/ ROBERTO FERMÍN BARGA

  • OCTUBRE NEGRO

    Barajar y dar de nuevo

    El escape del dólar tiene consecuencias, y las tendrá mayores si el presidente Alberto Fernández no toma decisiones. Por ahora, él luce inmutable. Pero abunda el temor entre algunos allegados porque la verdad es que él es un jefe de Estado débil, al que además le llegan indicadores diversos todos negativos. De esto trata la columna:
  • OCTUBRE NEGRO

    Barajar y dar de nuevo

    El escape del dólar tiene consecuencias, y las tendrá mayores si el presidente Alberto Fernández no toma decisiones. Por ahora, él luce inmutable. Pero abunda el temor entre algunos allegados porque la verdad es que él es un jefe de Estado débil, al que además le llegan indicadores diversos todos negativos. De esto trata la columna:
  • LA CRISIS NO CESA

    Hablarse encima (cuando la incertidumbre es el tema)

    Sorprende la escasa capacidad de reacción del Gobierno del Frente de Todos. A la implacable crisis expresada en la paridad cambiaria, el Ejecutivo Nacional se limita a responder con un cuentagotas de medidas que lo ubican siempre detrás de las acciones de los agentes económicos y nunca le permiten recuperar credibilidad en términos de poder. La persistencia del Gobierno en pretender ignorar la grave situación en que se encuentra la sociedad argentina, ha convertido una crisis económica en una pulseada por el poder político, con consecuencias institucionales. Obvio que esto ya excede al ministro Martín Guzmán pero la trivialidad del Presidente tanto en su discurso como en sus acciones, sorprende a todos y no ayuda a su ministro. Nadia sabe qué puede ocurrir y eso se llama incertidumbre. En ese contexto, todas las elucubraciones son válidas. No es bueno que suceda a apenas 10 meses del inicio de la gestión.
  • LA CRISIS NO CESA

    Hablarse encima (cuando la incertidumbre es el tema)

    Sorprende la escasa capacidad de reacción del Gobierno del Frente de Todos. A la implacable crisis expresada en la paridad cambiaria, el Ejecutivo Nacional se limita a responder con un cuentagotas de medidas que lo ubican siempre detrás de las acciones de los agentes económicos y nunca le permiten recuperar credibilidad en términos de poder. La persistencia del Gobierno en pretender ignorar la grave situación en que se encuentra la sociedad argentina, ha convertido una crisis económica en una pulseada por el poder político, con consecuencias institucionales. Obvio que esto ya excede al ministro Martín Guzmán pero la trivialidad del Presidente tanto en su discurso como en sus acciones, sorprende a todos y no ayuda a su ministro. Nadia sabe qué puede ocurrir y eso se llama incertidumbre. En ese contexto, todas las elucubraciones son válidas. No es bueno que suceda a apenas 10 meses del inicio de la gestión.
  • LA PANDEMIA DEL DÓLAR

    Calma chicha

    El mexicano Arturo Ortega Morán, quien siempre ha buscado el origen de las palabras, lo cuenta en forma magnífica: "Gonzalo Correas, en 1627, recogió las siguientes expresiones: «Estar enkalmado. El ke enferma de kalor i soles». Y «tener en kalma», «dexar en kalma»: símil de las naves «ke están paradas sin tener viento». Como se ve, la voz calma denotaba una situación indeseable, ya por la incomodidad del calor o ya por la falta de viento. Sin embargo, con el tiempo, fue suavizando su significado hasta tomar la connotación de ‘serenidad, tranquilidad, paz’. Pudo ser que, algún día del siglo XVIII, en uno de tantos viajes a través del mar, el viento cesó y el barco se detuvo. El calor y la quietud desesperante, hicieron exclamar a un marinero de origen francés algo así como «¡esto es una calma chiche!». En francés, chiche significa «avaro», de modo que la expresión podría traducirse como «¡esto es una calma avara!», por no ceder ni un ápice de viento. La expresión debió gustar a los marineros españoles; hacía tiempo que la palabra «calma» había perdido su dureza y necesitaban una nueva forma de echar en cara a la naturaleza su «avaricia». Al acomodarse a la fonética castellana, se dijo «calma chicha» para nombrar a esos momentos en que la ausencia de viento hacia desesperar a los marineros. Sería cuestión de tiempo para que, coloquialmente, se usara para referirse a cualquier situación de quietud desesperante. Joan Coromines dijo que «calma chicha» está documentada, en castellano, desde 1831. No obstante, he encontrado que en la obra del ecuatoriano Rafael Jimena, «Al General Sucre [Epistolario]», de 1821, la expresión se usa ya metafóricamente. En una parte dice: «Ninguna noticia de interés. Estamos en calma chicha: no corren ni verdades, ni mentiras.» Esto hace pensar que la expresión es más antigua, muy probablemente, de la segunda mitad del siglo XVIII."
  • LA PANDEMIA DEL DÓLAR

    Calma chicha

    El mexicano Arturo Ortega Morán, quien siempre ha buscado el origen de las palabras, lo cuenta en forma magnífica: "Gonzalo Correas, en 1627, recogió las siguientes expresiones: «Estar enkalmado. El ke enferma de kalor i soles». Y «tener en kalma», «dexar en kalma»: símil de las naves «ke están paradas sin tener viento». Como se ve, la voz calma denotaba una situación indeseable, ya por la incomodidad del calor o ya por la falta de viento. Sin embargo, con el tiempo, fue suavizando su significado hasta tomar la connotación de ‘serenidad, tranquilidad, paz’. Pudo ser que, algún día del siglo XVIII, en uno de tantos viajes a través del mar, el viento cesó y el barco se detuvo. El calor y la quietud desesperante, hicieron exclamar a un marinero de origen francés algo así como «¡esto es una calma chiche!». En francés, chiche significa «avaro», de modo que la expresión podría traducirse como «¡esto es una calma avara!», por no ceder ni un ápice de viento. La expresión debió gustar a los marineros españoles; hacía tiempo que la palabra «calma» había perdido su dureza y necesitaban una nueva forma de echar en cara a la naturaleza su «avaricia». Al acomodarse a la fonética castellana, se dijo «calma chicha» para nombrar a esos momentos en que la ausencia de viento hacia desesperar a los marineros. Sería cuestión de tiempo para que, coloquialmente, se usara para referirse a cualquier situación de quietud desesperante. Joan Coromines dijo que «calma chicha» está documentada, en castellano, desde 1831. No obstante, he encontrado que en la obra del ecuatoriano Rafael Jimena, «Al General Sucre [Epistolario]», de 1821, la expresión se usa ya metafóricamente. En una parte dice: «Ninguna noticia de interés. Estamos en calma chicha: no corren ni verdades, ni mentiras.» Esto hace pensar que la expresión es más antigua, muy probablemente, de la segunda mitad del siglo XVIII."