sin embargo, la concejala del Partido del Progreso Social, Fernanda Gigliani, dijo que las habilitaciones deben renovarse cada lustro. Además, sostuvo que desde 2012 una ordenanza prohibe ese tipo de actividad en ese sector de la ciudad.

El subsecretario de Control y Convivencia municipal, Guillermo Turrín, reconoció la habilitación para funcionar desde 1998, y que en la actualidad estaban tramitando la “renovación”.

Impacta el relato acerca del Laboratorio Apolo: "(...) Basta con pedir un Veraz para descubrir que hasta SGI Argentina SA, conocida como 'La Rosadita', por las filmaciones con el hijo de Lázaro Báez contando dólares en esas oficinas de Puerto Madero, le pidió judicialmente la quiebra en noviembre de 2012.

Aún así, en abril pasado logró la autorización para operar con un insumo sensible al narcotráfico, como lo es la efedrina. (...)".

Según fuentes consultadas por el diario rosarino La Capital, a partir del 03/11/2005 el presidente de Laboratorio Apolo SA es Gustavo Daniel Molina, quien figura también como titular de Santa María Victoria SA, desde el 15/04/2009.

En Santa María Victoria, Molina ingresó en reemplazo de María del Carmen Puccini, y también asumió como directora suplente Victoria Jorgelina Salinas, con domicilio especial en el edificio de Tacuarí 677 de la ciudad de Buenos Aires, la misma dirección declarada en otros documentos por Jorge SalinasVictoria Jorgelina integra la empresa desde la creación de la sociedad, el 31/08/2006.

Según consultas al sitio web de la Afip y ANSeS, Molina fue, al menos entre julio de 2014 y mayo de 2016, empleado de Rigecin Labs SA. Y se encuentra afiliado a la obra social del Personal Superior de Mercedes Benz Argentina: fuentes que lo conocen apuntaron que manejaría una concesionaria de vehículos de alta gama, entre cuyos clientes figuraría Salinas.

Molina también tiene una colección de cheques rechazados desde marzo de 2012: 436, por un total, a junio de 2016, de $9 millones.

En el Boletín Oficial de Santa Fe figura, desde noviembre de 2005, Juan Manuel Georgiadi como director suplente de Apolo, ex presidente de Rigecin Lab. Jorge Salinas fue director del mismo laboratorio hasta noviembre de 2009.

Antes de que Salinas dejara su cargo de director de Rigecin, se allanaron, por pedido de la Justicia en lo Penal Tributario, 18 grandes empresas, investigando el presunto uso de comprobantes apócrifos para evadir el pago de IVA y Ganancias. Se apuntó a Rigecin como el origen de la documentación.

El 04/01/2010, Clarín publicó una denuncia de la por entonces ministra de Salud de la Nación, Graciela Ocaña, por estar "probados claramente" los cargos de corrupción contra Rubén Romano, quien fue procesado junto a otros 5 empresarios por desviar $21 millones del Pami. Entre ellos, Jorge Manuel Salinas.

Ocaña, quien fue interventora de la obra social de los jubilados, reveló que entre el 2000 y el 2005, un grupo de empresarios de la salud desvió más de $21 millones a través de "procedimientos de pago no transparentes". Esto fue ratificado por el juez federal Octavio Aráoz de la Madrid, quien procesó a 5 empresarios, entre ellos a Jorge Manuel Salinas, por el delito de fraude al Estado, en una causa vinculada a la de "la mafia de los medicamentos", que estuvo a cargo de Norberto Oyarbide.

Casi en paralelo se produjo la clausura del laboratorio que operaba en Paraguay. Y el fin del período de expansión económica, incluso en Bolivia.

El 11/12/2012 se solicitó la quiebra de la firma Apolo. El 22/05/2013 se sumó otro pedido, según el Registro Público de Comercio en Rosario.

El día que explotó la caldera, la juez emplazaba a Apolo a saldar las deudas con sus acreedores, dentro de 5 días hábiles.

Sin embargo, en abril 2016 Laboratorios Apolo había sido autorizado por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) a producir efedrina.

La empresa había manifestado el extravío del certificado que lo avalaba a tal fin y es por eso que tramitó uno nuevo.

Bajo la disposición Nº 3.774 publicada en el Boletín Oficial del organismo el 13/04/2016, el organismo nacional extendió entonces un nuevo certificado actualizado de inscripción en el Registro de Especialidades Medicinales.

El aval lo habilitó a producir la especialidad medicinal denominada Efedrina Apolo y Efedrina Sulfato, bajo la forma farmacéutica de solución inyectable. Dos meses después, todo voló por los aires.

La concejal Fernanda Gigliani, sumó otro argumento para cuestionar el funcionamiento de ese establecimiento: "El laboratorio Apolo se define como industria categoría 3, pero con la modificación del segundo anillo perimetral se cambiaron las normativas urbanísticas, que establecen que ahí no se puede instalar ese tipo de industria. Es un uso no admitido para ese sector”.

Muy recomendable la investigación del diario La Capital, de Rosario:

"A Norberto Petruzzelli no se lo veía cómodo en cámara. Era noviembre de 2012 y el hombre se presentaba como encargado de la planta de Laboratorio Apolo. La fábrica de medicamentos estaba paralizada desde hacía 8 meses por un conflicto laboral y en medio de una investigación por la venta de sueros supuestamente apócrifos. Sin embargo, el hombre, de estricto saco y corbata, anunciaba que el laboratorio volvería a producir en 20 días. En medio de micrófonos y periodistas, una pregunta lo sorprendió: "¿Nos podría decir quién es el real dueño del Laboratorio Apolo?", inquirió el cronista de Canal 5. Petruzelli hizo un silencio. "El real dueño del Laboratorio Apolo sigue siendo el señor Jorge Salinas", dijo después.

Por esos días, a Jorge Manuel Salinas se lo veía poco por Rosario. Ya había dejado de asistir a las audiencias en los Tribunales provinciales por los problemas de su empresa, ni se paseaba manejando los Audi A2, A5, A6 ni la camioneta Hammer que le gustaba ostentar frente a sus empleados, ni viajaba a Paraguay con tanta frecuencia.

Salinas estuvo al frente de Laboratorio Apolo desde 2005, cuando la empresa fundada por Antonio, Rafael y Francisco Iudica empezaba a transitar un concurso de acreedores. Según advirtieron antiguos empleados, no es que la firma fuera deficiente; sino que "padeció los típicos problemas de una pyme familiar".

Por entonces, el fuerte de la empresa era la fabricación de sueros y Salinas tenía experiencia en el negocio. Participaba del laboratorio porteño Rigecin, también especializado en la fabricación de sueros. Con ambas empresas copaba el 60 por ciento del mercado nacional. Bajo la conducción de Salinas, Apolo llegó a tener 120 empleados.

Lujos excéntricos

Fueron tiempos dorados. "Salinas repartía su tiempo entre Rosario y Buenos Aires. Cada semana venía con un auto distinto. Chatas Porsche, Audis A2, A5 y A 6 hasta un día llegó en una Hammer que estacionó en la puerta del laboratorio", recuerdan empleados de esa época, que por esos días apodaban a su jefe como "el Leo Mattioli rubio", por su gusto por los anillos y pulseras de oro, entre otras debilidades.

Por entonces Salinas había emprendido una jugada peligrosa: había comprado un laboratorio en Paraguay donde producía sueros con las marcas Apolo y Rigecin. "Era completamente ilegal, pero le permitía ahorrar costos", contaron personas conocedoras del negocio, que recordaron también que en esa temporada los viajes entre Rosario, Buenos Aires y Paraguay eran frecuentes y Salinas se movía en un jet privado.

Sus laboratorios comenzaban a hacerse también más conocidos. Apolo esponsoreaba carreras de autos y Rigecin hacía lo propio con los equipos de rugby de Ateneo Don Bosco. Una nota del 25 de noviembre de 2009 del sitio web Deportes de Quilmes, da cuenta de la presentación de las nuevas camisetas del equipo en un bar de la ribera quilmeña. "Las camisetas fueron presentadas por modelos para que todos los presentes puedan apreciar el diseño y disposición de los nuevos estampados", señala la publicación y destaca que "la ceremonia tuvo como principales oradores al presidente del club, Rodolfo Brezzo, y al director del laboratorio, Jorge Salinas".

Tropiezos

Sin embargo, el hombre empezó a cometer errores. En octubre de 2009, la Justicia en lo Penal Tributario ordenó 18 allanamientos en grandes compañías, en el marco de una causa que investigaba el presunto uso de una usina de facturas truchas para evadir impuestos. En el centro de esa investigación desarrollada por el juez Javier López Biscayart estaba Rigecin.

En enero de 2010 un empleado del Pami y cinco empresarios fueron procesados por desviar 21 millones de pesos del Pami. Uno de los procesados fue Salinas.

Sin embargo, lo que varios de sus ex empleados juzgaron como "la peor jugada" llegó a fines de ese año, cuando la justicia paraguaya cerró el laboratorio que había montado muy cerca de Asunción, en el marco de una investigación sobre una supuesta venta irregular de suero.

Según recuerdan, "todo eso repercutió en Apolo, a tal punto que un día el director técnico del laboratorio nos dijo que lo iban a cerrar diez días por tareas de mantenimiento, pero cuando volvimos encontramos que la planta había sido abandonada".

Allí comenzó una lucha que llevó casi dos años, en las cuales un grupo de empleados intentó sin éxito conformarse como cooperativa para producir sueros parenterales de pequeño y gran volumen. Un estudio de factibilidad económica del emprendimiento mostraba que podrían "obtener 4,5 millones mensuales de ganancia pura".

En noviembre de 2012 Norberto Petruzzelli anunciaba por televisión la reapertura de la planta en 20 días. El proceso llevó un poco más de tiempo y demandó la aparición de nuevos actores que compraron parte de las acciones de Salinas.

Finalmente, a fines del año pasado, el laboratorio retomó su producción. Fue sólo por algunos meses. El lunes pasado, todo voló por los aires.

La última directora y los lazos con agrupaciones políticas kirchneristas

La última presidenta de Laboratorio Apolo que se presentó a los requerimientos oficiales fue Marcela Vozza. Lo hizo en enero de 2015 y, como otras personas que integran esta empresa, no goza de una buena salud financiera. Curiosamente, aparece domiciliada en un edificio de ladrillo visto, que está ubicado a la vuelta de la cancha de Ferrocarril Oeste, en Yerbal 1201, Caballito (Buenos Aires). En el mismo piso (el quinto) que Ariel García Furfaro, quien fue sindicado por fuentes consultadas como "accionista" de Laboratorio Apolo.
   
García Furfaro es un personaje que apareció en los medios por poner una verdulería asociada a la agrupación política que lidera la actual gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner: Kolina. También tiene vínculos con el ex gobernador bonaerense, Daniel Scioli, ya que es abogado del Museo Nacional Justicialista, un proyecto impulsado por el ex motonauta.
   
García Furfaro tiene además otras marcas registradas, todas con nombres simbólicos como Americanito, El Político y La Esquina de Perón y Evita. Y armó el sindicato de presos.
   
También es socio de Droguería ABC 1 SA, donde Ariel Fernando García es el presidente. En esa firma, Diego Hernán García es el director suplente. Este último hombre también vive en el edificio de Yerbal 1201, pero en el 9º B. Furfaro está en el "5º A".
   
Las droguerías son un paso obligatorio entre los laboratorios y las farmacias y hospitales. La Droguería Alem, que había sido domiciliada en el depósito de Laboratorio Apolo, en Amenábar 443, fue dada de baja.
   
Según fuentes cercanas a la operatoria del Laboratorio Apolo, García Furfaro llegó junto con Nelson Donato —asesor de Alicia Kirchner y familiar de una autoridad en el Anmat— para "articular" con otros jugadores rosarinos una viabilidad al laboratorio y asegurar la continuidad de las fuentes de trabajo. Se venía el año electoral. La opción que había aparecido como empresa recuperada no prosperó, producto de la desconfianza que provocó la continuidad de algunos actores desde las sombras.
   
Además de Vozza, en el Laboratorio Apolo desembarcó como director técnico farmacéutico Juan Carlos Rádice, quien fue titular hasta fines de 2014 del fondo de comercio de la Farmacia Suiza, de Sarmiento al 800. El dueño de esa farmacia, José Antonio Iborra, fue procesado junto a su hijo como instigador de violentas amenazas (una de ellas derivó en el crimen de un policía en el macrocentro) en el marco de la denominada mafia de los medicamentos
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