UNA HISTORIA TURBIA

Hay un bolonqui entre Venezuela e Irán...

Es una historia que no podía concluir de otra manera... 3 fábricas de viviendas, salto al cerco cambiario de USA a Irán, sospechas de estafa en Venezuela...

Por Joseph Poliszuk
 
CARACAS (El Universal). En la empresa iraní Tarasaze Tabriz aseguran que las tres fábricas de viviendas que se comprometieron a levantar en el territorio nacional están listas para producir 60.000 casas al año. Si bien las máquinas están paradas, dicen que fueron entregadas al Gobierno hace ya nueve meses.
 
Todo está listo para que sus plantas empiecen a producir las paredes y los techos de una serie de viviendas prefabricadas a las que no queda más que armar como lego. Eso dicen, y frente a quienes ponen en duda su trabajo, agregan, garantizan y reiteran que terminaron todo y sin ningún tipo de refuerzos o tecnología de otra parte del mundo.
 
Hace dos semanas que otra empresa extranjera los acusó de haber pagado dos veces las máquinas que el Gobierno nacional les encargó para construir tres líneas de producción de viviendas en los estados Cojedes, Monagas y Zulia. "Una empresa de maletín terminó vendiéndoles chatarra", lamentó el abogado Tony Tovar en nombre de los canadienses de la firma Novatech, que desde hace días han venido señalándolos de hacer y deshacer ilegalmente un contrato en el que hay fondos públicos de por medio. Pero a contracorriente de esos y otros señalamientos, en Tarasazeh Tabriz responden que se trata de un problema personal.
 
Lejos de encargar máquinas en Canadá y de firmar contratos en Belice o cualquier otra parte del mundo, dicen que esta historia está llena de estafas e intrigas entre socios que no terminaron de cumplir un trato que buscaba enviar parte de los más de 14 millones de dólares presupuestados por el Gobierno, a través de una ruta Caracas-Teherán que debía hacer escala en una cuenta bancaria de Canadá.
 
"A mí me estafaron", afirma el abogado iraní Hamid Fazel, al frente de la contratista Tarasazeh Tabriz. "El dinero que debían transferirme a Irán se lo quedaron y no lo devolvieron".
 
Si bien es cierto que él mismo pidió al Ministerio para Industrias -a través de su Corporación de Industrias Intermedias de Venezuela- que abonara 2,8 millones de dólares a la canadiense Novatech, ahora señala que no fue más que una operación para triangular el dinero: "Era una forma de repatriar el capital a Irán".
 
"No se puede enviar ningún dólar directamente a Irán desde que está bajo el bloqueo de Estados Unidos", recuerda. "Hay unos intermediarios que hacen este trabajo desde Canadá o el propio Estados Unidos con comisiones de 10% a 15%; son empresas fantasma que transfieren dinero y en este caso no se trataba de una proveedora de máquinas, sino de una de esas empresas fantasma a la que le iba a quedar una ganancia de 300.000 dólares".
 
Un periplo internacional 
 
Hamid Fazel salió en septiembre de 2011 de la Casa Amarilla, en el centro de Caracas, con un contrato de 14,1 millones de dólares que prometían la génesis de 60.000 viviendas prefabricadas por año. Recuerda que se cruzó con el presidente Hugo Chávez en Teherán en uno de esos viajes oficiales y, gustaron tanto los proyectos urbanísticos que le presentó, que terminó por aquí firmando uno de los nueve acuerdos sellados en la sede de la Cancillería durante la VII Comisión Mixta Venezuela-Irán.
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Se complace en informar que dos años después Venezuela ya cuenta con tres líneas de producción de casas en las poblaciones de Tinaquillo, Temblador y Cabimas. A pesar del impasse con los canadienses y del dinero que dice que no le devuelven, asegura que le cumplió al país.
 
Afirma, incluso, que en lugar de traer las máquinas iraníes en barco, tuvo que pagar extra para que llegaran a tiempo por avión. "Yo le quisiera contar al presidente (Nicolás) Maduro por qué deberían darme una medalla: perdí la reserva de los buques esperando que me transfirieran el dinero y así tuve que enviar las 180 toneladas de las máquinas en cuatro viajes por avión, que hasta pisaron suelo estadounidense sin que se dieran cuenta".
 
Según el propietario de la empresa Tarasazeh Tabriz, las máquinas salieron de Irán a Turquía, donde hicieron otras dos escalas en Alemania y Estados Unidos, para finalmente llegar a los galpones de Tinaquillo, Temblador y Cabimas. Esas mismas máquinas ahora se encuentran paradas.
 
No hay vocero que de cuenta qué pasó con el proyecto, pero alrededor de las fábricas aseguran que el anuncio de dar techo a 300.000 venezolanos por año se quedó en veremos. Al menos en 2013.
 
Los anuncios oficiales advierten que cada una de las tres plantas fue acondicionada para producir las bases y las estructuras metálicas de un poco más de 380 viviendas por semana. Sin embargo, en Cabimas dan cuenta de 6 viviendas en 5 meses: los representantes de los consejos comunales que rodean el galpón señalan que solo han recibido 6 "kits" desde que el ministro para Industrias, Ricardo Menéndez, se presentó en el lugar el pasado 8 de abril, para inaugurar la planta junto a su homólogo de Vivienda y Hábitat, Ricardo Molina, y el gobernador del estado Zulia, Francisco Árias Cárdenas.
 
Varios de esos dirigentes comunales coinciden en que algo no anda bien. Creen que puertas adentro no están trabajando pero sea como sea, prefieren reservarse cualquier denuncia que luego les quite la opción a adquirir uno de esos kits de 130.000 bolívares, que prometen viviendas de 64 metros listas para levantar en cuestión de dos semanas.
 
El tráiler de la película 
 
Una casa amarilla de una sola planta ha venido anunciando el tráiler de la película de las viviendas prefabricadas. En medio del barrio Gran Mariscal de Cabimas, ostenta tres habitaciones, un espacio que integra una sala con el comedor y la cocina, un baño, un lavadero y, sobre todo, la esperanza de ensamblar nuevas viviendas en esa y otras partes del país.
 
En Cojedes, sin embargo, ni siquiera saben de una casa modelo. El dirigente político Fernando Feo, candidato de la Mesa de la Unidad Democrática a la Alcaldía de Tinaquillo, no tiene idea de esas viviendas ni de la fábrica que levantaron en esa localidad. "Eso no existe", dice al otro lado del teléfono. "Aquí lo que hubo fueron unas pocas viviendas uruguayas que la gente pide que las cambien por el calor que producen en este clima".
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Sus palabras también se repiten en el estado Monagas, justo en los alrededores de la misma fábrica de la localidad de Temblador donde hace un año anunciaban el inicio de las operaciones. Entonces faltaban apenas días para la última reelección del presidente Hugo Chávez y con fondo de máquinas en pleno proceso, los ministros para Industria, Ricardo Menéndez, y de Vivienda y Hábitat, Ricardo Molina, presentaron el 29 de septiembre del año pasado lo que Venezolana de Televisión anunciaba en pantalla como la "Puesta en marcha de la Fábrica Socialista Leonarda Rivas".
 
Un anuncio que se quedó en veremos, según refiere Tomás Pugliese, candidato independiente a la Alcaldía de Libertador en esa localidad. "Sabemos que no está funcionando porque nunca la terminaron", asegura. "Hay un personal que está allí, pero al parecer, cobra sin trabajar porque hasta el momento, la gente lo único que sabe es que la construcción de la fábrica no se concluyó al 100% y por ello, no hay producción".
 
No hay vocero de la República Bolivariana de Venezuela que explique en que paró todo. Hace casi un mes que se pidieron respuestas en el Ministerio para Industrias y su Corporación para Industrias Intermedias de Venezuela, pero no fue posible ni siquiera después de publicar las primeras denuncias sobre el caso.
 
Puertas adentro, en el Ministerio para Industrias hay quienes sugieren que se agotaron los recursos para adquirir la materia prima. Pero del otro lado de la moneda, los representantes de la empresa canadiense Novatech vuelven a advertir que el país no sabrá de esas casas prefabricadas hasta que la Corporación de Industrias Intermedias de Venezuela, Corpivensa, les reciba las máquinas que originalmente les fueron encargadas y pagadas a ellos.
 
A contracorriente de la versión de los iraníes de Tarasazeh Tabriz, en Novatech otra vez reiteran que el Gobierno encargó y pagó primero a ellos y luego a otra compañía, por las máquinas de las ya célebres fábricas de viviendas.
 
Frente a las versiones encontradas, Tony Tovar, representante legal de Novatech en Venezuela, señala que tratándose de fondos públicos, en ninguno de los dos casos pueden complacer a los funcionarios que -mediante un oficio- les solicitaron devolver a la empresa iraní los 2,8 millones de dólares que les fueron depositados por el Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela, Bandes.
 
"De ahí nuestra insistencia en la entrega de los equipos en poder de nuestra representada, en tanto estamos sujetos a cualquier procedimiento de carácter fiscal sancionatorio por parte de la Contraloría General de la República", afirma el abogado Tony Tovar.