Google publicó este jueves el que probablemente sea el análisis más grande realizado hasta ahora sobre cómo las personas usan la inteligencia artificial en la práctica. El proyecto, llamado ATLAS, analizó 15 millones de interacciones anonimizadas con Gemini entre abril y mayo, abarcando más de 800 ocupaciones, 4.000 tareas laborales, 300 actividades del hogar, 150 países y 140 idiomas.
NI DESPIDOS NI REEMPLAZO
El revelador hallazgo de Google tras analizar 15 millones de conversaciones con IA
El proyecto ATLAS de Google reveló que la mayoría de los usuarios no busca automatizar su empleo, sino resolver tareas del hogar y tener apoyo diario.
En pocas palabras
- Google revela: 68% de ocupaciones analizadas usan IA, pero solo en el 21% de sus tareas.
- Uso principal: La mayoría de usuarios emplea IA como asistente para tareas cotidianas y del hogar, no para automatizar el empleo.
- Brecha digital: El acceso y uso de la IA se concentra en países y personas con mayores ingresos.
El hallazgo central contradice buena parte del discurso dominante sobre la IA y el empleo. En la gran mayoría de los casos, la gente no usa la IA para reemplazar su trabajo sino como una herramienta de apoyo, igual que un colega al que se le consulta algo o una calculadora que agiliza una parte del proceso.
Hay un asterisco importante: el estudio lo hizo Google, la empresa que hace Gemini. Eso no invalida los datos, pero merece tenerse en cuenta al leer las conclusiones.
La IA está en la mayoría de los trabajos, pero todavía no hace la mayor parte del trabajo
La adopción de IA es más amplia de lo que se suele imaginar. Se detectó uso en el 68% de las ocupaciones analizadas, que representan más del 88% del empleo civil en Estados Unidos.
Eso incluye no solo desarrolladores y analistas financieros sino también electricistas, mecánicos de automóviles e ingenieros industriales.
Pero el dato más revelador es cuánto se usa dentro de cada trabajo: en la ocupación mediana con algún uso de IA, los trabajadores la aplican solo al 21% de sus tareas.
Solo el 3% de las ocupaciones mostró uso de IA en más del 75% de sus tareas, básicamente analistas de calidad de software, especialistas en recursos humanos y gestores de documentos.
"El hecho de que estés usando IA no significa que vaya a automatizar tu trabajo", dijo Scott Strand, economista de Google y uno de los autores del estudio, según reportó el Wall Street Journal.
La mayoría la usa como asistente, no para delegar todo
El estudio intentó clasificar para qué usan la IA los trabajadores. Menos del 10% de las conversaciones en tareas cognitivas no rutinarias, es decir las que requieren juicio, creatividad y resolución de problemas, buscan automatizar una tarea de principio a fin.
La mayoría usa la IA para borradores parciales, revisión de textos propios, generación de ideas o búsqueda de información.
Donde sí aparece más automatización es en tareas cognitivas rutinarias, aquellas que pueden describirse con reglas fijas, como procesar formularios o clasificar información. Ahí más de un cuarto de las conversaciones apuntan a que la IA haga el trabajo completa.
La distinción importa. Un fotógrafo que usa IA para mejorar una imagen sigue siendo el que toma las decisiones fotográficas. Un trabajador que le pide a la IA que complete un formulario estándar está delegando algo que podría automatizarse completamente. El estudio sugiere que hoy predomina lo primero.
El dato que sorprendió a los investigadores: el 86% del uso es fuera del trabajo
Más del 86% de las conversaciones con IA registradas en el estudio ocurrieron fuera del horario laboral y en contextos no laborales.
La gente usa la IA para organizar el presupuesto familiar, investigar compras, entender trámites del gobierno, preparar la semana de comidas y resolver problemas de mantenimiento del hogar.
Las consultas sobre servicios gubernamentales están representadas casi veinte veces más de lo que correspondería según el tiempo que la gente dedica a esos trámites normalmente.
Y casi la mitad de todas las consultas sobre servicios médicos, legales, financieros y gubernamentales ocurren fuera del horario comercial, de noche, a la mañana temprano o los fines de semana.
Los investigadores calcularon que si el uso de IA en el hogar ahorra en promedio entre 0,5% y 5% del tiempo dedicado a tareas domésticas productivas, el valor económico generado solo en Estados Unidos estaría entre 15.000 y 149.000 millones de dólares anuales, una riqueza que no aparece en las métricas tradicionales de productividad porque ocurre fuera de la economía formal.
La otra brecha que Google encontró
El estudio también documenta algo que no es una buena noticia: la IA la usan más quienes ya ganan más.
Por cada 1% de aumento en el salario mediano de una ocupación, el uso de IA sube más del 2,5%. El salario mediano de las ocupaciones donde más se usa Gemini es de 83.000 dólares anuales, unos 20.000 más que el promedio nacional.
A nivel global el patrón se repite: los países con mayor uso per cápita son los más ricos. Los países en el quintil de menor uso representan el 17% de la población mundial pero generan solo el 2% de las conversaciones. Los del quintil superior son el 11% de la población pero producen el 30% de las conversaciones.
Hay una excepción regional que vale mencionar: varios países de América Latina, incluyendo Argentina, Chile, Brasil, Colombia y Perú, muestran niveles de adopción comparables a los de Europa occidental, por encima de lo que su ingreso per cápita haría esperar.
Por qué este estudio aparece ahora
La violencia contra ejecutivos de IA está creciendo en Estados Unidos, el rechazo público a la tecnología alcanza niveles récord y 26 empleados de Meta acaban de demandar a la empresa alegando que usó IA para seleccionar despidos discriminatorios.
En ese clima, Google publicó un estudio que concluye que la IA ayuda a los trabajadores en lugar de reemplazarlos.
El WSJ señala que empresas como Anthropic y OpenAI están "repensando su mensaje" y alejándose de la narrativa de destrucción de empleos. Un estudio de esta escala, con esta conclusión, encaja perfectamente en ese viraje.
Los propios autores reconocen los límites. El estudio mide interacciones, no resultados. No puede decir si la gente logró lo que quería ni si ahorró tiempo. Y el hecho de que hoy la automatización sea limitada no dice nada sobre lo que pasará cuando los modelos sean más capaces.
"Es el comienzo de toda una línea de investigación de nuestra parte", dijo Fabien Curto Millet, economista jefe de Google.
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