OBITUARIO

Falleció el pintor catalán Antoni Tàpies

Considerado uno de los grandes referentes de la pintura y la escultura del siglo XX, Tàpies es también para muchos especialistas el artista español más importante e influyente de la segunda mitad del siglo XX, comparable con Dalí o Picasso.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).- Antoni Tàpies (1923) falleció este lunes (06/02) a los 88 años en su domicilio de Barcelona, la misma ciudad que lo vio nacer.

Para los críticos de arte, pintores y personalidades del mundo de la cultura, la desaparición de este artista también representa la desaparición del último pilar de la vanguardia española de posguerra, que tuvo su eclosión en el movimiento Dau al Set y en el informalismo.

En su juventud, Tàpies dejó los estudios de Derecho que había iniciado en la posguerra para dedicarse plenamente a su pasión por el dibujo y la pintura.

Según detalla la agencia EFE en un despacho, “unido a la revista de vanguardia "Dau el set" a partir de 1948, junto a Joan Brossa, Joan Ponç, Modest Cuixart, Joan Josep Tharrats, Arnau Puig y Juan Eduardo Cirlot, obtuvo dos años más tarde una beca para estudiar en París, donde hizo su primera exposición individual (1956)”.

Antoni Tàpies expresó muy pronto su interés por la materia, la tierra, el polvo y las partículas, que se plasmó formalmente en el uso de materiales ajenos a la expresión plástica academicista y en la experimentación de nuevas técnicas”.

Las pinturas matéricas han formado una parte sustancial de la obra de Tàpies y han constituido un proyecto en evolución hasta su muerte.”

“La obra de Antoni Tàpies ha sido permeable a los acontecimientos políticos y sociales del momento, y a finales de los años sesenta y principios de los setenta, su compromiso político contra la dictadura se intensificó, con obras de un marcado carácter de denuncia y protesta”.
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“En los inicios de los ochenta, el interés de Tàpies por la tela como soporte adquirió una fuerza renovada y durante esos años realizó obras con gomaespuma o con la técnica del aerosol, utilizó barnices y creó objetos y esculturas de tierra o de bronce, al tiempo que se mantuvo muy activo en el campo de la obra gráfica”.

“A finales de los años ochenta, Tàpies reforzó su interés por la cultura oriental, una preocupación que ya se había ido gestando en los años de la posguerra y que se convirtió cada vez más en una influencia filosófica fundamental en su obra”.


La prensa española, a través del portal Público.es lo recuerda así:

Entre pintura y pensamiento, puentes. Entre espíritu y materia, pasarelas. Con la muerte de Antoni Tàpies, a los 88 años, desaparece el pintor con la capacidad de los poetas para transformar un sentimiento en sentido. La maravillosa serenidad que domina en sus obras se desprende de la preocupación humanista y existencial que obsesionó al pintor catalán desde sus orígenes, tras la Guerra Civil española. Su espíritu fue el más material de todos, mucho más que los de sus compañeros informalistas Manolo Millares y Antonio Saura.

El crítico y poeta Juan Eduardo Cirlot, en 1960, supo definir mejor que nadie su prodigiosa capacidad inventiva y su poder de sublimación: “El enorme repertorio de figuras, colores y materias de la realidad del mundo, tanto en la naturaleza como en lo artificial, actúa de continuo sobre la sensibilidad del artista, imponiéndole sus moldes y su seducción, tanto en lo positivo como en lo negativo”. Sus imágenes jamás se detuvieron en la similitud con la realidad. Su apuesta fue por la densidad de la materia, por la ausencia de figuración, por la incisión y la huella sobre el lienzo, por su obsesión por el relieve.

Cuadros que se hinchan

El propio Tàpies reconocía vivir entregado al relieve, mejor dicho, a un “cierto bajorrelieve”. Aunque algunos cuadros fueron hinchándose, creciendo, hasta convertirse en objetos tridimensionales, hasta que la pintura se confundiera con la escultura, como la gran fachada de un pórtico románico.

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Como no creía en la especialización, y esa fue su gran aportación, todas las artes se complementaban y se completaban en sus lienzos. Por eso le gustaba que se leyeran sus pinturas como poemas, porque en ellas veía una mezcla insondable de pintura, poesía y escultura.

“Comprendí que las posibilidades de formas y colores son infinitas cuando se sale de lo que se entiende por geometrismo y se entra en el mundo inconmensurable de lo orgánico, de lo amorfo, de lo ambiguo, de la mancha, del expresionismo del puro gesto, de la caligrafía, tal y como lo aprendí de la pintura china y japonesa”, contó en una conversación con otros pintores. Ahí está la razón de la visión del soporte, el lienzo, la madera, el papel o el cartón, como materia prima en sí misma.

Grietas, fisuras y combas. Las materias fluyen y se coagulan, aparecen de manera involuntaria formas a partir del azar. Se combinan con un repertorio infinito de signos y significados, desde las letras, las cruces, las palabras, las frases… Sardana-Circle of feet (1972) es la síntesis de estas intenciones, donde la imagen del cuerpo se ha grabado a través de improntas y huellas.

“Todas las imágenes que selecciono al hacer una obra procuro que sean de la máxima ambigüedad, para lograr con ello el máximo de expresividad”, reconoció igualmente. Es decir, la mayor cantidad posible de resonancias estimuladas por el atractivo estético.

La unanimidad ante la rotundidad de la obra de Tàpies tras su muerte fue absoluta: “Continuó la herencia de Miró en lo que este tenía de más radical y vanguardista”, aseguraba el historiador del arte Tomás Llorens. El pintor Luis Feito, fundador del grupo El Paso, destacó su trabajo de investigación y riesgo a la que hacíamos referencia: “Buscó lenguajes nuevos, nuevas formas de expresarse y nuevos materiales”.
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El más admirado

“Después de Picasso ha sido el pintor que más hemos admirado todos”, reconocía a este periódico Antonio López. “Está lleno de emociones, pero siempre desde la pintura, como Palazuelo. Son los dos grandes pintores de ese momento. Tàpies es un pintor muy armonioso”, añadió López, que estuvo hace un año y medio en casa del artista catalán tomando medidas y bocetos de su rostro para representarle en una pintura o una escultura.

Una de sus grandes aportaciones llega cuando profundiza en las texturas. Sus cuadros se habían convertido en muros. Hay en esos muros, incluso, los restos del amor, del dolor y del asco, hay también ritmos naturales, de movimiento espontáneo de la materia.

“Es la figura central del arte en la segunda mitad del siglo XX”, dice el director del Museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel. “La influencia de sus pinturas matéricas, su gestualidad y grafía que descubrió ha sido muy notable. En los setenta y ochenta su antagonismo con los conceptuales. Descubrió un lenguaje propio, que no es ni figurativo, ni abstracto, que trabaja con las dos dimensiones, pero no es plana. Esas pinturas matéricas fueron un tsunami en su momento”.

Son los muros de Tàpies un campo de batalla, un jardín, destino de lo efímero. Fueron la excusa que utilizó para emparentarse con orgullo con todas las filosofías y sabidurías tan queridas por él.