Un dron de Marruecos alteró la aproximación de un vuelo comercial al aeropuerto de Melilla y obligó al avión a permanecer en espera antes de aterrizar. El episodio, ocurrido durante la noche del martes, no provocó cancelaciones ni el cierre del espacio aéreo, pero abrió una nueva preocupación sobre la conectividad de la ciudad española.
La aeronave procedía de Málaga y tuvo que interrumpir temporalmente su descenso después de que la torre de control detectara el dispositivo cerca de la trayectoria de entrada. El aparato permanecía del lado marroquí de la frontera y abandonó posteriormente la zona, lo que permitió completar la maniobra con normalidad. Medios locales aseguran que el retraso superó una hora, aunque la Guardia Civil no precisó oficialmente cuánto tiempo permaneció el vuelo en espera.
El incidente comenzó a trascender el miércoles y fue confirmado un día después por la Delegación del Gobierno, Aena y fuentes del instituto armado. España solicitó entonces a Marruecos que revise la altura utilizada por estos aparatos para evitar nuevas interferencias con la aviación comercial. La advertencia adquiere especial relevancia en un aeropuerto que ya padece cancelaciones y demoras recurrentes por la nubosidad baja y cuya actividad resulta esencial para comunicar Melilla con la península.
Quién operaba el dron que se cruzó con el vuelo a Melilla
El origen exacto del aparato todavía no está completamente aclarado. La Delegación del Gobierno sostuvo que sobrevolaba territorio marroquí y realizaba tareas de vigilancia similares a las desarrolladas por las fuerzas de seguridad españolas. Durante esos días, ambos países habían reforzado el control del perímetro ante nuevas convocatorias difundidas en redes sociales para intentar atravesar masivamente la frontera.
Esa explicación convive con otra versión. Fuentes próximas a la Guardia Civil citadas por medios de Melilla atribuyeron el dispositivo a un particular que lo habría despegado desde Marruecos. Ninguna autoridad informó sobre una maniobra deliberada contra el avión ni existen elementos que permitan hablar de una provocación. El problema fue su posición y la altura a la que operaba: aunque permaneciera fuera del territorio español, ingresó en una zona sensible para las aeronaves que completan su descenso hacia la pista.
La torre de control notificó inmediatamente el avistamiento y el avión conservó una separación segura hasta que el obstáculo desapareció. España trasladó después a Marruecos la necesidad de revisar los parámetros empleados por estos aparatos cerca de la frontera, pero no anunció una investigación conjunta ni medidas adicionales. El Gobierno de Melilla, mientras tanto, aseguró que conoció lo sucedido a través de los medios y reclamó información para determinar si se trató de un episodio aislado o de un riesgo que podría repetirse.
Un aeropuerto atrapado entre las nubes y la frontera
El episodio expuso nuevamente la fragilidad de una infraestructura fundamental para Melilla. La ciudad no posee una conexión terrestre directa con el resto de España y depende del avión para sus desplazamientos más rápidos hacia la península, mientras el transporte marítimo exige trayectos considerablemente más largos. Cualquier alteración aérea termina afectando a residentes, trabajadores, turistas y pacientes que deben viajar para recibir atención médica.
El aeropuerto arrastra desde hace años dificultades provocadas por las nubes bajas y la escasa visibilidad. En junio, una sola jornada meteorológica llegó a afectar 27 operaciones entre cancelaciones, desvíos y vuelos que no pudieron despegar. El Gobierno local reclama un sistema de aproximación más moderno y la ampliación de la pista, pero las soluciones continúan bajo estudio de Enaire, Aviación Civil y el Ministerio de Transportes.
La cercanía con Marruecos condiciona cualquier reforma. Determinados procedimientos de aterrizaje necesitarían utilizar parcialmente su espacio aéreo o imponer limitaciones sobre el desarrollo urbanístico situado al otro lado de la frontera, por lo que su implementación requeriría coordinación bilateral. Esa complejidad obliga a los aviones a operar con márgenes especialmente controlados y explica por qué un dispositivo que vuela fuera del territorio español puede afectar igualmente la aproximación a Melilla.
Esta vez no hubo cancelaciones, desvíos ni riesgos comunicados para los pasajeros. Sin embargo, la aparición de un dron incorporó un obstáculo evitable a una terminal que ya enfrenta demasiados condicionantes naturales y geográficos. Establecer alturas, áreas restringidas y canales de aviso entre ambos países será indispensable para impedir que un nuevo vuelo de vigilancia o recreativo vuelva a interferir en una ruta comercial.
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