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ANÁLISIS RUSO

Otra vez el curioso caso de Suecia 

Dom, 17/05/2020 - 12:42pm
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Por Urgente24

¿Adónde condujo el “camino especial” de Suecia sin cuarentena?, es la pregunta que introduce una nota de Galia Ibraguímova en la agencia rusa RIA Nóvosti, y que Hernando Kleimans acercó con pedido de lectura.

Suecia, sábado 16/05/2020 a las 20:30 hora de la Argentina.
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Suecia superó a los países vecinos por cantidad de muertos por el coronavirus, pero las autoridades del reino como siempre se rehúsan a implantar la cuarentena y convocan sólo a medidas elevadas de seguridad. En el gobierno insisten que la sociedad permanecerá abierta, incluso si la pandemia se prolonga demasiado.

Sacrifican a los viejos

Tras elegir su camino en la lucha contra el coronavirus, los suecos salen libremente a la calle, mandan a los chicos a los jardines de infante y a las escuelas, hacen deportes no sólo al aire libre sino en los fitness-clubes, llenan los cafés y restaurantes. Las fronteras del Reino están abiertas como siempre.

El argumento principal es que las suaves limitaciones no conducirán a la economía a la crisis y gradualmente el país elabora la inmunidad colectiva. La apuesta está hecha a la conciencia de los habitantes, quienes sin obligación observan la distancia e intentan dentro de lo posible permanecer en casa. El sistema de salud bajo este responsable enfoque debería haber evitado las sobrecargas.

Según la estadística oficial que publica la Organización Mundial de la Salud acerca de Suecia, en un país de 10 millones de habitantes, 28.000 contrajeron el virus y 5.000 sanaron. Los muertos son 3.460, varias veces más que sus vecinos. 

En Noruega, del COVID-19 murieron 229 personas y en Finlandia 284. La población en cada uno de estos países es superior a los 5 millones. Casi la tercera parte de las víctimas del coronavirus en Suecia son gente mayor. Los más afectados fueron los residentes de los geriátricos, aunque antes de la pandemia el sistema social del reino escandinavo era considerado como uno de los mejores de Europa. 

Esto provocó una ola de críticas en la prensa. “Suecia sacrifica a sus viejos. Entre los países nórdicos nosotros nos arreglamos peor que todos. Salvamos la economía con un método mortalmente riesgoso”, afirmó el tabloid local Aftonbladet. 

Los migrantes lo sufren con mucha fuerza. En el país hay una gran diáspora del Medio oriente y de África. Muchos no dominan el sueco, no siguen las recomendaciones de los médicos y epidemiólogos. Como resultado de ellos, 1 de cada 5 muertos por el coronavirus es migrante. Pero el gobierno no cambia el curso y no se apresura a imponer normas de conducta por la fuerza. “La sociedad sueca permanecerá abierta. La pandemia puede prolongarse largo tiempo. Tener a la gente por meses en autoaislamiento es tan peligroso como soltarlas bruscamente, provocando una nueva oleada del virus”, explicó Anders Tegnell, principal epidemiólogo del país.

El ejemplo sueco es contagioso, pero sospechoso

Al principio, Gran Bretaña quiso seguir el ejemplo de Suecia. Boris Johnson fue atraído por la idea de la inmunidad colectiva pero los epidemiólogos del Colegio Imperial en Londres y, posiblemente, su propia enfermedad, le quitaron ese convencimiento. Los especialistas británicos insistieron en que nadie sabe a ciencia cierta qué parte de la población debe superar la enfermedad para que el país elabore la inmunidad colectiva.

Esta idea también le parece dudosa a Donald Trump. Si USA fue por este camino, el número de víctimas habría alcanzado los 2 millones, pevió el líder estadounidense. En Twitter escribió: “Suecia se diferencia de nosotros. Los suecos son disciplinados. Pero el país paga un alto precio por la decisión de no implantar la cuarentena”. 

En la misma Suecia no todos respaldan el curso de las autoridades. Muchos consideran que la economía de todas formas chocará con la crisis. Las pequeñas y medianas empresas ya tocan a rebato. Los cafés y restaurantes están abiertos pero se redujo abruptamente el ingreso. La industria del turismo afronta pérdidas colosales, los empresarios anuncian la quiebra. Las autoridades prometen créditos sin interés, pero es dudoso que esto ayude con fuerza. 

Código cultural

“La ausencia de un lockdown (cuarentena) generalizado no significa que las medidas de lucha contra el COVID-19 no sean implementadas”, subrayaron en conversación con RIA Nóvosti los funcionarios de la embajada de Suecia en Rusia.

Y recuerdan: “La Dirección de Salud de Suecia ha recomendado a los adultos mayores reducir sus desplazamientos, está prohibido visitar los geriátricos. Los estudiantes secundarios y universitarios fueron pasados a enseñanza a distancia. Y con todo, en la sociedad se mantiene un elevado nivel de confianza en las autoridades. El gobierno, a su vez, cuenta con la responsabilidad personal de los ciudadanos”.

En cualquier caso, sacar conclusiones sobre el éxito de tal o cual modelo de lucha contra el coronavirus es todavía temprano, subrayaron en la embajada. Con esto están de acuerdos los habitantes de Estocolmo encuestados por RIA Nóvosti.

“No vale pensar que nuestra vida no ha cambiado. Sí, aquí nadie apura a los transeúntes y no controlan los movimientos. Pero todo el entorno recuerda la epidemia”, comparte sus impresiones Iulia Ustínova, estudiante de la Universidad de Estocolmo. En cada ómnibus se han colocado posters. “Gracias por manifestar respeto y mantenerse a distancia”. 

Las paredes de los centros comerciales tienen mensajes en todos los idiomas a ser vigilantes. En lugar de afiches, comunicados: “El cine está cerrado hasta tanto la vida deje de recordar una película”. Los cafés están desiertos.

Puede considerarse ya un éxito el que se haya logrado evitar el escenario italiano, afirma Piotr Topychkanov, investigador senior del Instituto Internacional de Estocolmo de estudios de problemas mundiales. “Suecia está lejos de semejantes cifras de terror.

Pero esto no significa que todo sale bien. Las autoridades también reconocen los fracasos. Con honestidad declaran que la epidemia es una larga historia y que los resultados podrán darse solo dentro de varios años”, subraya Topychkanov.

Según sus observaciones, nadie experimenta una elevada alarma. “Me relaciono con mis vecinos –dice-, con los padres de los chicos en la escuela, en el jardín de infantes y en mi círculo todo está en calma. El nivel de confianza en las autoridades como siempre es muy alto. Pero los suecos no se golpean el pecho por orgullo de que resuelven lo del coronavirus mejor que sus vecinos. Nadie muestra altanería, por el contrario, todos respetan todos los enfoques”.

Por ahora, la gente aprende a vivir en la nueva realidad. Como en todos los países del mundo, los suecos limitan sus movimientos, los contactos con parientes y amigos, no hacen planes para el verano y comprenden que lo más difícil puede estar adelante. Pero subrayan que toman para sí la responsabilidad por su vida, y no lo hacen por imposición.