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DESESPERACIÓN

Un menor cruzó de Ceuta a la Península escondido en el autobús de un equipo de LaLiga

El joven viajó agarrado al eje del micro del Real Valladolid. Sus gritos de auxilio fueron escuchados después de recorrer más de 100 kilómetros.

La desesperación llevó a un menor marroquí de 17 años a jugarse la vida bajo el autobús del Real Valladolid. Oculto junto al eje trasero, salió de Ceuta, cruzó el Estrecho dentro del ferry y alcanzó la Península sin ser detectado durante los controles habituales del embarque.

La maniobra comenzó después del partido disputado en el estadio Alfonso Murube. La expedición se dirigió directamente al puerto de Ceuta y embarcó el vehículo rumbo a Algeciras, desde donde inició el largo regreso por carretera hacia Valladolid. El recorrido avanzó durante más de 100 kilómetros sin que nadie advirtiera la presencia del adolescente. Fueron algunos integrantes del plantel quienes comenzaron a escuchar golpes procedentes de los bajos y pidieron silencio dentro del micro. Cuando los sonidos se transformaron en gritos de auxilio, avisaron al conductor, que se detuvo en un área de servicio cercana a Jerez para comprobar qué estaba ocurriendo.

El joven descendió del eje trasero completamente agotado y con algunas magulladuras después de permanecer durante horas expuesto a una caída que podría haber resultado fatal. Los miembros del club le dieron comida y agua, y utilizaron el traductor de un teléfono para comunicarse con él porque apenas hablaba español o francés. El menor explicó que solamente quería llegar a un centro de acogida de Algeciras, una petición que reveló que su objetivo no era alcanzar Valladolid, sino quedar bajo la protección de los servicios destinados a adolescentes migrantes. La expedición llamó a emergencias, una ambulancia lo trasladó para someterlo a una revisión y la Guardia Civil quedó a cargo de su situación.

El punto ciego que permitió atravesar los controles

La principal incógnita no está en el recorrido, sino en el momento exacto en que el adolescente consiguió acceder al vehículo. Ni el Real Valladolid ni la Guardia Civil pudieron establecer si se escondió en las inmediaciones del estadio, durante el traslado hacia el puerto o antes del embarque. Lo único confirmado es que su presencia no fue advertida en las revisiones realizadas antes de que el autobús subiera al ferry con destino a Algeciras.

Jóvenes migrantes sobreviven en carpas improvisadas sobre las playas de Ceuta mientras esperan una plaza en los dispositivos de acogida.

Jóvenes migrantes sobreviven en carpas improvisadas sobre las playas de Ceuta mientras esperan una plaza en los dispositivos de acogida.

También existen diferencias sobre el lugar donde permaneció oculto. La primera información facilitada por la Guardia Civil señaló que fue encontrado en el maletero, una versión corregida después por fuentes del club. Los testigos sostienen que estaba apoyado sobre la rueda y agarrado al eje trasero, una posición mucho más difícil de detectar desde el interior del micro y considerablemente más peligrosa. Esa precisión resulta fundamental para comprender por qué nadie lo vio y cómo logró permanecer fuera del alcance de conductores, trabajadores portuarios y agentes.

El episodio no demuestra que el embarque careciera de vigilancia, pero sí expone un punto ciego dentro del dispositivo. Los agentes que intervinieron explicaron al equipo que algunos migrantes intentan aprovechar camiones, micros y otros vehículos para alcanzar la Península. En este caso, la falta de una revisión capaz de detectar al joven en los bajos permitió que una maniobra de enorme riesgo superara el puerto, el ferry y el inicio del trayecto terrestre antes de ser descubierta.

La otra frontera de Ceuta: más de 2.000 menores y cientos todavía en las calles

El intento del adolescente por alcanzar un centro de Algeciras se produce en medio de una emergencia que desbordó por completo el sistema de protección de Ceuta. El último balance oficial sitúa en 2.048 la cantidad de niños y adolescentes migrantes identificados y atendidos en la ciudad, de los cuales 1.612 llegaron después de la entrada masiva de finales de julio. A ellos se suman entre 700 y 1.000 que, según las estimaciones del Gobierno, todavía permanecen en calles, playas o asentamientos informales sin haber completado el proceso de filiación.

La apertura del campamento del puerto no solucionó esa situación porque sus 1.700 plazas están reservadas para hombres adultos. Los menores deben permanecer separados y bajo recursos específicos de protección, pero la falta de espacio y personal ralentiza su identificación y el estudio individual de cada caso. Cerca de 900 ya fueron reubicados en un nuevo dispositivo, mientras el Gobierno desplegó abogados para asumir su representación. Hasta mediados de septiembre, sin embargo, solamente se habían iniciado los primeros diez expedientes, una muestra de la distancia existente entre la urgencia humanitaria y la capacidad administrativa.

Entre 700 y 1.000 menores todavía permanecen en las calles de Ceuta sin completar su identificación ni ingresar plenamente al sistema de protección.

Entre 700 y 1.000 menores todavía permanecen en las calles de Ceuta sin completar su identificación ni ingresar plenamente al sistema de protección.

El traslado a la Península aparece como una de las principales salidas, aunque también quedó atrapado en una disputa política. El Ministerio de Juventud e Infancia ofreció financiar la reubicación de 500 menores mediante entidades especializadas, sin retirar a Ceuta su tutela legal. La propuesta incluye las plazas, el protocolo y los gastos, pero necesita la autorización de la Ciudad Autónoma para comenzar. El Ejecutivo local y el Gobierno central mantienen versiones enfrentadas sobre la respuesta al plan, mientras otras vías (acuerdos entre comunidades, acogimiento familiar y el mecanismo obligatorio de reparto) avanzan con mayor lentitud.

Ser menor no garantiza el traslado ni permite una devolución inmediata. Las autoridades deben comprobar la edad, reconstruir la identidad, escuchar al adolescente y estudiar si existe una familia con la que pueda reunirse de manera segura. Antes de la crisis, España ya había remitido a Marruecos alrededor de 600 expedientes para verificar posibles reunificaciones y todavía esperaba respuesta. En ese laberinto, el pedido del joven encontrado bajo el autobús adquiere otra dimensión: llegar a Algeciras significaba entrar en un sistema con más recursos y dejar atrás una ciudad donde cientos de menores continúan aguardando una solución.

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FUENTE: Urgente24, AS, MARCA y El País.