Salud

Cómo aliviar la enfermedad del siglo

La ansiedad es una respuesta emocional o conjunto de respuestas que tiene una función muy importante relacionada con la supervivencia, junto con el miedo, la ira, la tristeza o la felicidad. Por lo menos un 20.5% de la población mundial sufre de algún trastorno de ansiedad, generalmente sin saberlo. Conozca los nuevos tratamientos y descubrimientos que ayudan a controlar las crisis y a mejorar la calidad de vida de quienes padecen la llamada "enfermedad del siglo".

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). A priori, la ansiedad (del latín anxietas, 'angustia, aflicción') no negativa en sí misma, y es una condición permanente, en cierto grado. 
 
Ante una situación de alerta o amenaza, el organismo pone a funcionar el sistema adrenérgico, y el sistema dopaminérgico también se activa. Si la emergencia parece ser real, el organismo libera adrenalina.
 
Desde este punto de vista, la ansiedad es una señal positiva, de salud, siempre que tengan una cadena de sucesos de forma correlativa: alerta amarilla, alerta roja y consecución del objetivo. 
 
Si la cadena se rompe, y esas situaciones se presentan con asiduidad, el organismo corre el riesgo de intoxicarse por dopaminas. 
 
En las sociedades modernas, esta característica se ha desarrollado de forma patológica y conforma, en algunos casos, cuadros sintomáticos que constituyen el denominado "trastorno de ansiedad", que tiene consecuencias negativas y muy desagradables para quienes lo padecen. 
 
Entre los trastornos de ansiedad se encuentran las fobias, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de pánico, la agorafobia, el trastorno por estrés postraumático, el trastorno de ansiedad generalizada, etc.
 
En el caso del trastorno de ansiedad generalizada, la ansiedad patológica se vive como una sensación difusa de angustia o miedo y deseo de huir, sin que quien lo sufre pueda identificar claramente el peligro o la causa de este sentimiento. 
 
Los síntomas de ansiedad son muy diversos y tal vez los más comunes consistan en hiperactividad vegetativa, que se manifiesta con taquicardia, taquipnea, midriasis, sensación de ahogo, temblores en las extremidades, sensación de pérdida de control o del conocimiento, transpiración, náusea, rigidez muscular, debilidad muscular, insomnio, inquietud motora, dificultades para la comunicación, pensamientos negativos y obsesivos, etc.
 
La ansiedad se puede manifestar de 3 formas diferentes: 
 
> síntomas fisiológicos, 
 
> cognitivos y 
 
> conductuales. 
 
Algunos síntomas de la ansiedad suelen parecerse a los de padecimientos no mentales, tales como la arritmia cardíaca o la hipoglucemia. 
 
La ansiedad también puede convertirse en un trastorno de pánico, en el cual la persona cree que va a desmayarse, fallecer o sufrir algún otro percance fisiológico. 
 
Se cree que la prognosis de la ansiedad se ve afectada por la creencia común de los pacientes de que su condición es más grave que la de cualquier otra persona que se haya recuperado.
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No todos los pacientes responden de la misma manera pero un porcentaje importante de ellos pueden lograr una recuperación parcial o casi completa a largo plazo con la ayuda de la terapia psicológica (terapia cognitivo-conductual). 
 
 
El semanario brasilero Istoé realizó una interesante cobertura acerca de la denominada "enfermedad del siglo":
 
"En este momento, 1 de cada 4 personas en el mundo tiene una sensación de opresión en el pecho, sintiendo el latido del corazón más rápido y sus manos sudadas. 
 
En la mente, un miedo inexplicable o una preocupación obsesiva por algo que ni siquiera sucedió. 
 
Estos son algunos de los síntomas de crisis de ansiedad, una de los trastornos mentales de mayor incidencia de hoy y, como otros, muy crueles. 
Dependiendo del grado, quita el sueño al individuo, lo hace más propenso a sufrir enfermedades cardiovasculares y lo priva de salir de casa cuando el miedo llega a niveles incontrolables. 
 
Los estudios demuestran que la ansiedad es más común que los trastornos de ánimo como la depresión. Y las cifras publicadas por el World Health Survey, vinculado a la Organización Mundial de la Salud, revelan un triste panorama para el caso de sociedades como la de Brasil: 20% de las personas que viven en la urbana São Paulo convive o tuvo algún trastorno de ansiedad en los últimos 12 meses. 
 
"Se analizaron ciudades de 24 países. En São Paulo, encontramos el índice más alto", dice Laura Andrade, del Instituto de Psiquiatría de la Universidad de São Paulo (USP). 
 
Sin embargo, hay un esfuerzo monumental de la medicina para buscar los orígenes de la enfermedad y crear nuevas opciones de tratamiento para dar alivio a quienes sufren esta pesadilla. 
 
La ansiedad era parte de las reacciones que nuestros antepasados manifestaban frente a amenazas como la posibilidad de un ataque animal o la muerte por frío extremo. Preocuparse con estos eventos mantenía el cuerpo en estado de alerta: más tenso, presión alta, mayor bombeo de sangre. 
 
Si el peligro se concretaba, el cuerpo estaba listo para reaccionar. 
 
Si no, el sistema era apagado. Este esquema quedó grabado en el cerebro y hasta hoy entra en juego en situaciones interpretadas como de riesgo. 
 
Tales circunstancias pueden ser reales o ficticias, resultado de mecanismos psicológicos que no se entienden completamente. 
 
El problema es que, si este estado de preocupación se vuelve crónico, de ansiedad generalizada, o conduce a crisis espontáneas, tales como ataques de pánico, deja de ser una reacción natural. Causa daños a la salud y a la vida social y profesional. Se convierte en enfermedad.
 
Actualmente, hay catalogados 8 tipos de la enfermedad. Como sucede con la mayoría de las enfermedades mentales, hay dificultad en la detección del problema. 
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"Un estudio realizado en Londres, por el psiquiatra Pablo Bebbington, mostró que sólo el 14% de los pacientes habían sido diagnosticados y tratados el año anterior al trabajo", contó Márcio Bernik, coordinador del Programa de ansiedad (Amban) del Instituto de Psiquiatría de la USP. 
 
El diagnóstico es realizado por psicólogos o psiquiatras, que recurren a preguntas determinadas para identificar la alteración, cómo se inserta en la propia vida y su gravedad. 
 
"Una de las primeras preguntas es si la persona siente que tuvo algún daño en algún campo o momento de la vida debido a la enfermedad", dice el psiquiatra Bernik. 
 
El tratamiento varía según el trastorno específico y la intensidad de la enfermedad. 
 
En los casos más leves, sólo se indican medicamentos o sesiones de terapia cognitivo-conductual (TCC), método cuyo objetivo es modificar patrones de pensamientos y comportamientos asociados. 
 
Una persona que tiene miedo constante de perder su empleo, por ejemplo, puede ser entrenada para evitar estos pensamientos o sustituirlos por otros, más optimistas y calcados de la realidad. 
 
En casos moderados y más graves, se recomienda la combinación de medicamentos con la TCC. Una obra de la psicóloga Mariângela Savoia, vinculada a Amban demostró que esa asociación fue más efectiva que el uso aislado de los métodos. 
 
Los recursos creados recientemente se utilizan para los casos más severos y no responden al tratamiento estándar. Uno de los más prometedores es la aplicación de realidad virtual. 
 
La terapia consiste en exponer al paciente -de forma virtual– a las situaciones que desencadenan crisis para que, poco a poco, aprenda a evitar los pensamientos ansiosos. 
 
En la Universidad de Washington (USA), el método está siendo utilizado para tratar fobias, la ansiedad generada por el estrés post-traumático y la que experimentada durante los cambios de apósitos en pacientes con quemaduras. 
 
"Tenemos buenos resultados", dijo a Istoé, Hunter Hoffman, coordinador del equipo que aplica la técnica.
 
Parecida a la realidad virtual, la terapia de modificación cognitiva con la ayuda de la computadora también está surgiendo como una alternativa. 
 
Un trabajo de la Brown University (USA) demostró que los individuos con fobia a hablar en público mejoraron después de someterse a los ejercicios dos veces por semana durante un mes. Los mismos consisten en instruir al paciente a evitar expresiones faciales hostiles - para las personas con fobia social eso desencadena las crisis – e interpretar las reacciones de los interlocutores de forma optimista.
 
Comienza también a ser probada la eficacia de la estimulación magnética transcraneal. La técnica somete al paciente a aplicaciones de ondas electromagnéticas. El objetivo es regular la actividad eléctrica en las regiones cerebrales asociadas con la enfermedad. 
 
El doctor Marco Marcolin del Instituto de Psiquiatría de la USP, iniciará a finales de año pruebas en 30 pacientes con fobia social. Por el momento, no hay nada concluyente. Los estudios realizados con el método para el tratamiento de la ansiedad asociada al estrés postraumático dieron resultados negativos en Brasil y positivos en Europa.
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Ganando espacio en la práctica clínica el neurofeedback, el método se propone imprimir en el cerebro un nuevo patrón de funcionamiento, igual al de una persona sin la enfermedad. 
 
"Electrodos colocados en el cuero cabelludo leen la información neurológica que está siendo producida y registrada por electroencefalografía" explica el psicólogo Leonardo Mascaro, master en neurociencias en el Centro de Neurociencias y Comportamiento de la USP y autor del libro "Para Que Medicação?". 
 
Según él, en la presencia de trastornos como la ansiedad, los datos muestran patrones electro-encefálicos anormales y específicos que permiten el reconocimiento de la enfermedad o de otros daños neurológicos.
 
En el entrenamiento, el paciente ve los cambios y también los patrones normales. "Los parámetros correctos se presentan entonces a las neuronas a través de un trabajo de condicionamiento realizado en forma de señal sonora y visual", dice Mascaro. Estas señales se producen sólo cuando las neuronas en la práctica producen el tipo de actividad que está siendo solicitada. 
 
"De esa forma sucede el aprendizaje neurológico y la modificación de la actividad cerebral, que gradualmente se normaliza", añade el psicólogo. 
 
"A medida que progresa el tratamiento, la persona necesita menos medicación y la suspensión de la medicación sucede, siempre, bajo supervisión médica", dice Mascaro. 
 
La empresaria Marisa Rollemberg Rocha, de 40 años, de Brasilia, fue sometida a 3 sesiones hasta el momento. 
 
"Ahora puedo dormir mejor y empecé a sudar menos las manos", dice. 
 
La técnica, sin embargo, no es aceptada por todos los médicos. Bernik, de Amban, no la considera eficaz. 
 
El desarrollo de instrumentos de este tipo sólo fue posible a partir del avance del conocimiento sobre las bases neurológicas de la enfermedad. 
 
A pesar de la identificación de las estructuras cerebrales relacionadas con la enfermedad se han hecho hace algún tiempo, decenas de estudios que están revelando detalles acerca de la interacción entre ellas. 
 
Científicos de la Columbia University (USA), por ejemplo, describieron la forma de funcionamiento del hipocampo y la corteza pre-frontal media. "Hemos visto que el hipocampo envía una gran cantidad de información para esa área de la corteza, provocando que ella reconozca el medio ambiente como una amenaza", dijo Joshua Gordon, autor de la investigación. 
 
En este sentido, el psiquiatra Luiz Vicente Mello, de São Paulo, participa en un esfuerzo internacional para entender mejor la relación entre las conductas de ansiedad y mecanismos de defensa legado por la evolución. 
 
"Muchas de nuestras reacciones son anacrónicas. Al mismo tiempo, no tenemos defensas a situaciones recientes, como el miedo a autos, que necesita enseñarse", dice.
 
También en la USP, los científicos investigan la relación de la enfermedad con el sistema serotonérgico del cerebro. 
 
Recientemente, el psiquiatra Philip Corchs, en un estudio hecho en Amban con universidades de Inglaterra, Nueva Zelanda y Australia, observó que las diferencias en la cantidad de serotonina (sustancia que hace la comunicación entre las neuronas) interfieren en la sensibilidad a los estímulos que inician las crisis. 
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Para llegar a esta conclusión, los científicos dejaron sin comer proteína 1 día entero a los voluntarios que ya habían sido tratados por trastornos de ansiedad. No comer proteínas afecta el aporte de triptófano, aminoácido esencial para la formación de la serotonina. 
 
El resultado fue sorprendente: pacientes con trastorno de pánico, estrés postraumático y fobia social fueron más sensibles a los factores desencadenantes de crisis, sugiriendo que la serotonina juega un papel en la modulación de esa respuesta. 
 
"Y personas que habían mejorado con el tratamiento se agravaron cuando los niveles de la sustancia disminuyeron", explicó Felipe. La reducción del compuesto no causó el mismo impacto en los pacientes con trastorno de ansiedad generalizada y trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). 
 
Para estos, la impresión es lo contrario, el aumento en la concentración de la serotonina, no hace ninguna diferencia. Otro estudio, realizado por el psicólogo Thiago Sampaio, también de Ambán, indicó que los pacientes con TOC que tienen una mayor concentración de serotonina responden más rápido a la terapia. 
 
Intervenir en situaciones en las que la ansiedad puede afectar el tratamiento es hoy una actitud incorporada por algunos hospitales. 
 
En el Albert Einstein, de São Paulo, los psicólogos se ponen en marcha para atender a los pacientes hospitalizados con síntomas de la enfermedad. "Una forma de reducir la cantidad es ayudar a los pacientes a aclarar sus dudas", dice Ana Kernkraut, coordinadora del servicio de psicología en el hospital. 
 
En USA, los médicos utilizan la terapia con animales para disminuir la sensación en las personas que se sometieron a exámenes de imagen, situación que desencadena el miedo. 
 
En Monmouth Medical Center, 28 pacientes que se harían resonancia magnética fueron seleccionados para jugar con perros durante 15 minutos, media hora antes del examen.
 
En comparación con pacientes que no pasaron ese momento con los animales, ellos mostraron mucha menos ansiedad. "La terapia demostrado potencial para sustituir fármacos contra las crisis dado a veces a los pacientes", dijo Richard Ruchman, autor del estudio. 
 
En Brasil, en los centros de equoterapia es posible aliviar los síntomas con la ayuda de caballos. La empresaria Adriana Mazzagardi experimentó esos efectos durante las clases de equitación que tuvo en la infancia y decidió ampliar el beneficio. 
 
"Los caballos me han enseñado a controlar mi ansiedad, que era muy intensa", dice Adriana, que está al frente del Centro Ecuestre Equovita, en Jundiaí (SP). El lugar es frecuentado por muchas personas que buscan alivio de tensiones. 
 
"Si vos estás ansioso y sin concentración, el caballo lo percibe y reacciona. Tenés que ser consciente y estar tranquilo para que él se deje manejar", dice Adriana.
 
Mantener la ansiedad bajo control también es importante porque reduce riesgos de otras enfermedades. La semana pasada, investigadores Stanford University (USA) dieron a conocer los resultados de un estudio en animales, que indica que el sentimiento contribuye a la aparición de tumores. 
 
La explicación es que la ansiedad es acompañada a menudo por estrés. En conjunto, estas condiciones debilitan el sistema de defensa del organismo. "Ellos pueden acelerar la progresión del cáncer", afirmó el inmunólogo Dhabhar Firdaus, autor del experimento. 
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La relación con la depresión también está siendo investigada. Un estudio patrocinado por el Canadian Institutes of Health Research señaló a una molécula (CRFR1) como la responsable de la interacción entre la ansiedad, el estrés y la enfermedad. 
 
Un primer paso ya fue dado para romper la asociación: en ratones, la inhibición de la producción de esa molécula atenuó la ansiedad 
 
Más conocida, la relación de la enfermedad con los males cardiovasculares también requiere atención. 
 
Tanto que los médicos del Montreal Herat Institute, también en Canadá, realizaron un trabajo para demostrar que los pacientes con riesgo de enfermedades del género y que presenten rasgos de ansiedad deben someterse a una tomografía de corazón y no sólo a un electrocardiograma. 
 
"El examen de imagen es más eficaz para identificar la enfermedad cardiaca en estas personas", dijo Simon Bacon, co-autor del experimento.

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