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UNA FORTUNA

El reloj de Enzo Fernández que se vuelve viral: más de 50.000 dólares en la muñeca

Enzo Fernández y Ferran Torres comparten el mismo capricho: un exclusivo Audemars Piguet Royal Oak Ice Blue, uno de los relojes más codiciados del mercado.

Enzo Fernández y Ferran Torres volvieron a quedar en el centro de todas las miradas, aunque esta vez no precisamente por lo que hacen dentro de una cancha. Los dos fueron protagonistas del último Mundial, manejan contratos millonarios y atraviesan un verano en el que sus nombres aparecen prácticamente a diario entre rumores, negociaciones y algunos de los movimientos más importantes del mercado europeo.

El argentino vuelve a estar en la órbita del Manchester City, donde Enzo Maresca lo considera un fichaje soñado si finalmente Rodri abandona el Etihad rumbo al Barcelona. Ferran vive una situación parecida: después de marcar el gol que le dio a España la final del Mundial ante Argentina, el delantero del Barça quedó muy cerca del PSG, que ya alcanzó un principio de acuerdo con el futbolista y ahora debe negociar su salida con el conjunto catalán.

Dos campeones, dos nombres fuertes del mercado y también dos fortunas que vuelven a encontrarse lejos del césped. Porque entre tantos millones hay un capricho que los une: ambos eligieron el mismo Audemars Piguet Royal Oak Ice Blue, una de las piezas más reconocibles y exclusivas de la alta relojería, cuyo valor convierte cualquier aparición con él en una pequeña exhibición de lujo.

Del Royal Oak de 50.000 euros a su versión de 385: ¿qué cambia realmente?

El Royal Oak Ice Blue de 37 milímetros, referencia 15550ST, combina caja y brazalete de acero inoxidable, la característica esfera celeste con patrón “Grande Tapisserie” y el calibre automático 5900 de la manufactura suiza. Su precio de catálogo ronda los 30.400 dólares, pero conseguirlo por esa cifra es otra historia: WatchCharts sitúa actualmente su valor de mercado alrededor de los 53.800 dólares y en Chrono24, la plataforma por excelencia para este tipo de piezas, aparecen unidades que superan los 60.000 euros.

La diferencia entre ambos valores permite entender buena parte de la lógica de la alta relojería. En estos modelos no se paga únicamente por los materiales o por un mecanismo capaz de dar la hora, sino también por el calibre mecánico, los acabados, la producción limitada y una demanda que dispara determinadas referencias en el mercado secundario. El Ice Blue es precisamente una de ellas y puede cotizar decenas de miles por encima de su precio oficial.

Ese fenómeno tuvo este año una versión mucho más accesible. En mayo, Audemars Piguet se asoció con Swatch para lanzar Royal Pop, una colección de ocho relojes de bolsillo que recupera varios de los códigos visuales del Royal Oak, como el bisel octogonal, los ocho tornillos y la esfera “Tapisserie”, pero los traslada a una caja de Bioceramic y un movimiento de cuerda manual. En España salieron a la venta por 385 euros.

La colaboración provocó largas filas desde su lanzamiento y algunas unidades rápidamente aparecieron anunciadas por miles de euros en la reventa. Pero hubo otro detalle que llamó especialmente la atención: Swatch concibió el Royal Pop como reloj de bolsillo, por lo que distintos fabricantes y aficionados comenzaron a crear adaptadores y brazaletes específicos para llevarlo en la muñeca y transformarlo, al menos visualmente, en algo mucho más cercano al Royal Oak tradicional.

El Royal Pop de Swatch y Audemars Piguet lleva la estética del mítico Royal Oak a una versión mucho más accesible, exhibida en vitrinas por 385 euros.

El Royal Pop de Swatch y Audemars Piguet lleva la estética del mítico Royal Oak a una versión mucho más accesible, exhibida en vitrinas por 385 euros.

De pieza revolucionaria a objeto de culto entre los futbolistas

Mucho antes de aparecer en las muñecas de Enzo Fernández y Ferran Torres, el Royal Oak ya había cambiado las reglas de la relojería de lujo. Audemars Piguet lo presentó en 1972 a partir de un diseño de Gérald Genta que rompía con buena parte de los códigos de la época: una caja grande para aquellos años, acero inoxidable tratado como un material noble, brazalete integrado y un bisel octogonal que terminaría convirtiéndose en una de las siluetas más reconocibles de la industria. La propia manufactura suiza recuerda que aquel modelo ayudó a instalar una nueva idea de lujo deportivo y elevó al acero a un terreno hasta entonces reservado principalmente para los metales preciosos.

El impacto no estuvo solamente en la forma. Los acabados pulidos y satinados, los ángulos del bisel y la complejidad del brazalete hicieron que trabajar el acero exigiera una precisión que Piguet convirtió en parte de la identidad de la colección. Con el paso de las décadas, aquella rareza de los años setenta dejó de ser una provocación para transformarse en uno de los grandes objetos de deseo de la alta relojería.

Ese recorrido explica también por qué el Royal Oak encaja tan bien en el universo del fútbol moderno. Para jugadores que manejan salarios millonarios y cuya imagen ya no termina cuando salen del estadio, el reloj funciona casi como lo hacen unas zapatillas exclusivas, un superdeportivo o una pieza de diseñador: permite mostrar lujo sin recurrir necesariamente al modelo más cargado de diamantes o al logotipo más evidente.

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FUENTE: Urgente24.