ECONOMÍA

No le creen a Lorenzino (2): El caso de Brasil

Brasil como esperanza argentina es una historia fallida desde hace varios años. Todavía se recuerda el profundo ridículo que soportó el economista Miguel Bein en 2012 y en 2013 apostando a ese supuesto crecimiento como factor de tracción de la economía argentina. Los funcionarios K adhirieron a ese discurso. Y lo que es más grave: parecieran seguir haciéndolo. Argentina tiene que aprender a depender de sí misma y no del 'viento de cola', pero ni la Presidente ni Hernán Lorenzino entienden algo de todo eso.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). "Entre el año 2000 y 2009, de acuerdo a un trabajo del G-24, la Argentina se ubicó en el puesto 13 en el ranking de los países que más aportaron al crecimiento global, y seguramente, si hiciéramos abstracción de la crisis de 2001, estaríamos entre los 10 primeros", aseguró el ministro Hernán Lorenzino, quien regresó a escena justo el día cuando en la propia Administración Cristina le buscaban reemplazo.
 
Lorenzino habló en un seminario internacional organizado por la Comisión Nacional de Valores (CNV), el Centro de Estudios de Madres de Plaza de Mayo (CEMOP) y el Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (CEFIDAR), que se realiza en la casa matriz del Banco Nación, denominado "La agenda para el desarrollo y la integración Sur-Sur".
 
De acuerdo a él, ese trabajo que citó muestra el desplazamiento de los Estados Unidos en la incidencia del crecimiento global y la aparición de China y Brasil como 2 nuevas referencias. "En la década del '80, China aportaba el 3,6% del crecimiento global y Brasil el 1%; pero cuando observamos con atención lo sucedido entre 2000 y 2009, China pasó al 25% y Brasil al 3%".
 
Lo que no dijo Lorenzino es que, tras varios años de brillar como una de las economías emergentes más atractivas, el crecimiento de Brasil ha perdido ímpetu. Después del extraordinario 7,5% alcanzado en 2010, en 2011 el Producto Interno Bruto (PIB) se desaceleró hasta 2,7% y ya no se recuperó mientras que, por ejemplo, México recobró dinamismo. 
 
¿Qué le pasa a Brasil? Analistas sostienen que el enfriamiento de su economía se debe a la fuerte resaca que quedó después del boom de los años 2004-2010; los vientos en contra que ha traído la crisis internacional -incluida la desaceleración china- y viejos problemas estructurales que ese país no ha logrado superar. 
 
Ahora, el gobierno de Brasil está dispuesto a sacrificar el crecimiento económico para hacer frente a la inflación, dijo el ministro de Hacienda, Guido Mantega, en una entrevista que publica la revista local Veja.
 
Mantega redujo su previsión para el crecimiento del  PIB  de 2013 a 3%, cuando antes había previsto un 3,5%, mientras que el Banco Central, en su último informe trimestral, recortó las expectativas de crecimiento a 2,7% (antes estimaba 3,1%) para este año. En su objetivo de combatir la inflación, el Banco Central de Brasil elevó la tasa de interés de referencia en julio por tercera vez consecutiva y la dejó en 8,5%.
 
"El Gobierno jamás dejará a la inflación salir de control, así eso signifique reducir la tasa de crecimiento", aseveró. "La peor cosa que existe para Brasil es la inflación", sostuvo.
 
Precisó que los ajustes para enfrentar las presiones inflacionarias se hacen desde el 2011, cuando Brasil creció un 2,7%, mientras que en el 2012 se expandió un débil 0,9%.
 
Para ilustrar a gente como Lorenzino acerca de Brasil, Jeffrey T. Lewis escribió en el diario The Wall Street Journal:
 
"Brasil enfrenta un tercer año consecutivo de crecimiento económico inferior al pronosticado, lo que socavaría la credibilidad del gobierno ante el electorado y los inversionistas, y agudizaría la ola de manifestaciones que ha llevado a cientos de miles de brasileños a la calle a protestar por las alzas de precios, la corrupción y la mala calidad de los servicios públicos.
 
Tres años de crecimiento ralentizado podrían perjudicar las percepciones a largo plazo, y el círculo virtuoso que impulsó a Brasil a ser la sexta economía del mundo podría convertirse en un círculo vicioso.
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"Las expectativas son catalizadores muy importantes de la inversión, particularmente la inversión a largo plazo", dijo Mauro Leos, oficial de crédito para Brasil de Moody's Investors Service. Hace algunos años, "se creía que el crecimiento sería en torno a 4% al año o incluso más, en base a los planes de inversión que fueron desarrollados".
 
A medida que las compañías revisan sus expectativas de crecimiento económico a niveles más moderados, también ajustan sus planes de inversión, añadió Leos; además, la incertidumbre sobre cómo actuará el gobierno para apaciguar a los manifestaciones haría que los inversionistas duden acerca de sus compromisos a largo plazo.
 
El lento crecimiento de Brasil en años recientes puede ser atribuido a las economías "frágiles" de Estados Unidos, Europa y Japón, y ciertas políticas de gasto del gobierno ayudaron a evitar que Brasil tuviera un rendimiento incluso peor, de acuerdo con Darwin Dib, economista de CM Capital Markets en São Paulo.
 
"Si no fuera por la política expansionista, hubiéramos tenido una recesión el año pasado", indicó.
 
Otras políticas, sin embargo, han sido criticadas. Los inversionistas se han quejado del enfoque de mano dura que el gobierno imprimió en algunos sectores, como el de la electricidad. Otras políticas generaron presión al alza sobre los precios al consumidor, según economistas, lo que frustró a los brasileños con problemas para llegar a fin de mes.
 
En junio esa frustración explotó cuando las dos principales ciudades del país, São Paulo y Río de Janeiro, elevaron los precios de sus caóticos sistemas de transporte.
 
Cientos de miles de manifestantes salieron a las calles para exigir la anulación de las alzas, y el descontento pronto se amplió para abarcar la corrupción y el derroche de gasto público de cara al Mundial de 2014 y las Olimpíadas de 2016.
 
La presidenta Dilma Rousseff vio como su índice de popularidad se desplomaba y ahora intenta calmar a los manifestantes para recobrar su capital político.
 
Las tribulaciones del magnate Eike Batista, cuyo imperio empresarial parece desmoronarse ante el peso de proyecciones demasiado optimistas y montañas de deuda, son un reflejo del peligro que representa prometer demasiado y entregar demasiado poco.
 
Batista tuvo que vender el control de una de sus compañías para cancelar créditos bancarios y evitar el colapso completo de su imperio.
 
El gobierno ha descartado ayudar a Batista, aunque el ministro de Hacienda, Guido Mantega, dijo que está listo para hacer ajustes al gasto público con el fin de satisfacer a los manifestantes.
 
"Este gobierno no tiene margen fiscal" para incrementar el gasto, señaló Leos, de Moody's.
 
Mantega se vio obligado hace dos semanas a reconocer que la economía no se expandirá al ritmo que deseaba el gobierno. Indicó que la expansión sería de hasta 3%, en vez de la proyección previa de 3,5%. Los economistas prevén una tasa de crecimiento en torno a 2,4%.
 
En tanto, la inflación aumentó desde 6,5% en los 12 meses hasta fines de mayo a 6,7% en junio. Así las cosas, la frustración de los brasileños con Mantega y la presidenta Rousseff va en aumento."