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La Argentina K supera a la Universidad de Massachusetts y le da la razón a Nietzsche

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche, afirmó "Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti". La Argentina se tornado en los últimos años en un país donde producto de convivir con la falsedad a diario la sociedad descree de todo, en directa afirmación a las palabras de Nietzsche. El peligro que esto encierra sobre una comunidad que no está asistida en sus problemas más graves producto del no reconocimiento de la verdad.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24). En una nota publicada en La Nación revista del 17/10 se cuenta que en un estudio psicológico realizado por Roberto Feldman, de la Universidad de Massachusetts, el 60% de las personas somos capaces  de decir 3 mentiras en una conversación de 10 minutos con un extraño (sin contar las exageraciones y las omisiones). La nota sigue diciendo: Que el cerebro está organizado para decir siempre la verdad, y que para mentir se requiere un esfuerzo extra. La verdad puede ser una sola, pero las mentiras son de muchos tipos y tienen diferentes causas, algunas son saludables y otras patológicas y destructivas. La psicóloga Adriana Guraieb de la Asociación Psicoanalítica Argentina, expresa que "mentir puede ser un mecanismo de defensa ante una amenaza, real o fantaseada, de perder nuestro lugar, nuestro prestigio". Hay asimismo mentiras para eludir responsabilidades. Hay grados en la mentira que van desde las más inocentes y casi inconscientes hasta las más manipuladoras y patológicas, en las que el mentiroso no siente culpa, sino placer, por dañar a otros. Los argentinos, como nunca antes durante la administración del Estado de la pareja feudal de Santa Cruz, se han acostumbrado a convivir con la peor mentira. Con la mentira adulteradora y malsana.  Es que el argentino -más dividido socialmente que nunca por la acción inescrupulosa del gobierno nacional- siempre ha tenido escasa memoria, con un casi abolido juicio crítico y se ha ido acostumbrando a coexistir con engaños palpables. La mentira ha llegado tan lejos que lo peor que puede pasarle a una comunidad, como le sucede a la argentina, es que nadie cree en nada ni en nadie. Jamás tan separados los argentinos cohabitan entre inquinas y cicaterías. Una foto en blanco y negro sacada con una vieja cámara -que enmarca ese país en marcha según el gobierno pero detenido en el tiempo según la implacable verdad- resultó el acto en River, con una multitud llevada a cambio de $150 por concurrente, en 3 mil micros pagados por fondos del pueblo.  Los discursos como siempre fueron tendenciosos y con la liturgia peronista a la que nunca fueron proclives los Kirchner. Hugo Moyano y Cristina Kirchner, oradores multimillonarios, para dirigirse a mentirosamente a 150 mil personas que el Monumental no puede albergar. Hasta la marchita peronista estuvo ausente.  Moyano convocó a los trabajadores a actuar con "lealtad" hacia Cristina y Néstor, al decir que ambos les devolvieron "parte de la dignidad" que habían "perdido en otras épocas". El líder de la CGT es buen conocedor que los índices de desigualdad económica y de pobreza son record en  el país, pero los ingresos a los que accede de los fondos del Estado para apoyar al matrimonio presidencial son enormes para expresar semejante mentira. Hugo Moyano utilizó hasta el hartazgo la palabra coherencia que según él envuelve a su conducción pero para demostrar lo contrario eligió al menemismo para denostarlo una vez más como si Néstor Kirchner no hubiese  calificado al gobierno de Carlos Menem  como el mejor de la historia. Cristina, con el Rolex de oro en su muñeca, siguió desde el atril de Núñez descargando toda su bronca contra Julio Cobos, mientras se prepara después del veto a darles un aumento a los jubilados denostando sus características de caprichosa, vengativa y rencorosa. Después de ese acto el Indec repitió en septiembre su culto al invento de una realidad que les gusta disfrutar como cierta a los Kirchner al informar 0,7% como inflación del mes, mientras que los privados hablan del 1,6% al 1,8%. Así -solo para el gobierno- entre enero y septiembre de este año, la inflación arroja un alza acumulada del 8,3%. La cruda verdad, la que arroja tantos pobres e indigentes en todo el país y en plena ciudad capital es que para Economía y Regiones, la inflación acumulada para los indigentes es del 25,4% mientras que para los pobres es del 24,5%.Esta medición tiene en cuenta que, para los sectores de menor poder adquisitivo, el peso de los alimentos es mayor que para los otros segmentos. Mientras que para la clase media, la inflación anual acumulada es del 23,9%, mientras que para la clase media alta es del 23,2%. El sector más adinerado acusó una suba del 22,4% en sus compras. Los datos del sitio web inflacionverdadera el aumento acumulado anual de la canasta básica alcanza al 27,2% y de alimentos y bebidas el 31,8%. El gobierno vive en una burbuja con la que alimenta a parte de la sociedad con los medios K, a los que les destina ingentes sumas de dinero que junto a tantos sobreprecios en las obras públicas y a tantos subsidios innecesarios bien podrían destinarse a otros fines imperiosos, como el hambre, los jubilados, la educación, la salud pública…pero es más importante mantener la Kaja cerrada y orientada a comprar voluntades en tiempos electorales para seguir perpetuándose en el poder, mientras que tan sólo 1 de cada 4 jóvenes logra tener un trabajo en blanco. Los datos oficiales (leyó bien oficiales) dan cuenta que el 25% de los casi 8 millones de argentinos que tienen entre 18 y 29 años de edad mantiene un empleo formal, que le permite registrar aportes para la jubilación y contar con una obra social. El 50% de los desocupados tienen menos de 29 años de edad.  De los jóvenes que trabajan -4,9 millones-, 2.45 millones trabajan "en negro". Se calcula que el 20% -1,5 millón- del total de los jóvenes que no llegaron a los 30 años no estudia ni trabaja. Esto significa que 1 de cada 5 menores de 29 años, no estudia ni trabaja. Según los datos de la Seguridad Social, sobre un total de 1.555.900 desocupados, 797.400 tienen entre 18 y 29 años. Pero de ese grupo, sólo el 3,7% –29.346 personas– percibía el seguro de desempleo de menos de $ 400 mensuales. Los jóvenes con menores niveles educativos y escaso capital social, en su mayoría de hogares pobres, obtienen trabajos informales, temporales e inestables y bajas remuneraciones. La coherencia a la que tanto aludió Hugo Moyano, en River, sigue siendo la coherencia de la mentira, donde luego de tan solo 2 ejemplos entre tantos otros de cifras y palabras adulteradas vale la pena recordar la lealtad a la que refirió el camionero: Les pido a los trabajadores a actuar con "lealtad" hacia Cristina y Néstor Kirchner "quienes nos han devuelto la posibilidad de seguir luchando por nuestra dignidad". "Seguiremos luchando para que nunca más en nuestro país se apliquen políticas de hambre". En síntesis, la Argentina K supera a la Universidad de Massachusetts y le da la razón a Nietzsche.