ECONOMÍA

INFORME DE MARANGONI & RODRÍGUEZ

Atención Guzman y FdT: El ‘veranito’ se terminó y al Central ya le cuesta comprar dólares

El último informe de la consulta Marangoni & Rodríguez Asociados destaca que hay un ‘veranito’ financiero desde noviembre que tendrá su fin en febrero. El Central vuelve a intervenir y los dólares de la cosecha gruesa están lejanos.

El gobierno nacional activó este miércoles (3/2) el Gabinete económico y organizó reuniones con empresarios y sindicatos para poner bajo control precios y salarios, atento que enero terminará con una inflación cercana al 4% que hace peligrar la meta del 30% anual que se autoimpuso Martín Guzmán.

En ese contexto, la consulta Marangoni & Rodríguez Asociados elaboró un informe que repasa la situación económica actual, las perspectivas para el futuro inmediato y especialmente en el marco de las elecciones legislativas, un factor que la Administración Fernández hará incidir en el diseño de las medidas económicas.

A continuación, reproducimos los puntos salientes del informe:

Todo el gobierno quiere para este 2021 reactivar lo más fuerte posible y moderar la inflación a cinco puntos menos que 2020 para llevarla a la zona del 30%.

Donde existe menos consenso es el “cómo” llevarlo a cabo.

Tranquilizar la economía moderando los desequilibrios macro (fiscales y monetarios) a la vez que se acomoden precios relativos (tarifas y salarios), que es el plan Guzmán, parece dejarle lugar a la fórmula económica donde el kirchnerismo tiene el sello de origen.

Postergar todo lo que sea necesario los ajustes, para enfrentar un año electoral “alineando” los precios (dólar y tarifas) para que los salarios reales se recuperen y motoricen la economía a como de lugar.

Y la inflación? Y el tipo de cambio? y la tasa de interés, y las tarifas? Medidas transitorias, parches, intervenciones sectoriales, más cepo y controles, todas serán respuestas válidas en un año donde la voz de la socia mayoritaria de la coalición gobernante (en la figura de CFK) será una limitante permanente para un accionar más integral y sustentable que ataque los desequilibrios económicos.

Y operar para que ser revierta el derrotero para los ingresos que ya lleva tres años. Las medidas compensatorias y paritarias de 2020 apenas pudieron frenar algo el deterioro del sector privado (el público se sigue hundiendo), pero está prácticamente en los mínimos de diciembre 2019.

Si algo no puede pasar en 2021, según esta postura, es que el ancla elegida para moderar la inflación sean los salarios.

La mirada del efecto de los precios, fundamentalmente de alimentos, sobre justamente la capacidad de recuperar ingresos tendrá que ser atacada con más precios máximos, congelados, o con intervenciones sectoriales puntuales, sin poner reparos en las distorsiones sobre las exportaciones e inversiones que esto pueda generar.

El Ministro seguramente tiene muy claro que lo que no puede pasarle al oficialismo en un año electoral es perder el control sobre la inflación y el dólar.

El IPC de de enero nuevamente parece venir en torno al 4% mensual, consolidando tanto un ritmo de crecimiento anual para los precios sin controles superior el 50% (muy lejos de la meta del 30% del presupuesto), como una tendencia muy incómoda para empezar a discutir paritarias y salarios a la baja.

El problema es que su enfoque (acertado) de buscar anclar y estabilizar bajo una mirada integral de los brazos de la política económica (gasto, salarios, dólar, precios, tarifas) no seduce ni despierta confianza en el kirchnerismo para ser ensayada en un año en el que ser quiere romper el maleficio de las derrotas consecutivas que arrastra el FdT en legislativas (2009-2013-2017).

Por supuesto que en términos más generales el gobierno buscará alinear su estrategia en base a avanzar hacia la vacunación masiva (con todos los interrogantes que aun persisten) y sostener el rebote económico.

Pero, como sabemos no sobra nada.

La economía arrastra severos desequilibrios, las reservas son mínimas, el riesgo país máximo, las tensiones en el enfoque para bajar la inflación están a la vista. Las cuentas públicas no resisten más IFE, ni ATP, ni subsidios de emergencia. Manta corta por todos lados.

El camino de postergar un abordaje integral para estabilizar y reactivar la economía tiene un gran atractivo en año electoral.

Dar la idea que se esquivan ajustes, que se negocia fuerte y bajo estas premisas con el FMI y que la prioridad es que se vote en función del bolsillo.

>La inflación en un 4% mensual complica la pauta del 30% para todo 2021

Pero también tiene un gran riesgo: que las limitaciones de la macro se impongan, que la pandemia y las olas por venir compliquen la recuperación y que finalmente se disparen las variables que más se pretenden controlar, el dólar, la brecha y los precios. Hundiendo así la posibilidad de un rebote y recuperación de ingresos bajo una lógica más gradual.

>Así arrancamos el año. El escenario está abierto, no sobra nada.

Parece que el gobierno apuesta a dos aliados que pueden ayudar a torcer la cancha a favor de su estrategia y neutralizar la fuerte incertidumbre sobre la política económica en un año electoral: precios internacionales y su efecto sobre el ingreso de dólares y cerrar un acuerdo con el FMI.

Venimos de un veranito que se prolonga desde fines de noviembre hasta la actualidad. Se desliza el tipo de cambio oficial a casi el 4% mensual, no aumenta la brecha ni se disparan los dólares financieros, se estabilizaron y crecieron en el margen las reservas netas, y el Gobierno consigue financiamiento neto en el mercado de deuda doméstico.

A partir de febrero se comprimen los márgenes para mantener esta tendencia ya que disminuye estacionalmente la demanda de dinero (por lo menos hasta entrado abril), y aun queda distante el período de dólares abundantes por la cosecha gruesa (abril-mayo en adelante).

A esta conjunción estacional se le suman los desequilibrios que la política económica tienen que seguir administrando en un contexto de baja credibilidad y sin confianza.

Este panorama además tendrá en pocos días que lidiar con el dato negativo de inflación de enero, que ya prácticamente se descuenta con un piso en 3,5% (las estimaciones privadas rondan entre el número mencionado y el 4,5%).

El mercado pondrá mucho foco en la inconsistencia de un ritmo inflacionario que viaja a más del 50% anual para la núcleo, y si sitúa por encima de la devaluación del tipo de cambio oficial y bien por arriba de la tasa de interés (34% anual).

A pesar de haber tenido muy buen ritmo de liquidaciones de dólares en enero, durante la última parte del mes mostró que cuesta seguir comprando divisas. De hecho, predominaron las intervenciones vendedoras en la segunda parte del mes. Los datos del comercio exterior de diciembre (aunque influidos por paros y demoras en embarques) ya mostraron lo difícil de mantener el superávit comercial en un contexto donde la brecha no cede del 70%.

La tasa de interés para mantener el atractivo de estar en pesos luce muy rezagada respecto al recorrido esperado tanto para el tipo de cambio como para la inflación. El gobierno se resiste a aumentarla, ya que va en contra de su objetivo de expansión del crédito y además le complica la curva de rendimientos donde se financia con bonos en moneda local.

Febrero mostrará lo difícil que será mantener esta postura, y lo más probable es que tenga que ajustar al alza los rendimientos para los ahorristas (tasa de referencia del BCRA y badlar).

Por aquí pasan los dilemas en un bimestre febrero-marzo, donde se requiere seguir teniendo el dólar y la brecha bajo control, y además si se puede sumar algo a las reservas netas, pero las condiciones cambian respecto al bimestre anterior. El público se deshace de pesos, los que permanezcan en moneda local demandarán más tasa y la inflación sigue en alza. Si se modera el ritmo de devaluación (algo que seguramente suceda en febrero) en pos de quitar algo de presión a los precios y preparar un mejor terreno para las negociaciones salariales de marzo, se generará más tensión sobre la brecha y dólares alternativos, ya que no tenemos a espalda suficiente en el stock de reseras ni en el flujo de los soja dólares que aun no llegan.

Frente a este panorama lo lógico sería esperar que se acompañe la menor devaluación mensual con un ajuste al alza de los tipos de interés.

Los aliados que tiene el gobierno para extender el puente actual hasta abril-mayo son aceitar las negociaciones con el FMI, para que oficie de ancla estabilizadora (potencial o real), las noticias positivas que siguen llegando por precios de commodities y el clima, que asegura pisos buenos para la expectativa de rindes y cosecha.

"No Sobra Nada", informe de Maragoni & Rodríguez Asociados by Urgente24 on Scribd