Las mujeres que aspiran a ocupar cargos directivos se enfrentan a una disyuntiva cruel e invisible que determina cada movimiento de su carrera profesional. Es la encrucijada que las obliga a decidir constantemente entre demostrar competencia o mantener la simpatía, sabiendo que cualquier inclinación hacia uno u otro extremo será sancionada implacablemente por un sistema empresarial que aún no comprende la complejidad de liderar siendo mujer.
Esta realidad, lejos de ser una percepción subjetiva, tiene nombre y apellido en el ámbito académico: el "doble vínculo". Se trata de una trampa conceptual que atrapa a las ejecutivas en una paradoja sin salida aparente, donde la firmeza se interpreta como agresividad y la calidez como debilidad. Es precisamente este laberinto el que navega diariamente Natalia Facciolo, Co-Fundadora de LUDMARC y figura destacada en el ecosistema empresarial argentino, quien recientemente fue elegida entre 440 mujeres empresarias del país para participar en un programa global de liderazgo de la London Business School, respaldado por Santander Open Academy.
Cuando Facciolo reflexiona sobre las consultas que recibe constantemente, revela un interrogante que se repite como un eco: "Una de las preguntas constantes que me realizan aquellas mujeres con las que tengo el privilegio de compartir los distintos espacios que lidero o de los que participo es cómo hago para hacer todo lo que hago. Muchas actividades, en una agenda que combina estar muy presente para una familia con hijas menores de edad, el negocio y las distintas actividades que realizo donde tengo responsabilidades nacionales e internacionales."
La respuesta podría parecer simple en superficie, pero esconde una complejidad que va mucho más allá de la organización personal. "A simple vista, la gran clave es armar equipos. Sin embargo, soy una convencida que no podemos dar lo que no tenemos. Y por ello, siempre recomiendo que primero debemos realizar un recorrido personal. Adquirir herramientas que nos permitan generar procesos, aprender a delegar, liderar y, el mayor de los secretos, disfrutar porque todo lo que hagamos sin propósito, sin disfrute, tiene inevitablemente fecha de vencimiento", explica la empresaria mercedina.
Mujeres líderes y la fatiga mental que pocos conocen
Es allí, donde emerge uno de los aspectos más devastadores de la ecuación: la distribución desigual de las responsabilidades de cuidado. Facciolo, quien también se desempeña como Embajadora emérita de Fundación FLOR, aclara esta realidad con datos concretos: "En nuestra rutina, entre seis a ocho horas diarias están destinadas a espacios de cuidado y, esto no aplica solo a quienes tienen hijos, se extiende a los adultos mayores a cargo tanto de la propia familia, como de la familia política. Incluye también la mantención de los bienes, incluso cuando una no los realiza, pero sí tenemos a cargo de su gestión."
Esta carga invisible genera lo que la especialista denomina fatiga mental, un fenómeno que trasciende lo físico y se adentra en terrenos psicológicos complejos. "Todo esto impacta en lo que conocemos como fatiga mental. Un síndrome que padecemos en su gran mayoría las mujeres y que no se relaciona con un problema físico, sino con nuestra alta demanda por hacer de todo, todo el tiempo, y con perfección. El problema es que lo hacemos, pero descuidándonos a nosotras mismas", advierte Facciolo.
El doctor en quiropráctica Ata Pouramini, autor del libro "Tú eres tu medicina", captura magistralmente esta realidad: "Madrugan, trabajan, organizan, educan, cuidan, gestionan cada problemática que surja y, al final, son las que acaban rendidas y agotadas, el mal del siglo XXI, el desbordamiento que hace que sientan ese agotamiento físico y mental." Y pese a este diagnóstico revelador, "lo seguimos haciendo", recalca la empresaria, evidenciando la naturaleza sistémica del problema.
Adaptarse a modelos empresariales masculinos
Ahora bien, cuando las mujeres finalmente acceden a posiciones de liderazgo, descubren que deben adaptarse a marcos organizacionales diseñados por y para una realidad masculina tradicional. Facciolo es tajante al respecto: "Un modelo que nos exige presencialidad plena, disponibilidad total y una gran desconexión del plano afectivo. Exigencias que también le son propias a los padres líderes y que, no por estar instituidas, son más aceptables."
La solución, según su perspectiva, radica en desarrollar nuevas competencias que permitan cuestionar estos paradigmas: "Capacitarnos en habilidades blandas es ponernos anteojos que detectan todo esto. Es habilitar la discusión, pensar que hay otras formas de liderazgos disponibles que no excluyen la estrategia, la búsqueda del mayor retorno sobre las inversiones que realizamos en nuestros negocios, pero, sobre todo, que no tengamos que dejar nuestro yo personal en la puerta de la empresa."
La paradoja del doble vínculo
El concepto de doble vínculo, definido por Catalyst en 2007, expone la cruel realidad que enfrentan las mujeres en posiciones de poder: "las mujeres enfrentan lo que se conoce como doble vínculo (Double Bind), un dilema que obliga a elegir entre ser competentes o ser queridas, en un sistema que penaliza cualquiera de las dos elecciones si no están equilibradas con precisión."
Esta perspectiva encuentra eco en las investigaciones de Manzis desde London Business School, quien plantea un enfoque revolucionario: el problema no son las mujeres, sino los entornos que deben transformarse. "El sistema es el que necesita ser arreglado, no las mujeres", afirma Facciolo, subrayando la urgencia de crear espacios donde las mujeres líderes sean percibidas como la norma, no como la excepción.
A lo largo de los años, las ejecutivas han enfrentado una crítica feroz sin importar su estrategia: aquellas catalogadas como "demasiado femeninas" son desestimadas por falta de fortaleza, mientras que las "demasiado masculinas" son etiquetadas como violentas o falsas. "Las mujeres siempre hemos tenido que esforzarnos por estar presente en una agenda fuera de lo laboral, donde los vínculos profesionales y comerciales se refuerzan, y se desconocen de actividades y horarios propios de una madre", añade la Co-Fundadora de LUDMARC.
Frente a este panorama desafiante, la capacitación emerge como herramienta de transformación. "Capacitarnos en habilidades blandas nos permitirán fortalecer nuestro liderazgo; transmitir nuestra visión; generar equipos que abracen y defiendan lo mismo; y ser generadoras de cambios estructurales que marcaran, en principio, nuestra forma de trabajar y luego, tendrá su impacto positivo en los públicos cercanos", afirma Facciolo.
Su visión trasciende la adaptación individual para abrazar una transformación sistémica: "Necesitamos que nuestras instituciones -públicas y privadas-; nuestras empresas, sin importar el tamaño, vean la necesidad de diseñar espacios compatibles con la vida personal y familiar. Es clave sembrar una nueva cultura de trabajo. Porque si de algo estoy segura es que no vinimos a ocupar lugares, vinimos a transformarlos. Y eso también es liderazgo", culmina diciendo.
Esta declaración final encapsula una revolución silenciosa que está redefiniendo los códigos empresariales desde adentro, donde las mujeres no solo buscan integrarse, sino reinventar completamente las reglas del juego del liderazgo moderno.
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