Las billeteras virtuales crecieron. Los pagos por QR se instalaron en casi todos los comercios. Las transferencias bancarias dejaron de ser algo excepcional. Aun así, los cajeros automáticos siguen siendo un punto de paso obligado para millones de argentinos que necesitan billetes en la mano.
"HAY QUE PRESTAR ATENCIÓN A..."
Cajeros automáticos: La nueva estafa que aterra a los argentinos y nadie frena
El efectivo sigue siendo clave, por lo que los cajeros automáticos siguen siendo centrales. Sin embargo, el skimming avanza y obliga a estar atentos.
Y hay razones concretas para eso. Varios negocios ofrecen descuentos exclusivos por pagar en efectivo, lo que hace que tener plata disponible siga siendo una ventaja real. El problema es que conseguirla no siempre es sencillo: los supermercados permiten hacer extracciones en caja, pero no siempre tienen dinero para efectuar la transacción. Entonces, tarde o temprano, la mayoría termina parado frente a una terminal bancaria.
Lo que quizás no todos saben es que ese momento cotidiano se convirtió en uno de los favoritos de los delincuentes para robar datos y vaciar cuentas.
El cajero automático que parece normal pero puede estar adulterado
Durante años, la advertencia era clara: revisá la ranura donde metés la tarjeta. Pero hoy esa precaución ya no alcanza.
Las estafas evolucionaron junto con la tecnología. Los métodos se sofisticaron y ahora el teclado del cajero es tan vulnerable como cualquier otra parte del equipo. Antes de operar, hay que revisar la terminal completa, no solo la rendija de la tarjeta.
¿El motivo? Los ladrones no actúan en el momento. Trabajan antes, en silencio, instalando dispositivos que capturan tu información sin que lo notes y sin que estén presentes.
¿Qué es el skimming y por qué es tan difícil de detectar?
El skimming es el método de fraude más extendido en cajeros de todo el mundo, y Argentina no es la excepción. Consiste en colocar elementos falsos sobre los componentes originales del equipo para robar los datos de la tarjeta y registrar el PIN ingresado.
Los mecanismos más usados son:
- “La regla” o bloqueo del cajero: Los delincuentes ponen algo para trabar la salida de dinero o la tarjeta y después vuelven a buscarla.
- Cámaras ocultas: se instalan apuntando directamente al teclado para registrar cada número que el usuario escribe.
- Teclados falsos: una capa delgada colocada encima del teclado real que captura la secuencia del PIN sin que el usuario lo perciba.
Señales de alerta antes de meter la tarjeta
Ahora bien, es importante aclarar que no hace falta ser técnico para identificar algo fuera de lugar. Con prestar atención unos segundos alcanza:
- La ranura de la tarjeta: si sobresale, está floja, tiene un tono diferente al resto del cajero o se mueve al presionarla, no operes.
- El teclado: si las teclas se sienten distintas a lo habitual, si el panel parece levantado o si notás algún tipo de resistencia anormal, desconfiá.
- Los costados y la pantalla: cualquier elemento agregado, un brillo inusual o algo que no pertenezca claramente al diseño original del equipo son señales para no ignorar.
Ante la duda, la decisión más segura es no usar ese cajero y buscar otro.
La ubicación del cajero también importa
Los especialistas en seguridad financiera coinciden en que los cajeros más seguros son los que se encuentran instalados dentro de las sucursales bancarias, donde hay personal, cámaras de circuito cerrado y mayor supervisión. Los equipos instalados en la vía pública, en locales pequeños o en zonas de baja circulación presentan un riesgo considerablemente más alto.
Otras medidas que reducen la exposición:
- Cambiar el PIN cada tres o cuatro meses como mínimo.
- Evitar claves predecibles, como fechas de nacimiento, números repetidos o secuencias tipo 1234.
- No aceptar ayuda de desconocidos cerca del cajero, aunque la intención parezca genuina.
- Revisar los movimientos de la cuenta con frecuencia para detectar cualquier operación sospechosa a tiempo.
El efectivo va a seguir siendo parte de la vida cotidiana argentina por mucho tiempo. Eso no es el problema. El problema es operar en piloto automático, meter la tarjeta y tipear el PIN sin mirar nada alrededor. Los delincuentes cuentan exactamente con eso. Interrumpir ese automatismo con una revisión de treinta segundos puede marcar una diferencia enorme.
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