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DIAS DE PANDEMIA

Algunos intendentes no quieren que el Ejército se retire del GBA

Jue, 02/04/2020 - 10:42pm
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Una de las varias decisiones correctas del presidente Alberto Fernández en la epidemia provocada por el COVID-19 fue terminar con estereotipos y especulaciones, e incorporar a las Fuerzas Armadas a las tareas propias de un peligro de catástrofe sanitaria. Aquí un relato muy cercano acerca de esa experiencia.

Los camiones del Ejercito Argentino viajan con sus elementos hacia los distintos sitios donde se prepara la comida.
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Las historias se multiplican de la misma manera que los colores de las “tuppers” que llevan cada uno de quienes integran la extensa fila a la espera de llevarse su ración de comida que será entregada por efectivos del Ejército Argentino. La imagen sucede en el Conurbano bonaerense sur, donde se inició esta experiencia de trabajo en conjunto entre Fuerzas Armadas y el municipio. 

Es la comuna de Quilmes, que gobierna desde el 10 de diciembre Mayra Mendoza. Ahora ello mismo se replica desde ayer (31/03) en el populoso distrito de La Matanza. Pero el hecho de haberse decidido arrancar por el municipio sureño denota simbología y el manejo organización que se mueve como tal para conseguir acciones de parte del gobierno nacional

Urgente24 se introdujo en esa experiencia del conurbano en un recorrida desde el mismo momento en que se preparan las Fuerzas Armadas para salir hasta el momento en que entregan las más de dos mil raciones diarias de alimentos. 

La mañana comienza muy temprano para los 20 efectivos del Ejército Argentino que se alojan en las instalaciones del Club Quilmes. Los 20 miembros de la fuerza están al mando del coronel Miguel Ángel Salguero, quien es el director del Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto de Operaciones de Paz. Su presencia, en principio, está muy alejada de quienes pensaron en la posibilidad de intimidar con su presencia y el uniforme “verde oliva” denostado siempre por los sectores ultra K, aunque con desvíos y excepciones. Los tiempos de pandemia exigen dejar viejos preceptos en pausa. 

Tras alistarse, los camiones del Ejército Argentino viajan con sus elementos hacia los distintos sitios donde se prepara la comida. Entre ellos son varias ONG que lo hacen y hasta un empresario que puso su salón de fiestas, el que no podrá abrir por mucho tiempo, para que allí se cocine. El menú que es guiso varía todos los días. Un día de fideos, otro de lentejas, también de polenta y pollo. Con la cocina móvil lista, la caravana se dirige rumbo a dos sitios puntuales. El centro Luis Farinello y el CEC 801. En ambos lugares, en la larga hilera esperan diversas historias, con un conector común: a todos la pandemia los ha dejado sin ingresos. 

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Los 20 miembros de la fuerza están al mando del coronel Miguel Ángel Salguero quien es el director del Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto de Operaciones de Paz.

Es el mediodía de un día lluvioso, a escasos metros del Río De la Plata. “Menos mal que no hay sudestada, porque sino en esta zona el agua llega a las casas”, cuenta al pasar un colaborador del área de Defensa Civil del Municipio.

En orden, sin tensiones, cada uno de los vecinos se llevan su ración de comida. “Con esto comemos 6 personas, llego a casa le agrego un poco de agua y quizá sobre algo para la noche”, cuenta una señora que lleva consigo varios recipientes. “Busco también para mi vecina que es una mujer mayor y no pude salir de su casa”.

A metros de ella, un joven de apenas 20 años también busca su ración. “No tengo trabajo, y esta es la única comida del día para mi mujer y mi hija”, afirma. Al día siguiente volverá a ponerse en la fila. 

¿Hasta cuándo durará la presencia del Ejército? En principio, la nueva orden que recibieron del Ministerio de Defensa marca el 30/04, mucho más allá de la culminación de la segunda etapa de la cuarentena. Es claro que la realidad del Gran Buenos Aires no cambiará su formato en breve.

Todo lo contrario. Su deterioro lleva muchos años. Es el sitio de mayor tensión de la Argentina donde los pedidos de comida se multiplican y los jefes comunales tratan de llegar a todos los rincones. En ello, muchos se rozan con los movimientos sociales que tienen sus propias estructuras sustentadas desde los tiempos en que Néstor Kirchner los fortaleció, justamente, para dividirle el poder territorial a los intendentes. Hasta Carolina Stanley, desde el Ministerio de Desarrollo Social, los siguió potenciando. 

“Nuestra presencia es bien recibida en los barrios porque traemos comida”, afirma un efectivo que forma parte de la Fuerza Aérea y se hizo cargo hace pocos días de la logística. “Esta realidad es nueva para nosotros también, pero estamos acostumbrados a la ayuda en situaciones extremas”. 

La intendente de Quilmes, Mayra Mendoza, de diálogo fluido con Cristina Kirchner arroja un dato revelador: “en los barrios más humildes es donde menos problemas tuvimos para que la gente cumpla la cuarentena, las violaciones a la norma se dieron en otros sectores”. Aunque reconoce que es muy difícil que en dichos sitios con muchas carencias la gente se quede en la casa. “Le pedimos que no salgan del barrio”, sostiene la jefe comunal. 

Las Fuerzas Armadas en las calles del Gran Buenos Aires son, por ahora, para tareas de asistencia. Pero, por lo bajo, hay funcionarios municipales de las áreas de seguridad que no verían con malos ojos mayor presencia para otras tareas.

Un asesor en la materia de un municipio de la primera sección electoral aseguró: “Hay ciertos lugares más complejos, a la policía bonaerense no la respetan, a la Gendarmería algo más, por eso la presencia del Ejército en la calle sería de suma utilidad para llevar tranquilidad”. Lo dice alguien que tiene experiencia y sabe, como todos los intendentes, que los patrulleros están en la calles porque la nafta la pagan los intendentes, igual que los arreglos de los móviles y hasta el cambio de las cubiertas. No es algo nuevo. Pero en tiempos de caída muy fuerte de la recaudación no deja de ser un dato importante. 

En la videoconferencia con el presidente Alberto Fernández, cada uno de los intendentes relató sus realidades que son muy parecidas unas de otros. El pedido presidencial para que se controlen los precios va en línea con el principal reclamo que se puede ver en las redes sociales e interacciones de muchos habitantes del Gran Buenos Aires. Esa situación, sumado al temor a posibles saqueos, ha hecho que muchas almacenes o supermercados chinos cerraran sus puertas o limitaran sus horarios de atención. 

Al tiempo que esto sucede, los alcaldes analizan proyecciones de cuál será la capacidad para dar respuesta sanitaria a los posibles contagiados. Un reciente estudio privado que evaluó 5 municipios de la zona noroeste generó preocupación. Se guarda bajo 7 llaves. 

Sergio Massa, rápido de reflejos, anunció la reducción de gastos en la Cámara de Diputados. Lo mismo hicieron ya varios intendentes que decidieron donar parte de sus salarios. Lo inauguró Ariel Sujarchuk, que destinará parte de su salario al Hospital Errill. Lo mismo hará su vecino Julio Zamora, de Tigre; Gustavo Posse, de San Isidro, y a la lista se fueron sumando, de poco, varios más. Un gesto, sin dudas, donde se le pide al sector privado cada vez más esfuerzos. 

En realidad, como nadie puede saber el final y la manera en cómo terminará la pandemia, las preocupaciones no alcanzan solo a la baja de la recaudación por tasas municipales. Sino también a todas las otras que, muchas veces, ayudan a explicar el famoso “gasto político”. 

Entre la espada y la pared. Los jefes territoriales saben que una cuarentena muy larga será letal, pero al mismo tiempo, si el Coronavirus se descontrola los alcances pueden aún más graves.