Señor Director:
"El subversivo Hermes Peña Torres es tratado por el actual gobierno como un héroe de América"
A continuación la opinión de un usuario, en relación al acuerdo realizado entre los gobiernos de la Argentina y Cuba para los trabajos de ubicación y exhumación de los restos del guerrillero cubano, "Capitán" Hermes Peña Torres.
La ciudadanía contempla con estupor que, bajo la estricta reserva natural en los hampones, los gobiernos de nuestro país y de Cuba han convenido en practicar las diligencias judiciales, tendientes en exhumar el cuerpo del delincuente subversivo conocido como Capitán Hermes Peña Torres.
Este individuo, de origen cubano, era uno de los integrantes de la célula guerrillera capitaneada por el periodista argentino Jorge Masetti conocido en el grupo de guerrilleros que invadió la Argentina, precisamente la Provincia de Salta, como "Comandante Segundo". Dicho subversivo fue el creador del denominado "Ejército Guerrillero de los Pobres" (E.G.P.) que hizo su aparición formal en esa provincia a fines de 1963, con el declarado propósito de apoyar a la Revolución Cubana, siendo parte de la primera avanzada del Che Guevara en nuestro país. Demás está decir que la presencia de este guerrillero y los suyos en territorio nacional, no fue una casualidad, sino que arribaron a estas tierras siguiendo instrucciones precisas de las autoridades marxistas de Cuba, con el propósito de concretar actividades militares tendientes a lograr la caída del legítimo gobierno constitucional.
Recordemos que el 12 de octubre de 1963 asumió el cargo de Presidente constitucional el doctor Arturo Illia, por lo que el accionar de estos subversivos no encuentra amparo, en el remanido propósito de combatir a un gobierno militar. Este grupo se instaló en nuestro país siguiendo precisas instrucciones emanadas de La Habana, Cuba, siendo su vocero Fidel Castro. Un año antes de asumir Illia, se concretó un acuerdo entre los soviéticos y los Estados Unidos, a raíz de la crisis de los misiles rusos. Mediante este acuerdo no escrito, se comprometió Rusia a retirar los misiles de Cuba, sus bases misilísticas y sus asesores militares. Los norteamericanos se comprometieron a no invadir Cuba. Tal compromiso fue aprovechado por Fidel Castro para tratar de expandir el marxismo en la América Latina. Fidel Castró apoyó todas las iniciativas guerrilleras en el Subcontinente de América.
Resulta una ironía que, quien manifestó hasta el cansancio su apoyo a la no ingerencia externa en los asuntos internos de Latinoamérica, haya procedido a ordenar creación de Ejércitos de Liberación Nacional, a fin de "liberar" a todos los países que no comulgaban con las ideas marxistas que él sustentaba.
Destacamos que tanto el denominado "Capitán Hermes Peña Torres" como sus compinches eran vulgares delincuentes que no dudaron en invadir el país. Les importó un rábano que el gobierno constitucional de ese entonces hubiera sumido una actitud de franca condena "respecto del apoyo de Cuba y la Unión Soviética a los movimientos subversivos de izquierda", posición que ambos gobiernos habían explicitado tanto en la Novena Conferencia Tricontinental de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y Latinoamérica -realizada en La Habana en enero de 1966- como en la creación de la Organización de Solidaridad Latinoamericana (OLAS), donde el régimen de Fidel Castro tuvo un papel protagónico. Dado el apoyo que Moscú y La Habana ofrecieron a los movimientos guerrilleros, tan irritante a los sectores anticomunistas internos, la diplomacia argentina intentó articular una posición de condena.
Así, el 7 y 28 de febrero de ese mismo año, la Argentina se pronunció junto a otros 17 países latinoamericanos miembros de la ONU, condenando las acciones de Cuba y la Unión Soviética en la Conferencia Tricontinental de La Habana como violatorias del principio de no intervención. De todos modos la posición del gobierno argentino fue menos enérgica de lo que esperaba el gobierno de Washington. La posición argentina de rechazo a la estrategia cubano-soviética de "exportación de la revolución" quedó claramente explicitada en una carta que el canciller Zavala Ortiz envió el 5 de marzo de 1966 al embajador soviético en Buenos Aires, lo que surge de una publicación de la Cancillería de esa época. Otro ejemplo del rechazo del Palacio San Martín al apoyo del Kremlin a la estrategia de "exportación revolucionaria" fueron las expresas instrucciones que la Cancillería argentina dio a su embajador en Moscú, Lucio García del Solar, para que éste comunicara al canciller Andrei Gromyko la preocupación con que el gobierno argentino veía el apoyo de la Unión Soviética a los movimientos subversivos en América Latina. En dichas instrucciones, se exhortaba a las autoridades soviéticas a que dieran cumplimiento a la Resolución 2131 de las Naciones Unidas sobre no intervención.
Durante este gobierno constitucional fue constante la prédica y la exigencia acerca de la no intervención por parte tanto de Cuba como de la Unión Soviética. Al parecer la actual conducción de la Cancillería ignora tales antecedentes. Al punto que Peña Torres, uno de los invasores de la Argentina, un subversivo, un individuo que atentó contra el legítimo régimen democrático de ese entonces, es tratado por el actual gobierno como un héroe de América. Pasa por alto la actual conducción de la cancillería que otro titular de ella tuvo que recurrir a la Organización de las Naciones Unidas a fin de que se de cumplimiento a la Resolución referida. Tal actitud dice a las claras con qué clase de gente estamos tratando, puesto que desdeñan la soberanía nacional en aras de un ideologismo barato lo que constituye una actitud de traición a la Patria.
Lamentablemente lo expuesto precedentemente no es citado con la frecuencia que merece ser citado, a fin de ilustrar a la juventud para que observe quien realmente obedece al amo del exterior. Es necesario que la juventud se convenza que no solamente debemos defendernos de la agresión del imperialismo extranjero sino también de la agresión de otros países del continente que intentan imponer sus ideas en este país, apelando al uso de la fuerza. Cuando no triunfan, apelan a los organismos internacionales para que les den la razón, con un cinismo y una hipocresía sorprendente.
Triboniano






