Leído

GUERRA SANTA

La Primer Cruzada: La Iglesia Católica, el perdón de los pecados y la sangrienta lucha por Jerusalén

Mar, 26/11/2019 - 9:29pm
Enviado en:
Por Urgente24

El Papa Urbano II proclamó la Primera Cruzada en el Concilio de Clermont para “un empeño santo de expulsar a un pueblo esclavizado por los demonios”.

Un 27 de noviembre de 1095 el Papa Urbano II convocaba a la Primer Cruzada en el Concilio de Clermont
Contenido

El 27 de noviembre de 1095 el Papa Urbano II atendió al pedido del emperador  bizantino Alejo I Comneno y convocó al Concilio de Clermont  en el que se proclamó la Primer Cruzada

Los orígenes de las cruzadas, especialmente la primera, provienen de acontecimientos que se dieron en la temprana edad media. 

En Europa occidental se consolidaba el sistema feudal tras la caída del Imperio Carolingio y nacía una nueva clase de guerreros alfa, la caballería feudal, que se encontraban en continuas luchas internas, suscitadas por la violencia estructural del propio sistema económico, social y político.

Paralelamente, a comienzos del siglo VIII, el califato de los Omeyas había logrado conquistar de forma muy rápida Egipto y Siria de manos del cristiano Imperio bizantino, así como el norte de África.

En el momento en que las conquistas se extendieron a la península Ibérica, los caudillos cristianos lucharon por capturar territorios perdidos frente a los gobernantes musulmanes,lo que denominó Reconquista Española. 

El factor desencadenante más visible que contribuyó al cambio de la actitud occidental frente a los musulmanes de oriente ocurrió en el año 1009, cuando el califa fatimí Huséin al-Hakim Bi-Amrillah ordenó destruir la iglesia del Santo Sepulcro.

La conquista musulmana y sus actitudes arrasadoras para con el catolicismo, gestó la idea de la guerra santa contra los musulmanes que fue penetrando en los poderes tanto religiosos como seculares de la Edad Media europea. 

Desde la Iglesia se convocó a los fieles a luchar por la recuperación del territorio y por el cuidado de su religión ante los musulmanes. 

Fue recién en 1095 cuando el Papa Urbano II realizó el famoso discurso en el Concilio de Clermont , en el que predicó la primera cruzada a los nobles y el clero presentes. 

El Concilio }se realizó en Francia un 27 de noviembre de 1095, presidido por el Papa Urbano II que atendió al pedido del emperador bizantino Alejo I Comneno.

En la convocatoria el Papa Urbano pronunció un discurso frente a una gran audiencia en el que realizó un llamamiento para que sacaran el control de Jerusalén de las manos de los musulmanes y, para enfatizar su llamamiento, explicó que Francia sufría sobrepoblación, y que la tierra de Canaán se encontraba a su disposición rebosante de leche y de miel. 

A lo largo de su discurso el Papa habló de las recompensas tanto terrenales como espirituales, ofreciendo el perdón de los pecados a todo aquel que muriese en la misión divina provocando el entusiasmo por la misión en la audiencia que lo interrumpía al grito de “¡Dios lo quiere!”, frase que habría de convertirse en el lema de la primera cruzada.

Los mayor cantidad de hombres que contestaron a su llamada no eran caballeros, sino campesinos sin riquezas y con muy poca preparación militar, público en el que penetra muy fácilmente no sólo la oferta de la redención de sus pecados, sino también les aportaba una forma de escapar a una vida llena de privaciones, en lo que acabaría siendo una explosión de fe que no fue fácilmente manejable para la aristocracia.

La fecha establecida por el Papa Urbano para comenzar la cruzada fue el  15 de agosto de 1096 coincidiendo con la festividad de la Asunción de María, pero se puso en marcha antes de dicha fecha formando un ejército desorganizado y mal provisto formado por campesinos y pequeños nobles, bajo la dirección de Pedro el Ermitaño, con la intención de conquistar Jerusalén por su cuenta.

Tras la exitosa convocatoria del Papa Urbano salieron de Europa distintas expediciones que habrían de confluir por diferente rutas en Constantinopla entre noviembre de 1096 y mayo de 1097.

El resultado de la primera cruzada tuvo un gran impacto en la historia de los dos contrincantes del  conflicto.

El papado vio las cruzadas como una oportunidad para imponer la influencia católica como fuerza de unificación, convirtiendo la guerra en una misión religiosa, que supuso una nueva actitud frente a la religión que hizo posible que la disciplina religiosa, antes aplicable solamente a los monjes, se extendiese también al campo de batalla, con la creación del concepto del guerrero religioso y del sentimiento de caballería.

Además, la primer Cruzada tuvo éxito en la creación, en territorio de Palestina y Siria, de los llamados Estados Cruzados: El Condado de Edesa, el Principado de Antioquía, el Reino de Jerusalén y el Condado de Trípoli. 

Mientras tanto, la creación de los Estados Cruzados contribuyó al alivio para el Imperio bizantino, al que ayudó contener la presión de los selyúcidas, y al que permitió recuperar varios de sus territorios en Anatolia, que llevó a un periodo de relativa paz y prosperidad.

En 1097 Nicea sería liberada de los musulmanes, y en el 1099 el ejército cruzado llegaría a las puertas de Jerusalén. 

La Cruzada originó un gran baño de sangre, y muchos de los prisioneros fueron decapitados. 

El efecto en las dinastías musulmanas orientales fue paulatino, pero importante. 

La inestabilidad política y la división del Gran Imperio Selyúcida tras la muerte de Malik Shah I impidió una defensa coherente ante la invasión de los estados latinos. 

Finalmente, luego de 4 años, el enfrentamiento culminaría con la reconquista de Jerusalén por parte de los musulmanes de la mano de Saladino, después de que la dinastía ayubí hubiese logrado unificar las áreas circundantes.